Amor y Vida
Publicación Trimestral del Movimiento Familiar Cristiano
Arquidiócesis de la Habana

Segundo trimestre 2011

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Recuerdos del TRANVÍA

Por NAVIA GARCÍA

¿Qué fue el tranvía?, se preguntarán con curiosidad muchos jóvenes de hoy al oír hablar de él. El tranvía fue un vagón o coche de ferrocarril que rodaba por las calles habaneras a lo largo de carriles que no sobresalían el nivel del pavimento con el objeto de no impedir la circulación de otros medios de transporte.

Medía 34 pies de largo y 8 de ancho y estaba montado sobre un truck de cuatro ruedas; su peso fluctuaba entre 17 mil y 20 mil libras. Se conectaban al tendido eléctrico mediante dos troles que salían por encima del coche. Los asientos eran de mimbre y, por tanto, frescos y ventilados. Alcanzaban una velocidad máxima entre 15 y 20 km/h.

Los tranvías se establecieron por primera vez en Cuba el 3 de febrero de 1858, con un itinerario entre La Habana y el Cerro. Entonces eran tirados por un tronco de tres mulos. Pero la tracción animal tuvo que ceder, con el tiempo, el paso al desarrollo tecnológico. Así un consorcio, cuya figura principal era el norteamericano Frank Steinhart, inauguró en La Habana, en 1901, en plena ocupación de los Estados Unidos, el tranvía eléctrico. Este resultó excelente negocio y de esa manera se mantuvo a lo largo del período republicano.

En junio de 1950, los tranvías fueron retirados de la circulación de nuestras calles. Se argumentó que obstruían el creciente tránsito de La Habana y que, por tanto, habían dejado de ser un factor de progreso.

A partir de esa fecha, su lugar fue ocupado por los ómnibus de una compañía de flamante creación: Autobuses Modernos S.A. La voz popular les endilgó el nombre de enfermeras a los nuevos carros debido a sus colores: blanco con una franja azul prusia a lo largo de la carrocería.

Tras su definitiva desaparición, el tranvía quedó en el recuerdo de muchas personas no solo como medio de transporte lento, pero cómodo, sino como uno de los escenarios de las protestas estudiantiles entre las décadas del ’20 al ’50. No resultaba entonces extraño contemplar un tranvía tomado por asalto para exteriorizar la inconformidad ante medidas impopulares o controversiales tomadas por las autoridades.

Asimismo, durante las novatadas estudiantiles de la Universidad de La Habana o de los Institutos de Segunda Enseñanza, hoy preuniversitarios, solían poner jabón a las líneas con el fin de que el tranvía resbalara en medio del temor de los pasajeros y del esfuerzo del motorista por controlarlo.

De todas formas, quienes ya pasan las seis décadas de existencia quizá recuerden, con una sonrisa nostálgica, el L-2 (Lawton-Avenida del Puerto), el V-7 (Jesús del Monte-Avenida Menocal) o el M-4 (Víbora-Parque Central).

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