Amor y Vida
Publicación Trimestral del Movimiento Familiar Cristiano
Arquidiócesis de la Habana

Primer trimestre 2011

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Acerca de los cambios en la economía cubana

MÁS PREGUNTAS QUE RE?PUESTAS

Por JESÚS MESA ORAMAS
Ilustración: BALLATE

En los últimos meses un tema deviene recurrente en el ámbito de la familia, en la cuadra, en el centro laboral y en la parada de la guagua. Muchos comentan sobre el mismo asunto: jubilados, trabajadores en activo y amas de casa. Seguramente usted ha identificado que me refiero a las anunciadas transformaciones de la economía cubana.

Esta permanente referencia resulta muy justificada. De una parte, son convincentes los argumentos expresados para avalar la necesidad de este proceso. Baste mencionar dos aspectos expresados por el Ministro de Economía y Planificación en la sesión final del pleno ampliado del Consejo de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC)1.

El primero es la desproporcionada relación entre el salario medio y la productividad del trabajo, que se traduce «en que la sociedad reparte bienes de consumo más rápido de lo que los crea». El segundo aspecto trata de la existencia, en la actualidad, de más trabajadores ocupados en el sector de los servicios que en el de la producción de bienes.

Súmese a lo anterior la crisis financiera mundial, y, en el caso de Cuba, otras causas, entre ellas los huracanes que nos azotaron en el año 2008, además de la disminución en los ingresos del turismo.
En este contexto un vocablo aparece con frecuencia: subsidio. Proveniente del latín subsidĭum es un término de las Ciencias Económicas, que en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española se define como prestación pública asistencial de carácter económico y de duración determinada2. En la práctica representa, por tanto, la diferencia entre el precio real de un bien o servicio y el cobrado al consumidor. Se trata, pues, de un mecanismo contrario al impuesto.

Más trabajadores que los requeridos

En correspondencia con lo anterior, es fácil percatarse de que los subsidios forman parte del gasto público y de las políticas macroeconómicas3 que los Estados utilizan para varios propósitos: obtención de metas sociales (salud y educación son ejemplos clásicos); favorecer actividades o el desarrollo en determinadas zonas de un país, (mantener la estabilidad en la producción nacional y en el caso de los países desarrollados se utiliza para eliminar o reducir al máximo la competencia de los países subdesarrollados); fomentar, ficticiamente, el consumo o la producción de un bien o servicio y, finalmente, para favorecer a las personas de menos ingresos.

Este último destino es propugnado por aquellos que demandan del Estado un carácter regulador. En otras palabras, un Estado que se encargue de la redistribución, lo más justa posible, de la renta nacional.

Sin embargo, existe un cuarto matiz de evidente impacto social, pues abarca a las personas en edad laboral y toca directamente a todas las familias. Es el relativo a la existencia de instituciones con más trabajadores que los requeridos. No resulta difícil inferir que, si esa situación se encuentra generalizada a escala nacional, requiere de una transformación estructural del sistema empresarial.

Pero, para lograr incrementar la productividad y reducir el despilfarro de los recursos humanos, esa necesaria medida requiere de acciones complementarias que minimicen el efecto familiar.

En el caso de nuestro país, el escenario actual se caracteriza por la tendencia a la disminución de los subsidios aplicados a toda la sociedad, sin tener en cuenta sus ingresos, dentro de los cuales tiene especial connotación el redimensionamiento empresarial.

El argumento presentado tiene un sustento lógico: no se puede gastar lo que no se tiene ni tampoco permitir el despilfarro de recursos. Pero, como se expresó, resulta innegable que esta medida genera una conmoción social debido al impacto directo en la economía familiar y en el orden personal.

En primer lugar, puede señalarse el conocido hecho de que, en el mejor de los casos, cualquier cambio provoca tensión. Por ello, el hombre tiende a minimizarlos, sobre todo con el paso de los años. Y nuestra sociedad hoy día se caracteriza por la existencia de una población cada vez más envejecida.

¿Seré uno de los disponibles?

En ese mismo orden cabe destacar que el ser humano no es el componente de un número en la columna de un informe. Por ello, esta medida provoca una lógica incertidumbre a escala de toda la población, asociada a varios interrogantes.

El primero es la cantidad de trabajadores que, de acuerdo con las cifras publicadas, serán objeto de redimensionamiento. Medio millón4 en una etapa inicial, la cual debe concluir en los primeros meses del actual año. El segundo se evidencia en la lógica preocupación: ¿seré uno de los declarados disponibles? Y esto no sólo depende de que se sea idóneo o no. Si una actividad la realizan cuatro personas, todas idóneas, y sólo se mantienen dos plazas, obviamente dos idóneos deberán pasar a otra labor.

Una tercera fuente de preocupación gira alrededor del hecho de ser declarado disponible. ¿Cuál será la oferta de trabajo? En este sentido, son varios los factores a considerar: que la propuesta se refiera a una actividad en la cual no se tiene experiencia; o una que no resulte del total agrado; o que el salario pueda ser inferior al devengado actualmente, con la consiguiente afectación en la economía familiar.

Otro tema asociado a la reubicación es si existirán plazas acordes con el desempeño actual. Esto cobra especial interés para aquellos que pertenecen a la actividad de servicio. En tal asunto se impone una reducción en la utilización de los recursos humanos. La pregunta sería: ¿estarán aptas las personas para trasladarse de esa esfera a la productiva?

La cuarta fuente de preocupación, tan importante como las anteriores, se resume en la pregunta: ¿Qué sucede si quedo disponible? En ese caso, cualquier ayuda que se reciba debe cumplir con dos características. Primera: temporal. Esto significa que su duración será por un periodo corto y limitado. Segunda: menor cuantía del salario actual. Ambos requisitos resultan imprescindibles para que no se pierda el ahorro obtenido mediante el redimensionamiento. Si no es así, dicho proceso de redimensionamiento no cumple su papel.

A lo expresado se añaden los interrogantes relativos al trabajo por cuenta propia. ¿Cómo conseguir el financiamiento para comenzar? ¿Se habilitará la venta mayorista con precios inferiores, que hagan rentable la actividad?

El manejo de los subsidios

La cuarta vertiente del problema radica en el presente escenario económico, el cual se caracteriza por la eliminación y reducción progresivas de otros subsidios. Dicha tendencia se demuestra en la supresión, como productos normados, de la papa, los chícharos y el cigarro, así como el reciente incremento del precio del combustible y la electricidad a usuarios que consumen más de 300 KWh5. A lo anterior se adiciona que no parece previsible un incremento salarial a corto plazo.

De lo expuesto puede apreciarse que el manejo de los subsidios, como toda herramienta de la política macroeconómica, no debe considerarse como una práctica buena o mala de por sí; lo que se requiere es una exhaustiva evaluación de los pro y los contra, así como de otras medidas que complementen las manifestaciones adversas desde el punto de vista de toda la sociedad.

Se añade a lo anterior el hecho de que, en este momento, existen más preguntas que respuestas acerca del actual proceso, sin dudas necesario, pero que debe complementarse con otras medidas que contribuyan al objetivo fundamental: incrementar la producción y la productividad para solucionar otros problemas de la economía, sin dejar de atender el bienestar de la sociedad, en general, y de las personas, en particular.

Bibliografía
Granma, primera página, edición única, 1ro de noviembre de 2010.
http://es.wikipedia.org/wiki/Subsidio
Mesa,J.:Requisitosdelaspolíticasmacroeconómicas»; http://www.ilustrados.com/publicaciones/EEAVVEVpEFHNsgnmie.php, nov/2007.
Granma, 13 de septiembre de 2010, p. 8, pronunciamiento de la Central de Trabajadores de Cuba.
Granma, 29 de octubre de 2010, p. 3.

 

Minidiccionario

Gasto público: gastos en que incurre el Estado para financiar determinadas actividades de interés social que no resultan atractivas a la inversión.

Inversión: proceso mediante el cual una entidad destina cierta cantidad de recursos para crear nuevas ofertas o ampliar y mejorar su desempeño, con el objetivo de obtener más beneficios económicos y financieros.

Escenario: a los efectos de este trabajo representa una situación económica factible en la práctica, que se caracteriza por un valor y comportamiento (tendencias) de determinadas magnitudes económicas y financieras, en un período determinado.

Redimensionamiento: transformación de la organización interna de las entidades productivas de bienes y servicios y del aparato estatal, así como del marco jurídico asociado con el objetivo de elevar su eficiencia, que conlleva a la reducción del número de trabajadores y directivos.

Organización interna: conjunto de procesos y procedimientos que combinan los recursos humanos y materiales de una entidad, para cumplir con su objeto social.


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