Primer trimestre 2012

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BENEDICTO XVI:
buen pastor de la familia

Por Habey Hechavarría Prado


El hombre, el teólogo y el pastor

El actual Romano Pontífice de la Santa Iglesia Católica es un celoso pastor y un gran teólogo. Esta verdad, ampliamente conocida, permite entender por qué los señores cardenales, con la asistencia del Espíritu Santo, eligieron a Su Eminencia Joseph Ratzinger, para ocupar la sede petrina tras la ida al Cielo del hoy Beato Juan Pablo II, el Grande. Una vez elegido, el entonces Prefecto para la Doctrina de la Fe, tomó el nombre de Benedicto XVI, en recuerdo de San Benito de Nursia, y de Benedicto XV(+1922), el mismo papa que declaró Patrona de Cuba a la Virgen de la Caridad del Cobre.

Con su propia historia personal de hombre humilde de fina espiritualidad, profesor universitario, teólogo agudísimo de enorme producción intelectual al servicio de la Iglesia, obispo y cercano colaborador de dos Papas, Benedicto XVI, durante sus hasta ahora siete años como Vicario de Cristo en la tierra, ya nos ha entregado una sólida enseñanza sobre el valor y la trascendencia de la institución familiar. Solo que escribe, predica e instruye con tal profundidad, velocidad y abundancia que se hace difícil leer todos los textos que entrega para la iluminación y conducción de la Iglesia Católica y del mundo entero.

En medio de semejante sabiduría apostólica, la familia, como concepto e institución, tiene un lugar destacado en la riqueza de su pensamiento, gracias también a la experiencia acrisolada de teólogo, pastor y hombre. Porque, tampoco podemos olvidar, que el actual Papa gozó de un sano ambiente familiar junto a sus padres y dos hermanos, un lugar propicio para el crecimiento de su vocación, la formación humana y el despliegue de una imponente talla intelectual. Todavía Benedicto XVI, durante sus temporadas de descanso, disfruta los encuentros con su hermano, monseñor Georg Ratzinger, quien le ha dedicado a la música religiosa la misma atención que Joseph a la Teología.

Estudiar el tratamiento del tema de la familia podría ser provechoso para entender las pautas que marcan los derroteros del actual pontificado. Por tanto, el propósito del artículo será señalar, de manera general, un asunto mucho más amplio y complejo.

La centralidad de un concepto

Desde los primeros meses al frente de la Iglesia, Benedicto XVI reveló un interés especial por el ámbito de la familia que confirmó en julio del 2006 al asistir al V Encuentro Mundial de Familias, celebrado en Valencia, España. Además, con los espacios que le dedica en su agenda de trabajo, mostró ya su preocupación en las intervenciones públicas del primer año, reunidas por José Gascó Casesnoves bajo el título El Papa con las familias. En la antología, prologada por el cardenal Antonio María Rouco Varela, arzobispo de Madrid, se reproducen, además de otros tantos documentos, algunos fragmentos de la primera encíclica de este pontificado, Deus caritas est (2005), que nos develan una gran reflexión teológica sobre los fundamentos del matrimonio natural y la familia:

“El matrimonio basado en un amor exclusivo y definitivo se convierte en el icono de la relación de Dios con su pueblo y, viceversa, el modo de amar de Dios se convierte en la medida del amor humano.”
La frase muestra la centralidad de la familia y el matrimonio dentro de las reflexiones y ocupaciones del Santo Padre, quien contempla en la relación matrimonial una realidad elevada a la condición de un icono para entender la acción de Dios y la respuesta de su Iglesia. Al respecto, la hondura del pensamiento del Papa no solo se sostiene en la vastedad del Magisterio y la Tradición, sino en los pilares invaluables que dejó Juan Pablo II: la Exhortación Apostólica Familiaris consortio, la Carta a las familias Gratissimam sane y la Encíclica Evangelium vitae. Sobre los cuales, a los Presidentes de las Comisiones Episcopales para la Familia y la Vida de América Latina, manifestó que constituyen “un luminoso tríptico que debe inspirar vuestra tarea de pastores.”

Sobre bases tan firmes y aportando el manantial de su pensamiento, el Pontífice nos ayuda a comprender las complejidades y adversidades a las cuales se enfrenta la familia, además de cuánto, las católicas en especial, pueden hacer para preservar la propia institución, las sociedades y la civilización toda. Se trata de una abundante bibliografía que inunda las agencias católicas de noticias y divulgación, los sitios en internet, en bibliotecas o centros de información; y se convierten en dinámicas concretas de trabajo pastoral. Sirven de ejemplo sus tres cartas encíclicas, entre otros libros y documentos.

De las ideas al pensamiento

La idea de familia se encuentra en dichas encíclicas mediante dos registros. Primero, recibimos un concepto que, en la abarcadora figura de una metáfora (o icono) devela de manera indirecta una realidad trascendente a través de vivencias y recursos humanos. Véase en Spe salvi (2007) la utilización del concepto para referirse a la Iglesia como la familia que Jesús vino a constituir, y en la mencionada Deus caritas est sentencia:

“El Espíritu es también la fuerza que transforma el corazón de la comunidad eclesial para que sea, en el mundo, testigo del amor del Padre, que quiere hacer de la humanidad, en su Hijo, una sola familia.” (19)
O en Caritas in veritate (2009), declara:

“En una sociedad en vías de globalización, el bien común y el esfuerzo por él, han de abarcar necesariamente a toda la familia humana, es decir, a la comunidad de los pueblos y naciones, dando así forma de unidad y de paz a la ciudad del hombre, y haciéndola en cierta medida una anticipación que prefigura la ciudad de Dios sin barreras.” (7)

En segundo lugar, Benedicto XVI nos presenta la familia como una realidad sacramental y social, pletórica de respuestas para los diversos desafíos de la actual humanidad, pero que está seriamente amenazada por el relativismo y la secularización imperantes. Propone el concepto entre las sutilezas de un discurso docente, o desde la instancia pastoral que fija presupuestos claros y traza derroteros metodológicos u otras aplicaciones prácticas en función del salvamento de una imprescindible organización humana. Afirma en Caritas in veritate:

“Por eso, se convierte en una necesidad social, e incluso económica, seguir proponiendo a las nuevas generaciones la hermosura de la familia y del matrimonio, su sintonía con las exigencias más profundas del corazón y de la dignidad de la persona. En esta perspectiva, los estados están llamados a establecer políticas que promuevan la centralidad y la integridad de la familia, fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, célula primordial y vital de la sociedad, haciéndose cargo también de sus problemas económicos y fiscales, en el respeto de su naturaleza relacional.” (44)

Son muchas las declaraciones del Santo Padre en tal sentido. De ahí que al escoger, ninguna palabra nos parece más entrañable que aquella que el Pastor Universal ha pronunciado para las familias cubanas. Les manifestó a nuestros obispos, cuando en mayo de 2008 estuvieron en Roma, de visita ad limina apostolorum:

“5. De un modo especial deseo confiarles la atención pastoral de los matrimonios y las familias. Sé cuánto les preocupa la situación de la familia, amenazada en su estabilidad por el divorcio y sus consecuencias, la práctica del aborto o las dificultades económicas, así como por las separaciones familiares a causa de la emigración u otros motivos. Les animo a redoblar sus esfuerzos para que todos, y especialmente los jóvenes, comprendan mejor y se sientan cada vez más atraídos por la belleza de los auténticos valores del matrimonio y de la familia. Asimismo, es necesario alentar y ofrecer los medios pertinentes para que las familias puedan ejercer su responsabilidad y su derecho fundamental a la educación religiosa y moral de sus hijos.”

Se aprecia en los planteamientos del Papa, un razonamiento sereno sobre el pasado, el presente y el futuro. Mira a lo lejos sin perder las dificultades del presente ni apartarse de la verdad o sus fundamentos, en este caso, los valores irrenunciables de la vida y de la familia. Con tal capacidad, su discurso nunca es una mera propuesta intelectual, y menos sobre el presente caso. Su Santidad plantea cuestiones perentorias a las personas de “la ciudad y el mundo”. Se dirige a los miembros de las familias: alienta a los padres, procura estar cerca de los jóvenes, ha sido capaz de responderle a los niños, sobre tópicos difíciles, en el lenguaje sencillo y hondo de un humilde catequista de parroquia.

El Santuario de la Vida

Para Benedicto XVI la familia constituye una institución natural, originada de profundas raíces antropológicas que se remite al Hombre, imagen de Dios, en cuanto creatura que establece una relación de amor con el Creador. Asimismo, el misterio del amor de Dios hacia los seres humanos alcanza su totalidad en Jesucristo, cuya alianza hace nuevas todas las cosas. Hasta la determinación de un matrimonio monógamo (correspondiente a la imagen del Dios monoteísta) adquiere una grandeza donde alcanza todo su sentido sobrenatural. “El valor del sacramento que el matrimonio asume en Cristo, significa, por tanto, que el don de la creación fue elevado a gracia de redención”, afirmó en una Asamblea Eclesial de Roma, durante el año 2005.

De ahí que, en el discurso a los Presidentes de la Comisiones Episcopales Latinoamericanas, antes citado, evocó “el valor extraordinario del matrimonio que, como institución natural, es «patrimonio de la humanidad»”, un bien tan preciado para la vida de la especie que, sin él, esta perdería el carácter y constitución que le ha preservado. El «Patrimonio de la Humanidad», diferente a los pseudo-matrimonios que hoy se promueven, fundamenta la noción de «Santuario de la Vida», la familia real apoyada en el amor de la madre y del padre, verdaderos administradores de los dones de Dios.

Nada menos tiene que ser la familia cristiana que ocupa un lugar predominante en las atenciones del Papa. Él la “ve” en la forma de una unidad básica de construcción y vida de la “familia de Dios”, cuyos padres asumen el matrimonio como un camino de santificación personal y la vida familiar como una “escuela fundamental de formación cristiana” que le concede gran importancia a la educación de los hijos, con la ayuda de la sociedad, pero sin abandonar en sus manos la responsabilidad.

En un medio de esta naturaleza, como lo vivió el Santo Padre en su niñez y adolescencia, madura la vocación humana y cristiana. Hasta la acción apostólica viene a ser la manifestación de una necesidad interior, que hace de toda la familia católica un ente misionero. Algo muy favorable a la Nueva Evangelización de que habló Juan Pablo II y ahora, con auténtica convicción, impulsa y organiza Benedicto XVI, quien, convencido de la misión extraordinaria de las familias, cuida de ellas al modo, no de un anciano venerable y sabio de 85 años, sino al de un buen pastor, vigoroso y atento.


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Cuba, cuida a tus familias para que conserves sano tu corazón
Beato Juan Pablo II

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