Amor y Vida
Publicación Trimestral del Movimiento Familiar Cristiano
Arquidiócesis de la Habana

Tercer trimestre 2012

Resolución 1024 X 768 / 32 bit

 

 

El papel de la comunicación  en el matrimonio.


Fotos: R. Gravié

   

“… Levántate, amor mío. Hermosa mía y vente.
Mira, ha pasado el invierno, las lluvias cesaron, se han ido.
La tierra se cubre de flores, llega la estación de las canciones,
ya se oye el arrullo de la tórtola en toda nuestra tierra”.
Ct  2, 10-12

                                                                                                                                   

 

Por RUBÉN GRAVIÉ Y ANA MARÍA BALDRICH

El matrimonio continúa en declive en nuestro país. Los datos que brinda la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE) muestran que ya en el 2010 la tasa de nupcialidad (número de uniones por cada mil habitantes) había descendido de 9.8 en 1990 a 5.2, lo que significa que de 101 mil 515 uniones, donde un 8 por ciento lo constituían las uniones consensuales, descendió a 58 mil 490 en el 2010, reportándose un 30 por ciento de uniones consensuales. En el 2008 el total de divorcios representó el 58 por ciento de las uniones reportadas en ese año. Los datos hablan por sí solos.

Lo que lleva a la mayoría de las personas a escoger un compañero para la vida y crear una familia está dado por los deseos más o menos conscientes de satisfacer nuestros anhelos de intimidad, ternura, cariño, aceptación, comunicación, de procreación, de establecer una sexualidad accesible y gratificante, de compartir actividades, intereses, ideales, entre otros muchos. En el matrimonio es necesario que exista entre los dos un amor decidido, de manera que los cónyuges sean conscientes de que toman una decisión para toda la vida y tengan la firme voluntad de permanecer unidos, en las buenas y en las malas.

Hoy, más que nunca, es importante demostrar que el matrimonio entre un hombre y una mujer, cuando tiene su base en un amor verdadero, es un camino hacia la felicidad, que puede ser para toda la vida si sabemos cuidarlo con esmero y mantenerlo vivo a pesar del paso de los años y de las dificultades que nos trae la vida. Este clima de felicidad y satisfacción que reina entre los dos hará que, a pesar de todo, reine en el hogar un estado de alegría, paz, confianza y seguridad; en resumen, un estado de bienestar, favorable para el crecimiento de los integrantes de la pareja como personas, y, a su vez, es el ambiente ideal para el mejor desarrollo y educación de los hijos.

Pero pasado el primer momento del enamoramiento, ya ubicados en realidad conyugal, al igual que en cualquier aspecto de la vida, hay momentos de crisis, de conflicto, de divergencias, porque en esta nueva convivencia se encaran situaciones inesperadas, se descubren aspectos que se ignoraban del otro, que nos pueden sorprender. Aún los matrimonios más exitosos, en los que hay muchas áreas de afinidad, también las hay de diferencias.

Estos momentos de crisis y diferencia se dan naturalmente. No hay que temerles, porque siempre existen entre dos personas que viven en estrecho contacto, lo que podemos comprender si analizamos que en la unión conyugal están involucradas dos personas distintas, de diferente sexo, con características psicológicas distintas, con orígenes familiares, historias, experiencias, formación, hábitos, gustos y criterios diferentes, es decir, cada uno de ellos es un universo con sus propias necesidades y expectativas. 

Lo realmente importante en estos momentos de crisis o conflicto es la actitud que se tome frente a ellos. No necesariamente tenemos que interpretar los momentos de crisis negativamente, porque toda problemática tiene dos vertientes: una positiva, la del crecimiento o enriquecimiento y la negativa, que es la de la guerra y la de la destrucción. La primera, es una oportunidad para crecer como persona, emocional, espiritual y psíquicamente, mientras la segunda, sencillamente, y al decir de expertos, es la funeraria conyugal.

La mayoría de las parejas que se separan no han podido resolver sus crisis, permaneciendo en ellas, cada vez por más tiempo, sin llegar a una solución satisfactoria para los dos, lo que indiscutiblemente, va minando el amor que los unió, puesto que es imposible vivir en un constante enfrentamiento. Por lo general, en estas parejas existe, en los dos o en uno de ellos, alguno o varios  elementos negativos: la falta de compromiso, la pelea, la indiferencia, la violencia, la incapacidad para reconocer errores, entre otros.

Las parejas que han podido resolver sus diferencias les ha demandado, indiscutiblemente, temple y entereza para enfrentar correctamente las discrepancias. Lo han logrado mediante la integración de sus divergencias, a través del diálogo y la negociación. Estas parejas salen de esas crisis robustecidas y enriquecidas con valiosos aprendizajes, dispuestas a seguir disfrutando, no sólo de la felicidad que proporciona el vivir con el ser amado, sino que les ha servido para crecer como personas, para madurar. En ello tiene un papel principal el nivel de comunicación que se establezca entre los integrantes de la pareja, así como el poder de negociación que se ha establecido entre ellos.

Para el logro de la resolución de las crisis en la pareja existen varios factores que intervienen en ello. Mencionaremos dos de mucha importancia. El primero, es el referido al trabajo de crecimiento moral y espiritual que tenemos que hacer dentro de nosotros mismos. Velazco René Brickes, novelista chileno (1872–1956) decía: El éxito del matrimonio consiste en algo más importante que encontrar una buena persona; consiste en ser esa buena persona, por ello debemos conocernos más a nosotros mismos y vencer nuestro propio ego.

Podemos decir que el ego es la suma de los defectos psicológicos que habitan en nuestro mundo interior y fueron creados inconscientemente por nosotros mismos. El ego se nutre de pensamientos no enteramente racionales, negativos, contrarios al amor, y, en buena medida, es el causante de nuestros sufrimientos, errores, vicios, temores, entre otros. Es el miedo a dejarnos llevar por un halo de esperanza que nos conduzca al verdadero amor, es el odio, la culpa… No hay nada que defienda el ego con mayor pasión que su derecho “a tener la razón”, a ganar, al poder sobre otros, aunque el precio de ese triunfo sea la pérdida de la paz, la compañía, la amistad e incluso el amor. Por lo tanto hay que vencerlo, para ello resulta fundamental el estudiarnos profunda y valientemente. Tratar de descubrir el origen y el por qué de nuestros sentimientos, y preguntarnos a la luz de la razón y la fe qué vamos a hacer con ellos, encauzándolos mediante nuestro actuar acorde con lo que nos dicta la razón y la conciencia, lo que en ninguna medida significa dejar de ser nosotros mismos.

Fuimos creados por Dios, por amor y para el amor. Y el amor nos lleva a nuestro verdadero Yo, con el que fuimos llamados a la vida, el que naturalmente te inclina al perdón, a la tolerancia, a la paz, lo que te lleva, entre otras cosas, a escuchar a los demás, a no centrarte en ti mismo, en lo que estás sintiendo o pensando, el que evita que impongas tus puntos de vista, el que nos alerta de no estar etiquetando a los otros, a no juzgarlos, a no evaluarlos… en resumen, a tratar a los demás como nos gustaría que nos tratasen a nosotros. 

El segundo factor es el tipo de comunicación que se establezca en la pareja. La comunicación en cualquier grupo humano es y tiene la importancia del riego sanguíneo en un cuerpo. Como sea la comunicación de la pareja, así será su vida. Si hay estrechamiento arterial en la comunicación, si hay bloqueos, si hay trombos, la pareja corre el riesgo del infarto. Basta observar como es la comunicación en cualquier colectivo, familia, pareja… para poder aventurar, con bastante probabilidad de éxito como es el funcionamiento, sanidad, efectividad y bienestar de dichas personas.
Existen dos tipos de comunicación:

La que cada persona mantiene consigo misma.
La que cada persona mantiene con su entorno.

La comunicación de cada quien consigo mismo es evidente, Continuamente hablo conmigo, me digo cosas: “¿Si hoy llueve podré ponerme esta ropa?” “Yo no valgo” “Soy una persona maravillosa y con muchas capacidades” “¿Y si mi pareja me deja?” “Mi vida es un desastre”…

Es muy importante revisar los “disquetes” que me pongo a cada rato. Mi vida, en un gran porcentaje, es el resultado de lo que me digo. Las personas pueden porque creen que pueden. Querer es poder, decimos. Hoy la Nerolinguística se encarga de recordarnos la estrecha relación que existe entre el sistema nervioso y todo aquello que nos decimos a nosotros mismos.

Está la comunicación que mantengo con todo aquello que me rodea: personas, animales, entre otros. Los especialistas en comunicación (Antony Robbins y Lair Rivero) hablan de tres lenguajes que tienen que ver con esta segunda forma de comunicación. Estos lenguajes en la comunicación tienen determinado peso: el lenguaje verbal o escrito tiene sólo el 7 por ciento, el lenguaje tonal un 38 por ciento y el lenguaje no verbal el 55 por ciento.

A veces pensamos que el que más o mejor habla o escribe es el que más se comunica, y estudiosos de la comunicación demuestran lo contrario. El segundo lenguaje tiene que ver con la entonación que le damos a nuestras palabras; tiene un peso promedio de un 38 por ciento, más de 5 veces que la verbal. Y el lenguaje no verbal, que tiene que ver con los gestos que hacemos al comunicarnos con alguien, las posturas que asumimos, los movimientos, formas de respirar, de vestir, las sonrisas, …este es lenguaje que genera una mayor comunicación, el 55 por ciento: casi 8 veces más que el verbal o escrito.

Para un buen nivel de comunicación, fundamental en toda relación, pero especialmente en la relación de pareja, existen dos reglas de oro.

La primera le da máxima importancia a la manifestación de los sentimientos en la comunicación entre las personas y a la erradicación de todo juicio. Cuando hago un juicio le pongo una etiqueta a alguien, lo adjetivo. Ejemplo de ello son: “Tú eres…” (y viene detrás un adjetivo, una etiqueta). “Lo que tú eres…”. Generalmente debajo de este enjuiciar, de este etiquetar al otro, se esconde la proyección de no admitir en mí, eso que proyecto en el otro. Enjuiciar al otro bien se puede catalogar como una agresión, y toda agresión se debe erradicar. Y, cuando no se hace, la comunicación se puede volver tensa o entrar en una escalada de más agresiones. Es que sólo cada quien se puede enjuiciar a sí mismo. Resumiendo esta primera regla: Al tratar con los demás ofréceles los sentimientos que originan en ti sus conductas. No le enjuicies ni les pongas etiquetas.

La segunda tiene que ver con las suposiciones. Ante cualquier hecho o dato evidente siempre se nos ocurren cantidad de suposiciones. Por ejemplo los sillones y la lámpara de una sala serían algo evidente. Cualquiera que se acerque a esta sala y que sea una persona sana y tenga el sentido de la vista, coincidirá con la existencia de los sillones y la lámpara. Ahora las suposiciones del por qué hay sillones y la lámpara en esa sala, seguramente serán muchas y diversas, según cada observador que se acerque a esa sala. Suponer es una inmensa riqueza del ser humano. Las suposiciones que dan lugar a las teorías, siempre que hayan sido validadas, desembocan en grandes inventos e innovaciones científico-técnicas, entre otros hechos. Por ello, la segunda regla de la comunicación plantea que es importante distinguir siempre entre lo evidente y lo supuesto, y cada suposición necesita una validación antes de darla por cierta.

No obstante estas reglas para que la comunicación sea efectiva, armoniosa, enriquecedora necesita de una buena escucha. Toda persona se comunica continuamente, pero no siempre es escuchada. Y la escucha no cubre solamente la captación de cualquiera de los tres lenguajes antes mencionados; si no que tiene que ver con una amplia gama de elementos tales como conocer la sensibilidad de la otra persona, su cultura, sus circunstancias, sus necesidades… es meterse dentro de su piel o de sus zapatos, como a veces se dice. Es la empatía.

Atendiendo a la importancia que tiene el intercambio fluido de ideas y sentimientos, la sinceridad, la transparencia, el respeto, la escucha, en resumen, la buena comunicación en la relación de pareja. El Movimiento Familiar Cristiano viene organizando, desde el año 2009, distintos Encuentros de Parejas Jóvenes con esta temática, que se han efectuado en diferentes comunidades de las cuatro vicarías de la arquidiócesis habanera. La última se efectuó en Güira de Melena, el pasado 2 de junio, en la finca Los Barrios, que muy generosa y gentilmente hubo de facilitarnos la familia propietaria de la misma.
Allí, en un bello y acogedor lugar campestre, hubimos de reunirnos un total de 22 personas, de ellos 10 parejas, procedentes de la parroquia de La Purísima Concepción y San Agustín, Alquízar (2), de la parroquia de Nuestra Señora de la Merced, de Bauta (3), de la parroquia de San José, de Güira de Melena (3), de la capilla de las Siervas de María (2) así como dos hermanos, uno de la capilla de Santa Ana, en la Lisa, y otro de la iglesia de Nuestra Señora de la Caridad, en Punta Brava.

El encuentro comenzó con una oración inicial y después de la presentación de todos los allí presentes, seguida de una introducción, donde se delinearon los objetivos del encuentro, pasamos a un ameno intercambio, en cual los ejercicios y dinámicas utilizadas facilitaron el desarrollo del tema a tratar, creándose un ambiente fraternal, a pesar de no conocerse entre sí muchas de las parejas involucradas en este encuentro.

Al terminar este encuentro, en horas del mediodía, con un sabroso refrigerio, las opiniones reflejadas, tanto en las valoraciones verbales, como en las planillas de la encuesta anónima, reflejan un saldo muy favorable a favor de este tipo de encuentro.

Las encuestas reflejan opiniones muy positivas en cuanto al ambiente, contenido, nivel de intercambio, duración y horario de celebración del encuentro. Interrogados sobre la utilidad de los mismos, todos opinaron que eran útiles porque los hacía reflexionar sobre aspectos que no se habían detenido a pensar, porque les brindaba conocimientos y herramientas que los ayudaban a mejorar la comunicación con su pareja, porque se hacían más conscientes de la importancia de la tolerancia y el diálogo, por lo que aportaban los testimonios y experiencias de las distintas parejas, así como por la posibilidad de auto valorarse en cuanto al tipo de comunicación que establecían con el cónyuge.
En lo referido al aspecto novedoso del encuentro, las encuestas reflejan como tales, los ejercicios realizados, los testimonios brindados por las distintas parejas, el intercambio de experiencias entre las parejas, lo fácil que fluyó la comunicación en el grupo allí reunido, entre otros.

Preguntados en las planillas en cuanto a su compromiso de colaborar en el trabajo con las familias las respuestas fueron unánimes en cuanto a su deseo de colaborar en el trabajo de la pastoral familiar, tanto en la comunidad como en los ambientes donde se desarrolla su diario vivir.

En cuanto a sugerencias, formularon muchas y variadas. Entre ellas, aumentar la frecuencia de estos encuentros, incrementar la promoción de los mismos para lograr la participación de más parejas, la inclusión de nuevos temas, como la educación de los hijos, la violencia en el hogar, entre otros.

Realmente tenemos que dar gracias, en primer lugar a Dios, que permitió, no sólo, que esa mañana se pudiese dar el encuentro a pesar de las adversas condiciones climáticas que prevalecieron en esos días con mucha lluvia e inundaciones (esa mañana, en Güira, no cayó ni una gota de agua) sino que, además, nos ayudó a crear un clima en el grupo de fraternidad que permitió la buena materialización del encuentro.

En segundo lugar tenemos que agradecer a todos los que nos ayudaron a organizar el encuentro, desde la pareja formada por José Barrios y Caridad Valdés, de Güira, y a cuya familia debemos la generosa prestación del lugar del encuentro; a Georgina Cepero, con la coordinación de las parejas, así como a la pareja de Roberto e Idalma que participaron con nosotros en la animación del encuentro.

No podíamos dejar de expresar nuestro agradecimiento a los profesores y terapeutas Ignacio Marquínes y el doctor José Manuel Manzano por sus distintas enseñanzas sobre importantes aspectos de la vida conyugal, así como a la Comisión Nacional de Familia, de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba (COCC) que propició, coordinó y financió los talleres impartidos por estos magníficos profesionales cristianos, y que, en la medida de lo posible, y con la ayuda de otras parejas, tratamos de replicar los conocimientos adquiridos para bien de las familias.

 

 

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Cuba, cuida a tus familias para que conserves sano tu corazón
Beato Juan Pablo II

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