"En este vivero pasaron el invierno de los siglos oscuros
los saberes antiguos, esperando mejores tiempos."
Casiodoro

Edición 1024 X 768


Los encuentros de Centros culturales

(Discurso de apertura del Reverendísimo Padre Bernard Ardura, Secretario del Consejo Pontificio de la Cultura, en el Primer Encuentro de Directores de Centros Culturales Católicos de México, Centroamérica y el Caribe. San José de Costa Rica, 22 al 24 de octubrede 2009)

 

  • Muy queridas Excelencias,
    Apreciados Directores de Centros Culturales Católicos:
  • En el lejano mil novecientos noventa y dos, el P. Hervé Carrier, primer Secretario del Consejo Pontificio de la Cultura, creado por Juan Pablo II en mil novecientos ochenta y dos, publicó un Diccionario de la Cultura, en el cual se refería a los centros culturales en general y describía a estos centros “concebidos como un servicio de extensión de una escuela, de un colegio, de una universidad, de una institución humanitaria o religiosa, que intentan por este medio ejercer una función de animación cultural en su ambiente y formar así futuros animadores”.

    Ya en este período el concepto de centro cultural llamaba la atención de nuestro Dicasterio, si bien detrás de este título aún no era muy clara la misión y fisonomía de estas instituciones.

    Aún así se afirmaba ya la idea de que un centro cultural católico debería estar orientado esencialmente hacia la promoción del diálogo entre fe y cultura, en vista a un crecimiento humano y cristiano de las personas y las comunidades, buscando sensibilizarlas acerca de sus necesidades y aspiraciones, permitiéndoles compartir y valorizar sus potencialidades creativas.

    Por lo tanto, cada centro cultural debe ser, de alguna manera, un lugar o una plataforma del encuentro de las personas con las grandes preguntas que caracterizan la condición humana en todas las culturas, porque están estrechamente ligadas a nuestra naturaleza humana.

    A diferencia de la universidad o de las grandes empresas que se orientan a un público preparado y de un cierto nivel, los centros culturales se proponen tomar un desafío que se puede resumir así: ofrecer a un público amplio, católico o no, la oportunidad de una confrontación con las grandes cuestiones de la humanidad a la luz de la Revelación Cristiana y de la enseñanza de la Iglesia Católica.

    Esto significa que a través de los centros culturales católicos, la Iglesia se dirige a todos y se propone acompañar a los menos instituidos en un itinerario de reflexión y formación. Abriendo las puertas de los Centros Culturales en las parroquias, en las casas religiosas, en las diócesis, la Iglesia crea espacios de diálogo y confrontación, de educación y formación permanente de jóvenes y adultos.

    Si algunos Centros Culturales Católicos son estructuras importantes y complejas, eso no es para nada una obligación. Frecuentemente basta una estructura institucional muy sencilla, dotada de medios simples. Tantos ejemplos me vienen a la mente, que demuestran la importancia de la pastoral de la cultura y cuanto sea determinante para ella la misión de los Centros Culturales Católicos, especialmente en el apostolado de frontera, por ejemplo en el diálogo con los no creyentes, los cristianos separados, los representantes de ambientes frecuentemente lejanos a la Iglesia, como la ciencia, el arte o la comunicación.

    El interés del Consejo Pontificio de la Cultura por los Centros Culturales Católicos coincidía con un importante programa de la UNESCO: el decenio mundial del desarrollo cultural, programado para los años mil novecientos ochenta y ocho – mil novecientos noventa y siete, con estos cuatro objetivos:
  • -Toma de conciencia de la dimensión cultural del desarrollo.
    -Afirmación y enriquecimiento de las identidades culturales.
    -Ampliación de la participación en la vida cultural.
    -La promoción de la cooperación cultural internacional.
  • Obviamente, el empeño de la UNESCO en el campo cultural recogía no solamente el consenso de la Santa Sede, sino también la disponibilidad de muchas organizaciones internacionales católicas a cooperar con el organismo para el éxito del “decenio”.

  • Otra razón impulsará al Consejo Pontificio de la Cultura a interesarse en el “decenio” y en los Centros Culturales Católicos: la necesidad de recoger los frutos del Concilio Vaticano II, en particular en el campo de la cultura, porque bajo el influjo del futuro Juan Pablo II, la Constitución Pastoral Gaudium et Spes ofrece de alguna manera, un concepto de cultura mucho más amplio, decididamente antropológico.

    La cultura no es una realidad abstracta, ni siquiera se reduce a “cosas” – obras de arte, instituciones – sino la cultura es fundamentalmente una realidad humana: es el mismo ser humano, en su humanidad, que tiende a convertirse en el problema central de nuestro tiempo. El hombre, en cuanto ser cultural, se pregunta como nunca sobre su destino personal y colectivo. Se pregunta cómo convertirse en artífice de su propio destino.

    En su discurso tenido el dos de junio de mil novecientos ochenta, ante la Conferencia General de la UNESCO, Juan Pablo II declaraba: “Hay una dimensión fundamental que es capaz de remover desde sus cimientos los sistemas que estructuran el conjunto de la humanidad […] esta dimensión fundamental es el hombre, el hombre integralmente considerado, el hombre que vive al mismo tiempo en la esfera de los valores materiales y en la de los espirituales […] el hombre vive una vida verdaderamente humana gracias a la cultura. La vida humana es cultura también en el sentido de que el hombre, a través de ella, se distingue y se diferencia de todo lo demás que existe en el mundo visible: el hombre no puede prescindir de la cultura”. Más aún añade Juan Pablo II: “El hombre es el hecho fundamental y primordial de la Cultura”.

    Los Centros Culturales Católicos nacieron de la necesidad – percibida por pastores y fieles – de promover una específica formación cultural y cristiana, junto a la formación ofrecida por las Universidades. En los Centros Culturales Católicos, el objetivo principal es hacer emerger las conexiones constitutivas entre la fe y la cultura, sea a nivel teórico de las relaciones entre fe cristiana, la ciencia o las bellas artes, sea a nivel antropológico para hacer entender las relaciones y los sistemas de interacción entre la fe creída y la cultura, en la cual esta fe se propone y se vive.

    Por lo tanto el surgimiento de los Centros Culturales Católicos en la misión pastoral de la Iglesia es fruto de su vitalidad y de la exigencia de la fe que tiene necesidad de la cultura para expresarse en diversas actividades. Más aún, escribe Juan Pablo II en la carta de fundación del Consejo Pontificio de la Cultura, el veinte de mayo de mil novecientos ochenta y dos: “Una fe que no se hace cultura es una fe no plenamente acogida, no totalmente pensada, no fielmente vivida”.

    Hoy la red de Centros Culturales Católicos es muy extensa en los cinco continentes, con gran diversidad de tipologías y de medios, según los países, gran variedad de instituciones – de los centros culturales dentro de las Universidades a la biblioteca, del museo didáctico al centro de muestras artísticas, del establecimiento de gran calidad al centro virtual, constituido por un equipo sin sede material que promueve una serie de iniciativas formativas en toda una Diócesis – y en fin, gran diversidad en la cualidad cultural y cristiana de las prestaciones.

    Esta disparidad, junto a un aislamiento de los Centros Culturales Católicos, han sugerido al primer Secretario del Consejo Pontificio de la Cultura, el P. Hervé Carrier, organizar el primer encuentro de Directores de Centros Culturales Católicos, en Chantilly, cerca de París, en el mes de septiembre de mil novecientos noventa y tres.

    Desde este momento, el Consejo Pontificio de la Cultura ha organizado alrededor de veinte encuentros internacionales en los cuatro continentes. América Latina ostenta el record de estos encuentros. Es muy significativo el hecho que también África y Asia se están equipando para intensificar los medios de formación, aprovechando las múltiples posibilidades ofrecidas por las riquezas culturales locales. Personalmente he visto la extraordinaria obra llevada a cabo en los países llamados de misión, tanto en la preparación inicial, como en la formación permanente de catequistas. He visto Centros Culturales Católicos en países con mayoría musulmana o hinduista convertirse en lugares privilegiados de encuentro y de diálogo intercultural e inter-religioso.

  • Por lo tanto queridos amigos, su presencia en este encuentro de Directores de Centros Culturales Católicos es muy importante y significativa, porque atestigua la necesidad de un diálogo intraeclesial, de una verificación de la comunión en nuestra misma fe católica y finalmente en un compartir fraterno de ideas, proyectos, dificultades, éxitos, en vista a una cooperación cada vez más real entre nuestros Centros Culturales.

    El Consejo Pontificio de la Cultura no tiene otra finalidad sino de favorecer esta cooperación gracias a una intensificación de las relaciones entre los Centros que constituyen una red única en el mundo por su extensión y operatividad en las más variadas situaciones.

    Ahora, este encuentro nuestro se caracteriza por el propósito de hacer nuestras las conclusiones e indicaciones de la V Conferencia del CELAM en Aparecida. Por eso hemos elegido como tema generador: los Centros Culturales Católicos Discípulos Misioneros de Cristo.

    Estoy seguro que el compartir fraterno de nuestras experiencias nos será de grande ayuda para tomar los desafíos de la cultura actual y de los cambios profundos de lenguaje que nos permita anunciar la Buena Nueva del Evangelio. María Santísima, Estrella de la evangelización nos asista en la premurosa búsqueda de los medios más aptos para testimoniar como verdaderos discípulos del amor de Dios que permanece siempre fiel.

  • ¡Buen trabajo!

 

Directora: Ivette Fuentes de la Paz
Asesor: Mons. Rodolfo Lois
Edición Digital: Raúl León P.
Asistente de Edición Digital: Grissel Glez
IlustracionesTomadas de Encarta(D.R.)

Publicación del Centro de Estudios de la Arquidiócesis de la Habana

Se prohibe la reproducción total o parcial de los materiales aparecidos en esta revista sin autorización del consejo editorial

Consejo Editorial Doribal Enríquez/ Ricardo Manso/Luis Enrique Ramos
Mecacopista:
Doribal Enríquez
Composición y realización:
Evelio F. Reyes