Amor y Vida
Publicación Trimestral del Movimiento Familiar Cristiano
Arquidiócesis de la Habana

Cuarto trimestre 2011

Resolución 1024 X 768 / 32 bit

 

 

 

El trencito

 

Un bonito regalo

Por NAVIA GARCÍA

Todo comenzó cuando… una bonita mañana de primavera se escuchó el silbato de un tren lejano. Y me pregunté, ¿por qué a los niños les gustan tanto los trenes? Ellos sienten desde muy pequeños una fuerte atracción por todos los medios de transporte, ya sean barcos, aviones, guaguas, autos o camiones. Pero, ¿qué los lleva a preferir el tren? Aún cuando sólo sea el trencito de juguete o los que transitan por los parques de diversiones.


¿Un interés especial por el mundo de las locomotoras? Con esa pregunta entre los labios me fui esa mañana al “Lenin”, porque allí, a través del inmenso parque, entre rocas y árboles, prados y ríos, creado por la naturaleza o por la mano del hombre, rueda “el trencito” con sus seis vagones conducidos por la única locomotora de vapor que arrastra un tren de pasajeros.


Sí, amiguitos, ¡de vapor!, con su chimenea como la boca de un viejo volcán arrojando bocanadas de humo negro que se pierde en el azul del cielo y puede mezclarse entre las nubes como copos de algodón.


Esta locomotora, que ahora lleva la preciosa carga infantil de risas y alegrías, prestó un gran servicio a nuestra patria hace mucho, muchísimos años. Pasó el tiempo y con los albores de la década de los sesenta, llegaron otras grandes, modernas y bonitas. Ella quedó en un rincón recordando su historia; más un día, alguien pensó en La esperanza del mundo, y tal vez se hizo la misma pregunta, ¿por qué a los niños les gustan tanto los trenes?


Cuando llegó al parque Lenin, dolorida por el peso de los años, se encontró de pronto entre las manos de hombres que aman el ferrocarril, y ellos la dejaron tan arregladita y pintadita, que el 1 de octubre de 1977, los pequeños que visitaron ese día el parque recibieron un bonito regalo, ¡el trencito!, con la locomotora no.1. Y ella está desde entonces muy contenta. ¿Y saben por qué? Porque los niños la cuidan y la prefieren entre todas las demás diversiones; también los mayores han aprendido en la escuela la importancia que tienen los ferrocarriles para el traslado de las personas y mercancías por todo el país.


En la blanca, gris y pequeñita estación ferroviaria, diferentes grupos de muchachos esperan el tren y discuten el primer lugar para subir. Luego dentro, la discusión es por la ventanilla. El viaje dura aproximadamente 45 minutos durante los cuales la amable ferromoza anuncia los distintos lugares a través del recorrido:


–Apeadero dos, estamos sobre el puente de Calabazar que tiene 300 metros de largo y 13 de altura…
Con el último silbato de la locomotora para un nuevo viaje, se aleja de nosotros el trencito con su preciosa carga y el adiós de cientos de pequeñas manos agitándose en el aire como palomas que remontan el vuelo una mañana de mucho sol en primavera.


¿No son acaso los juegos y los entretenimientos los que suscitan muchas veces las vocaciones, sobre todo en las ciencias?


Un bonito regalo el trencito, que los guía y entretiene en su recorrido hacia las proyecciones futuras que les brinda la vida y Dios.

 

Volver a la Portada
 

Cuba, cuida a tus familias para que conserves sano tu corazón
Beato Juan Pablo II

DIRECTORES: Rubén Gravié y Ana María Baldrich.
CORRECCIÓN: María del Carmen Muzio.
DISEÑO IMPRESO: Ballate/ManRoVal.
DISEÑO DIGITAL Y DISTRIBUCIÓN: Raúl león Pérez
CONSEJO DE REDACCIÓN: Monseñor Fernando de la Vega, Felipe Oliva, Habey Hechavarría, Raúl León P.,
Giselle Grass, Navia García y Estela María Martínez Chaviano.
REDACCIÓN: Casa Laical. Teniente Rey y Bernaza, Habana Vieja. Teléfono: 53 7 863-1767.
Se permite la reproducción, total o parcial, de los trabajos, siempre que se indique la fuente.