No. 3 y 4 Julio - Diciembre  2004

Resolución 1024 X 768 / 32 bit


   

En el Año de la Familia

 

El apostolado hacia los matrimonios y las familias
José E. Collazo Carmona

 


Al concluir este año, dedicado a potenciar la atención pastoral por
parte de la comunidad católica cubana a los matrimonios, a las
familias y a los jóvenes que aspiran a fundar una familia, conviene
dedicar una reflexión a nuestra misión, es decir, al apostolado que
debe continuarse

 

El título nos indica: una acción = apostolado, una proyección = hacia, y los destinatarios. Por lo que presentaré algunas sugerencias para dar continuidad a este esfuerzo pastoral.

El momento que vivimos a principios del siglo XXI  muestra «un retorno a lo religioso, a lo espiritual», añado a los valores eternos del matrimonio y la familia. Constato en nuestro medio muchas personas que plantean interrogantes que demuestran sus inquietudes y expectativas ante las cuestiones religiosas y familiares.  Bueno es precisar dos cuestiones: los niveles hacia donde dirigir nuestro apostolado y los acentos más importantes que nos brinda el magisterio eclesial en este tiempo.Los niveles a atender.Comienzo por recordar el mensaje dado por el Papa Juan Pablo II en su visita a Cuba en 1998. Cito: ¡ Cuba: cuida a tus familias para que conserves sano tu corazón !

Valioso mensaje, una visión amplia de la misión dada a todos los cubanos, una exhortación a considerar nuestra responsabilidad en sentido abarcador. El mensaje me hace recordar aquel cuadrito que había en muchas casas que decía: Hogar, dulce hogar. En casa estaba en la sala, decía mucho a los miembros del hogar y a los visitantes. ¿No valdría la pena hacer un cuadrito con el mensaje de Juan Pablo II? Veamos ahora el panorama familiar de Cuba en este tiempo.

Considero el primer nivel nuestras familias. Dentro de las nuestras se aprecian tres sectores: las que frecuentan dominicalmente la comunidad y participan en actividades matrimoniales, las que frecuentan el templo sin mayores compromisos y las que asisten en algunas ocasiones como fiestas importantes y misas de difuntos.  Coloco en segundo lugar dentro de este nivel a los adolescentes y jóvenes que participan en nuestra vida eclesial. Este es un terreno poco atendido en cuanto a una buena preparación para la vida matrimonial.

El segundo nivel lo constituyen la mayoría de las familias de este país y la mayoría de los jóvenes.
En cuanto a la realidad del matrimonio y la familia hay varias situaciones: matrimonio estables y armónicos, matrimonios con rupturas que incluye el divorcio, cónyuges divorciados y vueltos a casar. Dentro de la juventud y también entre adultos hay tendencias a establecer parejas informales. Me refiero a parejas eventuales, relación de pareja sin compromiso de boda. Se les llama “amor libre” o relaciones “extra-matrimoniales”.

No obstante esta realidad, hay muchos que tienen serias inquietudes por conocer los valores y propuestas cristianas acerca del matrimonio y la familia.

Esta breve panorámica nos permite aproximarnos a la realidad de nuestro país, este es el inmenso campo que falta por cultivar adecuadamente, tanto intramuros como extramuros, en otras palabras, nuestra misión ad intra y nuestra misión ad extra.Los principales “acentos”  de nuestra propuestaPartimos de la realidad existente, partimos del tiempo de retorno a lo religioso y a los valores familiares, falta por destacar los acentos del magisterio eclesial sobre la familia, el valor de la vida y de los hijos.

Durante este año he planteado algunos acentos que conviene resumir y destacar. Ellos son: una visión  más antropológica del matrimonio, una fundamentación más actualizada en las Escrituras del matrimonio, el fomento de la comunidad de amor y de respeto a la vida  y la espiritualidad propia de la familia.

La visión más antropológica del matrimonio. Este aspecto lo considero elemental. Al abordar la concepción del matrimonio conviene empezar por este criterio.  Veamos algunas opiniones de autores especializados. El cardenal W. Kasper ha expresado: “Debemos hablar en primer lugar de los valores humanos del matrimonio. Sólo desde este trasfondo,  podrán comprenderse de una manera nueva la condición específicamente cristiana del matrimonio”. Otro teólogo J. A. Pagola nos dice: “hemos de valorar debidamente toda la riqueza y hondura del matrimonio como realidad humana”.  Estos criterios nos indican que, el matrimonio es una relación especie-específica que tiene valor propio «en sí mismo». Una fundamentación más actualizada en las Escrituras del matrimonio  es el segundo acento a destacar. Conocemos el texto del Génesis 2,26 sobre ... lo que narra el autor inspirado del carácter dado por Dios a la pareja humana. El segundo texto es Mateo 19, 11 que los invito a leer con calma. Por último, el más valioso para renovar la visión acerca del valor del matrimonio es de Pablo 1 Cor. 7, 7.  Ya en la constitución dogmática Lumen gentium del Vaticano II (1962-65) se expresa: “los cónyuges cristianos en virtud del sacramento del matrimonio por el que significan y participan el misterio de unidad y amor fecundo entre Cristo y la Iglesia (cf. Ef. 5,32), se ayudan mutuamente a santificarse en la vida conyugal y en la procreación y educación de la prole, y por eso poseen su propio don, dentro del Pueblo de Dios, en su estado y forma de vida (cf. 1 Cor.7,7)” [no.11].  Este valor es fundamental en nuestra iglesia, los casados tienen su propio don al igual que los ministros ordenados y los miembros de la vida consagrada. El fomento de la comunidad de amor y de respeto a la vida  es un planteamiento fuerte del magisterio eclesial. Tomemos otro documento conciliar, la Gaudium et spes nos dice: “ el fomento de la comunidad de amor y en el respeto a la vida” (no.47).

Estos dos principios son criterios eternos de la doctrina cristiana que han sido plasmados de esta forma. El primero destaca el valor de la relación entre los esposos y de estos con los hijos dándole la connotación más antropológica de comunidad. Luis Vela ha comentado: “el término comunitas denota inseparablemente consistencia y existencia. (...) lo maravilloso de esta forma de agrupación es que sus miembros se personalizan cuanto más se socializan”.

El respeto a la vida es un valor de valores que propugna el cristianismo dado el concepto de la dignidad humana. En concreto el respeto a la vida que comienza es el primero a tener en cuenta. Conviene subrayar que, cuando el óvulo y el espermatozoide se unen, esa nueva célula tiene la información genética del nuevo ser, como dice un autor reciente: ¡ Ya es persona !
El cuarto acento es la espiritualidad propia del matrimonio. En estos tiempos se da la importancia que requiere dentro del cristianismo a la espiritualidad, es decir, al estilo que religa mi vida a Dios en lo cotidiano. Sin entrar en el tema, sólo decir que, los bautizados católicos son laicos y como tales tienen sus espiritualidad. Al recibir el sacramento del matrimonio la espiritualidad se re-dimensiona. La espiritualidad de los casados tiene dos componentes: la personal y la comunitaria (ellos + sus hijos). Una idea clave que puede orientar a no pocos, una definición de la fe muy práctica: “la fe cristiana es encontrarse personalmente con Dios”. Una breve conclusión Estos dos niveles, con sus sectores, son los campos de nuestro apostolado. La misión hacia  implica llevar una propuesta concreta, puntos clave que llamo acentos.

Falta que tomemos conciencia de todos los estamentos de la Iglesia, de la urgencia de prepararnos adecuadamente para brindar este servicio. Subrayo: apostolado hacia todas las familias, hacia los que se preparan para iniciar la andadura matrimonial.

 

Redacción: Casa Laical Tte. Rey e/ Villega y Bernaza. Habana Vieja
Diseño versión digital:
Raúl León Pérez