Amor y Vida
Publicación Trimestral del Movimiento Familiar Cristiano
Arquidiócesis de la Habana

Cuarto trimestre 2011

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EL EMPLEO
un problema de la actividad económica.

Por Jesús Mesa Oramas


Transcurre el mes de diciembre de 1935. Dos años antes el mundo había sido sacudido por la denominada Gran Depresión de los 30. Su adverso impacto sobre las familias, motivada por la reducción en el empleo, se encontraba fresco en la mente de todos.

En ese contexto, un economista inglés, John Maynard Keynes, publica su libro Teoría General de la Ocupación, el Interés y el Dinero en el cual no resulta casual que la primera referencia sea al nivel de ocupación (el empleo).

De igual forma, tampoco es fortuito que desde 1933, en las Políticas Macroeconómicas y los modelos teóricos que la sustentan, ocupe un rol protagónico el problema del empleo, como signo del bienestar social y familiar.

De todo lo expuesto se evidencia porqué hoy día este tema vuelve a la cotidianidad noticiosa, con el comienzo de la Crisis Global en el 2008 y por ello, el Índice de Desempleo (comportamiento y pronóstico) se menciona reiteradamente, así como las acciones para su reducción.

Sin embargo, ambas informaciones no siempre se exponen acompañadas de los matices requeridos, para facilitar la cabal comprensión de la situación y la formación de una opinión fundada, por parte del público no especializado. En ese sentido pueden señalarse varios temas de interés, para lo cual puede utilizarse como punto de partida las clasificaciones teóricas del desempleo.

Una primera categoría corresponde al caso cuando hay trabajo en correspondencia con la competencia de la persona y ésta no lo acepta, por que considera insuficiente su remuneración o cualquier otro motivo. En este caso se dice que se trata de un Desempleo Voluntario. La investigación de sus causas constituye una herramienta para el gobierno, pues proporciona información acerca de las expectativas sociales respecto al poder de compra de la moneda.

Otro tipo de desempleo es el denominado Desempleo Friccional. Este se hace presente cuando una persona cambia de ocupación (tiempo que transcurre entre la culminación de un empleo y el comienzo de otro), ocurren fluctuaciones «breves» en la demanda de fuerza de trabajo debido a catástrofes u otras causas. Al igual que la categoría precedente, la investigación de sus causas es de interés para el gobierno. En este caso, el beneficio radica en dos aspectos. Primero, conocer las dificultades del proceso de movimiento de la fuerza de trabajo; segundo, permite identificar hacia dónde se dirige el flujo de la mano de obra, que puede considerarse como un indicador de las expectativas futuras que existen en la sociedad.

No obstante, de todas las clasificaciones, la de mayor impacto, sin duda es Desempleo Involuntario. Éste ocurre cuando la persona quiere trabajar, acepta el salario y no obstante se produce el PARO. Este concepto surge a raíz de la Crisis de 1933, cuando su relevancia para todos, gobierno y población, resulta obvia.

Una vez caracterizados los tipos de desempleo es posible pasar a examinar otros aspectos de orden práctico. Tal es el caso de la dificultad que reviste la medición del empleo.

Un primer matiz es el siguiente: si un individuo no solicita trabajo al gobierno por estar convencido de gestiones anteriores o por otras informaciones de que no obtendrá empleo, no se registra como desempleado. Entonces ese ciudadano se clasifica como desempleo voluntario, cuando en realidad no lo es. Este comportamiento es aprovechado, en ocasiones, por los gobiernos, para mejorar el índice de empleo y con ello la imagen de su gestión.

En adición a lo anterior se encuentra la existencia del trabajo en el Sector Informal, también denominado economía sumergida o subterránea, de gran frecuencia en los países de menor desarrollo. Este tipo de labor agrupa trabajadores por cuenta propia (en países desarrollados es muy alta la presencia de inmigrantes) en negocios de pequeña escala.

Un tercer matiz, que añade complejidad a la cuantificación del empleo, es el subempleo. Una manifestación de este problema es aquella en la cual las personas realizan, por diversas causas, labores que se encuentran por debajo de su calificación.

Otra vertiente se presenta cuando los individuos ocupan un cargo en correspondencia con su calificación, pero están limitados en la aplicación de sus capacidades. En ambos casos, a escala social, ocurre un despilfarro de sus recursos humanos.

Esta situación tiene otro efecto en el largo plazo: enraíza males sociales como la mediocridad, ante la escasa necesidad de los sujetos de utilizar a tope sus capacidades.

A lo expresado debe añadirse otro factor no menos importante: la evaluación de las acciones gubernamentales para el fomento del empleo a través de la política, sectorial o ramal, adoptada. Estas se expresan en medidas que flexibilizan el entorno jurídico y la carga impositiva, entrega de créditos blandos (créditos con intereses muy bajos o sin interés y/o tiempo de amortización largos) u otras con semejante propósito.

Para el análisis de la eficacia de dichas decisiones, tiene especial importancia el efecto sobre los llamados enlaces hacia delante y hacia detrás en la economía. En términos prácticos, éstos representan la capacidad del sector favorecido en crear puestos de trabajo en otras esferas (efecto multiplicador) de la economía. A continuación se ilustra este proceso mediante dos ejemplos hipotéticos.

Si se estimula la producción de tejidos, además de los trabajadores del sector, se verán favorecidos los productores nacionales de las materias primas requeridas, los transportistas asociados y la actividad aeroportuaria.

En contraposición, si la decisión es promover el turismo, entonces el incremento en la demanda de bienes y servicios estimula, entre otros, los proveedores del sector agrícola (frutas, viandas, hortalizas, granos), la pesca (productos industriales y frescos) y la construcción (mantenimiento o desarrollo de infraestructura de apoyo).

Como puede apreciarse en el segundo ejemplo, el factor multiplicador del empleo es mucho mayor que en el primero. De ahí la importancia de escoger adecuadamente la acción primaria (beneficios del gobierno a un sector o actividad) para lograr maximizar la eficacia del proceso, ya sea de desarrollo o de salida de las crisis.

Por último, debe resaltarse que, al establecerse las políticas, éstas tienen que disponer de indicadores que cuantifiquen su eficacia. De igual forma, debe indicarse el tiempo requerido para alcanzar los resultados esperados. Política que no posee indicadores claros, resultados esperados concretos y tiempo definido para obtenerlos, carece de valor práctico. El porqué es muy simple.
Al no existir un tiempo de cumplimiento, su evaluación, si se realiza, se efectúa cuando decida el gobierno, que no necesariamente tiene lugar en el momento adecuado. A lo anterior se adiciona que, ante la carencia de un indicador definido y aceptado previamente, se corre el riesgo de que el análisis se realice utilizando elementos de coyuntura, que enmascaran los resultados representativos del desempeño de la economía.

Finalmente, y no por ello menos importante, debe señalarse que en el orden teórico, el problema del empleo abarca diversos matices, en algunos de los cuales los teóricos difieren sustancialmente.
Uno de esos aspectos controversiales es la llamada Tasa Natural de Desempleo. Esta propuesta defiende la tesis de que en todo país existe una incapacidad propia de brindar empleo a toda la fuerza de trabajo, respecto a su opuesta que postula la factibilidad de alcanzar el Pleno Empleo (tasa de desempleo del orden del 2 por ciento).

Como ha podido apreciarse, el problema del nivel de empleo ocupa un lugar relevante en la formulación de Políticas Macroeconómicas y se mantiene en el debate teórico contemporáneo.
Por otra parte, como se ha expresado en otros temas relacionados con la Economía, el Índice de Desempleo por sí mismo, como todos los indicadores de la Economía y las Finanzas, no dice nada, si no se incluye el procedimiento utilizado para su determinación y la metodología de evaluación del impacto de las acciones adoptadas para su reducción, así como el tiempo en que se espera obtener un determinado resultado.

 

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