No. 3 y 4 Julio - Diciembre  2004

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De caudillo bárbaro a Rey Santo

Rafael de la Morena Santana
Comunidad San Juan Bosco

Esteban I el Santo (c. 975-1038), primer soberano de Hungría (1000-1038) y fundador de la dinastía Arpad (Arpadia). También se le conoce como san Esteban. Pagano de nacimiento, se convirtió al cristianismo en su juventud. Llegó a ser duque de Hungría en el año 997.  Fue coronado rey en el año 1000. Con ocasión de esta ceremonia, el papa Silvestre II envió una corona desde Roma y le concedió el título de rey apostólico que, desde entonces, llevaron todos los soberanos húngaros hasta la caída de la monarquía en 1918. Su reinado estuvo caracterizado por la difusión del cristianismo y la supresión del paganismo a lo largo y ancho de Hungría. Fue canonizado en el año 1083 y nombrado santo patrón de Hungría. Su festividad se celebra en ese país el 20 de agosto.

 

La antigua Panonia romana, cuya inmensa llanura fue paso de godos, hunos, gépidos, longobardos y ávaros, fue incorporada por Carlomagno al Sacro Imperio en el 800.

En el 895, un nuevo pueblo invadió el territorio. Venían del Asia central, ávidos de tierras para establecerse y con afán de conquistas: eran los húngaros o magyares. Durante un siglo entero la Europa medieval sentiría el estruendo del galope de sus caballos.

El líder magyar, Arpad, los guió a una serie de victorias. Parecían invencibles hasta que Enrique I les detuvo en la batalla de Riade, en el 933, y el emperador Otón I les causó un terrible desastre en Lechfeld, en el 955.

Desde entonces se fueron civilizando y, con el Duque Geza, en el 972, comenzaron a vivir de forma sedentaria, aunque sin perder sus impulsos guerreros.

El primogénito del jefe y heredero del poder, nació a orillas del Danubio, en la ciudad de Esztergom, en el 977, se llamó Waik. A partir de su más tierna edad, se le educó en el manejo de las armas, lo que aprendió con facilidad. Llevaba en las venas el instinto de los grandes capitanes, y pronto se convirtió en un verdadero caudillo militar.

 Sin embargo, el muchacho pagano comenzó a recibir también una formación cristiana. Su padre había aceptado el bautismo y la población se estaba convirtiendo poco a poco a la fe católica por la paciente labor de los misioneros. El propio San Adalberto fue a Hungría a bautizar al joven príncipe. Desde ese momento se llamó Esteban, con cuyo nombre alcanzaría un puesto de honor en la historia universal.

Pronto hubo de calzar las espuelas doradas del caballero y, con el estandarte de la Iglesia en la mano, se impuso el deber de transformar a su pueblo, de horda de bárbaros, a Estado moderno. Constituía una difícil tarea, dado que el carácter feudal de la estructura política había concedido plena autonomía a muchos señores que tenían tropas particulares,   aunque algunos no estaban de acuerdo con aceptar el cambio de religión ni limitar sus privilegios.

Asumió el poder en el 997. Enseguida dictó medidas para desarraigar la idolatría de los territorios bajo su dominio y convertir a todos los súbditos al credo católico. Pero, tal como esperaba, se manifestó la rebeldía de varios señores rivales que, en realidad, lo que pensaban era derrocar a Esteban y apoderarse del gobierno.

El joven dirigente no se amilanó; tenía la certeza de la justeza de la sacra causa que defendía. Convocó a sus fieles y avanzó seguro al encuentro del enemigo. En Gyula, a orillas del río Köros, venció en toda la línea a las fuerzas del jerarca local e impuso el control sobre aquellas fértiles regiones. En Veczprem, el novel adalid derrotó a una alianza rival y consolidó su trono.

Espada en ristre recorrió la mayor parte del país. Hungría era, en ese tiempo, tres veces más extensa que hoy. Sin embargo, Esteban llevó el pendón de la verdadera fe hasta los últimos rincones de aquella tierra bendita del Señor, apoyado por los hombres de buena voluntad, cumplió a cabalidad su contenido.

Al cumplirse el primer milenio del cristianismo, en Roma ocupaba el solio pontificio un Papa capaz, Silvestre II, su gestión abarcó el mundo conocido, la situación húngara era de suma importancia para él, conocedor de las hazañas del joven Duque, elevó su Estado a la categoría real y le envió de regalo, con el abad Astrid, una corona que aún se conserva y es símbolo de la nacionalidad magyar.

En el año 1001 Esteban fue coronado como Rey Apostólico de Hungría, en Esztergom, la capital. En coordinación con el Papa, creó las primeras diócesis y estableció leyes especiales contra los que se negaron a aceptar el cristianismo, pues estaba claro que los que se oponían era por cuestiones políticas.

Dedicó sus aptitudes a las artes de la paz. Notable organizador, dividió el país en comitados, jurisdicciones de los condes que dependían directamente de sus órdenes e integraban su consejo gubernativo. Fue un brillante legislador; la Asamblea de Nobles del 1010 recibió el primer sistema de leyes escritas de Hungría, los célebres Decretos de San Esteban.

La guerra se hizo presente otra vez en 1028. El soberbio príncipe Ajtony Achtum se había atrevido a declararse independiente en la zona del río Möros. El Rey decidió enfrentar el desafío y derrotó decisivamente al ejército de los rebeldes. El cabecilla enemigo encontró la muerte en la acción. Allí Esteban, además de hacer gala de sus dotes de estratega, se comportó con hidalguía y perdonó a los sobrevivientes.

Este monarca de la casa de Arpad, genuino representante de los ideales cristianos, continuó su obra evangelizadora durante todo el reinado. Organizó, con anuencia del Papa, la jerarquía eclesiástica en dos arquidiócesis, la metropolitana en Esztergom, sede de la Corte Real, y la de Kalocsa. Las principales diócesis eran las de Veszprem, Györ, Pecs, Eger y Vac, Transilvania, Bihar y Csanád. Esta estructura se ha conservado casi intacta hasta nuestros días.

Era muy devoto del culto a la Virgen María. Por eso las diócesis de Györ, Vac y Bihar tienen como patrona a la Santa Madre de Dios, pero los magyares eran un pueblo de guerreros y los patrones de los creyentes son los arcángeles San Miguel y San Jorge, digno realce a la misión de un Rey que era la espada y el escudo de la Iglesia.

Más Esteban fue un monarca pacífico. Se había casado en el 995 con la hermana del Emperador de Alemania (Enrique II, el Santo), la joven y bella princesa Gisela. Juntos culminaron la evangelización de su pueblo e impulsaron la de Transilvania y los eslavos del este y el sur enviando misioneros. Financiaron  la construcción de iglesias y conventos, estimularon las ordenaciones sacerdotales, y practicaron la caridad cristiana con los pobres,  necesitados y enfermos del reino.

Trataban con justicia a los ciudadanos, a la par que se distinguían por su humildad y una benevolencia inagotable que cautivaba el corazón de los súbditos.

La futura santa Gisela fue un pilar del trono. Se destacó por la fundación de hospitales e instituciones de beneficencia, atendía con solicitud los clamores de las familias y, lo que es más importante, inspiró a su esposo a convertirse en el bastión de la Iglesia y, efectivamente, así fue.

Durante los 40 años de su gestión real, San Esteban priorizó el servicio a la fe en aras del bienestar del pueblo y la Iglesia. Su hijo, el justo y generoso príncipe Emerico, por méritos propios, también fue elevado a los altares.

Esta pléyade de gobernantes, plenos de santidad, con estrechos lazos de familia y político-militares con la dinastía sajona que presidía el Sacro Imperio Romano-Germánico, en hermandad y respeto por el Sumo Pontífice, habría de llevar a la cristiandad latina, en lo adelante protegida de invasiones, a un florecimiento sin par cuando la Iglesia Católica, Apostólica y Romana se adentraba, renovada y radiante, en el segundo milenio del Nuevo Testamento.

Esteban I, de Hungría, fue canonizado en 1083 por el papa Gregorio VII, es el santo patrón del pueblo húngaro. Su festividad se celebra el 20 de agosto, aunque algunos lo hacen el 2 de septiembre.

Es, junto a János Hunyady, Matías Corvino, Lajos Kossuth, Zoltán Tildy, Imre Nagy y el cardenal Józef Mindszenty, uno de los héroes nacionales de Hungría, república baluarte de la religión católica, los valores sagrados de Occidente y los ideales más avanzados de la civilización.

 

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Redacción: Casa Laical Tte. Rey e/ Villega y Bernaza. Habana Vieja
Diseño versión digital: Raúl León Pérez