Amor y Vida
Publicación Trimestral del Movimiento Familiar Cristiano
Arquidiócesis de la Habana

Tercer trimestre 2011

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MENSAJE A LAS FAMILIAS

Cuidando nuestro amor conyugal

Por ANA MARÍA BALDRICH
y RUBÉN GRAVIÉ
Presidentes del MFC

 

El matrimonio continúa en declive en muchos países y Cuba no escapa de ello. Y si a esto le agregamos la alta tasa de divorcios existentes en nuestra sociedad, así como el número de uniones consensuales; por lo general, efímeras y cambiantes, el panorama es altamente preocupante, porque trae consigo un gran número de consecuencias negativas para los individuos, como miembros de la familia y para la sociedad en general.

El amor verdadero no busca la independencia; no busca la liberación de todos los vínculos y responsabilidades. Al contrario, impulsa a actuar en forma contraria: se entrega, y no anhela otra cosa que atarse para siempre a quien quiere ¡y no separarse de él nunca más!

Uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo consiste en demostrar que el matrimonio es atractivo, también para los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Y que, realmente, el amor es el que reina entre los esposos. Conviene demostrar que la fidelidad matrimonial es posible, cuando Dios está con ellos, y que esta nos lleva a una felicidad mucho mayor que el amor “espontáneo”; que puede ser muy apasionante, pero queda inmaduro y trunco si huye de la entrega definitiva. Hoy, más que nunca, hace falta mostrarle a las nuevas generaciones, parejas que sean un ejemplo de que el matrimonio sacramentado, como vida en común indisoluble, es la mejor garantía para la felicidad de toda la familia, y para ellos mismos, en la juventud, en la madurez y en la ancianidad.

Pero el amor es muy delicado y hay que cuidarlo con esmero. El amor conyugal, con la ayuda de Dios, está llamado a crecer, ganando en profundidad a medida que pasa el tiempo. El amor que no crece se estanca y fracasa. No existen recetas para lograr su cuidado, pero sí podemos reflexionar sobre algunas aspectos que ayudan a este crecimiento en el día a día, auxiliados por la ideas que en este sentido nos brinda la doctora Jutta Burggraf en su conferencia Proteger el amor matrimonial.

Primero tiene que existir entre los dos un amor decidido. Si al contraer matrimonio, los cónyuges son conscientes de que toman una decisión para toda la vida y tienen la firme voluntad de permanecer unidos en las buenas y en las malas, entonces existirá entre ellos un clima de seguridad y confianza. No hay que tener miedo a las crisis, siempre existirán conflictos y divergencias entre personas que viven en estrecho contacto, lo importante es la actitud que se adopta en ellas, aprovechar la oportunidad de estrechar los lazos de unión, superando juntos las dificultades.

En segundo lugar, es muy importante el respeto mutuo. Sin respeto no existe ninguna relación sana. Hoy, hombre y mujer se encuentran en el matrimonio juntos con la misma dignidad, para enfrentarse juntos a la vida. Hay que aprender a combinar la unión con una sana distancia en el matrimonio. La vida en común no debe convertirse en una atadura o cárcel que quite al otro la posibilidad de desarrollarse, llevar a cabo iniciativas propias, pensamientos o planes personales: para llegar a una verdadera unidad, es necesario seguir siendo dos personas individuales

En tercer lugar está la voluntad de los dos de abrirse a la vida. Un matrimonio en el que él y ella viven pendientes uno del otro, y en sus vidas no hay lugar para nadie más, acabará por cansarse y amargarse. Un matrimonio feliz está abierto a nuevas perspectivas, está abierto a nuevas personas y también a una futura descendencia. Tienen el valor de trasmitir la vida, de conservarla, de amarla y velar por su desarrollo.
Y por último, tener sentido del humor. La mejor educación es la convivencia familiar alegre y armónica. El saber tomar las dificultades con optimismo ayudará a resolverlas mejor.

En definitiva, una persona que se siente querida por su familia, también es capaz de amar; recibe fuerzas y apoyo para la lucha diaria. Sólo el que se siente feliz, puede regalar paz, alegría y optimismo a otros.


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Cuba, cuida a tus familias para que conserves sano tu corazón
Beato Juan Pablo II

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