No. 1 Enero - Marzo 2004

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EDITORIAL

 

Otro año más de trabajo, esfuerzos y dedicación a las familias de nuestra arquidiócesis enfrentará el equipo que, con tanto amor, prepara para nuestros lectores cada número de Amor y Vida. Este será un  año que reclamará de mayores horas de trabajo, pues algo especial nos llena de alegría y empeño. Este nuevo año ha sido denominado AÑO DE LA FAMILIA, y ello implica lograr que, a través de nuestras publicaciones, las familias reciban una preparación y una educación más profunda sobre todos aquellos aspectos que nos afectan como miembros de ese núcleo fundamental de cualquier sociedad.

Tendremos un año rico en tareas encaminadas a lograr el rescate de aquellos valores que están a punto de extinción y mejorar así la calidad de vida espiritual de todos.

Es momento de recordar y reflexionar sobre las palabras de S.S. el Papa Juan Pablo II, en ocasión de su visita a nuestra patria: “Cuba, cuida a tus familias para que conserves sano tu corazón”. La invitación a trabajar por ello está hecha desde entonces, y desde entonces nos hemos visto involucrados en múltiples tareas. Pero no basta. Por mucho que hagamos por nuestras familias, siempre será poco. El tiempo va pasando y la sociedad sigue cambiando también. Este empeño requiere en nuestros días de familias que, unidas en una Pastoral Familiar más sólida y coherente, sean capaces de aportar llenos de fe y espiritualidad lo mejor de sí mismas.

Recientemente se desarrolló con mucho entusiasmo y seriedad la primera de un conjunto de actividades encaminadas a pensar con profundidad sobre los problemas de la familia cubana actual y sentar pautas para lograr transformaciones espirituales que sólo se logran con la unión de todos. El Primer Simposio Nacional de la Familia, celebrado en la Parroquia de los Padres Pasionistas de la Víbora, en la capital, durante los días 29, 30 y 31 del pasado mes de enero,  sirvió de marco para la realización de conferencias y talleres encaminados a abordar temáticas relacionadas con la familia y los momentos que esta vive. Un análisis detallado y una propuesta de líneas de acción fueron recogidas durante el evento y con posterioridad serán objeto de reflexión por todas las comunidades.

La reflexión en estos momentos es nuestro punto de partida. Pero no todo queda ahí. Necesitamos esfuerzos, empeños, dedicación y sobre todo compromiso y deseos de trabajar por una familia mejor. Quizás consideres que tu familia no tiene esos problemas que aquejan a nuestra sociedad, pero hay otras que necesitan de tu ayuda. A la luz del Evangelio necesitamos abrirnos a Cristo, a ese Cristo que hace más de 2000 años formó parte de una familia modelo, de la Sagrada Familia de Nazaret, que como todos conocemos es el modelo a imitar. Es verdad que fue en otros tiempos, pero tiempos con sus dificultades, como lo es nuestro tiempo y salieron adelante. Esto no puede ser un pero, no puede apocoparnos, al contrario, la salvación de nuestras familias está en nuestras propias manos y en dependencia de lo mucho que las utilicemos así será el éxito.

Estamos convencidos de que la tarea que Jesús nos presenta ahora requiere de sacrificios, pero cuando pensemos en esos sacrificios, pensemos inmediatamente en todo lo que Cristo hizo por nosotros; recordemos que llegó hasta la muerte en cruz. Levantemos el ánimo, abramos el corazón a Cristo y pongamos todas nuestras fuerzas al servicio de las familias en este año tan especial.

Tú, familia, puedes ayudar.  

 

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Redacción: Casa Laical Tte. Rey e/ Villega y Bernaza. Habana Vieja
Diseño versión digital: Raúl León Pérez