Amor y Vida
Publicación Trimestral del Movimiento Familiar Cristiano
Arquidiócesis de la Habana

Primer trimestre 2011

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MOVIMIENTO FAMILIAR CRISTIANO,
UN SIGNO DE MADUREZ LAICAL

Por ANDRÉS RODRÍGUEZ Y RAÚL LEÓN
Fotos: MANROVAL

 

Dar a conocer el pasado, presente y futuro del MFC, nos animó a organizar un coloquio con algunas de las personas (laicas y eclesiásticas) que han contribuido significativamente a la presencia de dicho Movimiento desde su fundación, hace 20 años, en la arquidiócesis de La Habana.

De esa manera, una fría mañana de finales del pasado mes de diciembre, nos reunimos en la sede de la Casa Laical con:

* José Ramón Pérez y Mari Cruz García, fundadores y primeros presidentes del MFC.
* Monseñor Fernando de la Vega, vicecanciller de la arquidiócesis.
* Doctores Héctor González y María Concepción Morales, fundadores del MFC y presidentes del Movimiento Pro Vida.
* Rubén Gravié y Ana María Baldrich, actuales presidentes del MFC.
* Padre Luis Alberto Formoso, asesor eclesial del MFC.
Rosario (Charo) Prado, residente en el exterior, quien junto con su esposo, Manolo García (ya fallecido), también fundaron y presidieron el MFC, participó en este coloquio por medio del correo electrónico.

I- ¿Cómo fue el inicio?

José Ramón: El propósito de fundar un movimiento de familias se venía gestando desde los años de la REC (Reflexión Eclesial Cubana), aunque en medio de una controversia acerca de si resultaba conveniente hacerlo.

- En el seno del ASO (Apostolado Seglar Organizado) había en aquel momento quienes concebíamos la conveniencia de actualizar la pastoral del laicado en la Iglesia cubana, y que la mejor forma sería organizarla mediante la creación de movimientos laicales por sectores al estilo, salvando las distancias, de la desaparecida Acción Católica, la cual a muchos nos había marcado positivamente.

- Ya con motivo de las reflexiones que se suscitaron en el ENEC (Encuentro Nacional Eclesial Cubano), efectuado en 1986, cobró más fuerza la necesidad de renovar el trabajo de los laicos, lo cual permitió precisar criterios y abrir nuevas posibilidades. Sin embargo, otro sector del laicado habanero sustentaba una posición diferente y persistía en mantener la estructura tradicional por vicarías, como se venía haciendo.

- En ese momento, aparece el padre Fernando de la Vega como mediador entre las concepciones antes descritas. De esa feliz mediación, emergió la decisión de empezar a trabajar con el estilo propio de un movimiento.

- De esa manera, la comunidad de los Padres Pasionistas, en la Víbora, fue la cuna de la iniciativa de fundar un movimiento de carácter familiar; así, su párroco de entonces, el padre Carlos Elizalde, devino nuestro primer asesor eclesial. Inmediatamente se incorporaron matrimonios de otras zonas pastorales, entre ellas Jaruco, La Salud, Batabanó y Güira de Melena, hasta completar la cifra de 16 parejas.

Charo Prado: Es justo consignar que, desde el primer momento de su constitución, el MFC recibió el apoyo de nuestro arzobispo, cardenal Jaime Ortega, así como del asesor, padre Carlos Elizalde. Ambos nos animaron a continuar con el proyecto.

- Nos dimos entonces a la tarea de visitar todas las zonas de la arquidiócesis para presentar esa iniciativa pastoral; recuerdo que nos sentimos muy contentos ante la aceptación que tuvo en algunos grupos de parejas que ya se reunían en determinadas parroquias.

- Un momento importante fue cuando los primeros presidentes, José Ramón y Mari Cruz, fueron invitados a la República Argentina para participar en un congreso del Movimiento Familiar Cristiano Latinoamericano, y allí compartir la experiencia de nuestro trabajo. Entonces fuimos aceptados como miembros plenos de dicho movimiento regional.

Monseñor Fernando de la Vega: Como apuntó José Ramón, me correspondió intervenir, como una especie de factor aglutinador, en un momento de controversia acerca del camino que debía emprenderse en cuanto a la estructura para atender a las familias.

- En ese sentido, hubo que efectuar varias reuniones en las cuales participaron matrimonios que se caracterizaban por su definido compromiso apostólico. Recuerdo que a esos encuentros asistieron, entre otros, José Ramón y Mari Cruz, Padilla y Adria, Héctor y Concha, Manolo y Charo, así como Joaquín Bello y Aida.

- En definitiva, se llegó al acuerdo de organizar un movimiento de familias a nivel arquidiocesano con un requisito inexcusable: que sus integrantes estuvieran casados por la Iglesia, aunque se pensó igualmente en la necesidad de trabajar, mediante la pastoral familiar, con las parejas que no habían recibido el sacramento del matrimonio.

- Otra tarea que se llevó a cabo en aquella situación fue confeccionar los estatutos del Movimiento. Yo los acompañé durante ese período de gestación, pero había que dotar al Movimiento Diocesano de Familia de un asesor eclesial, para lo cual yo no disponía de suficiente tiempo; fue entonces que se escogió al padre Elizalde, de Los Pasionistas.

II- Principales desafíos en la etapa de fundación.

José Ramón: En esa primera etapa, ocurrieron incomprensiones de un sector del clero y de algunas comunidades, que estimaron elitista el estilo de trabajo emprendido como movimiento laical, el cual, además, se consideró que podía provocar tensiones dentro de la Pastoral Familiar. Resultó tan vigorosa la oposición en ese sentido, que estuvimos a punto de desaparecer, pero finalmente se logró sortear ese escollo y así llevamos 20 años de trabajo, en los cuales hemos sembrado nuestra semilla y hasta han sido escuchados, a nivel oficial, algunos de nuestros puntos de vista acerca de la familia.

Charo Prado: Uno de los principales desafíos del período fundacional fue cuando nuestro Arzobispo nos pidió que asumiéramos la Pastoral de Familias en la arquidiócesis, la cual no estaba organizada en todas las comunidades. Entonces comenzamos a reunirnos una vez al mes en la Casa Laical. Estos encuentros nos permitieron compartir iniciativas y temas, así como analizar las dificultades existentes.

- Otro reto ocurrió cuando algunos integrantes del equipo de dirección del MFC comenzamos a trabajar en la Comisión Nacional de Familias, y pretendimos aplicar algunas de las iniciativas que estábamos implementando.

- Aunque varios obispos no eran muy proclives a la labor del MFC en sus diócesis, algunas de esas iniciativas prosperaron como las Jornadas de la Familia, que se celebran, cada año, en el período comprendido desde el día de las madres hasta el día de los padres.


III- ¿Cómo se dio a conocer el Movimiento?

Mari Cruz: La principal estrategia fue visitar las comunidades y conversar con las personas acerca de las posibilidades que ofrecía nuestro trabajo en circunstancias realmente muy difíciles como la crisis de los valores familiares, el avance avasallador de las becas y las relaciones prematrimoniales, entre otros aspectos, en relación con los cuales imperaba una evidente desorientación.

- Otra tarea fue la de convocar a los matrimonios a efectuar encuentros en la Casa Laical, en los cuales informábamos los objetivos del MFC. De esta manera, empezamos a crecer y a forjar, al mismo tiempo, una mística y una espiritualidad.

José Ramón: Recuerdo que entonces zapateábamos las comunidades de la ciudad y del campo. Había más posibilidades de transporte en aquella época y la vida no estaba tan complicada como ahora. Nos gustaba esa estrategia porque consideramos que el contacto personal es muy necesario en todo lo concerniente con el anuncio del Evangelio. Recordemos que esa fue la estrategia de los apóstoles de Jesús.

- Con el tiempo, surgió la idea de confeccionar un boletín que denominamos Amor y Vida, el cual se convirtió posteriormente en revista con la finalidad tanto de divulgar como de formar.

- A principios de la década de los 90, en plena crisis, pudimos crear un consultorio para la familia, denominado CONFA, el cual funcionaba todos los sábados y contaba con los servicios de un psicólogo, quien nos ayudaba a clasificar las problemáticas, además de un especialista en materia jurídica, un trabajador social y otra persona que orientaba en lo concerniente a los métodos naturales de planificación familiar. Se trata de una experiencia que deberíamos retomar.

IV- ¿Influyó el MFC en la creación de Pro Vida?

Dra. María Concepción: Recuerdo que Mari Cruz, en un encuentro efectuado en Los Pasionistas, tuvo la iniciativa de proponer la realización de campañas como parte del trabajo del Movimiento. De esa forma, la primera campaña que se organizó fue, precisamente, contra el aborto, es decir, en defensa de la vida.
- Asimismo, se llegó a conformar un grupo de jóvenes interesados en aspectos tales como el aborto y los métodos naturales de planificación familiar.

- Posteriormente, en 1995, gracias al trabajo que realizamos dentro del MFC en defensa de la vida surgió, precisamente, el Movimiento Pro Vida. Este no es más que un parto que se engendró en el seno de aquel.

¿Existe hoy día, le preguntamos al doctor Héctor González, alguna labor conjunta entre ambos Movimientos? Y él nos responde.

- Participamos en los cursos de preparación para el matrimonio que organiza el MFC, en los cuales abordamos los temas relacionados con la anticoncepción, el aborto, la planificación familiar y otros aspectos relativos a la pareja y la sexualidad. Colaboramos también en la capacitación de los monitores, quienes trabajan con grupos de matrimonios en las comunidades o en la elaboración de materiales de formación que confecciona el MFC. Ofrecemos, igualmente, asesoría y cursos a todos aquellos que los solicitan.

V- Labor del asesor eclesial

Padre Luis Alberto Formoso: Como su nombre lo indica, mi función es ser punto de referencia, de consulta, y servir de acompañamiento y apoyo, pues, por su misma naturaleza, el trabajo principal de un movimiento laical lo llevan a cabo los laicos y sobre ellos recae la máxima responsabilidad.

- Cuando se realizan los encuentros con los miembros del MFC o los animadores de la Pastoral Familiar, me corresponde la animación espiritual y formativa, además de compartir algún tema relacionado con la espiritualidad laical; en estos años, por otra parte, he acompañado a muchos matrimonios en su caminar como parejas y familias, ayudándolos en sus momentos de crisis.

- Pienso también en la proyección social que debe tener el trabajo del Movimiento, con el fin de que pueda interpelar socialmente diversos problemas de la familia, entre ellos la propia convivencia familiar y la educación de los hijos.

- Este trabajo ya lo hacemos mediante la revista Amor y Vida, un medio de evangelización que nos permite llegar a personas que no concurren asiduamente a nuestras comunidades. Pienso igualmente en otras iniciativas; por ejemplo, me gustaría organizar un evento en el que se pudiera invitar a personas no vinculadas a nuestras comunidades para que escucharan alguna temática familiar.

- Junto con la Iglesia cubana, anhelo el tener acceso a medios de difusión masiva como la radio y la televisión, en los cuales pudiéramos contar con algún programa para dar a conocer los valores familiares y hacer pensar sobre esa realidad social.

- Considero que nuestro servicio debe llegar a todas las familias que afrontan problemas y necesitan que se les ayude a encontrar vías de solución que les ofrezcan luz en medio de tanta oscuridad y confusión.

 

A esta altura del coloquio, le preguntamos al padre Luis Alberto si el servicio que realiza dentro del MFC lo ha ayudado en su ministerio sacerdotal.


- Realmente -responde- me ha enriquecido escuchar y compartir las experiencias y dificultades que encuentran la familia y el Movimiento, así como los esfuerzos que lleva a cabo este último para iluminar esas realidades.

- Este servicio me ha brindado a mí, que vivo el celibato, un caudal de experiencias en el tema de la familia que me ha servido de ayuda a la hora de proporcionar consejos o apoyo. Esta labor en el MFC me ha ayudado igualmente a comprender mejor la realidad de la pareja y así aterrizar en mi labor pastoral con la familia.

VI- Hablan los actuales Presidentes

¿Cómo conocieron el Movimiento Familiar Cristiano?

Rubén: Ya desde principios de los años 90, formábamos parte de la comunidad de Las Siervas de María. Entonces la pareja responsable del grupo de matrimonios afrontó dificultades para continuar en esa tarea, y se nos pidió que la supliéramos. Así nos vinculamos cada vez más con la pastoral familiar.

Ana María: A partir de ese momento, Manolo García, entonces presidente del MFC, nos alentó a que participáramos cada vez más activamente en las distintas actividades que se llevaban a cabo a nivel arquidiocesano. Al ocurrir el lamentable fallecimiento de Manolo, se convocó a elecciones y fuimos elegidos presidentes.

¿Cuáles son los principales retos que han debido encarar en estos años al frente del Movimiento?


Ana María: Mantenernos fieles a los objetivos y a la mística que condujeron a la fundación de este Movimiento ha sido siempre una constante en nuestra condición de presidentes. Sin descuidar la atención a nuestras comunidades, nos hemos propuesto llevar el trabajo fuera del ámbito de las parroquias, pues nos duele la crisis en que se debate la familia cubana.

- Otro desafío radica en encontrar suficientes personas que deseen comprometerse con nuestra labor. Se trata de un problema que nos afecta a la hora de incorporar colaboradores y agentes pastorales. También nos desgasta sobremanera la emigración, pues matrimonios ya comprometidos se marchan definitivamente del país con las consecuencias que ello implica.

¿Cuál es la labor que hoy llevan a cabo en la arquidiócesis?


Rubén: La formación es la principal labor que realiza nuestro Movimiento; esta consiste en capacitar en el servicio, con sólidos criterios evangélicos, a otras parejas tanto en la comunidad como fuera de esta. De igual manera, realizamos cursos de formación a las parejas que proyectan casarse por la Iglesia, los cuales se efectúan, en zonas pastorales, por personas que han sido entrenadas para ello o especialistas versados en un tema específico.

Ana María: Hemos organizado las escuelas de padres, que consisten en cursos destinados a las familias de las comunidades e impartidos por los animadores de la Pastoral Familiar. Ofrecemos, asimismo, conferencias grabadas acompañadas de folletos que sirven de apoyo. Se trata de una iniciativa que ha tenido considerable eco en otras diócesis.

¿Las perspectivas del Movimiento para los próximos años?

Ana María: Pretendemos rejuvenecer el MFC mediante la incorporación de parejas jóvenes; para esto contamos con un matrimonio que organiza, por vicarías, los encuentros de matrimonios jóvenes, pues resulta impostergable que estos se vinculen crecientemente con el quehacer de nuestro Movimiento.
Por otra parte, ya estamos empleando en algunas comunidades los capítulos del audiovisual titulado Historias de familias, confeccionado por los padres jesuitas.

Rubén: Continuaremos con los encuentros conyugales, mediante los cuales buscamos consolidar la unión de las parejas en circunstancias complejas por el medio hostil en el cual viven. Este es, asimismo, un espacio destinado a liberar tensiones y revisar manifestaciones de crisis.

Ana María: Después de 20 años de trabajo, debemos expresar que, en verdad, el Señor ha estado grande con nosotros, porque, desde un principio ha venido acompañándonos y sosteniéndonos y, por tanto, está presente en este esfuerzo evangelizador en el cual estamos inmersos. Por supuesto, nos falta mucho aún por hacer y les pedimos a todos que oren por nosotros para que, siendo dóciles a la voluntad del Señor, mantengamos todo lo que se ha construido y sigamos avanzando.

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Cuba, cuida a tus familias para que conserves sano tu corazón
Juan Pablo II

DIRECTORES: Rubén Gravié y Ana María Baldich
EDITOR: Andrés Rodríguez
DISEÑO DIGITAL: Raúl León P.
CORRECCIÓN: Zoila Martinez
CONSEJO DE REDACCIÓN: Mons. Fernando de la Vega, Felipe Oliva, Habey Hechavarría, Raúl León P., Giselle Grass,
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