No. 1 Enero - Marzo 2004

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CARTAS PARA CONSEJERÍA FAMILIAR

Por Pedro Ramón

 

Hermano: Hemos sabido que ustedes piensan abrir una nueva sección en Amor y Vida donde se puede escribir, plantearles un problema de la familia y ustedes, desde una visión cristiana de la realidad y de la familia, compartir sus experiencias. El asunto que nos ha sucedido es tan grave que estuvimos pensando no hacerlo. Pero mi esposa, ya sabe como son las mujeres de tercas, y por eso triunfan tanto, me recomendó que lo hiciera.

Somos una familia cristiana de toda la vida. Tenemos tres hijos que tratamos de educar en la fe, algo que si hoy no es fácil, años atrás era quizás más difícil. Nuestra hija menor fue una niña normal hasta la adolescencia, en que empezó a reunirse con amiguitas y vecinos que no eran los mejores. Tratamos de apartarlos, pero no pudimos lograrlo. Comenzó a noviar con un muchacho que tampoco nos gustaba hasta... hasta que salió embarazada. 

Estamos en un tremendo dilema porque nuestra fe nos impide hacer un aborto y por otro lado, el novio no quiere hacerse responsable de su hijo. Ella, nuestra hija, sí quiere tenerlo. Mi mujer y yo estamos desesperados. ¿En qué hemos fallado? ¿Qué hacer ante una situación como esta?

R. y M.

 

 

 

Queridos hermanos R. y M.: Al colectivo de Amor y Vida le parece muy bueno que se abra un espacio donde podamos intercambiar con los lectores. Entre todos podemos encontrar soluciones. Cuando no las hallemos, pediremos el concurso de personas más capacitadas.

Es a ustedes a quienes debemos agradecer que hayan tenido el coraje de plantear sus dudas, y hacer públicos sus temores. Estamos casi seguros que su caso no es el único, dentro o fuera de la Iglesia.

Entrando en el problema particular, no es adecuado preguntarse “en qué han fallado”. Esa es la primera idea cuando las cosas no salen como se hubiera deseado. Pero buscar culpables no ayuda. Es más, hace incierto poder encontrar una salida al problema. 

El quid del asunto radica en algo más serio. Hay un embarazo, es decir, una criatura por el medio, una vida humana que viene en camino. Eso sí que es lo primero. Aunque el novio, como ustedes le llaman, no desee asumirla responsabilidad, ustedes, padres cristianos, deben tener en cuenta que al niño nadie le ha pedido opinión. Tiene derecho a que alguien le defienda la vida. Es un derecho sagrado. Es su derecho a vivir. 

El otro problema complicado es que la madre tendrá a su hijo sin padre, o sea, será madre soltera. Ese también es un conflicto frecuente en nuestros días. Es mayor de edad, según se infiere por su carta, así que le asiste la posibilidad de asumir responsablemente su embarazo, el parto y el cuidado del hijo. Los padres debemos saber cuando nuestra protección ayuda y cuando destruye.   

Pero, por otro lado, los padres sí tenemos el derecho, y sobre todo el deber, de acompañar a nuestros hijos en circunstancias como estas. Es necesario que no vean a la criatura como una desgracia, sino como un bien, que por algo que no alcanzamos a descubrir en este momento, se ha dado de esta forma. Que su hija sienta, como nunca antes, la caridad cristiana: en instantes como estos es que se pone a prueba ser cristiano de toda la vida.      

No niego que tienen por delante una prueba difícil, dificilísima. Estoy convencido de que esta criatura, y lo sabrán dentro de unos años, es para bien de todos. No se asusten. No teman. Dios estará con ustedes. Ahora sólo deben acompañar a su hija, y orar mucho para que todo salga bien. Es la única opción de una familia cristiana en estos y para todos los tiempos.  

 

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Redacción: Casa Laical Tte. Rey e/ Villega y Bernaza. Habana Vieja
Diseño versión digital: Raúl León Pérez