Amor y Vida
Publicación Trimestral del Movimiento Familiar Cristiano
Arquidiócesis de la Habana

Cuarto trimestre 2010

Resolución 1024 X 768


Familia y Doctrina Social de la Iglesia (I)

COMUNIDAD DE VIDA Y AMOR
Por LÁZARO LORENCIS MORENO

El tema de la familia es objeto de múltiples enfoques según el prisma con que se mire; tanto es así que, en la actualidad, existen diversas corrientes de pensamiento que argumentan sus opiniones de acuerdo con el punto de vista ideológico, la perspectiva de género, la visión racial, las condiciones culturales y religiosas o el estatus económico-social.

En ese orden de cosas resulta evidente que quien está recibiendo las más crudas andanadas es la familia, por lo que la Iglesia no deja de llamar la atención –siempre lo ha hecho- acerca de tan delicado y trascendental asunto, esgrimiendo desde la fe y con la fe, los argumentos que ofrece su doctrina social.

Me parece, por tanto, muy necesario que empiece por exponer que La Doctrina Social de la Iglesia (DSI) es un conjunto de principios permanentes de reflexión o discernimiento que constituyen el basamento de la enseñanza social católica. Estos nos llevan a establecer unos criterios para el juicio y las consiguientes líneas para la acción.
El primero de estos principios es la dignidad de la persona humana, en el que encuentra fundamento, y es de obligada referencia, cualquier otro contenido de la DSI; en ese mismo orden tenemos los principios del bien común, del destino universal de los bienes, de subsidiaridad y solidaridad. Todos tienen carácter general referente a la realidad social, y abarcan las relaciones interpersonales más inmediatas en las que median la política, la economía, el derecho… y las que existen entre comunidades y grupos hasta las que relacionan a pueblos y naciones.

Por su permanencia en el tiempo y su universalidad, la dignidad de la persona es el primer y esencial parámetro para valorar los fenómenos sociales de los que se deducen los criterios de juicio y sirve como guía para la acción social en todos sus aspectos.

Veamos, en síntesis, cada uno de ellos.

El bien común

Por bien común se entiende el “conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más fácil y más pleno de la propia perfección”. (Concilio Vaticano II, Constitución Pastoral Gaudium et spes. 26: AAS 58 (1966)-(1046).

El bien común no es una suma de bienes particulares de cada uno de los sujetos del cuerpo social. Es común porque es de todos y solamente juntos es posible alcanzarlo, acrecentarlo y custodiarlo para hoy y el futuro.
Sus exigencias se derivan de “las condiciones sociales de cada época y están estrechamente ligadas al respeto y promoción integral de la persona y sus derechos fundamentales”. (Catecismo de la Iglesia Católica, 1907).

El destino universal de los bienes

Es una implicación del bien común que nos subraya el derecho de la persona a los bienes materiales que respondan a sus necesidades, en tanto que condición básica para su existencia y desarrollo, y de los que no puede hacer dejación sin comprometer la vida propia o la ajena.

Subsidiariedad

De acuerdo con este principio, toda entidad de orden superior debe asumir una actitud de ayuda y servicio respecto a las sociedades de orden menor en interés de proteger a las personas de los abusos de las instancias superiores, por lo que deben promover y favorecer la ayuda a los particulares y cuerpos intermedios para desarrollar y cumplir sus tareas.

Consecuencia de este principio es la participación, la cual no debe ser restringida a determinado espacio particular de la vida social, para que así la gestión pública sea resultado de la corresponsabilidad respecto al bien común.

Solidaridad

Tan traída y llevada en nuestros días, expresa, como principio de la DSI, la exigencia de que se reconozca el espacio ofrecido a la libertad humana para ocuparse del crecimiento común y compartirlo con todos. La solidaridad es un principio social, pero, a su vez, es una virtud moral.

Debo agregar que, en consonancia con estos principios, se entrelazan un conjunto de valores que favorecen y elevan la dignidad de la persona; ellos son: la verdad, que debe ser siempre respetada y testimoniada con responsabilidad; la libertad, signo de la imagen divina y de la alta dignidad de cada uno; la justicia, determinada por la voluntad de reconocer al otro sus derechos y valores y, finalmente, la caridad, de cuya fuente interna nacen y se desarrollan los valores antes mencionados.

Así pues, se puede responder qué es la familia para la Doctrina Social de la Iglesia.
Iluminada por la Palabra y en consonancia con los principios antes expresados, la DSI asume a la familia como la primera sociedad natural, portadora de derechos propios y originarios, situándola como centro de la vida social.

Por línea general, constituciones y legislaciones de diversos Estados denominan a la institución familiar –no sin razón- como la célula fundamental de la sociedad. Para la DSI, la familia no es solo “la célula primera y vital de la sociedad” (Cf. Conc. Vat II, Decreto Apostolicam actuositatem, AAS 58 (1966)-(848), sino también, y muy especialmente, comunidad de vida y amor donde la pareja –hombre y mujer- está llamada a ser “la expresión primera de la comunión de la persona humana” (Cf. Conc. Vat II, Constitución apostólica Gaudium et spes, 12: AAS 58 (1966)-(1034).

De esta forma, es en la familia donde comienzan a concretarse los principios del respeto a la dignidad humana y se entronizan los valores que nutren a los miembros de la sociedad. La familia es, en resumen, la primera sociedad humana.

Todo el entramado social, sus instituciones civiles, culturales, laborales, así como los mecanismos creados que supuestamente se empeñan en el desarrollo y crecimiento de la convivencia social del ser humano, tienen como centro y referencia a esta primera sociedad humana.

De ahí que la familia precede a las funciones del Estado y este y la sociedad en su conjunto deben desempeñarse a favor de los derechos inviolables que legitiman la naturaleza humana y no en el reconocimiento legal del Estado. La familia es anterior al Estado y a la sociedad; vale la pena recalcarlo: es la primera sociedad humana.
Al respecto, y cito las sabias palabras de Juan Pablo II en su Carta a las familias, relegar a estas “a un papel subalterno y secundario significa causar grave daño al auténtico crecimiento del cuerpo social”.

De este criterio se infiere, es válido reiterarlo, que la familia no está en función del Estado y de la sociedad, sino que estos son los que deben estar en función de aquella; por ello es que el Estado tiene la obligación de atenerse y cumplir sin cortapisas el principio de subsidiariedad.

Para que esta comunidad de vida y amor, que es la familia, pueda formar al ser humano que la integra en la plenitud de su dignidad, y cumpla con la función insustituible de ser portadora y transmisora de valores espirituales, éticos, cívicos y contribuya de modo eficaz al crecimiento y custodia del bien común, debe considerarse y erigirse como “la primera escuela de virtudes sociales de las que toda sociedad tiene necesidad”, (Cf. Juan Pablo II, Exh. Apost. Familiaris consortio, 37: AAS 74 (1982)-(127-129).

Por consiguiente, la DSI enseña que son los padres los primeros, aunque no los únicos, educadores de sus hijos, en razón de lo cual deben establecer una ingente y sólida relación con quienes tienen el deber profesional de instruirlos, asistiéndoles, además, el derecho de elegir los instrumentos propios que favorezcan la educación de acuerdo con sus convicciones, sin la injerencia de otros, salvo en casos de evidentes actos que laceren la dignidad de la persona.

Las autoridades, pues, tienen el deber de promover y garantizar esos derechos, facilitando la relación y colaboración entre la familia y la institución escolar en todos sus aspectos y necesidades.

Cuando la autoridad asume, en exclusiva, la educación e instrucción en aras de mantener la ideología sustentadora del poder adquirido, extralimita sus funciones y derechos, pues entorpece y limita la responsabilidad de los actores sociales, conculca la justicia y pone en grave riesgo el desarrollo de la persona.


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Cuba, cuida a tus familias para que conserves sano tu corazón
Juan Pablo II

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