Amor y Vida

Publicación Trimestral del Movimiento Familiar Cristiano
Arquidiócesis de la Habana

Segundo trimestre 2012

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La semilla de sabiduría
que dan los libros

Por Giselle Grass Velazco

 

La importancia del hábito de la lectura en nuestros hijos

Aquel que ha tenido en sus manos un buen libro y lo ha “devorado” apetitosamente, coincidirá conmigo cuando afirmo que la lectura es reconfortante porque, junto con brindar placer, aporta grandes beneficios a nuestro intelecto. Por esta razón, pienso que a todos nos gustaría que nuestros hijos fueran grandes lectores. Aunque en la realidad no siempre sucede así, para muchos niños leer constituye un aburrimiento o una obligación que les roba las horas de sus diversiones favoritas.


A veces por falta de tiempo; y otras, por priorizar actividades de las que esperamos un mejor resultado en su educación, descartamos el hecho de fomentar el hábito de leer en nuestros hijos.


La lectura, en cambio, puede ser un instrumento de capital importancia para la formación integral del niño, porque a través de ella se favorece la creatividad y la fantasía (ingredientes tan importantes para la vida) ya que ellos deben imaginar los lugares que se describen, así como a los personajes y sus situaciones, entre otros aspectos. Además, el ejercicio de leer les enriquece el léxico, pues se enfrentan a nuevas palabras utilizadas por los autores, que más tarde incluirán en su propio vocabulario, y consecuentemente se verá muy favorecida su expresión oral. A medida que se va aumentando la práctica, se irán asimilando de manera intuitiva, las normas que rigen la escritura del idioma (ortografía, sintaxis, etc.) y se desarrolla notoriamente la comprensión de la lectura, con lo que ello implica: les mejora su capacidad para el estudio, les abre nuevos horizontes, se les fomenta el interés por determinadas materias, se les incrementa de manera amena y gradual la cultura, y lo más ventajoso, pueden ocupar parte de sus ratos de ocio en una actividad formativa.


Sin embargo, para que la lectura sea un instrumento eficaz es necesario que esté debidamente orientada. No se trata tan sólo de leer por leer cualquier libro, sino que debe ser ordenada, equilibrada, no arbitraria ni caótica, sin interferir tampoco con otras actividades necesarias para un niño como el hacer deportes, o relacionarse con sus amigos.

El peligro de una lectura mal orientada

Resulta vital tener muy claro qué libro seleccionamos para nuestros hijos, debemos ser vigilantes por el tipo de lectura que les llega para su consumo, puesto que existen algunos peligros a los que los exponemos si no se les presenta un material adecuado para su edad. Los padres –principales responsables de su educación– deben interesarse por saber qué libros están leyendo sus hijos (incluidos los que recomiendan los profesores de la escuela).


Debemos ser conscientes de que para un niño todo lo que está en letra impresa constituye un “dogma” para él; y un mal libro puede hacerle tanto o más daño que una mala imagen de televisión. Como consecuencia, los padres han de ser muy prudentes a la hora de elegir un libro para ellos. Ante la duda, es mejor comprarlo después de haberse asesorado con la persona idónea, o simplemente tener una referencia previa de su contenido, sin dejarse llevar solo por el título del libro o de la colección (al igual que ocurre con determinados programas de televisión denominados  “infantiles”).


Conviene revisar los libros que se tienen en casa. Es posible que alguno de ellos no esté aún al alcance de un niño. En general, no sirven los de educación sexual dirigida a niños. Aunque los padres siguieran de cerca esta lectura y los contenidos del libro fueran correctos, siempre existirá un elemento incontrolable que es la imaginación del niño (ordinariamente, esos libros consiguen originar más problemas, en lugar de resolverle de forma serena y adecuada su natural curiosidad por lo relativo a la sexualidad). 
Afortunadamente, hoy en día existe mucha y muy buena literatura para todas las edades. Sería una pena que si hay tanto para escoger, nuestros hijos acabaran leyendo el primer libro que les “cayera” en sus manos.

El papel de los padres

Es importante saber que aunque se aprende a leer en la escuela, los lectores se forman en la familia, entonces no hay que dejar en manos del colegio lo que es una tarea de los padres. Lo primero es dar el ejemplo, ya que el gusto por la lectura se contagia. Si los hijos no ven a sus padres con un libro, ni un librero en su casa, será muy difícil que se interesen por estos.

Con frecuencia los padres se impacientan y desean resultados inmediatos, pero recordemos que es un proceso lento, de rutina, que conlleva dedicación, y para que resulte agradable debemos presentar a los niños la lectura como algo divertido. Leer ha de ser en todo caso un premio, nunca imponerse como un castigo.

De igual modo, no hay que esperar a que un niño sepa leer para motivarlo. Un buen lector comienza a formarse cuando todavía no sabe leer y como toda buena costumbre, deberá ser inculcada desde edades muy tempranas. Les leemos cuentos, y al hacerlo, saboreemos la lectura para que perciban que también nosotros –los padres– disfrutamos del momento. Luego, sin darnos cuenta, es posible que en un breve espacio de tiempo, sean ellos los que deseen leernos sus cuentos a nosotros. No hay que tratar la lectura como una tarea escolar. Si enseñásemos a leer con la misma ternura y dedicación con la que les enseñamos a caminar o a hablar, seguramente mejoraría en alto grado el gusto o la inclinación de nuestros hijos por ella.

Lectura y educación

También tomemos en consideración que cualquier actividad para niños –el deporte, el arte, la música, incluida la lectura– no es formativa en sí misma. Estas llegan a serlo en la medida que los responsables de cada actividad se la propongan, a través objetivos formativos, y dispongan de los medios necesarios para conseguirlos. Los padres han de descubrir que la lectura tiene para sus hijos el mismo efecto de un complejo vitamínico, los ayudará a crecer como personas. No sólo por su carácter educativo, sino porque incide de forma muy positiva en el futuro de su rendimiento académico. Al estar relacionados con libros, acudirán a estos con mayor frecuencia, ya sea para ampliar un tema de estudio, o en busca del significado de alguna palabra nueva.

El libro es un elemento físico a través del cual se pueden establecer infinidad de vínculos emocionales entre padres e hijos. Acercarse a un hijo que lee, interesándose por la historia que está leyendo, y escuchar lo que nos cuenta, es una forma de comunicación con él y una oportunidad excelente de incidir en su formación. A través del intercambio de libros se facilita el diálogo entre padres e hijos, porque un libro compartido con ellos brinda innumerables posibilidades de conversación.

Es conveniente mantener, con naturalidad y sin imposiciones, un rato de lectura al día. Puede ser práctico asociar la lectura a algún momento específico: antes de irse a dormir, después de cenar, etc. Es útil facilitarles su espacio para guardar sus libros, que posean su propia biblioteca y que hasta la puedan compartir con sus hermanos. De acuerdo a su crecimiento resulta recomendable buscarles libros relacionados con sus aficiones e intereses. No olvidar que el objetivo es mantener vivo el hábito de lectura; sin precipitarse, brindarles los libros adecuados y en el momento oportuno.

Algunas recomendaciones prácticas

Nosotros debemos convertirnos en facilitadores para que los libros lleguen a sus manos, una buena iniciativa práctica sería obsequiarlos en ocasión de celebraciones o en situaciones propicias: cumpleaños, regalo de Reyes, a consecuencia de un paseo, en las vacaciones de verano, o cualquiera que entendamos; y regalarles siempre libros muy bien escogidos.

Fomentar el hábito, aunque sea con un libro empezado, sugerir que lo lleven consigo por si de pronto se encuentran en una situación de espera, ya sea a la entrada de un cine, la guagua, un turno médico, una cola, y demás. De esta forma sería aprovechado el tiempo, que se haría menos y más fructífero. Son buenos consejos que nunca estarían de más.

Un buen objetivo sería intentar sustituir la televisión por la lectura, pero nunca plantear la primera como enemiga. Si es la que realmente atrae al niño, fijarse en sus programas favoritos y darnos a la búsqueda de libros relacionados con los filmes infantiles o dibujos animados de su preferencia, la mayoría inspirados en clásicos de la literatura infantil.

También incluir dentro de las salidas que hagamos con nuestros hijos, llevarlos a una buena librería. Observar las novedades que han aparecido y familiarizarlos con el mundo de los libros. Asimismo, también que conozcan una biblioteca, –donde existen salas especializadas para los pequeños– los recintos feriales, museos, pabellones, o salas de exposiciones.

En el noble empeño de inculcarles este buen hábito, se forjarán de manera paulatina en ellos sus propios gustos y la inclinación por los temas de su agrado, sin imponer el tema preferido de papá o mamá, sino respetando sus propios gustos.

Si se trata del libro más importante de todos, la Biblia, y pretendemos que se interesen en ella, por el gran aporte que representa para sus vidas y en su formación religiosa, esta es una tarea diferente. A algunas personas les asusta, por su amplio volumen o porque la consideran tan sagrada que no llegan a sentirse dignos de hojearla.


Además de que se trata de la palabra de Dios, en la que Dios nos habla a cada uno de un modo muy personal, en ella podemos encontrar de todo, desde buenas prácticas de higiene (descritas en el libro del Éxodo), buenos consejos (libro de Sabiduría), poesía (en el Cantar de los Cantares y los Salmos) y muchas enseñanzas (el libro de Proverbios). En la Biblia se narran las costumbres de los antiguos pueblos, bellas historias de profetas, reyes, mujeres, y muchos personajes importantes en la historia del trato de Dios con los hombres. Luego, en el Nuevo testamento, el encuentro con Jesús, con María y José, los apóstoles, conlleva a abrir nuestra alma a una esperanza nueva, cierta y nutritiva. Sé de muchos testimonios de quienes leen la Biblia regularmente, que no solo mejoran sus conocimientos académicos sino que han dado muchos frutos a lo largo de sus vidas.


Con vistas a captar la atención de nuestros hijos, podemos motivarlos por estos temas y hacerles llegar estas historias a través de los materiales infantiles y para jóvenes que existen en las bibliotecas de las iglesias, o adquirirlas en los lugares destinados a sus ventas. Llevarlos después a los textos bíblicos originales de donde fueron condensados o inspirados para profundización del tema. Por supuesto que debemos poseer el conocimiento necesario por si surgen preguntas relacionadas con ella. Aunque igual podemos emprender juntos la búsqueda de las respuestas con un especialista o con el sacerdote, y esta sería otra buena forma de compartir el entusiasmo por las mismas materias, además de propiciar la conversación oportuna y necesaria entre padres e hijos.


Espero que se animen por sembrar la semillita, créanme no se van a arrepentir, en mi caso funcionó muy bien.
Bibliografía:
Máster P. Intelectual  Máster en Propiedad Intelectual. Universidad Autónoma de Madrid www.uam.es/propiedadintelectualEnlaces patrocinados.

 

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Cuba, cuida a tus familias para que conserves sano tu corazón
Beato Juan Pablo II

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