No. 2 Abril - Junio 2004

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La familia: semillero de vocaciones


Colaboración de
P. Daniel Panduro Fregoso, mg.

El 2 de mayo celebramos en toda la Iglesia la XLI Jornada Mundial de Oración por las vocaciones, animada con un mensaje tradicional del Papa, motivando a la oración, reflexión y compromiso para esta tarea evangelizadora. El primero fue dirigido por S.S. Paulo VI, en un radiomensaje transmitido el 11 de abril de 1964 (Cuarto Domingo de Pascua), mediante el cual se convoca a todo fiel cristiano a celebrar La Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, siendo así esta la primera jornada.

A partir de ese año, es que se continúa enviando a la comunidad cristiana este mensaje, que nos invita a orar fervientemente por las vocaciones, así como también a comprometernos con nuestra propia vocación, para que el Evangelio llegue a todos los hombres.

Esta jornada en el 2004 se celebra en Cuba dentro del Año de la Familia. Esto ofrece la oportunidad de hacer un nuevo llamamiento a centrar la atención en la estrecha relación que existe entre familia, educación y vocación sacerdotal y religiosa. Por ello, el Papa dijo: “Al dirigirme a las familias cristianas, deseo confirmarlos en su misión de educar a las jóvenes generaciones, esperanza y futuro de la sociedad y de la iglesia”. El mensaje de este año es: “Oración y Santidad: respuesta a la crisis de vocaciones”.

Dos pueden ser el centro de esta reflexión: la familia y la vocación, pero ciertamente uno será el argumento fundamental, la familia como semillero de vocaciones.

A pesar de los profundos cambios históricos, la familia sigue siendo la más completa y la más rica escuela de humanidad, en la cual se vive la experiencia más significativa del amor gratuito, de la fidelidad, del respeto recíproco y de la defensa de la vida. Su tarea peculiar consiste en custodiar y transmitir, mediante la educación de los hijos, virtudes y valores, de manera que puedan edificar y promover el bien de las personas y de la comunidad.

En efecto, los que hemos optado por seguir al Señor en la vida consagrada, sea en el sacerdocio o vida religiosa, hemos de reconocer que la vocación no nos ha llegado de una manera aislada o en soledad. En medio de las familias se fue madurando la respuesta definitiva. La decisión no nos corresponde solamente a los que sienten la llamada de Dios, ellos, los familiares, tienen mucho que aportar en la propia vocación de uno de sus miembros. Por ello necesitamos mucho el encuentro con Dios por medio de la oración personal, familiar y comunitaria para no desaprovechar “el tiempo de gracia” y “el tiempo de la visita” (Lc. 19,44). Al respecto, el Papa Juan Pablo II en su mensaje de este año nos dice: “Deseo que se intensifique cada vez más la oración por las vocaciones; una oración que ha de ser adoración del misterio de Dios y acción de gracias por las “maravillas” que él ha hecho y sigue haciendo, a pesar de la debilidad de los hombres; una oración contemplativa, llena de asombro y gratitud por el don de las vocaciones”.

Oremos juntos por el éxito de esta Jornada Mundial Vocacional. Y señala el Papa: “Nuestro primer deber es pedir al Dueño de la mies por los que ya siguen más cerca de Cristo en la vida sacerdotal y religiosa, y por los que él, en su misericordia, no cesa de llamar para esas importantes tareas eclesiales”.

Para ello la Comisión de la Pastoral Vocacional de la Arquidiócesis de La Habana propone que la catequesis y los temas de formación retomen el mensaje y que sea meditado en oración en los diferentes grupos parroquiales: niños, adolescentes, jóvenes, matrimonios, comunidades… en intimidad con Jesús, María y toda la Iglesia para unir nuestra oración por las vocaciones en esta Jornada Mundial.

 

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Redacción: Casa Laical Tte. Rey e/ Villega y Bernaza. Habana Vieja
Diseño versión digital: Raúl León Pérez