Amor y Vida
Publicación Trimestral del Movimiento Familiar Cristiano
Arquidiócesis de la Habana

Primer trimestre 2011

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LA FAMILIA DE "PARADISO".

Por MARÍA DEL CARMEN MUZIO

El sobresaliente escritor cubano José Lezama Lima (1910-1976) dejó una impronta en nuestra literatura, no sólo por sus excelentes poemas, sino también por su magistral novela Paradiso.

Dicha obra resultó controversial en 1966, el año de su publicación. Entonces, enfoques lamentablemente prejuiciados sólo vieron en ella el capítulo VIII como muestra de pornografía, homosexualidad y problemas ideológicos, para así obviar lo de erotismo kamasutriano que contenía.

Asimismo, no tuvieron en cuenta los innumerables valores de la novela: elucubraciones filosóficas, acendrada cubanía y lenguaje culto y enriquecedor.

Paradiso, dentro de muchas historias que contiene, también posee la de la familia cubana. Hay un fragmento muy ilustrativo que, según confesión del propio Lezama al periodista Ciro Bianchi, en entrevista realizada, ocurrió realmente de esa forma, lo que demuestra parte del carácter autobiográfico de la novela.


El niño José Cemí juega a los yaquis con sus hermanas y su madre; al observar la figura que aquellos dibujan al caer, les hace ver que es el rostro del padre fallecido.

“De pronto, en una fulguración, como si una nube se rompiese para dar paso a una nueva visión, apareció en las losas apresadas por el círculo, la guerrera completa del Coronel, de un amarillo como oscurecido, aunque iba ascendiendo en su nitidez, los botones, aun los de los cuatro bolsillos, más brillantes que su cobrizo habitual. Y sobre el cuello endurecido, el rostro del ausente, tal vez sonriéndose dentro de su lejanía, como si le alegrase, en un indescifrable contento que no podía ser compartido, ver a su esposa y a sus hijos dentro de aquel círculo que los unía en un espacio y en un tiempo coincidentes para su mirada”1.

Lezama relató que todos se abrazaron llorando, mientras la madre le decía: “Tú tienes que escribir la historia de la familia”2.

De esta manera aparece la familia de Lezama como ejemplo de las familias de la época, con sus costumbres y características propias. Una familia independentista con raíces en la emigración –por vía materna- y con raíces españolas –vasca- por la paterna. Es el hogar que conforma al niño y al más tarde joven Cemí-Lezama.

La muerte del padre, el Coronel que ocupa los primeros capítulos del libro, se torna un hecho trascendental, que sacude los cimientos del hogar sin llegar a destruirlo. Quedan la abuela, doña Augusta, quien conoció a Martí, y Rialta, la madre consagrada a la educación de los hijos desde su viudez; lo que se acostumbra a llamar, en nuestro tiempo presente, familias monoparentales, las cuales abundan tanto por diversas causas, como el divorcio.

Un personaje que influyó profundamente en el niño fue el tío Alberto, hermano de la madre. Se trata del único de los personajes a quien Lezama le mantiene su nombre verdadero en la obra.

“En Paradiso hablé de la raíz de su gracia criolla. Era necesario que yo agradeciera haber podido conocer a ese simpático personaje que vive su niñez en la emigración revolucionaria y que después, bajo su capa de tío endemoniado, es el miembro más díscolo de nuestra familia”3.

El personaje del tío Alberto, la “oveja negra”, es recreado mediante la visión admirada de su sobrino. Por otra parte, la tía Leticia, junto a su esposo, el doctor Santurce, no se escapan del tono irónico y burlón del escritor.

Otro aspecto interesante es la famosa comida, que ha pasado a llamarse lezamiana en honor a su autor. Cemí, que aún es un niño, ha de comer en una mesita aparte, con sus primos. Costumbre de las grandes cenas en familia, en especial en la Nochebuena, ya bastante perdida. Además, nos ofrece los recuerdos de los platos típicos de nuestra cocina, desde los dorados buñuelos hasta algunos olvidados como el siguiente:

“Al final de la comida, doña Augusta quiso mostrar una travesura en el postre. Presentó en las copas de champagne la más deliciosa crema helada. Después que la familia mostró su más rendido acatamiento al postre sorpresivo, doña Augusta regaló la receta: –Son las cosas sencillas –dijo– que podemos hacer en la cocina cubana, la repostería más fácil, y que enseguida el paladar declara incomparables. Un coco rallado en conserva, más otra conserva de piña rallada, unidas a la mitad de otra lata de leche condensada, y llega entonces el hada, es decir, la viejita Marie Brizard, para rociar con su anisete la crema olorosa. Al refrigerador, se sirve cuando está bien fría4.”

Si existe un elemento representativo en Paradiso es su cubanía. En esta obra, las calles (como la esquina de San Nicolás y Lagunas, el Paseo del Prado, la escalinata universitaria, el Malecón habanero) fluyen cual personajes dentro de la historia narrada.

Acerca de esos lugares gira el argumento de la novela donde ellos caminan, sufren, conversan.

La amistad, al igual que la familia, ocupa un lugar preponderante. También se mencionan las luchas estudiantiles con sus manifestaciones o el hospital Calixto García, en el cual es operada doña Rialta. El personaje de la madre es refugio y a la vez la útil consejera que José Cemí siempre escucha. La abuela ha presidido la mesa y ha sido baluarte de la familia; a su fallecimiento, el lugar es ocupado por la madre.

Y la figura del padre vasco, descrito siempre con su cuello corto que hereda el primogénito, transita por toda la novela como figura tutelar, ausente pero recordado eternamente, cuyo retrato preside el que fuera su hogar desde la sala.

Quizá la familia descrita en Paradiso se asemeje muy poco a las actuales; pero para quienes la han olvidado o la desconocen, les resultará interesante acercarse a esta novela, la cual, entre sus muchos valores, tiene el de narrar y describir cómo se forjó nuestro tronco familiar desde los inicios de la República.

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Juan Pablo II

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