No. 3 y 4 Julio - Diciembre  2004

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Nueva autobiografía

 

La voz del papa Juan Pablo II

Colaboración de Emilio Palafox

Desde el horizonte de sus 84 años, intensos a más no poder, Juan Pablo II puede permitirse confesar algunas dudas, y lo hace con sencillez en su nuevo libro autobiográfico “ ¡Levantaos! ¡Vamos!”. En él relata su experiencia como obispo, desde aquel lejano 1958 en que se convirtió en el obispo más joven de Polonia, cuando contaba con 38 años de edad. El volumen, que salió a la venta el pasado martes l8 de mayo en español, inglés, francés, alemán y polaco, completa un primer texto autobiográfico, “Don y misterio” (1966).

A continuación se trazan, por Juan V. Boo, corresponsal de ABC en Roma, algunas pinceladas sobre el nuevo libro.

Karol Wojtyla –nos refiere Boo– realizaba una excursión de varios días en piragua con sus amigos por el río Lyna, cuando recibió una llamada del Cardenal Stefan Wyszynski. Para acudir a la cita, cuenta en su nuevo libro, “hice una primera parte del trayecto en canoa; después, en la caja de un camión que llevaba sacos de harina a la ciudad de Olsztynek. Desde allí, el tren a Varsovia salía tan tarde por la noche, que me llevé un saco de dormir para usar en el suelo de la estación…”. En cuanto le comunicaron su nombramiento como obispo, informó a sus superiores que regresaba al campamento. “Quizá como obispo, usted ya no debería hacer esas cosas”, le respondieron. Como siempre Karol Wojtyla forcejeó y se salió con las suyas: “De acuerdo. Vaya. Pero asegúrese de que vuelve a tiempo para su consagración episcopal”. Regresó a la zona de los lagos leyendo “El viejo y el mar”, de Ernest Hemingway.

TOLERANCIA EN DEFENSA DE LA FE

Al cabo de 45 años de obispo, 25 en Roma como sucesor de Pedro, se pregunta si no ha sido a veces demasiado tolerante en la defensa de la fe. “Quizá en este aspecto – confiesa en el libro- he hecho demasiado poco. Buscar el equilibrio entre autoridad y servicio es siempre un problema. Quizá tengo que criticarme por no haberme esforzado lo suficiente como guía”.

SEGURO DEL CELIBATO SACERDOTAL

Se manifiesta muy seguro, en cambio, de que el celibato del sacerdote no significa una vida sin amor. “Personalmente, nunca me he sentido solitario. Además de saber que Dios estaba cerca de mí, siempre he tenido mucha gente a mi alrededor, y siempre he disfrutado de muchas relaciones cordiales, que se han multiplicado a medida que pasaban los años”. En algunos momentos, el relato se vuelve íntimo como cuando revela una estrecha amistad con “mi ángel custodio, que siempre sabe lo que hago. Mi fe en él, en su presencia protectora, se refuerza continuamente en mi interior”.

MI VOCACION

“El manantial de mi vocación lo encuentro, palpitante, en el Cenáculo de Jerusalén. Doy gracias a Dios por haber podido rezar, durante el Gran Jubileo del año 2000 allí, en la sala superior donde se desarrolló la Ultima Cena. En este momento vuelvo con el pensamiento a aquel jueves memorable, cuando Jesucristo constituyó a sus apóstoles en sacerdotes de la Nueva Alianza.

Un canto en el Cónclave de 1978 – “Señor, me has mirado a los ojos / sonriendo has dicho mi nombre, / en la arena he dejado mi barca, / junto a ti buscaré otro mar. El profundo significado de esa canción me sostuvo cuando tuve que hacer frente a la decisión del Cónclave. Después a lo largo del Pontificado, he tenido presente esta canción, que me han cantado en Polonia y otros países. Escucharla me recuerda mis encuentros de obispo con los jóvenes”.

CAMINO NEOCATECUMENAL Y EL OPUS DEI

“He mantenido la cercanía a varias iniciativas nuevas en las cuales sentía el soplo del Espíritu Santo. Sin embargo, tan sólo al llegar a Roma he encontrado el camino neocatecumenal y el Opus Dei, que constituí en Prelatura personal en 1982. Son dos fenómenos eclesiales que suscitan un gran empeño entre los laicos. En octubre de 2002, tuve la alegría de declarar santo a Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, sacerdote ejemplar y apóstol de los laicos para los nuevos tiempos”.

 

MARTIRES DEL SIGLO XX

“En 1999 beatifiqué a 108 mártires, víctimas del nazismo, entre los que se encontraban 3 obispos. Un ejemplo muy conocido de sacrificio en el martirio es el del franciscano polaco san Maximilian Kolbe que dio su vida en Auschwitz, ofreciéndose por otro prisionero, un padre de familia, al que no conocía. Pero hay también mártires más cercanos a nuestros días. Recuerdo, con emoción, mis encuentros con el Cardenal Francois-Xavier Nguyen Van Thuan, testigo de la Cruz en sus largos años de cárcel en Vietnam”.

EPÍLOGO

“Haciendo eco a las palabras de nuestro Maestro y Señor, os repito a cada uno de vosotros, queridísimos hermanos en el Episcopado: “¡Levantaos! ¡Vamos! Vayamos adelante fiándonos en Cristo. Él nos acompañará en el camino hasta la meta que sólo Él conoce”.

 

 

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Redacción: Casa Laical Tte. Rey e/ Villega y Bernaza. Habana Vieja
Diseño versión digital: Raúl León Pérez