Amor y Vida
Publicación Trimestral del Movimiento Familiar Cristiano
Arquidiócesis de la Habana

Cuarto trimestre 2011

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Escuela de padres

Pista libre al explorador (II)

Para un buen desarrollo psicomotor y del lenguaje en nuestros pequeños, nada de hablarles con ñoñerías ni demasiadas prohibiciones que lo asusten. He aquí unos pequeños consejos.

DE 1 A 3: El EXPLORADOR

En pasados artículos hemos abordado las características del niño de 1 a 3 años, lo importante que resulta para su buen desarrollo dar al pequeño toda clase de oportunidades y la mayor libertad posible; desarrollar sus músculos y satisfacer sus curiosidades; y a la vez, protegerlo de daños físicos así como cuidar que no haga demasiadas averías a las cosas que lo rodean.
Habíamos visto que en esta etapa el niño ha madurado su sistema nervioso, lo que le permite caminar, hablar y manipular objetos, por lo que la labor de padres y educadores consistirá en crearle las mejores condiciones para que desarrolle a plenitud estas actividades para su mejor progreso.
El niño de 1 a 3 años presenta, como adquisiciones importantes en esta edad, la marcha y el lenguaje. Estas hay que verlas dentro de un todo y no separadas de las demás funciones de la mente. Hay que tener, pues, una visión global del niño, ya que todas sus funciones están íntimamente unidas, y más en estos primeros años de la vida, donde se van estableciendo las bases de su futura personalidad y carácter como ser humano. Pero, veamos cómo desarrollar a plenitud dichas adquisiciones.

LENGUAJE

Las bases para la adquisición del lenguaje se dan entre el primer y el tercer año.
La primera manifestación oral es el llanto con el que comunica a sus padres sus estados de malestar, incomodidad o hambre.


Durante los primeros seis meses emite una serie de sonidos que le proporcionan placer, con los que expresa sus sensaciones de alegría y bienestar. A partir de los seis meses comienza el balbuceo con el que trata de imitar los sonidos del lenguaje de las personas que le rodean.


Los niños, al final del primer año, empiezan a comprender los significados de las palabras y a utilizar palabras sencillas o “palabras-frase” para expresarse, así aparece “papá”, “pan”, etc. El niño va adquiriendo de esta manera un vocabulario inicial de nombre de objetos y personas al igual que va imitando las palabras que otras personas que están a su alrededor pronuncian. Este es un aprendizaje por observación, ya que va asociando los sonidos de determinadas palabras con las situaciones en las que estas se pronuncian; es pues una asociación entre el signo (sonido de la palabra) y el significado de las palabras, gracias a que se repite en determinadas ocasiones. Este tipo de aprendizaje va enriqueciendo poco a poco su pequeño vocabulario. El niño de año y medio a dos años y medio empieza a combinar palabras para satisfacer sus necesidades de expresión y comunicación con los otros, dando lugar al “lenguaje telegráfico”: “nene-pan”, etc. utilizando frases de dos palabras para todo tipo de propósitos.


Es esta una edad interrogadora, ya que el niño toma conciencia de que todas las cosas tienen un nombre y siente deseos de conocerlas y por ello se lanza a preguntar constantemente. A través de estas frases de dos palabras va adquiriendo las reglas rudimentarias de la gramática, ya que con este lenguaje telegráfico comienza a utilizar correctamente el verbo, el sustantivo, adjetivo y luego progresivamente va llenando esas frases gramaticales incompletas de los artículos, preposiciones, palabras invariables, etc.
Vemos cómo en el proceso de adquisición del lenguaje es muy importante la manera de hablar de los mayores que rodean al niño y el diálogo que establezcan con él. Cuanto más rico sea el vocabulario de los adultos, cuanto más correcto sea su lenguaje y cuanto más hablen y dejen hablar al niño y le festejen sus progresos en el hablar, mejor y más deprisa se dará el aprendizaje del lenguaje.


El aprender a hablar es un paso muy importante en el desarrollo del niño; el lenguaje es un fenómeno muy complejo que se relaciona con muchos aspectos del ser humano. No es sólo una cuestión afectiva y social trascendente: a través del lenguaje nos expresamos y nos comunicamos con los demás a todos los niveles, sino que es también algo que afecta a la inteligencia y a la conciencia de uno mismo. Por medio del lenguaje se le pone nombre a las cosas, a las situaciones, al mundo y a uno mismo. Es una forma de poner orden en toda la avalancha de sensaciones que recibe la persona. Por esto mismo tiene relación con los procesos intelectuales y la inteligencia ya que al nombrar y al organizar nuestra experiencia con el lenguaje se da un salto desde lo concreto, lo que se toca, lo que se vive, al mundo de lo abstracto y las ideas. Se da esa asociación de la que hablábamos antes entre signos y significados.


Por todas estas razones es tan importante que los padres y educadores cuiden y se preocupen del desarrollo del lenguaje de sus hijos ofreciéndoles su diálogo, su lenguaje correcto a través de la charla, de los cuentos, de las canciones, etc. No olvidemos que estamos ante un niño, no se trata pues de un trabajo sino de ese juego apasionante de conocer el mundo.

INTELIGENCIA Y PSICOMOTRICIDAD

Así a través del movimiento y los sentidos, el niño toma conciencia de su propio cuerpo de dos maneras: a) lo siente, ya sea a través de sensaciones internas (bienestar, hambre, dolor...) o externas (caricias, baño...), lo cual le ayudará a construirse una primera imagen de sí mismo; y diferencia poco a poco las distintas partes que componen su cuerpo, de esta manera lo va conociendo.
Este niño que se desplaza, tiene que moverse dentro de un espacio e ir adquiriendo una orientación espacial (situación en el espacio de sí mismo), para ello toma como punto de partida su propio cuerpo y así irá adquiriendo lentamente nociones básicas como arriba-abajo, delante-detrás, un lado y otro del cuerpo (izquierda-derecha), etc. Del mismo modo, el niño va a relacionarse con los objetos, adquiriendo las nociones más elementales de organización espacial (situación en el espacio de los objetos).
El niño empieza también a manipular objetos, es decir, a tener una motricidad manual (capacidad de movimiento de un ser vivo; es una función compleja que abarca desde el sistema nervioso y los sentidos hasta el aparato locomotor, la coordinación visomotora, la manipulación, la conciencia del propio cuerpo y otros aspectos entre los que se encuentra el equilibrio) que gracias al grado de madurez del sistema nervioso y de la percepción (proceso por el cual se recoge información del ambiente que le rodea) le va a permitir desarrollar la coordinación entre las manos y los pies, la visión y las manos, la visión y los pies, etc. Todas estas adquisiciones, actividades y logros del niño en el plano de la percepción y del movimiento están relacionadas con el desarrollo de las funciones intelectuales, y por tanto, con la inteligencia. Por ejemplo, cuando un niño juega con objetos de distinto tamaño y forma, percibe a través de sus sentidos el peso, las dimensiones, el color, la resistencia, la forma, etc. Así los conoce. Pero el niño al jugar con ellos los ordena, los amontona, los clasifica, ayudándose de su capacidad de manipulación y entrando ya en el mundo de la abstracción y sacando conclusiones de su experiencia: la ordenación y el establecer relaciones nuevas y diferentes entre los objetos son funciones mentales. Vemos así como en este estadio del desarrollo se ponen los cimientos no sólo de los aspectos físicos y sensoriales sino también de los intelectuales. La inteligencia del niño de uno a tres años es sensomotora, es decir, que está basada en las relaciones y conclusiones que el niño saca, de su percepción y de su actividad. Por eso decíamos antes, que todos los aspectos del niño están íntimamente unidos formando un todo. Por otro lado, estas cuestiones tienen también que ver con el mundo afectivo, cuando el niño logra hacer una torre o llegar a la mesa o trasladar cosas pero sin tirarlas está teniendo éxitos que le ayudan a tener una imagen buena de sí mismo, que le da seguridad y autonomía para vivir en el mundo y que le anima a seguir avanzando y a superarse.


La inteligencia y la capacidad de rendimiento, que tanto preocupa a los padres al llegar el niño a la edad escolar, tiene aquí sus primeros pasos. Si en esos momentos al niño no se le permite jugar y explorar, si no se le enseña a conocer y adiestrarse, si no se le acompaña en sus descubrimientos no es de extrañar que al llegar a la escuela tenga problemas de comprensión o de apatía y desinterés.


Con este artículo y los dos anteriores hemos tratado aspectos importantes a tener en cuenta por padres y educadores en estos momentos cruciales de la vida de nuestro pequeño, donde se construyen las bases de su futura personalidad y carácter como ser humano, las cuales serán muy difíciles de cambiar más adelante, porque se construyen en un período de su vida en el que su sistema nervioso se encuentra en formación.


Para cerrar esta pequeña revisión a los aspectos fundamentales de las características de esta primera infancia de nuestros hijos trataremos, en el próximo artículo, las posibilidades de accidentes en esta edad, tan lamentablemente frecuentes en estas edades y algunas medidas preventivas que debemos tomar con vistas a evitarlos. ¡Hasta la próxima!

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Cuba, cuida a tus familias para que conserves sano tu corazón
Beato Juan Pablo II

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