"En este vivero pasaron el invierno de los siglos oscuros
los saberes antiguos, esperando mejores tiempos."
Casiodoro

Edición 1024 X 768

Doctor José O. Suárez Tajonera

In memoriam

Por Jesús Dueñas Becerra

“Hasta muertos, dan ciertos hombres luz de aurora”.
José Martí.

 

A principios de los años 2000, Dios y la vida me concedieron el privilegio de tratar “cara a cara” al doctor en Ciencias Filosóficas José Orlando Suárez Tajonera (1928-2008), profesor emérito del Instituto Superior de Arte (ISA) y miembro activo del Centro de Estudios Arquidiocesanos de La Habana (CEAH), hasta que, de una dimensión espiritual en que vivía, transitó sin sufrimiento alguno hacia una dimensión divina, donde duerme el sueño eterno en los amantísimos brazos del Espíritu Universal. No obstante, su ilustre nombre me resultaba familiar desde la década de los sesenta del pasado siglo, ya que era, es y será una de las figuras emblemáticas en la enseñanza de la Estética, no sólo en la ínsula caribeña, sino también en Iberoamérica, donde dejara una huella indeleble en la memoria sensible de sus discípulos, a quienes no sólo les enseñó los “secretos” de esa disciplina filosófica, sino también les alimentó -¡y de qué forma!- el intelecto y el espíritu, porque -al igual que Martí- estimaba que “… no hay monstruos mayores que aquellos en que la inteligencia está divorciada del corazón”. 1

La carismática personalidad del doctor Suárez Tajonera convocaba tanto a la sabiduría como a la incondicional entrega afectiva, ya que pertenecía a esa casta de seres superiores, pero no por su erudición, sino por lo que era: un maestro único e irrepetible, caracterizado por la sencillez, la humildad, el respeto absoluto a la otredad, así como a la dignidad humana del estudiante, al que jamás humilló con su cultura filosófica y general.

Con apoyo en la martiana ciencia del espíritu, 2 el profesor Suárez Tajonera sabía tender puentes, no establecer diferencias abismales entre él y los estudiantes, a quienes percibía como a jóvenes ávidos de conocimientos, pero también de ternura y de afecto, que sólo los verdaderos educadores -desde Varela hasta él- pueden dar, sin exigir ni esperar nada a cambio; por otra parte, los enseñó a dudar que es sinónimo de pensar. 3

Tuve el placer inefable de ser uno de esos “discípulos privilegiados” que se enriquecieron intelectual y espiritualmente con sus valiosos consejos, sus apreciaciones de grueso calibre, sus críticas constructivas que tenían la suavidad de la seda y el sabor de la miel y, por encima de todo, con su sincera amistad, que guardo -cual preciado tesoro- en lo más hondo de mi ser, hasta tanto pueda encontrarme con su espíritu en ese espacio infinito, lleno de música, luz y color, adonde van los hombres y mujeres que, al decir del Apóstol, “aman y fundan”. 4

El doctor Suárez Tajonera recibió en vida toda clase de reconocimientos científico-académicos, tanto en Cuba como en el exterior…, pero en esta evocación literaria -”escapada” de lo más hondo de mi yo íntimo- sólo me referiré a dos de ellos: Miembro Fundador de la Comisión Nacional de Grados Científicos; distinción que le fuera entregada, en junio de 2007, en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, y que generó una entrevista, 5
publicada en las páginas de Librínsula, boletín electrónico de la Biblioteca Nacional José Martí.

A finales de ese año, el Ministerio de Cultura le otorgó el Premio Nacional de la Enseñanza Artística, motivo por el cual la colega Aracelys Bedevia, 6 periodista de Juventud Rebelde, lo entrevistó para ese medio de prensa, mientras que el autor de esta semblanza le dedicó la crónica “Enseñar es crecer”, 7 publicada en la revista Palabra Nueva, no sólo por el lauro obtenido, sino también por sus ocho décadas de fecunda vida y más de 45 años de consagración en cuerpo, mente y alma a la educación superior cubana e iberoamericana.

Después de su lamentable deceso, entrevisté a dos de sus más fieles discípulas: la doctora Natividad Norma Herrera, 8 profesora principal de Estética del ISA y a la profesora Teresita Valiente, 9 pianista del Ballet Nacional de Cuba (BNC), quienes re-vivieron en su mente y en su alma el recuerdo imperecedero de su maestro, colega y amigo del alma.

Por último, el doctor Suárez Tajonera 10 y el M.Sc. Alfredo Martínez Gutiérrez, 11 también profesor del ISA y su entrañable hijo intelectual y espiritual, escribieron -a cuatro manos- una reseña de mis libros La danza vista por un psicólogo 12 y La danza vista por un crítico teatral. Arte danzario y periodismo cultural, 13 donde hacen una disección crítica de esos materiales, cuyo objetivo fundamental no es otro que establecer el vínculo ciencia-arte, así como la relación arte-danza-periodismo-cultura.

Mi yo afectivo quedaría lastimado de por vida, si no cedo a la tentación de citar algunos párrafos de esa reseña, verdadero paradigma de cómo debe valorarse, desde una óptica objetivo-subjetiva, una obra literaria.

Para los profesores Suárez Tajonera y Martínez Gutiérrez, “… lo primero que descubrimos fue que [el autor de esos textos] está en el espíritu del gran maestro ruso A. Shaiskevich, [quien] creía que ‘no son los battements a la barre, ni el virtuosismo de una elevada técnica, los que producen el milagro del vuelo, es el arranque espiritual, el éxtasis’”. 14 “… Otro […] descubrimiento que hicimos en su obra y que llevaremos de inmediato a la docencia [pre y posgraduada], es que toda gran creación danzaria exige dos grandes instrumentos: poder espiritual para ver las imágenes invisibles y poderío técnico que permita incorporar esas imágenes al lenguaje de la danza”. 15 “…

Por último, […] es uno de los poquísimos críticos de danza que siente como una necesidad el estudio del movimiento que en la danza, como en las demás artes, existe como una relación hacia, desde y con el cuerpo-instrumento que, al no reducirse a lo físico, exige estar afinado, que significa estar en armonía con ese acorde cuerpo-mente-espíritu”. 16

Si el doctor José O. Suárez Tajonera en una de esas clases formalmente informarles que me impartía cada vez que departíamos en su casa o en otro lugar cualquiera, no me hubiera explicado, o mejor delimitado, la diferencia fundamental entre modestia (el peor enemigo del talento, al cual enturbia y enloda) y humildad (estar consciente de que uno sabe y de por qué lo sabe, pero estar mucho más consciente de lo que ignora, porque el conocimiento humano es infinito como el universo) jamás hubiera citado esas frases paradigmáticas de mi virtuoso maestro y de su heredero intelectual y espiritual.

Me despido del doctor José Orlando Suárez Tajonera con un aforismo vareliano: “… la juventud a quien consagré en (este) tiempo mis desvelos, me conserva en su memoria, y dícenme (sic) que la [futura generación] no (escuchará) con indiferencia mi nombre”17, porque usted cumplió con creces su cristiana misión en la tierra: amar, perdonar y servir al prójimo.



NOTAS

1 Ramiro Valdés Galarraga. Diccionario del pensamiento martiano. La Habana: Editorial Ciencias Sociales, 2002: p. 318.
2 Véase al respecto: Diego González Serra. Martí y la ciencia del espíritu. La Habana: Editorial Si-Mar, 1999; Dueñas Becerra, Jesús. “José Martí y la ciencia psicológica”. Revista de la Biblioteca Nacional José Martí. 2003; 94 (1-2): pp. 145-148.
3 Aracelys Bedevia. “Dudar significa pensar”. Juventud Rebelde. 43 (58); 4 de enero de 2008: p. 4 (cultura) (Entrevista al doctor José Orlando Suárez Tajonera, Premio Nacional de la Enseñanza Artística 2007).
4 Valdés Galarraga. Op. Cit.: p. 291.
5 Jesús Dueñas Becerra. “Una vida consagrada a la enseñanza artística” (Entrevista al doctor José Orlando Suárez Tajonera). Librínsula. 4 (182): 29 de junio de 2007 www.bnjm.cu.
6 Bedevia, A. Ob. Cit.
7 Jesús Dueñas Becerra. “Enseñar es crecer”. Palabra Nueva. 2008; XVI (170): pp. 66-67.
8 Jesús Dueñas Becerra. “La ética y la estética fundidas en cálido abrazo”. www.radioprogreso.cu (cita con el arte) (Entrevista a la Dra. Natividad Norma Medero, profesora principal de Estética del ISA).
9 Jesús Dueñas Becerra. “La estética es usted… Maestro” www.mujeres.co.cu (cultura).
10 José O. Suárez Tajonera, y Alfredo C. Martínez Gutiérrez. “Jesús Dueñas: un crítico de danza con duende”. Vivarium. XXVI; jul. 2008: p. 73.
11 Ídem.
12 Jesús Dueñas Becerra. La danza vista por un psicólogo. La Habana: Ediciones Vivarium, 2004.
13 Jesús Dueñas Becerra. La danza vista por un crítico teatral. Arte danzario y periodismo cultural. La Habana: Ediciones Vivarium, 2006.
14 Orlando Suárez Tajonera y Martínez Gutiérrez. Ibídem: p. 73
15 Ídem.
16 Ídem.
17 María Margarita León Ortiz. Pensamientos de Félix Varela y Morales. La Habana: Ediciones Bachiller, 2008: p. 98.

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