Amor y Vida
Publicación Trimestral del Movimiento Familiar Cristiano
Arquidiócesis de la Habana

Cuarto trimestre 2010

Resolución 1024 X 768


Que el Señor nos brinde esperanza, paz y alegría
Por ANA MARÍA BALDRICH
RUBÉN GRAVIÉ
Presidentes del MFC

Ya cercana la Navidad les saludamos y felicitamos deseándoles que el Dios Omnipotente, que por amor a los hombres se despoja de toda su divinidad haciéndose hombre en la fragilidad de un pequeño niño, los colme de bendiciones, proporcionándoles esperanza, paz y alegría.

Las escenas navideñas nos presentan su nacimiento en un rústico establo de Belén, envuelto en pañales y acostado en un pesebre rodeado del amor de María y José y de los pastores que han venido a adorarlo.
Miremos el pesebre. José y María no parecen una familia afortunada, pues han concebido al niño en medio de grandes dificultades; sin embargo, están llenos de profunda alegría porque se aman, se ayudan y, sobre todo, porque en su vida se encuentra la obra de Dios, que se ha hecho presente en el niño Jesús.

¿Y los pastores? ¿Qué motivo tienen para alegrarse? El niño no cambiará realmente su condición de pobres y marginados, pero la fe les ayuda a reconocer, en Él, el signo del cumplimiento de las promesas de Dios para con todos los hombres.

En lo anterior consiste la verdadera alegría y el sereno optimismo del cristiano; en sentir que su vida personal y familiar está acompañada y auxiliada por el amor de Dios. Para ser felices no sólo necesitamos bienes materiales, sino el amor y la verdad; necesitamos a Dios cercano para que nos hable al corazón y dé respuesta a nuestros más profundos anhelos.

Recordemos también las palabras que el papa Benedicto XVI dirigía a Roma y al mundo el 25 de diciembre de 2005: “En Navidad, el Omnipotente se hace niño y pide ayuda y protección; su modo de ser Dios pone en crisis nuestro modo de ser hombres; llamando a nuestra puerta nos interpela, interpela nuestra libertad y nos pide que revisemos nuestra relación con la vida y nuestro modo de concebirla”.

En este Adviento, a la luz de la próxima Navidad, revisemos el uso que hemos hecho de la libertad que Dios nos concedió al crearnos a su imagen y semejanza; libertad que llega, incluso, a excluirlo de nuestra vida. Revisemos nuestra manera de ser personas, nuestra relación con los integrantes de la familia y con las demás personas que nos rodean; revisemos, además, qué lugar ocupan la búsqueda de bienes materiales y posiciones sociales en nuestro diario vivir y, por supuesto, la relación con el propio Dios y la manera de cumplir sus mandamientos.

Esforcémonos, finalmente, por redescubrir el estilo de sencillez y humildad que nos ofrece Dios al hacerse uno de nosotros; empeñémonos en ser mejores seguidores y discípulos del Señor que de nuevo quiere nacer entre nosotros para proporcionarnos esa alegría, esa esperanza y esa paz que tanto necesitamos.


¡Feliz Navidad, familia!


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Cuba, cuida a tus familias para que conserves sano tu corazón
Juan Pablo II

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