No. 2 Abril - Junio 2004

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CARTAS PARA CONSEJERÍA   FAMILIAR
Por Pedro Ramón

 

Hermano:

Esta es la historia de mi matrimonio, hecho a una temprana edad, sin experiencia, y que al principio fue muy bonito. Fui a vivir a casa de mi esposo. Cómo éramos tan jóvenes presentamos muchos problemas ya que mi madre no quería esa unión por diferentes razones que no explicaré.

Pasados tres años de matrimonio, con muchísimos inconvenientes, terminamos esta relación. Fue muy traumático debido a que me casé enamorada. Hubiera querido un matrimonio para toda la vida pero no pudo ser... 

A pesar de que ya ha pasado un año creo que la vida me ha enseñado que debemos pensar siempre antes de tomar una decisión porque sigo enamorada y, sin embargo, sé que no podrá volver a ser como antes, pues tengo el corazón herido...  No sé si podré perdonarle.

Los que lean estas líneas deben saber que una separación cuando todavía hay amor es muy dolorosa y debemos siempre pensar cómo vamos a encaminar nuestro futuro para que sea perdurable.

H.  

 

Querida Hermana H:

Comienza diciendo tu carta -debimos resumirla en aras del espacio- que el matrimonio fue a temprana edad, sin experiencia, y al principio, muy bonito. No especificas los años al casarte, pero podemos inferir que estabas por debajo de los veinte.

Este es un primer problema, frecuente y grave. Frecuente porque aunque la edad cronológica no tiene necesariamente que ver con la madurez, un individuo que solo ha vivido menos de la quinta parte de su vida difícilmente podrá tomar una decisión tan importante como es contraer matrimonio. Eso tú misma lo reconoces en la carta, y quiero decirte que es un muy buen primer paso: advertir dónde, cómo y por qué uno se ha equivocado.

Fuiste a vivir a casa de tu esposo. Eso no es común en nuestra cultura, donde mejor se llevan las esposas con sus madres, y no con sus nueras, aunque hay excepciones. Lo más triste es que tu mamá no estuviera de acuerdo con el matrimonio. Imagino cuán difícil debe ser estar entre dos amores: el de la madre y el del esposo. Eso es muy penoso. Pero la experiencia demuestra que tarde o temprano, si la pareja persevera, los demás terminarán por aceptarla. 

Algo distinto pasa cuando la pareja no es capaz de defender su propio derecho a existir. Ustedes no tuvieron un hogar para vivir. Eso pudo ser una causa importante en el fracaso. La vivienda para matrimonios nuevos es una necesidad, y es un gran dilema en nuestro país, y en otros lugares del mundo.

Muchísimas discusiones y conflictos de los recién casados  -común que así sea- podrían tener solución si estas discusiones y conflictos quedaran en casa, entre ellos dos. 

 

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Redacción: Casa Laical Tte. Rey e/ Villega y Bernaza. Habana Vieja
Diseño versión digital: Raúl León Pérez