Amor y Vida
Publicación Trimestral del Movimiento Familiar Cristiano
Arquidiócesis de la Habana

Cuarto trimestre 2011

Resolución 1024 X 768 / 32 bit

 

Esta sección está dedicada a las niñas y los niños de la familia. Aquí encontrarán cuentos, adivinanzas, trabalenguas y otras travesuras. Si hay un adulto que le guste leer cuentos, responder adivinanzas, decir trabalenguas y realizar travesuras, pues que se asome también para compartir este encuentro de alegría, especialmente los abuelos y las abuelas, porque ellos son los mejores cuenteros.


Cuentos y pasatiempos
(A cargo de GISELLE GRASS)

 

Ya se acerca la Navidad! Época de verdadero gozo y de algarabía colectiva para todos los cristianos. Son las Navidades las fiestas en que se celebra el nacimiento del Niño Jesús, por lo que celebramos la vida. Dios demuestra su amor infinito al enviar a su hijo. Por tanto, la vida de los hombres no es la misma desde entonces, ahora se llena de esperanza por un futuro mejor lleno de paz, esa que solo Dios da y que tanto ha sido anhelada. Ahora sabemos que es posible que los sueños se cumplan. Esta ocasión es muy propicia para regalar, especialmente a quienes no tienen. ¿Por qué? Porque los regalos traen alegría y a través de ellos demostramos amistad, simpatía, generosidad y trasmitimos a las personas el deseo de agradar. Para estas Navidades, quiero pedirles que se fijen bien en aquellas personas que les rodean, principalmente las que son más débiles: los ancianos, los niños más pequeños, los que viven solos; y por supuesto, los amigos que más apreciamos. A cada uno de ellos deben hacerles un regalo hecho por sus propias manos, puede ser un dibujito, o un ramito de flores silvestres; algo muy sencillo, pero cuando se lo entreguen les dicen que así, con esa misma alegría, reciban en su corazón el mejor regalo de todos: el amor de Jesús. ¡Ah! Otra cosa muy importante, no dejen nunca de soñar, porque puede sucederles lo mismo que al caballito de madera a quien un día su sueño se le hizo realidad. ¡Que la paz del Señor y sus bendiciones los alcancen siempre!

 

Cuento

El caballito de madera*
Por MARIELA LANDA

En las afueras de un pueblito, cerca de las últimas casas, estaba plantado un carrusel. Era lindo. Lleno de luces y música, y con cinco parejas de caballitos de madera que giraban y giraban, de la tarde a la noche, mientras algún niño quisiera montarlos.

También había carritos con helados y algodón de azúcar, y además columpios, subibajas y un pequeño kiosco donde uno podía ganarse un enorme gato de peluche si lograba ensartar cinco argollas en un palito.

Nada sin embargo era comparable al carrusel iluminado y dando vueltas. Era la fiesta del pueblito, y sobretodo de los niños.

Pero cada noche, ya tarde, cuando todo el mundo se había ido y el carrusel quedaba solo y en silencio, en medio de la oscuridad empezaban a brillar los ojos de uno de los caballitos.

Era todo amarillo, con los cascos, la montura y los arreos azules. Tenía la cola y las crines como rizadas, y una de las patas delanteras en alto. Era como todos los demás… pero distinto. Porque nada deseaba tanto como ser un caballo de verdad. Mas lo cierto es que era de madera y estaba sujeto por un tubo y tornillos al piso del carrusel.

Se sentía infeliz. El caballito violeta, que giraba junto a él y sabía de su anhelo le decía:
– Mira, muchacho, déjate de boberías y piensa en las ventajas que tiene ser de madera: no te enfermas nunca, ni tienes que ir a buscar hierba para comer; no tienes que halar un coche o un carretón, ni soportar espuelas o látigo; si te descascaras un poco, te pintan y arreglan enseguida. Y además piensa en la música, las luces, la alegría de los niños…
Y el pensaba en todo eso. Parecían buenas razones. Pero no podía evitar que tales ventajas le resultaran bastante aburridas. De todos modos allí tenía que estar, todas las noches, dando las mismas vueltas de siempre, en el mismo carrusel, sobre el mismo redondel de hierba.

Miraba entonces el cielo espléndido, lleno de estrellas, y soñaba con una pradera luminosa y unas colinitas al fondo. Se veía a sí mismo a galope, las crines flotando al viento… Y se estaba así ensimismando, hasta que despertaba a la realidad y volvía a verse allí, en su madera rígida, y sujeto a las tablas del carrusel. Y así noche tras noche, hasta que al fin se adormilaba.

Una de esas tristes madrugadas le pareció ver a lo lejos, al fondo de una callejuela, algo que se movía en la neblina. Y creyó escuchar, en el silencio de la noche, un rumor que iba creciendo.

El caballito, tenso, trataba de ver en la oscuridad, y de oír mejor aquel sonido que era como si la tierra temblara.

De pronto aparecieron, bajo la tenue luz amarilla de un farolito. Era una manada de potros salvajes. Blancos, negros, plateados, todos con el pelaje brillando a la luz de la luna.

Iban a galope, batiendo las crines. A veces alguno de ellos se detenía, se alzaba en las patas de atrás, lanzaba un sonoro relincho, y luego seguía su carrera. El caballito, atónito, los veía cruzar frente a él. Nunca había visto algo tan hermoso.

Al final de la manada, como rezagándose, iba un potrillo azafranado. Al pasar frente al carrusel volvió la cabeza y descubrió los ojos tristes y asombrados del caballito de madera. Se detuvo un instante, lo saludó muy brevemente, y echó a correr para alcanzar a los demás.

El caballito de madera los vio desaparecer en la noche. Todo quedó en silencio de nuevo. Y se sintió más infeliz que nunca.

La noche siguiente volvieron a pasar. Y las demás noches también. Y cada vez el potrillo azafranado saludaba desde lejos al caballito de madera.

Pero una noche el potrillo se separó de la manada, y poco a poco se fue acercando al carrusel.

Casi sin poder creerlo, el caballito de madera lo vio llegar.
– Hola – le dijo el potrillo sacudiendo su roja crin.
– Hola – le contestó él.
– Te veo siempre triste… ¿Ocurre algo?
– Si. Ocurre… que lo que más quisiera es ser como tú. Pero eso es imposible.
– ¿Por qué imposible?
– Porque soy de madera, ¿no lo ves? Y estoy clavado a este carrusel.
– ¿Eso es todo? – dijo el potrillo.
– ¿Te parece poco?– contestó el otro.
– No, yo sé que es difícil… Pero si tanto lo deseas, solo tienes que confiar en que puedes.

El caballito lo miró fijo. Aquel potrillo de azafrán decía eso con tanta firmeza…
– Escucha – añadió el potrillo –. Cierra bien tus ojos, y cuando yo relinche tres veces, salta del carrusel con todas tus fuerzas.

Al día siguiente, cuando el carrusel se iluminó y comenzó a sonar y a girar como siempre, los niños gritaban una y otra vez:

¡Falta un caballito! ¡Falta un caballito! ¡El amarillo y azul!

* Tomado del libro ¡Mucho más cuento..!

Mariela Landa. (Violeta, Camagüey, 1947). Licenciada en Letras Hispánicas por la Universidad de la Habana. Sus poemas y cuentos de LIJ aparecen en textos del Ministerio de Educación de Cuba y en revistas y antologías. La Editorial Marenostrum, en Santiago de Chile, editó su novela para niños El ojo de agua. En 1994 ganó el Premio de Poesía José Jacinto Milanés por Luna de Ópalo. Reside en Chile, donde trabaja de bibliotecaria e imparte talleres de lectura y creatividad literaria para niños.

 

ADIVINANZA

Señora gorda y coqueta
que cada noche
se pone a dieta.


La luna

 

Trabalenguas

Trebedis en trabadas,
se entrebedó:
le hace falta pronto
un desentrebedor.

 

Trabalenguas y adivinanza tomados del libro Jin Jara Bin, de la autora Niurki Pérez García. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2001.

 

Volver a la Portada

 

Cuba, cuida a tus familias para que conserves sano tu corazón
Beato Juan Pablo II

DIRECTORES: Rubén Gravié y Ana María Baldrich.
CORRECCIÓN: María del Carmen Muzio.
DISEÑO IMPRESO: Ballate/ManRoVal.
DISEÑO DIGITAL Y DISTRIBUCIÓN: Raúl león Pérez
CONSEJO DE REDACCIÓN: Monseñor Fernando de la Vega, Felipe Oliva, Habey Hechavarría, Raúl León P.,
Giselle Grass, Navia García y Estela María Martínez Chaviano.
REDACCIÓN: Casa Laical. Teniente Rey y Bernaza, Habana Vieja. Teléfono: 53 7 863-1767.
Se permite la reproducción, total o parcial, de los trabajos, siempre que se indique la fuente.