Amor y Vida
Publicación Trimestral del Movimiento Familiar Cristiano
Arquidiócesis de la Habana

Primer trimestre 2011

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“Que el Evangelio ilumine la vida familiar cubana”
Por NAVIA GARCÍA
Foto: HUMBERTO DÍAZ

 

Habla el padre Carlos Elizalde, primer asesor eclesial del MFC.


E l Movimiento Familiar Cristiano (MFC) de nuestra arquidiócesis fue fundado el 23 de febrero de 1991, en el actual santuario de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, en Centro Habana. Con motivo de ese acontecimiento, Amor y Vida dialogó con el padre Carlos Elizalde Auzeberría, primer asesor eclesial de dicho movimiento laical.

- ¿Cómo ocurrió la fundación del MFC?

- Del Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENEC) -responde- surgió la organización laical católica, la cual contaba con una rama de matrimonios. Esta creó el Movimiento Diocesano de Familia, en febrero de 1991, con José Ramón Pérez y Mari Cruz como sus primeros presidentes. Dos años después se convirtió en el actual Movimiento Familiar Cristiano.
- Este también se constituyó de inmediato en la parroquia de los Padres Pasionistas, en la Víbora, con Manolo García y Rosario (Charo) Prado como animadores. Años más tarde, ellos desempeñaron la presidencia del Movimiento en nuestra arquidiócesis.

- ¿Cómo se desarrollaban las actividades?

- En realidad, carecíamos de la experiencia con que hoy cuenta el Movimiento; pero sí teníamos mucho amor, voluntad y deseos de trabajar. Nuestra labor entonces se ceñía a la formación de los integrantes, retiros espirituales, además de la atención a los conflictos que pudieran presentarse en el seno de las familias.

- ¿Considera usted que los objetivos fundamentales del Movimiento son hoy día los mismos que hace 20 años?

- Con el paso de los años casi todo se transforma, aunque los objetivos del MFC siempre han estado encaminados al fortalecimiento de la familia cubana mediante el crecimiento de la espiritualidad y de los valores propiamente familiares. Todo lo anterior, como es obvio, implica un trabajo de formación permanente.
- En la actualidad, cada año se celebra la Convivencia de Familias, la actividad más importante del Movimiento por la oportunidad que ella significa para el encuentro fraternal entre los integrantes de las distintas comunidades parroquiales. Están también los cursos prematrimoniales en las zonas, dirigidos actualmente por monseñor Alfredo Petit, obispo auxiliar de La Habana. Otra realización importante es la Escuela de Padres, a la cual por lo general las que asisten son las madres.

- ¿Qué significa el MFC para la Iglesia católica y la familia?

- Hoy, más que nunca, necesitamos un Movimiento como este. Porque la familia, como decía Pablo VI, es una herencia amenazada. La familia requiere hoy una atención que la saque de la penumbra social a la que algunos intentan relegarla. Ella representa en la actualidad un reto para el Evangelio del mismo modo que este representa un desafío para la familia. Por eso, los integrantes del MFC deben trabajar para que el Evangelio ilumine todas las opciones de la vida familiar.
- Exhorto a todos los miembros del Movimiento a que continúen animando, con su trabajo pastoral, a los matrimonios. Les pido que no se desanimen, aunque el resultado algunas veces no se corresponda con el esfuerzo. Miren a la familia como Iglesia doméstica, la cual se origina en el matrimonio legítimamente constituido.
- La verdad es que la persona nace y crece en una familia, y que de esta recibe su patrimonio genético, su cultura y los valores éticos que conformarán su existencia.

- ¿Por qué dejó la condición de asesor eclesial?

- Ante todo, soy un sacerdote misionero. Se trata de un don de Dios, que así me eligió. Me encuentro feliz con mi trabajo pastoral y deseo terminar, vale reiterarlo, como sacerdote misionero itinerante para cultivar, con mis hermanos pasionistas, la dimensión misionera que tanto necesita la Iglesia en Cuba y me demanda el carisma propio de mi congregación. Así seré hasta que el Señor lo permita.
- Deseo subrayar que, en estos momentos, el MFC cuenta con un joven asesor, el padre Luis Alberto Formoso, párroco de El Buen Pastor, en Jesús del Monte, quien posee un verbo lleno de profundas reflexiones.

A esta altura de la entrevista resulta pertinente que los lectores dispongan de una breve semblanza de este sacerdote consagrado a su vocación desde hace más de 50 años.
El padre Carlos Elizalde Auzeberría, se desempeñó durante 15 años como profesor en el Seminario Misionero y, posteriormente, en calidad de director del referido seminario.
Seguidamente obtuvo, en 1969, la Licenciatura en Teología Pastoral en la Universidad Lateranense, en Roma, Italia. Asimismo, recibió el diplomado en Pedagogía.

Fue misionero en la India y Honduras hasta que el 27 de marzo de 1986 llega, para continuar esa labor, a nuestro país. Desde entonces, ha venido animando comunidades en varias diócesis, especialmente en Santiago de Cuba y Guantánamo. En el año 2003 celebró sus bodas de oro sacerdotales.

El padre Carlos atesora innumerables anécdotas de los años en que fungió como asesor del MFC, pero hay una que, al recordarla, le hace reír.

- No me acuerdo -dice- del año en que se celebró el Congreso Latinoamericano de Familias en Guatemala. El MFC de Cuba estaba invitado a participar en dicho foro, aunque solo mujeres obtuvieron el permiso para viajar a ese hermano país centroamericano. Me acompañaban Mari Cruz, esposa de José Ramón Pérez, en ese entonces presidentes del Movimiento, así como Rosario (Charo) Prado, esposa del finado Manolo García, y otras señoras que, con mucha pena, no puedo recordar.

- Llegamos al aeropuerto de Ciudad de Guatemala y pasamos por Inmigración sin ninguna dificultad, pero luego nos recluyeron a todos en una habitación durante horas. Vinieron las personas que tenían a su cargo recibirnos y más tarde conducirnos al lugar donde se efectuaría la comida de bienvenida. Esperaron por nosotros hasta que, dado que no aparecíamos, se retiraron.

- Al fin -prosigue- logramos hacer contacto telefónico con nuestros anfitriones, quienes regresaron a la terminal aérea y casi nos rescataron. Cuando llegamos a la cena de bienvenida, una voz exclamó: ¡los cubanos! Y acto seguido tuvo lugar un prolongado aplauso. Después, te puedes imaginar: ¡a comer!

- ¿Por qué ha permanecido en Cuba?

- Desde que llegué a esta tierra me ha conmovido profundamente la entereza de muchos creyentes católicos en medio de tantas dificultades. Esto ya lo he proclamado más de una vez. Tuve que esperar 14 años para obtener el permiso de entrada, pero este se consiguió y, por tanto, me quedé.
- Soy, pues, un cubano por adopción que nació, el 12 de agosto de 1930, en Ciáurriz, un pequeño pueblo de Navarra recostado en la falda de un monte cerca de los Pirineos. Pero, reitero, aquí vivo como un cubano mas.

AGRADECIMIENTOS:
Al Sagrado Corazón de Jesús y a los Padres Pasionistas por permitir esta entrevista tan pronto se restableció el padre Carlos Elizalde.
Al MsC Nelson Crespo Roque, del arzobispado de La Habana, por su valiosa cooperación.
Al licenciado Mario Suástegui y a otras personas que también hicieron posible la realización de esta entrevista.

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Cuba, cuida a tus familias para que conserves sano tu corazón
Juan Pablo II

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