Amor y Vida
Publicación Trimestral del Movimiento Familiar Cristiano
Arquidiócesis de la Habana

Primer trimestre 2011

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Los movimientos laicales son más que un estilo pastoral.
Por MONSEÑOR FERNANDO DE LA VEGA

La realidad es colectiva y solicita respuestas colectivas. Con perdón del filósofo francés René Descartes la vida no radica en la sentencia Pienso, luego existo. La vida es tan intensa y compleja que, a veces, nos cuesta trabajo detenernos para expresarla de modo que otros la comprendan tal como nosotros la consideramos.

Algo de lo anterior sucede cuando queremos explicar lo que supone en un movimiento de carácter laical; primero se vive y después, quizá, se pueda explicar, a quien no lo ha vivido, de manera coherente y convincente. Detrás del proceso de evangelización de la Iglesia existen diferentes valoraciones y énfasis.

Unos, con la inquietud de hacer el bien, de situarse acertadamente ante retos y dificultades, necesitan una ruta segura que les facilite el trabajo. Otros, en cambio, con la preocupación porque todos participen, piden el esfuerzo solidario de quienes padecen incertidumbres y sufrimientos. Para ellos no basta una pedagogía, pues el énfasis lo colocan en realizar las tareas en común.

De lo que antecede surge una convicción que responde a un llamado personal: todo movimiento laical es una respuesta a la vida y no puede quedarse exclusivamente en el desarrollo espiritual de unas personas de las que se puede sentir responsables. Esta resultaría una limitante inaceptable, porque los límites de la acción los debe poner la realidad misma.


Movimiento de trabajadores cristianos

Movimiento de mujeres católicas

Se desprende, por tanto, la importancia de apreciar los movimientos laicales como una realidad común en la que todos se desarrollan, los de dentro y los de fuera. Los movimientos laicales crecen cuando son capaces de descubrir sus propias fallas y poner manos a la obra para superarlas.

Hoy, en nuestro aquí y ahora, la acción constituye una respuesta a la realidad que debe transformarse de acuerdo con el reino de Dios; se trata de una exigencia cada vez más determinante, y esa renovación de la realidad no debe ser tarea de francotiradores.

Reflexión y acción deben ir de la mano en el quehacer de nuestros movimientos laicales, y la manera de concretarlas radica en el plan de trabajo, el cual nace de la toma de conciencia en primer término, y la búsqueda después, de respuestas a las necesidades que presentan ciertos ambientes: familia, trabajadores, jóvenes, mujeres... Ese plan de trabajo se materializa cuando logra reunir, en proyectos comunes, a todos los afectados por situaciones injustas muy concretas.

Terminamos volviendo al principio. Los movimientos laicales son más que un estilo pastoral, más que la existencia de determinados grupos donde sus integrantes se sienten bien y tratan de superarse un tanto al margen de los demás, que no pertenecen a un movimiento específico, pero que afrontan similares problemas. Lo importante es hacernos todos verdaderamente solidarios y partícipes de las tareas de cada día.

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