Amor y Vida
Publicación Trimestral del Movimiento Familiar Cristiano
Arquidiócesis de la Habana

Tercer trimestre 2011

Resolución 1024 X 768 / 32 bit

 

Cuentos y pasatiempos

(A cargo de GISELLE GRASS)

 

Esta sección está dedicada a las niñas y los niños de la familia. Aquí encontrarán cuentos, adivinanzas, trabalenguas y otras travesuras. Si hay un adulto que le guste leer cuentos, responder adivinanzas, decir trabalenguas y realizar travesuras, pues que se asome también para compartir este encuentro de alegría, especialmente los abuelos y las abuelas, porque ellos son los mejores cuenteros.


Cuento

Aquella noche de Aida
De GISELLE GRASS

 

Aida es una niña pequeña como cualquier otra, tiene muchos amigos en su escuela, donde juntos comparten juegos y risas a la hora del recreo e intercambian papelitos de caramelos que luego ella colecciona en su libreta de forro verde brillante. Pero Aida percibe el mundo de manera diferente, pues a su alrededor revolotean un sin fin de personajes, todos salidos de su imaginación, con quienes vive fantásticas aventuras. Es por eso que algunos no la comprenden y la ven un poco "rara".

En la casa de Aida hay un bonito patio trasero lleno de flores de toda clase, de todos los sitios, este es su lugar preferido. Allá pasa horas hablando con las plantas, las cuida como su Tía-abuela le enseñó y las riega al tiempo que les canta canciones inventadas imaginando que el choque del agua con las hojas, son los aplausos de agradecimiento por el frescor y por la alegría de la música, a lo que responde con reverencias. A menudo se acuesta sobre un tronco de Guayaba que un ciclón tumbó y mientras come de sus frutos, contempla el cielo lleno de nubes, se divierte mucho adivinando las figuras que se forman con el viento. Otras veces sólo descansa a la sombra de un naranjo que ella misma sembró, eso lo recuerda muy bien: un día estaba chupando una tapa de naranja y botó una semillita a la tierra que en pocos días creció con flores, frutos y todo. Así fue aunque ya nadie se acuerde.

El cuarto de Aida tiene una ventana grande desde donde se puede ver la luna y un pedacito de noche sin levantarse de la cama. Ella siempre se duerme contando estrellas. Así estaba en una ocasión, cuando oyó un sonido parecido a una queja. Al principio se asustó un poco, pero luego le ganó la curiosidad, como siempre. De un salto llegó hasta la ventana y lo que vió la intrigó mucho más pues ciertamente había algo cerca del Almácigo.

¿Quién anda ahí?– Preguntó sin gritar, para no despertar a nadie, a lo que contestó una voz chillona que bien se esforzaba para lucir terrorífica: «Soy yo, un niño vampiro», Aida se empinó más y pudo divisar una figura pequeña que apartaba algo con su pie.

¿Qué haces en mi patio? –Preguntó Aida.

Estoy buscando algo que se me ha perdido –le contestaron– Mejor baja para que me ayudes y prometo no comerte.

Sin pensarlo dos veces, la niña salió al patio y a la claridad de la luna pudo ver mejor a un pequeñín vestido de azul oscuro, calzando unas botas inmensas y con el pelo naranja como una zanahoria.

¿En qué te puedo ayudar? – Preguntó Aida conteniendo la risa y sin una gota de miedo al comprobar que el niño le llegaba apenas a la cintura y no ofrecía amenaza para su vida.
Bien, te lo diré una sola vez y no lo vas a repetir a nadie. –Luego agregó acentuando las palabras para tratar de impresionar– He perdido mis colmillos aquí en tu patio y comprenderás que sin ellos no doy miedo, ni parezco lo que soy: un niño vampiro. Quiero que me ayudes a encontrarlos ya que conoces mejor el lugar.

Sin pronunciar una palabra, a causa del asombro y de la risa que se empeñaba cada vez más en escapársele, Aida asintió. Entró a su cuarto y regresó con una linterna, para enseguida emprender la búsqueda. Buscaron y buscaron hasta debajo de las piedras, pero nada. Luego, casi vencidos, terminaron por sentarse muy estropeados. En ese preciso instante se oyó un vocecita burlona: «No van a encontrar nada si no buscan donde deben» era una figurita pequeña que al contacto con la luz de la linterna se reveló claramente: un murciélago que colgaba de cabeza y los miraba divertido.

No empieces con tus embustes –dijo el niño al tiempo que se levantaba como un resorte.
¿Es un murciélago que habla? – Preguntó Aida más divertida que asombrada.

Sí, es mío y nunca dice la verdad, así que no le prestemos atención y continuemos con lo nuestro antes de que amanezca. – Se apuró en decir el niño algo agitado.

Hola Aida, soy Mofi – Interrumpió el animalito – todas las noches viajamos hasta acá en busca de guayabas, porque a Dimas, que así se llama él, le gustan más que nada en el mundo. No creas que es un vampiro, jamás hemos chupado sangre, porque yo, a pesar de lo que piense la gente, prefiero las frutas. Y no se por qué él se empeña en impresionar con ese cuento, será a causa de su tamaño diminuto y porque no tiene otros amigos, más que a mi.

¿No tienes amigos? – Le preguntó Aida al chiquillo que apretaba cada vez más la boca y los puños al verse descubierto. – Yo puedo ser tu amiga si tú quieres. ¿Ves? yo también soy pequeña y aunque el mundo tan grande, a veces me asusta un poco, no trato de atemorizar a nadie, pues es probable que ellos sientan tanto miedo como yo y de esa forma los alejaría de mí, entonces me perdería lo bueno de la compañía: la risa, el juego, los secretos y la diversión.

¡Yo soy un vampiro de verdad! – Gritó Dimas esforzándose todavía por agravar la voz– No le temo a nada ni a nadie, al contrario, todos se asustan cuando aparezco, por eso siguen de largo como si no me vieran para no verse descubiertos y ¡No como Guayabas!
No te afanes más – dijo Mofi– A esta niña ni la has asustado y se ve que te puede ver bien, además aquí tengo una prueba de que no miento.

Voló hasta un montículo de hierba y con su hociquito hizo rodar una guayaba pintona que le faltaba un pedazo. – La encontré por allá, acérquense y verán que tiene un par de colmillos clavados. Son de Dimas, se les zafaron porque los tenía flojos.

Ahora sí que Aida no pudo más y se le escapó toda la risa en forma de carcajada, fue tan estridente y sonora que primero causó preocupación, pero luego se volvió tan pegajosa que terminó por contagiar a todos. Desde esa noche los tres fueron grandes amigos, juntos iban a todas partes. El niño, con el tiempo, olvidó lo de ser vampiro y fue solo Dimas.


 

Maravilla

La flor de la maravilla,
cuando acaba de llover,
en los charquitos del agua
quiere mojarse los pies.

Dora Alonso


ADIVINANZA

Caballito rojo
de crines revueltas
que trota y galopa
por toda la tierra.
Caballito

 

El fuego

 

Volver a la Portada

Cuba, cuida a tus familias para que conserves sano tu corazón
Beato Juan Pablo II

DIRECTORES: Rubén Gravié y Ana María Baldrich.
CORRECCIÓN: María del Carmen Muzio.
DISEÑO IMPRESO: Ballate/ManRoVal.
DISEÑO DIGITAL Y DISTRIBUCIÓN: Raúl león Pérez
CONSEJO DE REDACCIÓN: Monseñor Fernando de la Vega, Felipe Oliva, Habey Hechavarría, Raúl León P.,
Giselle Grass, Navia García y Estela María Martínez Chaviano.
REDACCIÓN: Casa Laical. Teniente Rey y Bernaza, Habana Vieja. Teléfono: 53 7 863-1767.
Se permite la reproducción, total o parcial, de los trabajos, siempre que se indique la fuente.