No. 3 y 4 Julio - Diciembre  2004

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El amor nos hace libres

 

Es muy frecuente oír juzgar la calidad de una persona por el dinero que tiene, por su apariencia, por el trabajo que desempeña, por el modo de vida y por otras características externas.

Sin embargo, la verdadera calidad de las personas no tienen nada que ver con todo esto, sino que está en lo que cada uno es, en lo que tiene en su corazón y en la forma como lo expresa y hace uso de sus cualidades. Por ejemplo, la madre Teresa de Calcuta no tuvo un gran carro ni vestía a la última moda, y sin embargo, todos la admirábamos y decimos: “¡Qué gran persona era, qué mujer más buena!”
La razón de esto es que la madre Teresa escogió libremente responder a las necesidades de los demás con amor. Se hizo libre amando al prójimo.

Nuestra calidad de personas depende también de las cosas que elegimos en nuestra vida. Con  la libertad, con la que fuimos creados por Dios, podemos elegir:

- el amor, el bien y acercarnos a Dios, es decir, seguir a Jesús.
.  o el desamor, el mal y alejarnos de Dios.

Nosotros tenemos que descubrir cuál de los dos caminos nos hacen más felices y así decidirnos por el que más nos conviene, que siempre ha de ser el primer camino, para de esa forma hacer derroche de amor con el prójimo.

Muchas veces pensamos que hacer “lo que me venga en gana” es libertad. Pero si “lo que me viene en gana” es beber demasiado, consumir droga, tener relaciones sexuales desordenadas… lo que me destruye a mí o a alguien más, eso no puede ser bueno para nosotros, porque aunque en el momento puedo disfrutar de la ilusión, de la felicidad, del placer, poco después, nos queda un vacío, bastante trabajoso de recuperar, de llenarlo de amor. Libertad no es hacer las cosas al antojo, es vivir según la ley de Dios y sus mandamientos, que bien cumplidos nos hacen más libres y más felices a nuestra familia y nuestras amistades. Yo no puedo decir que soy libre porque hago lo que quiero; soy libre porque vivo lleno de amor que comparto con los demás.

También a lo largo de la vida, nosotros vamos limitando nuestra propia libertad al irnos dejando dominar por presiones externas como lo es el estar a la moda, hacer lo que hacen los demás para ser bien aceptados, el temor a ser juzgado anticuado o mocho, el querer sobresalir a cualquier precio, etc.

Para que la persona haga uso de la verdadera libertad, necesita elegir responsablemente y aceptar las consecuencias de sus actos. De esta forma, si se equivoca y esto lo hace infeliz, al menos poder rectificar. Así la persona descubrirá que siempre que elige el amor tendrá la verdadera felicidad, la verdadera libertad.

 

Colaboración de María E. Madrigal Uribe, Saltillo, México.

 

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Redacción: Casa Laical Tte. Rey e/ Villega y Bernaza. Habana Vieja
Diseño versión digital: Raúl León Pérez