Primer trimestre 2012

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AUTISMO:
lo que compartimos (I)

Por María A. Diéguez Guadalupe

 

Autismo viene del vocablo griego autos, que significa en sí mismo, ensimismarse.

Los primeros informes sobre niños y niñas con comportamientos “extraños” que se pueden relacionar con el autismo, datan de los siglos XVII y XIX. No es hasta 1906 que el término se introduce en textos sobre Psiquiatría. Fue Leo Kanner, en 1943, quien describió las características de 11 niños con rasgos comunes, donde lo más notorio en ellos era la incapacidad de relacionarse con las demás personas.

El autismo es un trastorno generalizado del desarrollo, que afecta fundamentalmente la interacción social, la comunicación verbal y no verbal y la imaginación; con escaso repertorio de actividades e intereses. Es la afección psiquiátrica más grave de la infancia, se manifiesta durante toda la vida; y se inicia y diagnostica antes de los tres años de edad.

Resulta cuatro veces más frecuente en niños que en niñas, en las que se manifiesta con mayor gravedad. La ocurrencia en hermanos no gemelos, de niños con autismo, es cincuenta veces mayor que en la población general. Se ha encontrado su incidencia en familias con otras personas diagnosticadas con autismo, sesenta veces más que lo esperado en la población general.

Su diagnóstico se torna difícil, porque presenta un esquema conductual muy particular, con aspectos comunes para todos y diferentes para cada uno de ellos. Se halla en todo el mundo, tanto en familias de cualquier etnia, raza o estrato social.

Sus causas aún permanecen desconocidas, no existe una origen único, dada la variedad de los síntomas, se supone, lógicamente, que la etiología es multifactorial. En la actualidad, se han realizado disímiles investigaciones sobre el tema, por lo que existen diversas teorías sobre ellas, dentro de las cuales se encuentran factores genéticos y cromosómicos; factores pre y perinatales, o sea, relacionados con el embarazo y el parto; anomalías de la estructura del cerebro; factores bioquímicos como alteraciones en los neurotransmisores, y también factores medioambientales, donde podemos encontrar los agentes químicos y virales.

Las manifestaciones clínicas varían según el nivel de desarrollo y la edad cronológica. Las dificultades en la alteración social son importantes y duraderas, existe una incapacidad para desarrollar las relaciones adecuadas con otros individuos de la misma edad, y la falta de reciprocidad social o emocional.

Se aprecian, además, alteraciones en la comunicación, manifestadas por retraso o ausencia total del lenguaje oral, e incapacidad de mantener o iniciar una conversación con otro. También la ausencia del juego imaginativo o realista espontáneo.

Hay evidentes patrones de intereses, comportamientos y actividades repetitivas, restringidas con la preocupación exagerada por los objetos y las partes de estos. Presenta una amplia gama de síntomas relacionados con el comportamiento como son: hiperactividad y agresividad.

En ocasiones aparecen respuestas exageradas a estímulos, por ejemplo, a los sonidos, la luz, los colores y el contacto físico. Pueden encontrarse también irregularidades en la ingestión de alimentos, los trastornos en el sueño, la ausencia de miedo ante peligros reales; y alteraciones de la afectividad, o sea, ríen o lloran sin un motivo aparente. Aproximadamente, el 75 por ciento de las personas con trastorno autista tiene asociado retraso mental; un menor porciento padece de epilepsia.

Durante la primera infancia, las manifestaciones del trastorno pueden ser sutiles, por lo que resultan difíciles de definir. En niños de edad escolar, y en adolescentes, los progresos evolutivos en algunas áreas son frecuentes, y en algunos se deteriora el comportamiento durante la adolescencia.
El autismo tiene un curso continuo, crónico. Alrededor de uno, de cada seis personas con autismo, llega a vivir y trabajar de manera independiente en la vida adulta, aunque continúan teniendo problemas con la interacción social y la comunicación.

Hasta hoy no se conoce una curación posible, los niños con autismo serán adultos con autismo. No existe un tratamiento único debido a la variedad de signos y síntomas, y a las características de cada persona. Las terapias más conocidas, que han obtenido mejores resultados, incluyen intervención médica y educativa.

Existe una amplia variedad de tratamientos, entre los más utilizados se encuentra:

·Bioquímicos: alimentación, medicación, suplementos vitamínicos
·Neurosensorial: integración sensorial, integración auditiva, sobre estimulación, terapia de música, terapia ocupacional, terapia visual
·Psicodinámico: terapia de abrazos, y otras psicoterapias
·Conductual: modificación de conductas
-Terapias ambientalistas: se realizan con animales como delfines y caballos.

Está demostrado que la intervención temprana es importante para el máximo desarrollo del niño o la niña diagnosticado de autismo.

El papel de la familia es la clave mejor para un tratamiento exitoso; el amor, la tolerancia, la comprensión, el tratamiento con respeto y cariño, como a cualquier niña o niño. Para ello, es necesario ser maestros de quienes les rodean, compartir su experiencia única y especial con los otros, asumiendo de manera responsable el reto de educar y formarlos al igual que a los demás; que no sea solo un autista, que primero sea un niño, un adolescente o un adulto; porque, como dijo Riviere, es más lo que compartimos que lo que nos separa.

 

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Beato Juan Pablo II

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