No. 2 Abril - Junio 2004

Resolución 1024 X 768 / 32 bit


   

Patriarca y deportista

Colaboración de Rafael Jesús de la Morera
Comunidad de San Juan Bosco

 

La sección de Historia habla hoy del patriarca de una familia ejemplar; él supo compartir tiempo y esfuerzos entre la iglesia, el deporte y el hogar. Su fe inquebrantable le permitió ocupar un sitial de lujo entre los creadores del espíritu deportivo tradicional.

El béisbol, nacido hace 160 años, es el pasatiempo nacional de Cuba; en la isla es cultura, alegría y pasión. Muchos se han sacrificado para colocarlo en las alturas olímpicas. Uno de estos colosos fue el formidable Raúl “El Chino” Atán.

Nacido en los Arabos, Matanzas, el 26 de abril de 1901, de origen chino, el padre Ramón Atán, era hijo de la gran nación asiática y la madre descendía de emigrantes del mismo país. Ellos le iniciaron en los principios de la educación cristiana.

En Cárdenas aprendió a jugar pelota estimulado por su progenitor. Se inició en desafíos formales a los diez años de edad con el equipo “Cerro Escolar” y pronto, al decidir dedicarse al apasionante juego, comenzaría una carrera intachable y digna. Practicó con un club de chinos, luego el “Aduana”. Por su calidad, reclutado por el profesionalismo, militó en 1921 en las filas del “Habana” y pasó al “Almendares”, es decir, integró las nóminas de los equipos más poderosos de la época en Cuba.

Era un jugador seguro de sí mismo, ponía su total confianza en Dios al entrar al diamante, esperando dar lo mejor de sí en el terreno, independientemente del resultado que se alcanzara, lo importante era cumplir con el deber.

Atán fue un jugador disciplinado, se desempeñaba en la receptoría y en los jardines, corredor rápido en las bases, bateador recio y oportuno que cuando no ocupaba un lugar en el orden al bate, era utilizado de emergente. En cinco temporadas promedió para 280 de average, acorde para unos tiempos de superioridad manifiesta del pitcheo.

Es indudable que el chino Atán tenía condiciones de buen pelotero, pero excelentes jugadores abundaban entonces, donde en realidad Atán era espectacular y fue impartiendo justicia en el diamante. Efectivamente, por un capricho del destino, se vio obligado a cambiar la franela azul, por el traje de color negro del árbitro.

Resultó que su brazo de tirar le falló y comenzó a perder eficacia en los disparos a las bases. Un día, estaba en las gradas del estadio de Víbora Park presenciando un partido de la Liga Amateur, el umpire se sintió enfermo, sabía que el chino era un estudiosos de las reglas del béisbol y le invitó a arbitrar el juego, lo cual realizó con aplomo y calidad. Jugaban “Universidad” y “Fortuna” y el resultado pesaba en la decisión del campeonato. Atán salió ileso de la prueba y le felicitaron al concluir el encuentro; había adquirido, sin saberlo, un pasaporte a la fama.

En la temporada 1825-26 comenzó a desarrollar su extraordinaria trayectoria de árbitro. Se le encontraba cantando bolas, strikes y outs en partidos de la Liga Profesional, de la Unión Amateur, de los universitarios, de los juveniles, las fuerzas armadas y las escuelas públicas o privadas, en estas últimas priorizaba las de la iglesia. Llegó a arbitrar hasta seis juegos en un día, siempre con justicia e imparcialidad proverbiales.

Al crecer en experiencia, su prestigio trasciende las fronteras. El estelar Martín Dihigo le recomienda en la Liga Profesional de México, y hacia tierras aztecas parte en 1940, acompañado de su inseparable esposa, Doña Micaela Rodríguez, a llevar sus conocimientos. Allí, confiado en la Virgen de Guadalupe, hará historia.

Con serenidad, paciencia y firmeza asumía el control de los partidos, despreocupado, se sentía protegido por la gracia del Señor. Los lauros ganados le llevaron a Jefe del Cuerpo de Oficiales del Campeonato de Béisbol de México.

En 1946 Atán abandonó México, no está dispuesto a soportar la dictadura de los Pasquel, zares del béisbol azteca, y en solidaridad con su amigo Maestri, que plantea que en el terreno el amo es el umpire, anunció su regreso a Cuba. Cuestionado sobre si volviese a suelo azteca un día, respondió: “Depende de la voluntad de Dios”.

Al llegar a la patria, Maestri declara a la prensa que en violento incidente con  Pasquel, le salvó la vida su compañero Atán. Resulta que uno de los guardaespaldas del magnate quería darle una “pinchadita” por la espalda a Mestri, pero Atán se dio cuenta y se interpuso entre el arma y su amigo, evitó el golpe e hizo retroceder al atacante, que se quedó con las ganas por la oportuna intervención del valiente chino.

En La Habana, recibe invitaciones de otras ligas de béisbol, por eso Atán trabajó en Colombia, Venezuela, Puerto Rico y Dominicana. Las series del Caribe le vieron actuar; en ellas manifestó un derroche de competencia, energía y clase que le valieron la felicitación pública del Comisionado Trautman.

Era muy seguido por la prensa: “Atán, un maestro”. Los fanáticos del “Cienfuegos”, que perdió ante el “Círculo Militar”, aplaudieron la labor del chino que fue acabada magnífica”, se leía en los titulares. Además, por sus amplios conocimientos de béisbol, le pedían opinión de experto sobre peloteros, equipos y técnicas. El expresaba a los medios su enemistad por las apuestas en el deporte.

Todavía las crónicas deportivas recuerdan sus actuaciones en los campeonatos mundiales de béisbol amateur. Atán se crecía con el nivel del evento, rostro de expresión severa y adusta, no se inmutaba con los gritos de la multitud, al contrario, le animaban. El acostumbraba a decir: “Cuando las glorietas rugen es porque el partido está muy interesante”, y daba una disertación de maestría detrás del home.

Abundan las anécdotas de estos años: en el Gran Estadio del Cerro (hoy Latino) , Atán en el segundo inning, cantó un strike y el manager le gritó “Abre los ojos, Atán” y le señaló por donde había pasado la bola. El chino se viró para el crítico, se paso la mano por el pecho y le dijo: “Efectivamente, por ahí pasó, y según las reglas, es strike”. El manager no habló más en el resto del choque.

En México, en el Parque Deportivo Veracruzano, el catcher del Aguila, Earl Taborn, que era un indisciplinado, se ponchó sin tirarle al tercer strike, protestó airado el conteo y tiró el bate. Atán, con determinación, lo expulsó del juego y lo obligó a abandonar el terreno, del respetable se escuchó una voz: “¡Así se hace!” y los miles de aficionados, de pie, dieron una ovación al imperturbable chino. Le llamaban “Domador de leones”.

El récord de tiempo mínimo en un partido de béisbol profesional en Cuba lo tuvo Atán, fue un juego entre Almendares y Cienfuegos, pitcheaban Indian Torres y Vidal López, duró sesenta y nueve minutos. ¡Excelente lección para los de la actualidad!

Atán era un ídolo en México, por lo que en 1954 le invitan a reconstruir la Liga y reaparece en el Parque Cuahutémoc en el desafío entre Azules y Sultanes.  El público le aclama   y  pide que  recorra  el     diamante igual que los vencedores olímpicos, los aplausos son continuos, de muchos ojos brotan lágrimas; el chino ha escuchado la voz del pueblo que un día le reservará un lugar de honor en el Salón de la Fama del Béisbol Mexicano.

En la hora de la lucha contra la dictadura batistiana, defendió a los estudiantes de la FEU en una de las ocasiones que estos se lanzaron al terreno de juego y fueron atacados por la policía, impidiendo esa injusticia en el recinto sagrado del diamante.

Hombre carismático, los cubanos le admiraban, caballero a carta cabal, fiel seguidor de las doctrinas de Cristo, consideraba a los atletas como hermanos. Tenía amigos sacerdotes, como el Padre Cejas de la comunidad de San Juan Bosco, donde en la actualidad su hija, nietos y bisnietos asisten. Entre sus amigos contaba además con artistas, pues era asiduo al teatro y amante de la música,  por eso estaba feliz  con su hija ya que esta poseía una cristalina voz con la que hacía las delicias de familiares y oyentes.

Siempre acompañado de la familia asistía a la capilla del Colegio de Santa Resalía, en el Cerro. Hubo una etapa en que algunos padres de familia perdieron la costumbre de comulgar y una monja, la hermana Celia Martínez, recurrió a Atán, por su fama de “duro”, para que diera el ejemplo en la comunión; el chino accedió gustoso y todos asimilaron la lección.

Tras 36 años en los trajines arbitrales, el caballero chino dejó la liza. Parecía olvidado, pero no fue así. Baste saber que un día de 1970, un nutrido grupo de fieles de diversas edades, escuchaban una de las sesiones de formación en la Parroquia de Jesús del Monte llamadas “Tres en 30” y se enteraron que enfrente, en la Casa de la Cultura, estaba Atán, pues la hija cantaba en un acto ese día y todos acudieron al lugar a saludar al legendario deportista y le felicitaron por el éxito de la joven, demostración de que los verdaderos recuerdos se guardan en lo más profundo de los corazones agradecidos.

En 1971 se le hizo justicia al recibir un caluroso homenaje en el “Latino” de La Habana, en la inauguración de la XIX Copa Mundial de Béisbol. Al cumplirse el centenario del deporte nacional, en 1974, es invitado a arbitrar en el desafío conmemorativo que se efectuó en el “Palmar del Junco”, de Matanzas, por vez postrera, mostró su estilo preciso y magistral.

El chino Raúl Atán y Solís, gloria del movimiento deportivo cubano y latinoamericano, ya no está entre nosotros; nos legó su personalidad de trabajo y superación constantes, de devoción a la profesión, de sinceridad y honestidad. Es uno de los ases de la Galería de Inmortales que han enaltecido el deporte nacional; él empleó al máximo el don que Dios le dio para actuar con excelencia en el campo de juego. Su intensa vida tiene el mérito de la entrega total a tres amores: la familia, la religión y el béisbol.

 

Volver a la Portda

Redacción: Casa Laical Tte. Rey e/ Villega y Bernaza. Habana Vieja
Diseño versión digital: Raúl León Pérez