Amor y Vida
Publicación Trimestral del Movimiento Familiar Cristiano
Arquidiócesis de la Habana

Segundo trimestre 2011

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Las honradas y Las impuras
Retrato de una época

Por MARÍA DEL CARMEN MUZIO

Miguel de Carrión(1875-1929) es uno de los más importantes narradores cubanos de las primeras décadas del siglo XX. Sus dos obras más famosas, Las honradas y Las impuras, han sido transmitidas por la televisión, mientras que la novela que dejara inconclusa, La esfinge, fue llevada al cine.

Los datos anteriores bastarían para demostrarnos el interés que despierta la narrativa de Carrión. Quizá gran parte de ello se deba a la fuerza que imprime en la elaboración de los personajes, en especial los femeninos, así como a la pintura magistral de la época que le tocó vivir.

En cuanto a Las honradas y Las impuras, sabido es que en ellas el referido creador argumentó una tesis muy suya: que ni las honradas eran tan honradas; ni las impuras, tan impuras. Lo demuestra a través de las protagonistas de las dos novelas: Victoria y Teresa.

Las honradas

En esta obra subyace una crítica al desconocimiento sexual que poseían las mujeres antes de contraer matrimonio, además de añadir los prejuicios predominantes en la época. De esa manera llega Victoria al matrimonio; más ilusionada que enamorada, ya que la carrera femenina consistía en casarse y tener hijos.

Los padres de Victoria, o sea, la familia que ella posee como paradigma, responde a una visión en la cual nunca han existido contradicciones, pues la esposa siempre aparece sometida a los requerimientos del esposo. En cambio, el personaje del hermano, el hijo varón, goza de privilegios vedados a las dos hermanas.

Victoria se encontrará desamparada, mientras sufre el acecho de un empedernido y atrayente mujeriego, quien cuenta con el contubernio de una alcahueta que lo ayuda en sus propósitos. Victoria no sólo cae en la infidelidad, sino que queda embarazada, lo cual no había podido lograr con su esposo. Una comadrona “resuelve” la situación.

Aquí consigue el autor una de sus mejores páginas: la descripción de lo traumático y doloroso que resulta el aborto –no hay que olvidar que Carrión era médico–, además del sentimiento de culpa que embarga a la protagonista.

El pecado, sin embargo, le permite a Victoria ser más flexible en sus análisis y, en consecuencia, entender mejor a su amiga Graciela, quien tenía fama de mujer ligera, y rechazar a Trebijo, el cuñado que le ha trasmitido una fatal sífilis a Alicia, la hermana de la protagonista.

Para salvar a Alicia, cuando aún no ha podido concebir hijos, la someten a una operación que le imposibilita para siempre la maternidad. Este episodio representa igualmente una de las mejores páginas descritas por Carrión.

Al final, Victoria logra recomponer su matrimonio con el regreso del esposo y la circunstancia de un nuevo embarazo. Todo ha permanecido en el más estricto secreto; sin embargo, ella ya puede considerarse una mujer conocedora de las flaquezas humanas, por lo cual teme, al ver jugar a su hija, lo que el futuro le puede deparar a esta última.

Las impuras

En esta novela la protagonista, Teresa, es una mujer fiel, aunque con respecto a un hombre casado, con quien tiene dos hijos. No obstante, la convivencia en casas de vecindad, rodeada de prostitutas y personajes marginales, nos ofrece la otra cara de la moneda.

Es precisamente en esta obra donde se relata la entrevista de Victoria, protagonista de la anterior novela, con Teresa. Aquí este último personaje está delineado como una mujer de carácter fuerte, apasionada, que abandonó a su familia y su buen nombre por el amor que muestra, desgraciadamente, hacia un individuo que se caracteriza por ser pusilánime y traicionero.

Teresa es abandonada por este, pero por salvar a sus hijos de la miseria, le escribe a su hermano que la ha desheredado, el mismo Trebijo mencionado en Las honradas; y es Victoria la que intercede por la impura para asegurarles la educación y el futuro a los hijos de esta.

El desenlace resulta trágico: el único camino que le quedó a Teresa, mujer de belleza extraordinaria que hasta el momento se mantenía incólume, fue el de la prostitución.

Tal vez no fuera la intención de Miguel de Carrión mostrarnos un panorama de las familias cubanas de su momento, pero de hecho lo logra. La familia respetable de Victoria está basada en cimientos que ocultan graves faltas; sin embargo, Teresa, aun sin estar casada, logró –hasta un determinado momento– constituir una familia que, aunque no era honorable ante los ojos de la sociedad, sí lo era para ella.

Pero esta novela también sostiene que las impuras muchas veces no lo son porque quieran serlo, sino por causas más profundas en el seno de una sociedad con manifestaciones de corrupción.

Las elecciones presidenciales, y los entresijos de estas, por otra parte, se reflejan mediante el personaje de Rigoletto, un ser deforme físicamente, pero conocedor de la sociedad marginal y de la politiquería predominante, y al mismo tiempo capaz de sacrificarse por el amor que experimenta hacia Teresa.

No hay dudas de que la época narrada por Miguel de Carrión –primeras décadas del siglo XX– llegó a poseer esos tipos de familia, los cuales todavía subsisten aquí o en cualquier otro lugar.
El pesimismo del autor, característico de otros escritores contemporáneos, nos lleva a meditar, de la mano de una excelente literatura, en temas tan espinosos como la fidelidad, el aborto y la prostitución.

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Juan Pablo II

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