"En este vivero pasaron el invierno de los siglos oscuros
los saberes antiguos, esperando mejores tiempos."
Casiodoro

Edición 1024 X 768



Confabulación

Presentación

La vocación de un poeta es iluminar las oscuridades del alma, hurgar en esos rincones misteriosos donde late el ser humano, para expandir el rayo de luz vital encerrado en el espíritu.

No se aprende a ser poeta. Se nace poeta. La poesía es una metafísica de la estética, cuyo lenguaje trasciende cualquier frontera, incluso la del tiempo. Puede cambiar la forma, acaso el idioma se torne más o menos culto, pero el ejercicio poético es siempre una reflexión honda, vital, enfebrecida, que persigue descorrer el velo tras el cual se oculta la persona. El verso es indagación, búsqueda. Es una pregunta jamás y, al mismo tiempo, siempre respondida: ¿quién es, qué hace y cómo se inserta el ser humano en el universo? La poesía no es solamente
belleza ni mera explicitación de sentimientos. Es una inagotable, incesante e insaciable ansia de descubrir esencias.

Cada poeta, desde su propia e irrepetible existencia, es una partícula cósmica de energía vital y sus preocupaciones son huellas indelebles de un afán por acceder a una comprensión del universo en constante dinámica.

La fuerza del astro poético va más allá, siempre más lejos de cualquier cálculo. Bajo las palabras subyace un universo donde se funden misticismo y objetividad, para formar una amalgama muy difícil de separar. No es simple unión o superposición de imágenes. Es unión consustancial de vida física y espiritual, integradora, pujante.

El poeta crea, recrea, transforma y abre nuevas sementeras. Su lenguaje es erial perennemente abierto a revelaciones y deslumbramientos. Cada metáfora revela un fragmento de su alma, pero también alude a muchos otros seres humanos que, sin saberlo, encuentran en el verso un espejo donde yace, nítida, la huella de su ser.
La más alta vocación y profesión de fe de todo poeta es el ser humano en su plenitud. No únicamente ese que todos ven, sino aquel que nadie ve, el espíritu animador de la existencia. Cada poeta descubre a un ser humano tanto como a sí. Es esa vocación y aspiración a la universalidad, cuanto recrea en su obra.


El arte ennoblece a la persona. Tanto a quien lo produce, como a aquel que solamente se solaza con su disfrute, aún cuando un arte bien disfrutado es también una forma de creación, pues eleva y ennoblece al espíritu. Toda poeta, a su modo, es un filósofo, para quien la verdad se convierte en obsesión y horizonte, siempre perseguido y jamás alcanzado. En él, en su obra, perdura la inquietud inagotable del ser humano en su afán de construir un universo más noble, hermoso y digno.


Por ello, la presente antología es reveladora de horizontes nuevos y abiertos a la inconclusa tarea de servir que, desde el instante de la creación, descorre el velo de quienes, entregados al verso, desbrozan caminos y se convierten en cronistas del tiempo vivido.


Estas páginas muestran, cohabitando en armonía, las obras de poetas jóvenes y consagrados, de quienes ya dominan a plenitud el oficio y de otros que comienzan a reclamar el necesario espacio de las voces desconocidas, esas que anuncian con inusitado vigor la permanente actualidad del verso.

Desde una poesía lírica de frescos matices hasta el tono filosófico, incitador a la meditación, de pretensiones hondas, buscador de la raíz más profunda y esencial del ser humano, esta antología es espejo de una sociedad en búsqueda de nuevos derroteros, aunque un hilo conductor se aprecia en sus páginas: Dios, como expresión más raigal del espíritu.

Muchos de quienes aquí aparecen no son conocidos, pero esto no resta calidad a su quehacer ni méritos a una obra cincelada con el alieno del alma, único capaz de hacer de la poesía ese lenguaje universal que en todo tiempo une a los seres humanos y hermana sentimientos.

Que los lectores encuentren en estas páginas, el placer producido por la creación, es el deseo sincero de los autores y de los compiladores que la presentamos, porque es una obra hecha con amor. Así la ofrecemos y esperamos que sea acogida con igual amor por quienes se acerquen a ella animados por el empeño de descubrir y degustar un fragmento del inagotable mundo de la belleza.

Cecil Canetti Morales
Juan Lázaro Besada Toledo

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Navia García Fabeiro

Tras tus huellas


Yo soy el camino, la verdad y la vida
Jn 14,6


Voy tras tus huellas
que el polvo del camino
va borrando.

Camino, camino…
es largo,
tan largo
que al final, termina
donde comienza,
donde mis propios pasos
sobre el polvo
aplastan nuestros pasos.

Voy tras tus huellas
por el abierto
camino
de la tierra,
cada vez
más te alejas
sobre el polvo
en cada piedra
donde se pierden
para siempre mis pasos.



Juan Lázaro Besada Toledo


Soneto


Si renovar el alma es buscar lo infinito
donde de Dios se esconde, amante, la palbra,
perseguiré incesante, como se guarda un rito
ese verbo profundo que la virtud nos labra.

Si entre las oquedades del pensamiento adoro
al amor de Jesús abrir mi sementera,
sabré que hay en mi vida una veta de oro
hecha al dulzor y al bien de una amorosa espera.

Pero si se agota la calma en el empeño,
el alma se correo y desfallece el sueño
porque débil, mi vida no asuma el sacrificio,
tendré siempre encendida la fe de mi deseo,
se abrirán nuevas rutas y en el amor que creo
renacerá mi fuerza al pie del precipicio.



José Antonio García Vilaseca

 

Posesión


De mi fe salen trucadas lenguas a punto de cal
-no al perfil inmaterial donde se agotan espadas.

Extirpan –creo- las gradas del estupor. “Son felices
como lo raro”. Me dices y apocas veinte segundos
sin gravedad. Esos mundos de luz –pienso- flotan grises.

Germinaré contra un odio esperando a que acontezca
la voluntad. Será fresca fe hasta centro bajo podio;
luego, muera el episodio de la voz para lo eterno.


Graduado ya en el averno del punto y coma en las malas,
voy a enfangarme las alas con el olvido más tierno.




Cecil Canetti Morales

Atisbos


Trozo de tierra con salida al mar, a solas; el agua fresca
penetra todo el cuerpo, el olor a mar envuelve, el sol adormece;
respirar, oler, tocar el aire… Tras el dienteperro, a lo lejos
una mirada recóndita de perenne andar se adueña del destino;
el mar al atardecer es un plato acariciador, inmenso, y el sol
una bola de fuego en el gris infinito, como su mirar… Sus reflejos
son pequeños destellos en el agua. Ya es casi entrada la noche,
fría y húmeda; el mar es ahora un eterno rumor de rocas y olas, inmenso
y oscuro rumor; se adivinan las sombras, por parejas, en la orilla;
sombras que se hacen diminutas si buscan tierra firme, y se expanden cuando
van tras lo profundo de las olas; no importa cuál dirección tomen, cuando
van tras lo profundo de las olas; no importa cuál dirección tomen, cuán
invisibles o inmensas se vuelvan, cada una dejará en las rocas
una historia, un pedazo de vida; el mar respira y es música, es ritmo,
es sensación…




Anisley Miraz Lladosa

En vísperas del día del diluvio

 

Han buscado en todas las celdas de los cuerdos.
No estaban ellos, solo su infausta albaquía cotidiana,
elogios que no salieron de sus propias gargantas
quedaron aprehendidos en paredes
y lechos de sábanas oscuras.
Los cuerdos levantan sus apologías con la muerta del pájaro nocturno

abierta apenas la brecha del albor
las ondean y tañen imprudentes sonajas.
Tienen miedo del ancho crepitar del océano
consumados a la arbitrariedad de las orillas.
En cambio, los locos huyen de las orillas
porque están llenas de marcas y caeduras
huellas de los ahogados con fatuas esperanzas de archipiélago:
alguna isla donde ondear bien alto su naufragio.
En la orilla quedan gafas de sol y cítaras desiertas,

relojes que los hombres dejaron cualquier día.
Y los locos son puros alarifes
de cosas que nadie ha descubierto
que los llamados cuerdos desconocen.



 

Pedro Juan Medina Domínguez

 

Versos prohibidos como el mar

Brújula, lento soporte de tablas hacia el futuro.

Brújula y saltar un muro insondable cuando al norte señala.

Brújula corte el vuelo de otra cigüeña, que parte al azar.
Pequeña brújula que se arrodilla
¿Madre es una pesadilla siempre el sur, quien se despeña?

A mis espaldas, la nube teje una lágrima. Llega
con la sed de quien navega sin aliento. Yo no estuve
cuando zarpó (nunca tuve fuerzas). ¿Cómo anclar el faro
donde nadie entiende? Un claro resplandor ya se aproxima.

He muerto, me viene encima esta frialdad. Me declaro
culpable en un solo grito, dentro de Dios, por la breve
tempestad que no se atreve a descifrarme. Medito
sobre su intención: escrito algo deja en una brusca
oscuridad. Si se ofusca mi cicatriz, ¿de qué asirme?

La muerte vendrá a vestirme y por el norte me busca.

 

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Directora: Ivette Fuentes de la Paz
Asesor: Mons. Rodolfo Lois
Edición Digital: Raúl León P.
Asistente de Edición Digital: Grissel Glez
IlustracionesTomadas de Encarta(D.R.)

Publicación del Centro de Estudios de la Arquidiócesis de la Habana

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