"En este vivero pasaron el invierno de los siglos oscuros
los saberes antiguos, esperando mejores tiempos."
Casiodoro


EDITORIAL



El quehacer artístico y literario de una época, convierte el tiempo y el espacio en protagonistas de una obra, cuya finalidad es reivindicar, de alguna manera, el acontecer humano. Entramado que va más allá del propio artista y escritor que las crea.

La impronta de la incertidumbre, de la fe y la esperanza de cualquier generación, se completa, como realización vital, en la obra artística. El pintor, el músico, el danzante, el teatrista, el escritor, dejan testimonio de ese tiempo y espacio que, al decir de Carpentier en su Reino de este mundo, serán llenados por otros, que tal vez no serán felices, pero que a su vez trabajarán para los que vengan a la Tierra a proponer su semilla y legado.

La Iglesia como institución, y el laicado como parte de ella, estima en rigor la creación misma, definitoria de un ser que, espejo y conciencia personal y colectiva, devuelve a los otros su propia imagen del ser.

Puede que este reflejo, por momentos, sea el de la encrucijada, el de la oscuridad. Pero toda obra humana, encierra una luz, sólo que, a veces, parece desfallecer.

El artista y el escritor, apegados a tradiciones tangibles e intangibles, a fuerzas de la naturaleza, de la sociedad y del hombre mismo, no escapan ni tienen derecho a hacerlo, de la aventura de la vida.

Cada número de Vivarium, es un rescate de esa voz humilde pero lúcida, del pensamiento nacional y foráneo. Nunca ha escapado a su empeño, el tesón con que sus mejores exponentes han diseñado, desde sus obras, y sin presuntas recetas, un porvenir que nos toca a todos.

El propio Papa Benedicto XVI, lo atestigua en su Discurso a los representantes de las artes “Queridos artistas, ustedes son custodios de la belleza”. Se comprueba la indispensabilidad de la mano creadora del arte y la ciencia, en el entramado de la fe y la increencia -que cada vez más se envuelve en ella- difícil pero abierta, como una nueva forma de contemplar y entender el mundo, ese que se proyecta en la huella creadora de la cultura. Los que queremos preservar para las futuras generaciones, lo mejor de la estética y el pensamiento, comprueban la utilidad de esas palabras.

Vivarium, recoge esos ecos. Y ha sido fiel a todas las voces que, con un pincel, un concierto, un poema, un cuento, un ensayo, han cincelado la porción que nos ha tocado de la maravilla de la existencia.

Todo empeño anterior, presente y futuro, es un canto a la naturaleza humana y al espíritu. Los viveros siguen abiertos para todos los tiempos por venir. En ese intento, nos va la esperanza toda, la de una nación, y la de sus mejores exponentes en el arte, la literatura y el pensamiento.

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Directora: Ivette Fuentes de la Paz
Asesor: Mons. Rodolfo Lois
Edición Digital: Raúl León P.
Asistente de Edición Digital: Grissel Glez
IlustracionesTomadas de Encarta(D.R.)

Publicación del Centro de Estudios de la Arquidiócesis de la Habana

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Mecacopista:
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Composición y realización:
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