No. 1 Enero - Marzo 2004

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CUARESMA

 

El Miércoles de Ceniza da inicio al recorrido cuaresmal que nos conducirá al acontecimiento central del año litúrgico: el Triduo Pascual, cuando celebramos la muerte pasión y resurrección de Cristo.

Al igual que Jesús pasó cuarenta días en el desierto antes de iniciar su misión, hoy, de igual modo, somos invitados por la iglesia para adentrarnos en un tiempo que requiere de una fuerte oración y reflexión para caminar hacia el Calvario y posteriormente sentir la satisfacción y la alegría de la resurrección, una nueva resurrección en Cristo, nuestro salvador. Este período da inicio con la imposición de las cenizas. Esto nos recuerda la caducidad de nuestra vida terrena y nos plantea la necesidad, una vez más de poseer la decisión valiente de aceptar la voluntad del Padre Celestial y no encapricharnos en la nuestra, tal y como lo hiciera Jesús.

“Convertíos y creed en el Evangelio”, son la palabras más fehacientes que se contraponen a la actitud de Adán y Eva, que con su desobediencia destruyeron la relación de amistad que existía con Dios creador. Este humilde gesto de recibir la sagrada ceniza, nos recuerda que Dios, con un sorprendente acto de predilección y misericordia, formó al hombre del polvo, dándole un alma inmortal y llamándolo a compartir su misma vida divina. También será Dios quien, el último día, lo hará resucitar del polvo y transfigurará su cuerpo mortal.

Durante la Cuaresma, la llamada a la conversión nos debe llevar a la reflexión, la oración intensa, a reavivar o fortalecer en la fe nuestra amistad con Jesús, a rechazar todas las promesas ilusorias de la felicidad terrena y a confiar más aún en la vida eterna que Dios nos tiene reservada.

Esta invitación que se nos hace para este período pide de todos nosotros una disciplina muy exigente. El contexto social de estos tiempos, donde las guerras, la ambición, el cómodo desinterés y el ateísmo práctico, entre otros males, nos asechan, nos pone en una disyuntiva muy especial. Las tentaciones nos asedian y son muchos los que caen, pero tengamos presente que el Espíritu Santo nos sostiene y nos conforta en esta lucha. Jesús fue impulsado al desierto de la tentación por el Espíritu Santo para prepararlo a su misión y luego, en la hora de la prueba, lo confortó, acompañándolo desde el monte de los Olivos hasta el Gólgota

Este período de Cuaresma es un regalo que nos hace la Iglesia de Dios a todos los cristianos como ocasión propicia para transitar por el camino de la conversión, que tiene su referencia fundamental e irrenunciable en el sacramento de la penitencia. El perdón nos hará mejores cada día. Esta es la condición que, durante todo el año, y muy en particular en el tiempo de Cuaresma, nos hace llegar a una experiencia más íntima y más profunda del amor del Padre.

 

Colaboración de Lourdes Iduate

 

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Redacción: Casa Laical Tte. Rey e/ Villega y Bernaza. Habana Vieja
Diseño versión digital: Raúl León Pérez