Amor y Vida
Publicación Trimestral del Movimiento Familiar Cristiano
Arquidiócesis de la Habana

Tercer trimestre 2012

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Una novela sobre la paternidad

Por MARÍA DEL CARMEN MUZIO

 

 

A  la magistral pluma del escritor francés Honorato de Balzac (1799-1850) pertenece la novela Papá Goriot. Concebida dentro del gran fresco de la sociedad francesa en la época de la Restauración Borbónica, cuando los banqueros dominaban la economía y la clase burguesa se encontraba en amplio ascenso, con la creación de personajes inolvidables, típicos de su tiempo, constituye una disección sobre los errores y dolores que conlleva la paternidad cuando esta no es ejercida sólidamente.

Balzac tituló Comedia Humana a una serie de obras en las que reflejó, con espíritu crítico, el devenir histórico de su tiempo. Sin embargo, su profundización en los caracteres humanos es tan incisiva, que logró arquetipos universales, como el avaro padre de Eugenia Grandet, los ambiciosos de La piel de Onagro o de Las ilusiones perdidas, hasta recrear una galería de personajes universales. A Balzac se le ha llamado “el novelista del dinero” por el lugar casi protagónico de este dentro de sus tramas, según la carencia o abundancia del mismo.

Papá Goriot constituye una de sus obras más famosas, las que alcanzaron la cifra de más de noventa, durante los cincuenta años de su existencia. La historia se centra en un comerciante de fideos enriquecido, cuyo apellido da título a la novela, quien vive en una modesta pensión. En esta sobreviven disímiles figuras: la señora Vauquer, dueña de la casa, viuda pobre que vive del alquiler de las habitaciones; Vautrin, hombre de mundo y ex recluso; empleados y estudiantes pobres, y a la que llega Eugenio de Ratignac, joven noble de provincias, con el afán de estudiar leyes y el interés de ubicarse dentro de las clases altas de París.

La diversión de los huéspedes son las burlas al anciano Goriot, al que todos nombran como pere (papá).  Goriot vive sobriamente, centrado en ver feliz a sus dos hijas, Anastasie y Delphine, a las que logró, mediante sus dotes, casar con hombres acaudalados de la aristocracia. Sin embargo, estas viven sumergidas en los lujos y riquezas que deben aparentar, infieles y livianas en su pensar y su actuación, incapaces de recibir en sus mansiones a su padre delante de sus amistades, para sólo acordarse de él cuando, por deudas contraídas, necesitan urgentemente dinero.

Al involucrarse Rastignac sentimentalmente con una de ellas, Delphine, se estrechan los lazos de amistad con Goriot, cuyo cuarto queda aledaño al suyo. De esta forma, Rastignac es testigo de los sacrificios que hace el padre por ayudar a sus hijas, quien hasta llega a vender sus cubiertos de plata y empeñar la poca renta que le queda para subsistir sus últimos años, con tal de que ellas puedan asistir engalanadas a un aristocrático baile.

Al caer Goriot gravemente enfermo, ni dinero para las medicinas posee, y junto con Bianchon, un estudiante de medicina, amigo de Rastignac, lo cuidan a la cabecera de su cama. Las frívolas hijas no le dan importancia a la enfermedad del padre aquella noche, y a pesar de ser avisadas por este último, deciden marchar al baile.

Las palabras que pronuncia Goriot en su delirio último son dramáticas y esclarecedoras: “No quisiera morir para no hacerlas llorar. Morir, mi querido Eugene, es no volver a verlas. (…) Para un padre, el infierno es encontrarse sin los hijos.”

Otras expresiones importantes Balzac pone en boca del moribundo: “Hay que morir para saber lo que son los hijos”; “Con dinero se tiene todo, hasta hijas”; “Mis hijas tienen corazón de piedra”; “Ya he expiado el pecado de haberlas querido demasiado”; “Volví a ellas como un jugador vuelve a la sala de juego. Mis hijas, eso era mi único vicio”.

Y una de sus últimas cavilaciones representa una enseñanza capital, cuando advierte que: “La patria perecerá si los padres son tratados a patadas. La sociedad, el mundo entero, gira alrededor de la paternidad, y todo se derrumbará si los hijos no aman a sus padres”.

En un final melodramático, ya perdida la conciencia, Goriot confunde las cabezas cercanas de los dos jóvenes estudiantes con las de sus hijas, y las agarra para murmurar feliz, “!Ah, ángeles míos”! De esta forma, muere en la engañosa creencia de que están a su lado. Balzac nos ofrece con la creación de este personaje la situación de un padre que, complaciendo a sus hijas en todos sus caprichos, educándolas en la certeza de la importancia del dinero, únicamente ha logrado que lo desprecien.

En vez de una vejez tranquila, rodeado de cariño, ha muerto solo y pobre. Rastignac ha vendido su costoso reloj para que el anciano pueda al menos tener un sepelio modesto. Al entierro sólo asiste el joven estudiante junto al sacerdote, ya que las hijas se limitan a enviar sus coches con sus blasones y criados.

Si la lectura de Papá Goriot nos entristece ante la agonía de un padre, también nos muestra la importancia de la educación de los hijos, porque de ellos depende, en gran medida, el futuro.

 

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Beato Juan Pablo II

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