Primer trimestre 2012

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Hacia una vida feliz en el matrimonio

Por eso deja el hombre a su padre y a su madre
y se une a su mujer, y se hacen una sola carne.
(Gn 2, 24)

Por ANA MARÍA BALDRICH
Fotos: Roberto Masott

 

Hace pocos días, mi esposo y yo, conocimos de la sorpresiva y, a la vez, dolorosa noticia de la separación de un matrimonio amigo nuestro. Si bien es verdad que hacía tiempo que no nos encontrábamos para compartir y charlar, de cuando en cuando, una llamada, mantenía ese lazo de amistad que nos unía con esta pareja, siempre con el propósito no cumplido, en estos últimos meses, de hacer un tiempo para vernos.

La noticia nos sorprendió no sólo porque no estábamos al tanto de la situación, sino por los relativos largos años de unión de esta pareja, así como por el hecho de encontrarnos en vísperas de poner en vías de ejecución, junto con otras tres parejas, un nuevo servicio que pudiera contribuir al mantenimiento de los matrimonios.

Otro divorcio más que se suma a la ya alta tasa de estos en Cuba. Un nuevo y triste caso, que lamentablemente, es visto por la mayoría de la población como algo normal, olvidando lo que significa para la propia pareja, en cuanto a heridas mutuas y sentimientos de fracaso, además de las repercusiones negativas que trae para los hijos, aún cuando se logre manejar adecuadamente la situación.

El divorcio violenta, en primer lugar, el derecho de los hijos al disfrute pleno del cuidado y compañía de ambos padres; pero también, y por lo general, en los hijos se presentan otras secuelas negativas, entre las que se pudieran citar los sentimientos de culpabilidad, sobre todo, en los de corta edad; la agresividad, la baja en el rendimiento escolar, e irritabilidad, entre otros.

Por todo ello, el divorcio jamás debe ser la primera opción, y tampoco la última. Deben realizarse todos los medios al alcance de los cónyuges para evitarlo. Sólo el abandono de uno de los cónyuges al otro, o la ofensa del primero a la Fe Cristiana del otro cónyuge, justifica la separación matrimonial, pero no un nuevo matrimonio por parte del cónyuge ofendido (1 Cor 7, 10-16).

El divorcio, tan frecuente en la época moderna, tiene su origen en diversas causas, desde la formación recibida en las familias de origen de los contrayentes, pasando por las motivaciones y preparación de los cónyuges para crear una nueva familia, hasta la tediosa rutina de la unión conyugal que ha olvidado lo vital que resulta en el matrimonio, y, para la familia creada, el mantenimiento de la ilusión y la dicha del amor que los unió como pareja.

Para que una familia sea verdaderamente feliz, independientemente de limitaciones económicas o de otra índole, necesita que la pareja se mantenga enamorada. Claro que las manifestaciones de amor en la pareja varían con el tiempo; al igual que nosotros con la edad, pero no significa que dejamos de ser, en esencia, nosotros mismos.

Mantener sano y fuerte el amor de la pareja en el matrimonio, a lo largo del tiempo, es una tarea de ambos, precisa de atención, delicadeza, sabiduría, constancia y cierta dosis de buen humor. Numerosos son los factores a tener presente: una buena comunicación donde haya un fluido compartir de ideas y sentimientos; transparencia, respeto; una relación afectiva que incluya ternura, caricias, delicadezas, reconocimientos; vida sexual mutuamente satisfactoria; diálogo, negociación y consenso en cuanto al manejo de las diferencias entre los dos, incluyendo la administración del dinero disponible; buen manejo y equilibrio en la relación con las familias de origen, entre otros.

Sin embargo, sabemos que no es tarea fácil, si con frecuencia no hacemos un alto para revisar, como pareja, los dos solos, el estado en que se encuentra la relación que los mantiene unidos.
La mayoría de las parejas caen en el error de creer que, una vez enamorados y casados, su vida en común se deslizará para siempre, constante y engrasada, sobre los rieles del amor que los unió al inicio; sin embargo, sabemos que el amor es muy delicado y hay que cuidarlo, mantenerlo, para que con el de cursar del tiempo madure, y permanezca fuerte y pleno.

En la vorágine de la vida diaria, ya sea la preocupación por los hijos, su educación y la satisfacción de sus necesidades; el trabajo, muchas veces fuera del hogar; el cansancio, la televisión y demás acontecimientos y problemas de cotidianos, hacen que la pareja vaya postergando esos momentos tan necesarios, en que, tranquilos y sin interrupciones, conversen sobre ellos, sobre su experiencia personal como dúo indisoluble, de sus niveles de satisfacción o de dificultad, de sus proyectos… en fin, de cómo marcha su unión.

Si estos momentos no se dan periódicamente, se correrá el riesgo de que, al paso de los años, la unión matrimonial caiga en una crisis; ya sea por heridas no sanadas, resentimientos, situaciones no resueltas a través del diálogo y la negociación; y lo peor radica en que muchas parejas no están lo suficientemente conscientes de esta necesidad, quizás, porque no lo valoran con la profundidad que merece, la importancia que poseen dentro del ámbito familiar, la repercusión del estado de su relación en los hijos y los demás miembros, y por tanto, no son capaces de hacer un alto para hallar el instante de análisis para su vivencia como pareja.

“La Iglesia consciente de que el matrimonio y la familia constituyen uno de los bienes más preciosos de la humanidad, quiere hacer sentir su voz y ofrecer su ayuda a todo aquel que, conociendo ya el valor del matrimonio y la familia, trata de vivirlo fielmente….” (Familiaris Consortio, No.1), y como parte de ella, el Movimiento Familiar Cristiano (MFC), intenta coadyuvar a la preservación familiar en la sociedad de acuerdo a los principios expuestos en la anterior cita, por lo que ha instrumentado los Encuentros Conyugales, basados en experiencias similares realizadas en México, por el MFC de ese país; y auxiliado por el conocimiento y las vivencias de las parejas participantes han tenido en los talleres de “Vida Exitosa en Pareja”, de Ignacio Marquínez impartidos en nuestro país, cuya primera versión realizamos el pasado mes de octubre

La dirección de nuestro Movimiento mucho agradece la disposición de servicio de las tres parejas que respondieron afirmativamente para la realización de este encuentro, así como el tiempo invertido, tanto en su preparación como en su materialización. Estas fueron las parejas conformadas por Teresita y Orlando, de la parroquia de San José, en Ayestarán; Loly y Raymi, de Nuestra Señora de la Caridad, en Punta Brava; e Idalma y Roberto, de las Siervas de María, en el Vedado.

Estos Encuentros se proponen ayudar a crear la necesidad de ese importante espacio de mantenimiento, en el que la pareja, aislada de la rutina diaria; logra, a través del diálogo y ante la presencia de Dios, encontrarse a sí misma; valorar la calidad de su relación, tanto para ellos como para su familia, de manera que juntos, busquen caminos de perdón, renovación y cambio. De esta forma, su testimonio de vida matrimonial pueda ser luz del mundo; ya que, como ha dicho el papa Benedicto XVI, en repetidas ocasiones, el mundo de hoy necesita más testigos que maestros.

El Equipo de Animadores del Encuentro, compuesto de cuatro parejas y el asesor eclesiástico, bien acoplado, evita el protagonismo; además de estar muy consciente de que realiza un trabajo para servir a Dios, a su Iglesia, en la búsqueda de la consolidación de las relaciones conyugales.

Como ya hemos explicado, el pasado octubre realizamos el primer Encuentro Conyugal, en la Casa Sacerdotal del Vedado, en nuestra capital, con la participación de ocho parejas, además de las ya nombradas anteriormente, participaron otras, procedentes de las parroquias de Nuestra Señora de la Merced, en Bauta; de San Antonio de Padua, en San Antonio de Río Blanco; del Sagrado Corazón, en Los Pinos; y de Santa Catalina de Siena, en el Vedado.

Cuatro parejas fueron las encargadas de la preparación del Encuentro, que se inició con la reflexión del padre Luís Alberto Formoso, asesor de MFC, acerca del designio de Dios sobre el matrimonio y la familia. Contamos con tres momentos principales:

Encuentro conmigo mismo. La reflexión como medio para conocernos.
Encuentro con mi cónyuge, que incluyó el diálogo y la sexualidad en el matrimonio.
Encuentro con Dios o Espiritualidad conyugal.

Las sesiones fueron iniciadas siempre con un primer momento de espiritualidad, antes del desarrollo de las novedosas dinámicas, dirigidas a la reflexión personal y en pareja; a la vez que les brindó herramientas que les facilitan abordar y solucionar las crisis, lo que conllevó a un clima de fraternidad, muy propicio para el intercambio de criterios y valoraciones, aunque, anteriormente los matrimonios participantes no se conocían entre sí.

Se concluyó con la celebración de la Santa Misa, presidida por el padre Pablo Manuel Alonso; y una evaluación por parte de las parejas participantes, con la finalidad de recoger criterios y sugerencias que ayuden a mejorar dichos encuentros futuros.

El MFC pretende continuar con estos encuentros en lo que resta de este año 2012. Los resultados recogidos en esta primera experiencia resultaron altamente positivos, lo que nos permitió comprobar lo beneficioso que resulta.

Consideramos provechoso recoger las valoraciones por los participantes con los que después establecimos contacto, ellos fueron:
de la Parroquia Nuestra Señora de la Merced, en Bauta: Ida Lumey León y Juan Carlos García, Maura Rosabal y Gabriel Armas, María Teresa Díaz e Iván Echevarría, Diana Rosa Mérida y Joel Iván Rodríguez.
de la Parroquia Sagrado Corazón de Los Pinos: María Elena Rodríguez y Antonio Velazco.
de la Parroquia San Antonio de Padua, en San Antonio de Río Blanco: Pidarmis Cabrera y Alexander Esponda.
de la Parroquia Santa Catalina de Siena, en el Vedado: Mayrelis Rodríguez y Leonel Pulido
de la iglesia de Nuestra Señora de la Caridad, en Punta Brava: Mirna Cruz y Noel Domínguez.

Nos sorprendieron gratamente con los criterios emitidos y la valoración realizada de este primer encuentro, en el que nuestras interrogantes se basaron en cuatro aspectos: utilidad para la vida de pareja, grado de novedad en su realización, motivación para la participación en el trabajo pastoral de familias, y sugerencias para mejorar este servicio.

En general, las parejas lo calificaron de muy bueno, a lo que agregaron opiniones como que les resultó una experiencia única, de maravillosa oportunidad, un encuentro estupendo al que llegaron expectantes, porque desconocían el desarrollo del mismo y destacaron, además, el ambiente acogedor, además de la labor de los animadores quienes condujeron los distintos momentos.

Calificaron de positiva su utilidad, al ofrecerles métodos y herramientas para el análisis personal y de pareja, lo que les ayuda también en su crecimiento espiritual como cristianos, como cónyuges y como padres de familia; aprendieron a valorarse a sí mismos y a su pareja, les permitió reconocer sus diferencias y a negociarlas, aprendieron, en fin, a escuchar y ser escuchados, así como de las experiencias de las demás parejas.

Coincidieron en lo novedoso del encuentro y en que lo que más les impactó fueron las dinámicas empleadas que contribuyeron a interiorizar conocimientos y experiencias, a relajar inhibiciones, y a abrirse para expresar dificultades, sentimientos y criterios; agregaron que la relación entre las parejas participantes fue muy buena, al compartir como una gran familia que se hubiese conocido de siempre, con sinceridad, alegría, seriedad, jocosidad, honestidad y que los temas fluyeron con gran naturalidad.
Todos fueron unánimes en la motivación y fortalecimiento de servicio hacia la Pastoral Familiar que sintieron después de concluido el encuentro.

Las sugerencias abogaron por la repetición, mayor frecuencia de nuevos encuentros, y que se deben redoblar los esfuerzos para una mayor divulgación del mismo.

Esta primera experiencia demostró a los organizadores y animadores del evento, lo mucho que aún queda por hacer en este terreno. Por ello nos pareció importante compartir con los lectores las sugerencias y valoraciones de las distintas parejas participantes Damos gracias a Dios, en primer lugar, porque nos ayudó en todo momento a vencer dificultades y temores, alentándonos y guiándonos para realizarlo. Él, como siempre, estuvo grande entre nosotros, pues como expresara una de las parejas: “su Santo Espíritu estuvo presente en el Encuentro”. Lo reconocemos por los buenos frutos obtenidos: el agradecimiento a Dios por los dones concedidos, la valoración del rico significado que posee la unión de la pareja dentro de la familia, la necesaria búsqueda por la pareja de estos momentos de revisión de la calidad de la misma, la consolidación de la unión conyugal, los deseos de servicio, y la interiorización de las experiencias junto a la fraternidad lograda entre las parejas participantes.

Imposible finalizar sin dejar de agradecer al psicólogo y sociólogo Ignacio Marquínez por sus enseñanzas, y a la Comisión de Familia de la Conferencia de Obispos de Católicos de Cuba que, en varias ocasiones, ha proporcionado su estancia en nuestro país para impartir los Talleres de Vida Exitosa en Pareja, de los cuales tomamos muchas de las dinámicas utilizadas.

Con el mismo agradecimiento, reconocemos la apreciable atención recibida en la Casa Sacerdotal donde celebramos este Encuentro, desde el Rector de la misma, el padre Silvano Pedroso, hasta el último de sus trabajadores, quienes se esmeraron en sus atenciones con los participantes.

 

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Cuba, cuida a tus familias para que conserves sano tu corazón
Beato Juan Pablo II

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