Amor y Vida
Publicación Trimestral del Movimiento Familiar Cristiano
Arquidiócesis de la Habana

Segundo trimestre 2011

Resolución 1024 X 768 / 32 bit


Familia: escuela de virtudes.
Por ANA MARÍA BALDRICH y RUBÉN GRAVIÉ
Presidentes del MFC

 

Cuando pensamos en la familia podemos imaginar a un grupo de personas, una comunidad que, viviendo bajo el mismo techo, crea lazos profundos fundados en el amor y en la voluntad de permanecer unidos; donde unos a otros se ayudan prestándose servicios gratuitos y desinteresados; se comparten los bienes materiales, sentimientos, pensamientos, esfuerzos y sacrificios. También podemos entender lo importante que resulta la manutención, los cuidados y la educación de los miembros que la componen.

La familia es una comunidad que no encuentra su fundamento ni en la ley, ni en la utilidad que sus miembros pueden obtener de ella, sino en la capacidad de amarse y cimentar en este amor una comunión de vida. Es un espacio de comunicación donde la persona es aceptada en su totalidad, y de la consideración y reconocimiento de la familia como comunidad de amor y solidaridad, se desprenden todas las virtudes y los valores humanos y cristianos. Estos son capaces de neutralizar las amenazas que buscan desvirtuar o desintegrar la familia, y con ello a la persona humana.

Si los padres asumen la responsabilidad que les es inherente a su condición: ser los primeros y principales educadores de sus hijos, y priorizar su formación, la familia es el lugar ideal para educar en valores; de hecho, es la primera escuela de valores. Es en ella donde nace, crece y madura la persona humana. Cada ser humano lleva el sello de su familia que lo marca para toda la vida. No resultaría exagerado afirmar que cada uno es lo que recibió de su familia.

Esta comunidad es el espacio natural regido por la enseñanza y testimonio de los mayores, en el que comienza la persona a cultivar las virtudes fundamentales que lo acompañarán a lo largo de su existencia, mediante los hábitos repetidos, que se convierten en la forma de actuar del individuo y le va desarrollando y perfeccionando su personalidad y su conducta.

La familia debe esforzarse por brindar a sus miembros una educación para el amor y la dignidad, así como en la recta conciencia moral y en la fe. A partir de estas enseñanzas basadas en la complementariedad de los sexos, en el valor de la vida, en el respeto a sí mismo y al otro, se garantiza a los miembros de la misma un desarrollo equilibrado. La vivencia del amor y del respeto entre el padre y la madre; entre los padres y los hijos, y entre hermanos, sentarán las bases para las futuras relaciones con personas externas al grupo familiar.

Albert Schweitzer músico, teólogo y filósofo francés, ganador del Premio Nobel de la Paz en 1952, que dedicó la mayor parte de su vida al ejercicio de la medicina en Gabón, África, y fue padre de una familia ejemplar, en una de las muchas entrevistas que le realizaron, a la pregunta de cuál era el secreto para tener una familia como la suya, respondió: “Hay una condición y tres reglas fundamentales: la condición es que la formación empieza 20 años antes de que los hijos nazcan. Las tres reglas son muy sencillas. La primera es el ejemplo, la segunda es el ejemplo y la tercera es el ejemplo”.

Cuando estamos ante una familia “modelo”, de la que todo el que se relaciona con ella admira y respeta, por la armonía, optimismo, y solidaridad entre sus miembros; por el respeto a los demás, por la transparencia y el recto actuar, estamos ante un grupo de personas que decidió construir un proyecto de vida con la participación de todos los que la componen. Ese es el resultado de un trabajo duro, de un esfuerzo constante, realizado con prudencia y sabiduría, fundamentalmente de los cabezas de familia, y en que resulta imprescindible la presencia y el auxilio de Dios. Es un trabajo que exige sacrificio por parte de todos, por ello es que el ejemplo de los mayores resulta determinante. No es una tarea fácil, porque requiere, en muchos casos, de nuestra propia autocorrección, pero como diría el conocido psicólogo Calviño: ¡Bien vale la pena!

Aprovechemos la próxima Jornada Nacional de la Familia, que celebraremos desde el 8 de mayo, Día de las Madres, hasta el 19 de junio, Día de los Padres, en numerosas comunidades de nuestro país, con el lema “Familia cristiana: escuela y taller de virtudes”, para hacer un alto, en medio de nuestras prisas y trajines por resolver los difíciles problemas del diario vivir, y tomémonos un momento para reflexionar cómo estamos transmitiendo esos valores que harán de nuestros hijos personas virtuosas más plenas y felices, ciudadanos que contribuyan a forjar una sociedad más libre, justa y solidaria.


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Juan Pablo II

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