No. 1 Enero - Marzo 2004

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CARTA DEL ASESOR

 

 

Mis queridos Emefecistas:

Ha sido motivo de gran alegría que este año 2004, que hemos estrenado, nuestros Obispos hayan querido dedicarlo a la familia de un modo muy especial. Nuestros pastores, como guías del Pueblo de Dios, quieren invitarnos a trabajar por el bien de la familia cubana, tan deteriorada y necesitada de ayuda y orientación.

Así, en el mes de Enero, celebramos el Simposio de la Familia que fue, para los que estábamos allí, una experiencia termómetro de la situación actual de la familia y un signo esperanzador de fe y confianza para trabajar en una pastoral que debe tener a la familia como objetivo primordial de nuestra preocupación y esfuerzo evangelizador.

Necesitamos iluminar con la luz del Evangelio las tinieblas por las que pasa la familia de hoy, y encontrar caminos nuevos que nos permitan acercarnos a las familias y ofrecerles a Jesucristo: Camino, Verdad y Vida, en quien toda familia pueda asentar su base sólida y enfrentar los desafíos presentes.

Pienso en cuanto puede hacer en su medio un miembro del M.F.C que sienta esta urgencia y ponga lo mejor de sí y parte de su tiempo al servicio de la promoción humana y cristiana de la familia. Pero quisiera invitarles, de un modo especial, a no caer en la tentación de evadir nuestra realidad familiar particular y contentarnos con nuestros conocimientos y vivencia de la fe que hemos adquirido hasta hoy; es necesario que cada uno comience comprometiéndose con su propia familia y trabajado en ella para hacer que Cristo sea conocido, amado y aceptado por los nuestros; y esto no sucede si los nuestros no perciben en nosotros mejoramientos de actitudes, alegría de vivir, amor de caridad, capacidad de enfrentar la vida con sus problemáticas de modo animoso, con seguridad y esperanza, y con la certeza que nace de la fe.

Necesitamos crecer en la vivencia de una espiritualidad en la cual Jesucristo sea el centro de nuestro vivir y pensar y que conozcamos mejor, y más profundamente, las implicaciones que debe tener en nuestra existencia la vivencia de la doctrina de la iglesia que nace del Evangelio: conocer la doctrina de la iglesia es conocer lo que nos pide Jesucristo que la ha fundado y le ha dado su Espíritu Santo para que la lleve al conocimiento de la verdad plena. Es así como cada uno podrá hacer mucho por la familia con su propio mejoramiento, vivencia de la fe y conversión profunda.

 Ya estamos a las puertas de la cuaresma: tiempo de gracia y conversión. Tiempo de renovación profunda que nace de la meditación de la palabra de Dios y de la oración que nos toca y nos cambia para mejor. Tiempo de Caridad y sacrificio que nos debe llevar a reconciliarnos con los miembros de nuestras familias con los que hemos podido tener dificultades y sacrificar nuestros gustos, y a veces comodidades y orgullos, así como nuestro tiempo, en función de una mayor entrega y un mayor servicio a nuestras familias. Amar siempre duele, pero es un dolor como el de Jesús, es un dolor Pascual, que da fruto abundante de vida. Sepamos dar un testimonio de amor a nuestra familia que contagie a los que nos rodean y les diga, con las obras, que vale la pena sufrir y darlo todo por amor a nuestra gente, como lo hizo Jesús.

Les estoy escribiendo muy cerca del día del amor y, en ese día, es el amor lo que se celebra, y es el amor lo que debe unir a las parejas, los amigos y las familias. Que Dios, a quien Juan define como Amor, nos llene de ese amor que es Él, que todo lo aguanta y todo lo espera. Ese Amor que no pasa nunca.

                                                                 Les quiere y bendice, P. Luis Alberto.

 

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Redacción: Casa Laical Tte. Rey e/ Villega y Bernaza. Habana Vieja
Diseño versión digital: Raúl León Pérez