No. 3 y 4 Julio - Diciembre  2004

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Convivencia Diocesana  2004

 


C
on el amparo de nuestra madre la Virgen María de la Caridad y convocados por el Señor, la Pastoral Familiar y el Movimiento Familiar Cristiano de nuestra arquidiócesis se encuentran inmersos en el desarrollo de un conjunto de actividades para celebrar con éxito el “AÑO DE LA FAMILIA”.

Con júbilo y llenos de una espiritualidad cada vez más creciente, se reunieron los fieles de las dos provincias habaneras para festejar la Convivencia Diocesana de Familias, cuyo escenario natural de la Ermita de los Catalanes nos llevó a muchos, mientras subíamos la algo inclinada lomita que nos conducía al lugar de reunión, a recordar cuando Jesús se reunía con sus apóstoles para orar.

Con los rostros llenos de alegría por su llegada al lugar, cada grupo parroquial lograba no separarse y buscaban el “rinconcito” donde habrían de compartir. Cuentos y anécdotas se escuchaban a cada paso: “Nos levantamos a tal hora para cocinar…”. “Desde hace días los niños han estado preguntando a qué hora íbamos a salir…” “Embullamos a Joaquina y aquí la tenemos, sentada con nosotros”, mientras señalan a una viejita de alrededor de  ochenta años, sentada en una sillita y con la sonrisa en los labios.

Caras nuevas y las ya conocidas, por participar en las convivencias anteriores, se saludaban dando gracias al Señor por poder reunirse en familia otra vez.

Un momento muy especial y como regalo de Dios a los allí reunidos, fue la llegada de nuestro pastor Cardenal Jaime Lucas Ortega Alamino. Su presencia llenó el lugar de paz y a la vez de ansiedad por oír sus palabras.

Ante una masa compacta de más de dos mil fieles, recibimos sus reflexiones sobre distintos aspectos que están incidiendo negativamente en las familias cubanas.

Con su serenidad y don de la palabra, nos llevó a valorar cómo podemos enfrentar tales problemas.

Nuestra fe es la única que nos puede ayudar y nuestro compromiso cristiano no puede decaer. La palabra de Dios es el bastón con el cual todo buen cristiano debe andar por los senderos de las dificultades, y son las familias, las que mejor pueden enfrentarlos.

Todos los presentes pudimos cantar y alegrar nuestros corazones con grupos musicales, cuya entonación principal fue la alabanza a Dios.

Otras manifestaciones del arte se reunieron en nombre del Señor para alegrar a las familias allí reunidas. Apetitosos alimentos, elaborados por manos hábiles y expertas, fueron compartidos por todos.

Una llovizna repentina intentó poner fin a la actividad, pero la oración de los allí presentes pudo vencerla hasta que la ya acostumbrada “conga familiar” hizo mover a un gran número de los asistentes, desde los más pequeños hasta muchos de la tercera edad.

Estuvimos alegres, y siempre lo hemos estado, porque el Señor SIEMPRE  ha estado grande con nosotros. ¡Hasta la próxima!

 

 

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Redacción: Casa Laical Tte. Rey e/ Villega y Bernaza. Habana Vieja
Diseño versión digital: Raúl León Pérez