"En este vivero pasaron el invierno de los siglos oscuros
los saberes antiguos, esperando mejores tiempos."
Casiodoro

Edición 1024 X 768

Cintio Vitier: Martiano por convicción y Devoción

Por Jesús Dueñas Becerra
Crítico y periodista

 

“Cuando un hombre escribe en ese
estilo puro, solemne y vibrante,
ciertamente es un gran escritor”.
José Martí.

 

Al laureado poeta y ensayista, Cintio Vitier (1921-2009), 1 el hombre, el cristiano, el cubano, el intelectual inmenso, dedico esta crónica con motivo de su partida al encuentro del “Espíritu Universal”, leit motiv en la obra poético-literaria y periodística de José Martí; referente ético indispensable, que le sirviera de paradigma a uno de los más grandes estudiosos de la vida y la obra del Apóstol, a cuyo conocimiento integral se entregó en cuerpo, mente y alma, tanto en la “

“Sala Cubana” de la Biblioteca Nacional José Martí, como en el Centro de Estudios Martianos, del que fuera director fundador, y por último, en la revista Honda, que dirigiera hasta su lamentable deceso.

Para entender en toda su dimensión y magnitud la carismática personalidad del también Premio Nacional de Literatura y Premio “Juan Rulfo”, debo hacer, necesariamente, un poco de historia. Desde épocas inmemoriales, los seres humanos han desarrollado comportamientos agresivos unos en contra de otros. Desde aquellos remotos tiempos, los seres humanos han tomado parte en acciones que desencadenaban problemas o, por el contrario, ayudaban a resolverlos en la medida de sus posibilidades. Los hombres -desde entonces- han quedado divididos en dos grupos: los que han sido parte de los problemas y los que han sido parte de las soluciones a esos acuciantes problemas que enfrenta la humanidad.

Integran el primer grupo quienes han usado la violencia contra otros seres humanos para someterlos a su dominio, así como quienes han permanecido neutrales ante esa situación, la han justificado, permitido, o consentido. Forman parte del segundo grupo, quienes no han sometido nunca a nadie a su dominio, ni lo han justificado, ni consentido, ni permanecido neutrales, sino que se han rebelado contra la situación injusta (sea cual fuere).

A lo largo de miles de años, el homo sapiens ha generado una situación de desigualdad entre él y el otro, que cada vez se ha ido tornando más honda y más compleja. Hoy los problemas de la humanidad pueden ser resumidos en una sola frase: desigual desarrollo de los pueblos. Si todos los problemas tienen su base en la desigualdad, entonces la solución de todos ellos estará en la igualdad. Quienes crean desigualdad están contribuyendo a crear los problemas, están siendo parte de los problemas, mientras quienes buscan igualdad están siendo parte de la solución de los problemas.

Si a esa situación de desigualdad la llamamos injusticia, entonces son hombres injustos quienes están creando desigualdades. Ahora bien, si la igualdad es el contenido de la justicia, hombres justos son aquellos que están buscando la igualdad.

Hoy es posible que las cosas sean tan complejas que no le sea fácil a nadie decidir con precisión y exactitud qué debe hacer en concreto para dejar de ser parte del problema y comenzar a ser parte de su solución.
Sin embargo, existen seres privilegiados que sí lo hacen. Entre ellos, yo tuve el honor de conocer al maestro Cintio Vitier, quien, junto a otros ilustres intelectuales cubanos, fue uno de los fundadores del mítico Grupo Orígenes. 2

La sensibilidad de ese hombre único e irrepetible, tan cubano, tan cristiano, tan revolucionario, nos hace pensar que se puso de parte de la solución del problema desde que su preclara inteligencia y noble corazón le revelaron la situación real de la existencia humana. Como ser humano, como ser consciente, no sólo de su condición como tal, sino de la condición de humanidad del prójimo, se puso voluntariamente del lado de lo justo, de lo equitativo, pero no sólo pensaba en él y en su familia, sino en todos los demás.

No era un hombre que escribía, que componía poemas, sin compromiso, sin vibración ético-humanista. A Cintio, lo iluminaba ese sol del mundo moral que lo comprometía al comprenderse como parte de los demás, ya que pensaba y sentía como nosotros y no única y exclusivamente como yo.

Esa conciencia universal, él la vivió como creyente en Dios, quien lleno de amor y perdón hacia todos, era faro y guía de su conducta, sólida roca en que se apoyara hasta el final de su existencia terrenal. No era un cumplidor de ritos, sino un enamorado de la verdad, que hace libre, de la bondad que emana del Ser Divino. No era un cristiano de ceremonias, ni de cumplidos, ni de devociones, era un cristiano de fe, de amor, de una invencible esperanza, que lo convirtiera en profeta, en salmista, en poeta de Dios. Era un hombre religioso, que cumplía, que tenía devociones, la gran devoción de ser un cristiano comprometido.

No era un cubano por accidente geográfico, sino un cubano esencial, que percibía no sólo la luz del Astro Rey, ni los valores humanos de los héroes, sino que captaba la esencia telúrica que nos configura y nos hace cubanos, héroes y nobles. No convirtió a la patria en pedestal, sino en ara, porque su servicio era la honestidad que funda la justicia y la defiende de las apariencias. Era un cubano de pura cepa, de convicciones profundas, o con pocas palabras, un cubano, cubano.

Por otra parte, Cintio estaba convencido, al igual que Martí, uno de los padres de la psicología cubana, 3 que el cerebro es la envoltura material de la psiquis y el sustento del espíritu, y que cuerpo, mente y alma integran una unidad indivisible. 4-5

No era sólo un poeta y un ensayista genial, de intuiciones luminosas como el sol tropical que baña las playas cubanas. No, era todo eso y mucho más. Lo que caracterizaba -esencialmente- a Cintio Vitier era el hecho de ser un poeta y escritor comprometido.

Ese hombre, hombre; ese cristiano, cristiano; ese poeta, poeta; ese escritor, escritor, sólo podía ser revolucionario. Porque sólo él podía entender, y de hecho, entendió la dignidad que hay en el hecho de ser humano y cristiano, y la encaró con pasión de guerrero. Quiso decir la dignidad plena del hombre con toda la luz de la bóveda celeste y lo dijo como lo dicen los verdaderos poetas. Tenía esos poderes y quien tiene esos poderes y los pone en función de lo justo, por lejos que todavía quede, ese es -sin ningún género de duda- revolucionario.

Y por eso hoy, ese hombre, ese cubano, ese cristiano, ese revolucionario, merece nuestro respeto y reconocimiento eternos. Duerma en paz el martiano sueño de los justos, maestro Cintio Vitier, porque su misión en la tierra está cumplida, con creces.



Notas

1.Cintio Vitier. en Diccionario de la literatura cubana. Instituto de Literatura y Lingüística de la Academia de Ciencias de Cuba.. La Habana: Editorial Letras Cubanas, 1984: pp. 1104-1108.
2.“Grupo Orígenes”. Ibídem: pp. 395-396
3.Jesús Dueñas Becerra. “Varela, Martí y Varona: padres fundadores de la psicología cubana”. www.cubaliteraria.com (Sección: Luego insisto).
4.Jesús Dueñas Becerra. Noemí Pérez Valdés y


Volver a la Portada

 

Directora: Ivette Fuentes de la Paz
Asesor: Mons. Rodolfo Lois
Edición Digital: Raúl León P.
Asistente de Edición Digital: Grissel Glez
IlustracionesTomadas de Encarta(D.R.)

Publicación del Centro de Estudios de la Arquidiócesis de la Habana

Se prohibe la reproducción total o parcial de los materiales aparecidos en esta revista sin autorización del consejo editorial

Consejo Editorial Doribal Enríquez/ Ricardo Manso/Luis Enrique Ramos
Mecacopista:
Doribal Enríquez
Composición y realización:
Evelio F. Reyes