No. 1 Enero - Marzo 2004

Resolución 1024 X 768 / 32 bit

 

 

Recuerdos.

Colaboración de María I. Rodríguez
Parroquia Sta. Clara de Asís, Lawton



En una modesta casa del barrio capitalino de Lawton, dos personas ya algo entradas en edad, dialogaban sobre sus hijos y sus familias viendo cómo se separaban unos, otros se disgustaban y la familia apenas se veía como tal.

A la puerta tocaba la Cuaresma, que como todos sabemos es una oportunidad especial para la reflexión y la reconciliación…

ÉL: ¿Te acuerdas, Concha, de aquella historia que nos contaron durante la visita al Cobre, allá por el año 19…?
ELLA: Viejo, ¿cómo acordarme? Hace tanto tiempo…

ÉL: Yo sí. Recuerdo que trataba de un monasterio en un país lejano…

ELLA: No recuerdo, mi amor…¡se te ocurren cada cosas!

ÉL: Sí, allí vivían unos hermanos frailes en paz y armonía, pero lentamente la rutina y el descuido fueron perdiendo el entusiasmo de los frailes y estos cayeron en una crisis terrible…
ELLA: Sí, ya recuerdo… Varios monjes murieron, los jóvenes se retiraron, el puñadito que quedó se pasaba la vida preocupados, recelosos y con mucha ira entre sí, hasta que le pidieron al Padre Superior que fuera  a las montañas a consultar con alguien, que según se decía por esa zona, lo sabía todo y le daba solución a cuanto problema le presentaran. El Padre debía averiguar cuál era la medicina para tanto mal.

ÉL: Esa misma es la historia, y recuerdo que después de un largo viaje llegó el Abad al lugar de destino, donde iba a recibir la información necesaria y, al contarle a esa persona la situación existente en el convento, le pidió su consejo.

ELLA: Sí, pero sólo le decía una y otra vez: “En medio de ustedes está el Mesías”. Al ver que no obtenía otra respuesta, el monje regresó con sus hermanos y les contó lo sucedido. Asombrados, comenzaron a decirse para si mismos: “Tal vez en la persona del malgenioso portero se esconda el Mesías”.

ÉL: Y se preguntaban: “¿Y si Jesús se manifiesta en el cascarrabias y tacaño cocinero…?

Y de ese modo comenzaron a respetarse y a tratarse bien unos con los otros. Entonces se realizó el milagro: un nuevo aire de alegría y de caridad recorrió el monasterio y los jóvenes que pasaban por allí se entusiasmaban con los viejos monjes y muchos se quedaron, creció la comunidad y el monasterio volvió a ser bello e importante como siempre.

ELLA: Viejo, estaba pensando… ¿Y qué pasaría si nuestros hijos se dieran cuenta de que en medio de ellos está el Mesías?

ÉL: Pues nada, Maricusita se reconciliaría con su novio y le pediría disculpas; Andresito se ocuparía más de su esposa y de sus hijos; y nosotros no tendríamos que llevar a nuestros nietos a todas sus actividades porque…¡Vieja! Esa es la solución. Vamos, vamos…

ELLA: ¡Viejo! ¡Qué familia vamos a tener! ¡Qué familia tan linda!

 Yo, que me encontraba de visita en este sencillo hogar, donde estos abuelos de tanta fe trataban de buscar solución para sus problemas familiares, dejé que recordaran tiempos pasados. Al finalizar la reconstrucción del cuento que les fue narrado en ese año de 19…, intervine y les dije:

“Reencontrarnos o reconciliarnos con nosotros mismos significa reconocernos cómo somos, nuestras cualidades positivas y defectos. Cada familia es como un árbol inmenso que sube a las nubes y en cuyas verdes ramas anidan sus hijos, las aves del cielo, pero que también hunde sus raíces en lo más profundo de la tierra, en nuestros corazones. Por eso, cuando estemos en la alegría, recordemos que también somos débiles, y cuando las crisis nos abrume, pensemos igualmente que somos seres maravillosos con capacidades extraordinarias, para amar, pensar, servir, transformar. Reconciliarnos con el prójimo es abrirnos a la diversidad y a la sorpresa del otro, captándolo tal y como es. La única manera de cambiar lo negativo es amando y aceptando como lo hicieron hace más de 2000 años una joven llamada María y su esposo José.

Querido lector, en medio de nosotros también está el Mesías, descúbrelo.

 

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Redacción: Casa Laical Tte. Rey e/ Villega y Bernaza. Habana Vieja
Diseño versión digital: Raúl León Pérez