No. 3 y 4 Julio - Diciembre  2004

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Fiesta de Cristo Rey

Colaboración de Lourdes Iduate

 

Cristo es el Rey del universo y de cada uno de nosotros, y es por eso que la fiesta de Cristo Rey es una de las fiestas más importantes del calendario litúrgico.

Hagamos un poco de historia.

La fiesta de Cristo Rey fue instaurada por el Papa Pío XI, el ll de marzo de 1925. El Papa quiso motivar a los católicos a reconocer en público que el mandatario de la Iglesia es Cristo Rey.

Posteriormente se movió la fecha de la celebración dándole un nuevo sentido. Al finalizar el año litúrgico con esta fiesta se quiso resaltar la importancia de Cristo como centro de toda la historia universal. Es el alfa y el omega, el principio y el fin. Cristo reina en las personas con su mensaje de amor, justicia y servicio. El Reino de Cristo es eterno y universal, es decir, para siempre y para todo los hombres.

Sabemos que el Reino de Cristo ya ha comenzado, pues se hizo presente en la tierra a partir de su venida al mundo hace ya más de dos mil años, pero Cristo no reinará definitivamente sobre todos los hombres hasta que vuelva al mundo con toda su gloria al final de los tiempos.

En la fiesta de Cristo Rey celebramos que Cristo puede comenzar a reinar en nuestros corazones y en el de todos los miembros de nuestra familia en el momento en que nosotros se lo permitamos, y lo hará también en el corazón de aquellas personas que aún no lo conocen, cuando estas les abra sus corazones y les den espacio a su gracia y a todo su amor. Una vez que le permitamos que entre en nuestros corazones, el Reino de Dios se hará presente en toda nuestra vida. De esta forma, vamos instaurando desde ahora el Reino de Cristo en nosotros mismos y en nuestros hogares, centros de trabajo y estudio y donde quiera que estemos.

Jesús nos habla de las características de su Reino en varias parábolas, y en todas nos hace ver claramente que vale la pena buscarlo y encontrarlo, que vivir el Reino de Dios vale más que todos los tesoros de la tierra y que su crecimiento será discreto, sin que nadie sepa cómo ni cuándo, pero eficaz.

La Iglesia tiene el encargo de predicar y extender el reinado de Jesucristo entre los hombres. Su predicación y extensión deben ser el centro de nuestro afán de vida como miembros de esta Iglesia, como familias llamadas a ser “iglesias domésticas”; se trata de lograr que Jesucristo reine en el corazón de todos los hombres, en el seno de todos los hogares, en las sociedades y en los pueblos. Con esto conseguiremos que podamos construir un mundo nuevo en el que reine el amor, la paz y la justicia y la salvación eterna de todos los hombres.

Para lograr que Jesús reine en nuestras vidas y , de un modo muy especial, en nuestras familias, en primer lugar debemos conocer a Cristo, encontrarnos con Él.

La lectura de los evangelios, la oración personal y los sacramentos son vías para conocerlo y de los cuales se reciben gracias que van abriendo nuestros corazones a su amor. Otra vía para lograr que Cristo se haga Rey del Universo en nuestros corazones es imitándolo. Su amor nos llevará, casi sin darnos cuenta, a pensar como Cristo, a querer como Él y a sentir como Él. Cuando imitamos a Cristo conociéndolo y amándolo, como Él nos ama, entonces podemos experimentar que el Reino de Cristo ha comenzado para nosotros.

A lo largo de la historia, hay innumerables testimonios de cristianos que han dado la vida por Cristo como el Rey de sus vidas. Mirémonos en ellos y seamos capaces de transformar nuestros corazones, de cambiar lo malo que hacemos en nuestras vidas por todo lo bueno que Cristo hizo por nosotros, y que hace a diario; seamos capaces de entregarnos plenamente a la construcción del Reino de Dios.

Esta fiesta de Cristo Rey es una nueva oportunidad para promulgar públicamente y sin temor alguno que Cristo es el Rey de nuestras vidas, el Rey de reyes, el principio y el fin de todo el universo

 

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Redacción: Casa Laical Tte. Rey e/ Villega y Bernaza. Habana Vieja
Diseño versión digital: Raúl León Pérez