Amor y Vida
Publicación Trimestral del Movimiento Familiar Cristiano
Arquidiócesis de la Habana

Cuarto trimestre 2010

Resolución 1024 X 768


Problemas de comunicación y lenguaje en la tercera edad
Por ELISA GARCÍA GONZÁLEZ

 

A lo largo de la historia, el estudio sobre los principales problemas del lenguaje que afectan a los adultos mayores se ha centrado en patologías como la afasia o la demencia relacionadas con alteraciones neurológicas. Sin embargo, con el paso de lo años es irreversible el deterioro físico y cognitivo en los seres humanos, a lo cual se añade el deterioro de las capacidades comunicativas, que puede afectar a los ancianos sanos sin que padezcan una patología determinada.

Con la edad, pues, se presentan problemas relacionados con los aspectos perceptivo-motrices del lenguaje como son la audición, el habla y la voz, pero también con aspectos propiamente lingüísticos que conciernen a los cuatro niveles de la lengua (fonético-fonológico, morfológico, léxico y sintáctico) y que afectan la comunicación verbal de la persona. Así comienzan a surgir problemas relacionados con la facilidad de palabra, la repetición de las mismas, su orden sintáctico, la capacidad de comprender y emitir oraciones complejas, así como el manejo de diversas formas de discurso.

Se evidencia una dificultad para encontrar sustantivos que nombran objetos y, sobre todo, a personas; también una demora en encontrar el vocablo preciso cuando se habla sobre cualquier tema por tenerlo “en la punta de la lengua”, lo cual provoca entonces un mayor uso de rodeos o perífrasis en la narración y una tardanza en reaccionar o responder ante determinados enunciados.

Otros problemas son la dificultad para comprender y contar correctamente textos orales o escritos, pues se pierde con facilidad el hilo conductor o se omiten detalles de los mismos. Y es que en todos estos procesos se hace necesaria la memoria operativa, la cual va en detrimento con el tiempo. Mientras más complejos son los textos es necesaria una mayor atención por parte del anciano, un mayor proceso de selección del flujo de información, así como una mejor y detallada organización de cada una de las estructuras que van conformando el texto (palabras, sintagmas y oraciones).

Se ha comprobado que no se producen alteraciones en la recepción de los mensajes simples o interpretación de los conceptos, aunque la demora en las respuestas nos puede hacer pensar que sí. Tampoco existen dificultades en la pronunciación de las palabras, es decir, que las complicaciones principales ocurren a la hora de hacer corresponder el contenido semántico de cada palabra o lexema con su expresión fonológica.

Por eso en la atención a los ancianos se hace necesario no sólo utilizar ejercicios para mejorar sus capacidades motrices, sino también para evitar y corregir lo más posible el deterioro lingüístico, solicitando la ayuda de diversas disciplinas como la neurología, la psicología y la lingüística. En primer lugar, se debe proporcionar que se realicen diversas actividades creativas y se tomen decisiones propias; asimismo, deben ampliarse las posibilidades de comunicación, es decir, que la familia debe proporcionarle al anciano nuevos temas de conversación y cambiar de vez en cuando de interlocutores para evitar caer en la rutina.

Conviene enriquecer su vida social proporcionándole su incorporación a grupos de formación´o terapia ocupacional como círculos de abuelos, talleres de manualidades... y así aumentar su comunicación y sus relaciones, pues recordemos que las posibilidades de comunicación disminuyen con la jubilación. Una vez que participe en estos espacios, el organizador debe hacer énfasis en lo novedoso del vocabulario técnico utilizado, hacer que reproduzca el discurso dado por él para realizar la actividad, además de que exprese sus aspiraciones y expectativas en el grupo.

Se deben efectuar ejercicios propiamente lingüísticos que se apoyen en las capacidades que no están afectadas; por ejemplo: proporcionar la búsqueda oral o escrita de sinónimos y antónimos de una palabra dada por el animador, propiciar la redacción de pequeños textos escritos que narren algún acontecimiento, buscar todas las palabras posibles que comiencen con una sílaba determinada, hacer corresponder cada vocablo con su definición del diccionario, construir oraciones con palabras suministradas y después tratar de expresar la misma idea con palabras diferentes y crear historias a partir de imágenes.

Existen problemas del lenguaje que afectan a personas ya no sólo de la tercera edad, pero que tienen un alto porcentaje de incidencia en esa etapa de la vida y que se relacionan con lo que conocemos como afasia. Esta es un desorden del lenguaje producido por daños en el área del cerebro que controla la comprensión y expresión lingüística, así como la lectura y la escritura.

Se habla de dos tipos de afasia: expresiva, que afecta al lenguaje hablado, y receptiva, que influye en la interpretación del lenguaje. En la primera afasia el enfermo se queda sin habla, pero no sufre alteraciones de la inteligencia; puede ocurrir que el lenguaje quede limitado a una sola palabra o a una vocal. En la segunda, tiene lugar una pérdida de la comprensión del lenguaje hablado o escrito. El enfermo habla, pero no coordina las palabras o los sonidos; oye, pero no comprende las palabras que le dirigen; ve las letras, pero es incapaz de leer y escribir.

Las afasias son producidas, generalmente, por accidentes cerebrovasculares, así como pueden existir causas degenerativas demenciales como Alzheimer, Pick u otras. Hasta no hace mucho tiempo se consideraba que la afasia era una enfermedad propia de la tercera edad; sin embargo, como resultado de los avances científicos se considera una patología con posibilidades de manifestarse a cualquier edad y momento. También puede ocurrir generalmente luego de sufrir una isquemia, que consiste en un accidente cerebrovascular, en el cual el flujo sanguíneo que va al cerebro es momentáneamente interrumpido, pero restaurado rápidamente.

En esas circunstancias, la capacidad del lenguaje puede regresar en unos pocos días o un mes después de la lesión cerebral, aunque siempre quedarán secuelas del desorden. De manera que pueden aparecer dificultades en el reconocimiento de objetos inanimados a través del tacto o la vista. El objeto pierde significación y no aciertan a denominarlo, (pueden, por ejemplo, utilizar un peine como cepillo de dientes). También puede suceder que a un familiar no lo reconozcan por la cara y sí por la voz o que no sepan distinguir los ruidos de un auto, un tren...

Ya sean provocados por causas naturales de envejecimiento o por patologías determinadas, los trastornos del lenguaje en la tercera edad pueden ser mejorados si la familia sigue con paciencia, oración y mucho amor los siguientes consejos:

- No se debe excluir al anciano de ninguna de las conversaciones sostenidas en el hogar.
- Propiciar cualquier tipo de comunicación, ya sea hablada, gesticulada, señalada, escrita o dibujada.
- Reducir las distracciones, tales como un radio ruidoso o el televisor, siempre que sea posible.
- Simplificar el lenguaje mediante oraciones cortas y exentas de complejidad.
- No hablarle como si fuera un niño; todo lo contrario, mantener siempre una conversación natural y apropiada para un adulto.
- Si no entendiera algunas palabras es preciso repetírselas o escribírselas, explicándole su significado si fuera necesario.
- Solicitarle su opinión, especialmente con respecto a los asuntos familiares.
- No corregirle su expresión.
- Proporcionarle todo el tiempo que necesite para expresarse sin dar muestras de impaciencia o cansancio.
- Apoyar su participación en grupos fuera de la casa con el propósito de ampliar sus posibilidades de expresión.

 

Bibliografía:
- Juncos Rabadán, Onésimo. Lenguaje y envejecimiento. Una aproximación cognitiva, en Cognitiva, No. 6. pp. 198-211, 1994.
- http://www.nidcd.nih.gov/health/spanish/aphasia_span.asp
- http://es.wikipedia.org/wiki/Afasia
- http://www.profesorenlinea.cl

 

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