Amor y Vida
Publicación Trimestral del Movimiento Familiar Cristiano
Arquidiócesis de la Habana

Tercer trimestre 2012

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Perdón y reconciliación

“No hago el bien que quiero y hago el mal que no quiero”.
Rom 7, 15

Por ANA MARÍA BALDRICH y RUBÉN GRAVIÉ
Presidentes del MFC

Hace unos pocos meses acabamos  de vivir una experiencia enriquecedora. El recorrido de la Virgen Mambisa,  nos hizo darnos cuenta, una vez más, y de manera muy especial, que María de la Caridad del Cobre es la Madre de todos los cubanos, que es venerada con un cariño profundo y que todos sus hijos acuden a ella en busca de consuelo, amparo y protección.

Este año es un año de Gracia, de perdón de los pecados y de sus consecuencias, año de reconciliación de conversión. Año de alegría, interior y exterior, Año Jubilar para la Iglesia en Cuba y para nuestro pueblo porque celebramos los 400 años de su hallazgo y presencia de su bendita imagen entre nosotros, acompañándonos en nuestro caminar a través de nuestra historia, a veces agitada y convulsa… siempre mostrándonos y guiándonos a Aquel que es fuente de todo bien, Él que es Camino, Verdad y Vida.

La importancia de la familia para la persona, la Iglesia y la sociedad, es algo que no tiene discusión. Si en el mundo de hoy, incluida nuestra sociedad, existen problemas de todo tipo a nivel  educacional, político, económico, es porque, en buena medida, los hombres y mujeres  que la componen están heridos por problemas graves de disfuncionalidad o desintegración de sus familias.

Todos sabemos que la familia debe brotar del amor verdadero entre un hombre y una mujer, y que los hijos que vienen a ella, deben ser el fruto de ese amor, que por ser verdadero, es fiel y para siempre. Nada hay más sólido, más importante y capaz de hacernos felices que el amor, porque Dios es Amor.
Para que los cónyuges crezcan como personas y cristianos en su unión matrimonial, y conviertan a su familia en la mejor escuela para la formación y educación de sus hijos, uno de los factores que tienen que ver con ello, es la práctica del perdón. El lenguaje del perdón y la reconciliación es decisivo para resolver los conflictos en el matrimonio y la familia, porque perdonar es una forma muy concreta de amar.

Perdonar y saber pedir perdón, no siempre es fácil. En el ser humano son frecuentes las dicotomías entre la razón y el corazón, entre la mente y los afectos. Muchas veces estamos convencidos a nivel mental de la necesidad de perdonar y reconciliarnos con aquellos que nos han herido y, sin embargo, sentimos que a nivel afectivo nos cuesta mucho dar ese paso.

Lastimar y ser lastimados. Perdonar y ser perdonados. Es experiencia común y, a la vez, necesidad de toda persona. Es parte de la vida de cada ser humano decidir qué hacer con el mal recibido, pero es también terreno compartido la necesidad de ser perdonados, de establecer un proceso de reconciliación con aquellos a los que, muchas veces sin intención, hemos dañado.

El perdón es una necesidad. La ausencia del perdón nos conduce a cuatro situaciones que no son ni funcionales ni sanas: Perpetuar en nosotros y en los demás las injurias recibidas, vivir en constante resentimiento, mantenerse preso en el pasado y lo peor, la venganza que es una respuesta instintiva de desquite, pero es una trampa porque no provoca un sentimiento de armonía y paz.

Todo proceso de perdón y reconciliación empieza por perdonarnos y reconciliarnos con nosotros mismos, porque a veces nos culpamos de muchas cosas que pasan a nuestro alrededor: juzgamos severamente nuestros errores, nos atormentamos por lo que hicimos o dejamos de hacer, amistades rotas… y nos quedamos estancados en el pasado, sin poder avanzar, negándonos la oportunidad de empezar de nuevo, liberarnos, restaurar, renovar…

Para encontrar la paz del alma y la felicidad hace falta, perdonar también a los demás, sobre todo a aquellos más cercanos y queridos: la palabra que dolió, la traición que te golpeó, la omisión, la indiferencia…

Perdonar al otro es liberarnos de sentimientos que causan mucho más dolor porque nos encasillan en sucesos que ya pasaron, en tormentas que ya quedaron atrás, que quizás se llevaron parte de lo mejor de nosotros mismos, pero no se lo llevaron todo; mientras sigamos viviendo tenemos la oportunidad de restaurar lo que está destruido, renovar el corazón herido devolviéndole la paz y la fe que quizás habíamos perdido.

El aprender a perdonar nace de la experiencia que tengamos del Dios vivo en nuestra vida. Él nos enseñó a perdonar, saldando El mismo todas nuestras deudas, liberándonos de nuestras culpas, regalándonos la nueva vida en el amor que a diario nos manifiesta, en esa Cruz que más que condenarnos nos redime y nos libera.

Que nuestra Madre, María de la Caridad del Cobre, interceda ante su Hijo por nosotros para que nos perdone errores y ofensas cometidos contra El, contra nosotros mismos y contra los que nos rodean, y nos conceda la fortaleza y la humildad necesarias para que seamos capaces de perdonar a los que nos han ofendido y empezar de nuevo, y amar de tal manera que el por el perdón restauremos nuestra vida llenándola de paz, felicidad, optimismo y esperanza.

Que así sea.

 

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Cuba, cuida a tus familias para que conserves sano tu corazón
Beato Juan Pablo II

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