Amor y Vida
Publicación Trimestral del Movimiento Familiar Cristiano
Arquidiócesis de la Habana

Tercer trimestre 2012

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La nutrición infantil
Por Giselle Grass Velazco


Los bebés:

No saben hablar, ni caminar, ni sus pulmones tienen la capacidad de los de un adulto, por consiguiente, no nos resulta difícil comprender que tampoco su estómago, ni sus intestinos, están completamente desarrollados, porque no puede hacer una digestión completa, como la haría un adulto sano. De hecho, en los primeros meses, el Sistema Digestivo de un lactante solo puede procesar bien la leche humana, y lo hace mucho mejor si esa leche humana es la de su propia madre. Aunque la leche de vaca o las fórmulas para bebés no le provoquen problemas o molestias inmediatas, a la larga, sí se los ocasionan y a veces muy graves.

La leche materna, además de ser el mejor alimento, no tiene similar, y no encuentra sustituto en otro. En ella están presentes todos los nutrientes que el lactante necesita en sus primeros meses, los cuales son los adecuados para contrarrestar la inmadurez de la función renal e intestinal que normalmente presentan; además, mejora el crecimiento y buena maduración de su cerebro, y como materia prima para las transformaciones que su cuerpo irá sufriendo a lo largo de su primer año de vida.

La leche de la madre es singularmente ventajosa, ya que está disponible en todo momento y en todo lugar, a la temperatura justa y en perfecto estado de higiene. Todos los componentes que la enriquecen se encuentran en una proporción tal, que ninguno de ellos interfiere con la absorción del otro. Entre ellos encontramos las sustancias llamadas inmunoglobulinas, complemento ideal para las deficiencias inmunológicas del bebé, y que actúa también como agente protector contra las infecciones.

Otros de los componentes de vital importancia son el hierro y el zinc, los cuales se encuentran en la forma química óptima para su mejor aprovechamiento. Por otra parte, aporta un tipo especial de carbohidrato, que es necesario para la formación de una flora intestinal protectora que inhibe (anula) el desarrollo de gérmenes y parásitos dañinos. Ciertos estudios realizados, concluyeron que los niños que no fueron amamantados presentan más riesgos de adquirir diversas enfermedades como: diarrea, eczemas, cólicos, infección respiratoria aguda, otitis media aguda, bacteriemia y algunos tipos de meningitis entre otras, además de resultar excluidos de su efecto protector contra otras enfermedades que aparecen más tarde en la vida, como: asma, diabetes tipo 1 y enfermedades auto inmunes.

En general, la lactancia es una etapa de vital importancia, por lo que no debe ser sustituida, a menos que sea un caso excepcional y su administración debe prolongarse durante el tiempo que la madre sea capaz. Es recomendable como alimento exclusivo durante los primeros 6 meses, y extenderla hasta los dos años de vida, e introducir al mismo tiempo los demás alimentos, lo cual favorece una mejor digestión y asimilación de los mismos.

La lactancia materna trae grandes beneficios también para la madre: durante el proceso de amamantar, a través del contacto físico de piel con piel, entre el bebé y la madre se fortalece aún más el vínculo afectivo entre ambos. Otro aspecto importante es que las madres que amamantan, generalmente, tienen períodos de infertilidad más largos después del nacimiento, que aquellas que no lactan, lo cual favorece de manera natural la planificación familiar de la pareja. El acto de amamantar de inmediato después del parto estimula la contracción del útero, que vuelve a su tamaño original más rápidamente y representa la forma más eficaz de que la madre recupere su peso, pues la grasa acumulada se consume en la formación de leche, disminuye el riesgo de padecer cáncer de mama y aumenta la autoestima.

Dieta y alimentación

Debido a que la capacidad digestiva madura, porque se desarrolla al igual que el resto del organismo del niño, la dieta que le indiquemos a este debe corresponder con su edad, por lo que resulta de vital importancia que conozcamos de las capacidades del pequeño durante sus diferentes edades. Sobre este concepto, a continuación presentamos unas recomendaciones donde se indican los alimentos que puede recibir un niño según su edad, y lograr con ello que estos sean bien digeridos.

1- Hasta los seis meses de edad: Leche Humana (materna). En su defecto, si no queda mas remedio (quedó huérfano), puede ofrecérsele una fórmula para lactantes. También pudieran recibir frutas o jugo de frutas frescas, pero no son muy recomendados pues, aunque su digestión no es problemática, interferirán con la adecuada digestión de la leche; así que será mejor esperar hasta los cinco o seis meses para iniciarlos.

Observación: para esta época creo que ningún profesional de la salud, bien informado, pone en duda que la alimentación exclusiva al seno, satisface todas las necesidades de un lactante y ofrece la mejor alternativa para un crecimiento y desarrollo óptimos. Pero es obligatorio aclarar que, aunque la composición de la leche se modifica ligeramente con el transcurso de los meses, nunca pierde su gran valor nutritivo, y esa observación que se escucha frecuentemente de que, después de los seis meses, la leche del pecho “es pura agua”, es totalmente falsa. Siempre será para cualquier niño una mejor alternativa que la leche entera de vaca o alguno de sus derivados.

A lo largo de muchos estudios médicos se ha reafirmado que en el caso de aquellos lactantes alimentados con leche de vaca, estos se encuentran más expuestos a las deshidrataciones, porque necesitan utilizar más agua de su propio cuerpo para formar la orina; a presentar bajos niveles de calcio debido a que el exceso de fósforo de la leche de vaca dificulta su absorción; a las diarreas, pues el tipo de flora intestinal que se forma cuando se alimentan con esta leche, no los protege tanto como la que se forma con la leche materna; a padecer anemia, ya que el hierro de la leche de vaca no se absorbe tan eficientemente como el de la leche materna; además, la leche de vaca produce micro-hemorragias intestinales en los lactantes que pueden favorecer la aparición de dicha anemia; y por último se exponen a la dermatitis amoniacal, ya que el exceso de proteínas de la leche de vaca eliminado por la orina en forma de amoníaco puede producir dermatitis en la zona genital.

2- Desde los seis hasta los doce meses: se recomienda seguir dándole Leche Humana como alimento fundamental, pero como su Sistema Digestivo ha madurado un poco y su capacidad para procesar alimentos ha aumentado, se pueden agregar otros alimentos cuya digestión no sea muy difícil.

Entre los ejemplos de estos alimentos están las frutas (preferiblemente enteras y no como jugo), los tubérculos como papa, zanahoria, ñame y tantos otros. Con dichos tubérculos se pueden preparar papillas, y si a estas se le agregan hojas (perejil, berro, etcétera), se les estará suministrando cantidades adicionales de hierro, minerales y vitaminas de fuentes naturales.

Observación: Con dos comidas diarias de tales alimentos, por ejemplo, una de frutas y otra de una de las mencionadas papillas, además de unas cuatro tomas diarias de pecho, estamos ofreciendo, a los niños de este grupo de edad, una excelente alimentación.

3- Luego de cumplido el año de edad, la capacidad del Sistema Digestivo de un niño es completa o casi completa (similar a la de un adulto). Se recomienda entonces darle una dieta completa y balanceada, tal como la de un adulto. Resulta muy conveniente, que se siente a la mesa y coma en horarios fijos y en compañía de los demás integrantes del grupo familiar.

Precaución: existen alimentos de muy difícil digestión y causantes de muchos problemas digestivos; por tal razón, no se recomienda su administración a niños menores de un año.
Los más problemáticos son: la leche entera de vaca (leche completa), los cereales y las leguminosas (granos, caraotas). Como puede notar, es práctica corriente pero muy inadecuada, agregar leche de vaca y cereales a la alimentación de niños que aún no han cumplido seis meses. Definitivamente, es muy recomendable diferir el ingreso de tales alimentos a la dieta de un niño hasta que no haya cumplido el año de edad.

 

Falta de apetito

Si quiere que su hijo coma, no le dé leche, aclaramos este concepto, pues la leche, aunque resulta un alimento muy completo, puede ser también muy problemática.

El Sistema Digestivo de un lactante digiere muy bien la Leche Humana, pero a medida que el niño crece, esta capacidad va disminuyendo (y como lo mencionamos anteriormente, va aumentando la capacidad para la digestión de otros alimentos).
La capacidad para digerir leche disminuye de manera progresiva con la edad (y según la raza), hasta el punto de que se pierde totalmente en la mayoría de los adultos asiáticos y solo en un pequeño porcentaje en los caucásicos. Debido a esa disminución de la capacidad para digerir la leche, su procesamiento es más lento y tarda cada vez más en salir del estómago, pudiendo permanecer dentro del mismo hasta ocho y más en preescolares (5-6 años), y mayor tiempo aún en escolares (después de los 7 años). Evidentemente, mientras el niño tenga el estómago lleno, es muy poco probable que quiera más comida. Imagínese entonces lo que ocurre a un Preescolar, quien de por sí come poco, si a primera hora de la mañana se le da a tomar un tetero o un vaso de leche; y luego, a eso de las diez, en el círculo o en el colegio, se le da una merienda que incluye otro vaso de leche. Únicamente aquellos niños con muy buen apetito (más bien glotones), almorzarán completo al llegar a su casa.

La información anterior explica nuestra observación del comienzo, una de las primeras estrategias a seguir con esos niños que comen poco, consiste en lograr que la madre comprenda estos aspectos anteriormente señalados y entienda que su hijo puede estar perfectamente bien alimentado aunque no se tome los tan cacareados tres vasos de leche al día; pero si todavía persiste en darle leche a su niño, déjela para las noches (una hora o más, después de la cena) y nunca se la ofrezca durante la mañana y mucho menos como la primera cosa que ingiera en el día.

La supuesta falta de apetito es debida a que los padres no han sido bien informados acerca de los cambios que su hijo sufrirá en las diferentes etapas del crecimiento:

Del nacimiento a los doce meses, el niño aumenta su masa corporal en más de tres veces, pues de un promedio de 3 Kg. de peso al nacer, pasa a 10 Kg. de peso al año de edad.  Es lógico que tenga muy buen apetito, porque necesita bastante alimento para sostener tal ritmo de crecimiento, por lo que es muy raro ver lactantes con falta de apetito (a menos que estén enfermos).

Desde el año hasta los tres años, el ritmo de crecimiento disminuye tremendamente. Se ganan en promedio de 1,5 a 2 Kg. por año y no 7 a 8 como durante sus primeros doce meses. Evidentemente, se necesita ingerir una cantidad mucho menor de nutrientes, y aquella persona que estaba feliz de ver a su hijo ingerir comida a montones, ahora se desespera al ver que come “como un pajarito”. Ese desespero conlleva a cosas inimaginables para que el niño coma; y la peor de todas, a obligarlo. Se convierte el proceso de la comida en un momento de tensiones y disgustos que disminuyen aun más las pocas ganas de comer que tenía el niño. Según notas de especialistas en el tema: “…cuando hablo de esto con una madre, le sugiero que piense en lo que pasaría con  su  propio  apetito,  si  durante  la  comida,  su  esposo  le “arma  un pleito”,   la  regaña  y  le dice y hace cosas que no le agradan (y la situación se repite en cada comida, todos los días). También me ayuda hacerles el comentario de que el problema de la falta de apetito solo se presenta en familias con suficientes recursos económicos y en las que no falta la comida, pues en familias marginales, con poca disponibilidad de alimentos, la falta de apetito solo aparece cuando el niño está enfermo.”

Conviene también hacer énfasis en que el apetito en niños normales, no es fijo ni constante, sino más bien muy variable e  impredecible*; hay horas o días en que el niño come en abundancia, para pasar luego a días y semanas en que aparentemente “no come nada”.*Ocurre lo mismo con el ritmo de crecimiento (¡¡¡que coincidencia!!!)

Alimentación sana, cuerpo sano.

Una creencia extendida por todo el planeta Tierra y tal vez mas allá: Cuando una persona come alguna cosa y en los minutos u horas que siguen, no presenta vómitos, diarrea o algún malestar abdominal, considera que tal cosa le cayó bien; y que por lo tanto no es dañina ni representa riesgo para la salud (“lo que no mata, engorda”). El mismo concepto se le aplica a los niños, aún a los pequeñitos (si a alguien se le ocurre dar un alimento inapropiado a un bebé de tres meses y este no presentó los síntomas mencionados, se considera que es bueno para el pequeño). En cambio, si a un individuo con sobrepeso, de 45 años, quien sufre de Hipertensión (presión arterial elevada), tiene problemas con el Colesterol y acaba de sufrir un “Principio de Infarto”, le preguntamos si cree que todas las hamburguesas, comida rápida y dulces que ha comido en abundancia desde que era un niño, ¿no le hicieron daño?.. Tiene que ser muy embustero o extremadamente ignorante para decirnos que considera que lo que come no tiene relación con los problemas que sufre (debo aclarar que una persona como la descrita, vivirá diez, veinte o treinta años menos de lo que le correspondía, y en peores condiciones).

Las personas con niños a su cuidado son los encargados de ofrecer un adecuado equilibrio nutricional al seleccionar debidamente su comida. Es por ello que cuando se trata de poner la mesa, sería ideal disponer de una buena variedad de comidas sanas, lo cual les ayuda a comprender que una selección de alimentos saludables es un buen modo de vida. Los alimentos sanos son aquellos que aportan los nutrientes necesarios para un adecuado crecimiento y desarrollo: los vegetales, la leche, los granos, las carnes, las frutas, el huevo, etc. en este caso no se incluyen aquellos bien llamados comida chatarra, los cuales son fuente de sal, presentan en su conformación saborizantes artificiales y químicos, que se acumulan en el organismo causando daños a largo plazo, (los refrescos carbonatados, los instantáneos y las bebidas gaseadas también están incluidos en este grupo), y aquellos que son fuente de grasa animal.

Una vez que se dispone de alimentos sanos, se pueden presentar algunos de ellos a la vez y podemos dejar que sean los niños los que elijan entre esta variedad ofrecida, porque cada uno de ellos tendrá un aporte nutricional diferente.

Guía y recomendaciones para estimular el apetito.

Sirva las comidas y los bocadillos siguiendo un horario fijo. Esto contribuye a la adaptación del organismo, puesto que al servir los alimentos siempre a la misma hora, se acostumbra a activarse el apetito, y al llevar la cuenta de horarios de meriendas y comidas se evita la recarga del sistema digestivo por sobrealimentación, ya que el intestino debe reposar al menos 4 horas. Igualmente, los pequeños van aprendiendo el orden y secuencia de las actividades cotidianas, lo que les brinda una mayor seguridad en su vida posterior.

Prepare a los niños para las comidas. Un aviso de cinco minutos antes de la comida les permite calmarse, y crear el momento propicio para animarlos a lavarse bien las manos (es necesario que los buenos hábitos de higiene sean inculcados desde bien pequeñitos, para prevenir enfermedades) Un niño que está nervioso, agitado o cansado puede tener dificultades en sentarse tranquilo a comer, es necesario hacerles comprender, desde edades tempranas, que el momento de la comida es sagrado y como tal debemos comportarnos.

Haga de las comidas unos momentos agradables. En la hora de la comida los niños aprenden muchas cosas de los mayores cuando todos comen juntos, y el estar reunidos en un ambiente agradable, contribuye a desarrollar buenos hábitos alimenticios, mientras más vean a su familia en la práctica, más pronto se adaptarán y se incentivará aún más el apetito. Resulta muy significativo el hecho de poner la mesa y en el caso de que hablemos de niños un poco más grandecitos, debemos involucrarlos en esta actividad. La hora de la comida no consiste sólo en comer. Se debe ser razonable consumiendo alimentos saludables. Los adultos que llevan un régimen alimenticio inadecuado no pueden esperar que sus niños coman bien.

Enseñe al niño buenas maneras en la mesa. Se debe enseñar el uso correcto de todos los cubiertos, a mezclar adecuadamente los alimentos y se debe animar a que se lleven los alimentos a la boca por sí solos. Conviene asumir responsabilidad y ser flexibles. No resulta preocupante si el niño deja de comer una comida, trate de no sobreactuar y evite los regaños, en el caso de que haga algo mal, alecciónele con cariño, recuerde que se trata de otro proceso de aprendizaje con igual requerimiento de paciencia y repetibilidad.
Ayude con el estímulo al apetito. E1 juego activo, junto con una alimentación adecuada, ayudan a gozar de buena salud. El jugar al aire libre, a la pelota, montar en bicicleta y dar paseos disfrutando de la naturaleza, son actividades sanas y divertidas que, de alguna manera, si hacen sentir bien a los pequeños, pueden llegar a favorecer su estado de ánimo; y por consiguiente, su apetito. Limite el tiempo frente a la pantalla: mirando la televisión, DVD y videos; jugando a juegos electrónicos portátiles y usando la computadora. Intente que no pasen más de dos horas por día frente a una pantalla, sin contar el uso de la computadora para realizar la tarea escolar.

La presentación de las comidas. Siempre que sea posible se debe disponer de una variedad de colores y texturas agradables a la vista: las ensaladas rojas, verdes, las viandas hervidas presentadas en porciones pequeñas, pueden hacerse cortes de las mismas en formas de triángulo, etc.

Prueba de nuevos alimentos y vuelve a los que no suministras desde hace tiempo: algunos alimentos, como las verduras de hojas verdes, resultan más agradables para los niños a medida que crecen.

La hora de la comida no debe ser una lucha. Los alimentos deberían emplearse como tales, no como premio o castigo. A la larga, el sobornar con comida crea usualmente más problemas de los que resuelve. Permita al niño que coma lo que quiera si se trata de un alimento sano. Ofrézcale otros alimentos en cada comida. Recuerde que se debe comer para alimentarse, llegar a los excesos puede hacerlo sentir incómodo y, después de un tiempo, llegar a adquirir un sobrepeso no sano. El agua es la bebida primordialmente más necesaria. Alrededor de 800 mililitros por día, para edades entre 6 y 8 años, y 1300 mililitros a partir de los 9 años.

Las meriendas:

Preparar meriendas para los niños es una tarea ardua, sobre todo para los más pequeños que, al compararlos con los de edad escolar, que ya pueden participar en la elaboración y empacado de la misma, ellos no escogen lo que desean comer. Súmesele a esta labor todos los contratiempos, carencias y necesidades cotidianas a las que estamos sujetos aquellos que tenemos esta responsabilidad. Muchas veces acudimos a comprar algo ya elaborado y a veces caemos en deficiencias o recaemos en la comida chatarra, que de manera estratégica siempre es tan apetitosamente bien presentada por sus fabricantes, para lograr una mejor aceptabilidad del producto y una buena venta. Es muy posible que si buscamos un lápiz y sacamos cuentas, resulta más económico sustituir algunos de estos alimentos por frutas (cuando están a disposición en el mercado), o por algunos alimentos elaborados en casa que tengan buen aporte energético o proteico como los dulces caseros, las croquetas, etc.

Según los expertos en nutrición, el tiempo de la merienda no tiene que ser largo, 10 minutos es suficiente, para los que están en edad escolar se debe tener en cuenta que el niño en el recreo lo menos que piensa es en comer, pero debe enseñárseles que, sentarse a comer una comida o merienda puede prevenir asfixia o derrames.

Se afirma además, que en cualquiera de los casos, “las meriendas deben tener cierto equilibrio nutricional, las cuales deben incluir al menos dos componentes de los siguientes cuatro: Una porción de leche líquida o algún lácteo (como el yogur o el queso). Una porción de carne o un alternativo a la carne, (como el jamón, el salami, el perrito o cualquier embutido bajo en grasa u otro preparado en casa: croqueta, hamburguesa, usando preferiblemente para su elaboración grasa vegetal). Una porción de verdura(s) o fruta(s) cortadas en pequeños bocados para facilitarle al niño su consumo, (especialmente los más pequeñitos) o presentadas en jugos sin diluir. Una porción de pan y/o cereal de grano entero o enriquecido, (hojuelas de maíz, palomitas, galletas simples o enriquecidas como las de avena, etc).” El agua siempre se recomienda como una bebida adicional o empleada también en sustitución de los refrescos y jugos; ya que a pesar de no ser parte de los requerimientos alimenticios es muy importante para evitar la deshidratación causada por el juego y las carreras.

Las porciones:

Al preparar las meriendas para niños pequeños piense en el tamaño de la porción. En este caso, los niños pequeños comen porciones pequeñas; y para aquellos productos que se deben elaborar siguiendo las indicaciones del fabricante, el tamaño de la porción en la etiqueta del producto es una buena guía a tomar en cuenta. En todo caso, mida las meriendas para evitar que sus niños coman de más o dejen alimento, lo que seria perdida de tiempo y dinero. Si se deja la merienda en el envase en que viene, por lo general, comerá más de la cuenta. Si come más merienda de la que debe, pueden llegar a ganar sobre peso, trayendo consigo cambios indeseables en su metabolismo: obesidad, presión arterial alta, o trastornos del sistema endocrino; por ello se recomienda que disponga la merienda en un contenedor con tapa para poderle dar las porciones correctas o la cantidad adecuada. No se debe perder de vista que se trata de una merienda, un aperitivo, no una comida completa.

Nota sobre las Etiquetas:

Dentro del mercado existen muchos alimentos ya listos para comer, o simplemente que nos ayudan a preparar meriendas nutritivas, y es muy importante que aprendamos a leer las etiquetas. Hoy todos los alimentos empaquetados o enlatados traen la información necesaria sobre sus ingredientes y el contenido nutritivo, lo que nos facilita una mejor elección de los mismos. 

Generalmente esta etiqueta se distingue por el nombre Nutrition Facts o Información sobre nutrición, ellas le dirán qué contiene realmente el producto; siempre está impresa a un lado o al dorso del empaque. Los ingredientes aparecen enlistados según la cantidad o porcentaje de este nutriente en el alimento empacado. El ingrediente que pesa más es el primero en la lista, y el ingrediente que pesa menos es el último. Cuando la lista de ingredientes es muy larga, el producto, por lo general, se compone principalmente de los primeros dos o tres ingredientes. Fíjese si es jugo de fruta o bebida con sabor a fruta, no es lo mismo. Un envase de jugo que dice 100% juice (100% jugo) contiene solamente jugo de fruta y tendrá los mismos nutrientes que la fruta. Las bebidas con sabor a fruta contienen principalmente azúcar, agua y menos de un 10 por ciento de jugo. Puede que tengan un refuerzo de vitaminas importantes, pero carecen de los nutrientes formadores de las frutas. Aunque algunos digan que suenan saludables o parecen ser frutas naturales, en realidad son dulces hechos mayormente de azúcar junto con algo de concentrado de jugo de fruta. Por eso es importante leer las etiquetas y no dejarse llevar por productos con nombres altisonantes o meriendas saludables. La salud de su hijo bien merece algunos minutos en dedicarse a leer las etiquetas.

Ración recomendada según la merienda:

Galletitas y leche: de dos a tres galletitas y una taza de leche.
Yogurt: no sobrepasar una medida de seis a ocho onzas.
Queso y jugo: un pedazo de queso y una taza de jugo.
Pan con aditivos de carne: sería ½ emparedado.
Palomitas de maíz: no exceder las 3 tazas.
Huevo hervido: una unidad.
Bizcocho (panetela): 1 pedazo pequeño.
Zanahorias: ½ taza.
Frutas: 1 pedazo de porciones pequeñas que se puede rociar con miel, según convenga.
Panecillo dulce pequeño: 1 unidad.
Pudín: ½ taza.
Pan: 1 tostada.
Sopa: 1 taza.
Galletas: 2 galletas integrales, de soda o simple.
Chocolate caliente o frío: 1 taza.
Maní: ¼ taza, o ½ tableta.
1 tortilla o un servicio pequeño de los sobrantes de la comida anterior.

 

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