Primer trimestre 2012

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MEDITEMOS

El pasado año monseñor Fernando de la Vega partió hacia la Casa del Padre. Asesor eclesial de Amor y Vida, nos había dejado, con su habitual y generosa preocupación por la revista, sus próximos textos, que, como prometimos en el número anterior, continuaremos publicando. Sirva también este espacio en nuestras páginas como homenaje y recordación de su labor y entrega pastoral.

Vivir en la cuerda floja
Por MONSEÑOR FERNANDO DE LA VEGA



Para tus hijos, el AMOR es una palabra que se escribe no con cuatro letras, sino con seis. El amor para los hijos, se llama TIEMPO. Muchas veces nuestro trabajo nos mantiene alejados de la familia más de lo debido, o nos hace vivir en la “cuerda floja”. Cuando nos damos cuenta de ello, se abre ante nosotros una disyuntiva de fácil opción: familia o trabajo. Pero una vez que nos decidimos por la familia, no es fácil encontrar cómo hacerlo sin afectar el trabajo y quizás los ingresos.

No siempre es posible cambiar de trabajo. Cuando nos detenemos a reflexionar sobre el equilibrio del trabajo y la familia, la palabra equilibrio nos parece inferir suerte de igualdad, un justo cincuenta por ciento para cada uno. Sin embargo, como padres y esposos, nuestros hijos y nuestra pareja deben ser la prioridad.

Sin importar todo lo que dediques a tu trabajo, piensa que al final llegará el día en que ya no ocupes ese puesto, alguien te sustituirá por razones de edad, o de otro tipo, pero nadie puede sustituirte en tu papel de padre. El beato Juan Pablo II escribía que “el puesto y la función del padre en y por la familia, son de una importancia única e insustituible” (Familiaris Consortio, 25).
Pero, por otra parte, el trabajo y la familia no pueden ser consideradas fuerzas opuestas. Ambas son queridas por Dios y forman parte de nuestra vocación cristiana, y de nuestro camino de salvación. El Catecismo de la Iglesia Católica en su número 2427, nos enseña que “Soportando el peso del trabajo en unión con Jesús, el carpintero de Nazaret y el crucificado del Calvario, el hombre colabora en cierta manera con el Hijo de Dios en su obra redentora”.
En la lucha diaria por tener éxito en nuestra profesión u oficio de una parte, y atender a la familia de la otra, podemos seguir algunos consejos útiles:

-sé organizado y utiliza el tiempo de manera eficiente en el trabajo;
-concéntrate en tus tareas durante la jornada laboral;
-no pierdas el tiempo que luego tendrás que recuperar alargando tu estancia en el centro de trabajo, por supuesto, restándoselo a tu familia.

-Vive según tus posibilidades reales. Eso evita la necesidad de trabajar horas extras, o de conseguir dos empleos. A veces por múltiples razones, queremos llevar y hacer llevar a nuestra familia, a un nivel de vida que ciertamente está muy por encima de nuestras posibilidades y, para solucionarlo, o trabajamos más, restando tiempo a la familia, o nos enredamos pidiendo prestado, lo que a la larga también afecta a nuestra familia.

En el peor de los casos nos apropiamos de lo que no es nuestro, corriendo el riesgo de terminar sancionados, despedidos o en la cárcel. Rompe esa cadena desde el primer eslabón.
Como cabeza espiritual de tu familia, aprende a guiarla en oración en el hogar y encomendándola siempre a San José, patrono de los trabajadores, quien supo mantener a la Sagrada Familia con su trabajo artesanal, sin dejar de cumplir sus deberes como hombre de familia.

Satisfacer las necesidades del trabajo y de la familia es un reto constante, y no tiene por qué mantenerte en la cuerda floja, haciendo equilibrio.


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Cuba, cuida a tus familias para que conserves sano tu corazón
Beato Juan Pablo II

DIRECTORES: Rubén Gravié y Ana María Baldrich.
CORRECCIÓN: María del Carmen Muzio. DISEÑO IMPRESO: Ballate/ManRoVal.
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