"En este vivero pasaron el invierno de los siglos oscuros
los saberes antiguos, esperando mejores tiempos."
Casiodoro

Edición 1024 X 768

 

JOSÉ LEZAMA LIMA

Una crónica familiar

Por Ernesto Bustillo

Estas reflexiones de mi familia sobre José Lezama Lima, son como buscar memorias, buenas y malas, circunstancias guardadas, y penas entroncadas en un pasado. Las ocurrencias y semejanzas de JLL a los familiares fueron diferentes para todos. Lo que sí puedo reafirmar es que todos supimos que la separación de la familia en todos los momentos de su historia, así como los contratiempos y las alegrías, fueron moldeándonos a todos. Tengo que buscar muy dentro de mí para no redundar. Y a la vez, conservar su respeto y mantener la historia tal y como fue y no como pudo ser.

Muchos fueron los puntos claves en la literatura que él le mostró al mundo. Para nosotros fueron sólo algunas que activaban nuestras inquietudes para entender el porqué…y tal vez entendiendo que no llegaríamos a ese punto aún.

Lo primero que trato es el tema de la familia. La familia es la que nosotros vivimos, no con la que el mundo se relaciona. Esta intimidad es la que él vocalizaba en los signos de sus versos y de sus prosas. Este intenso escenario proyecta no solo sus momentos en Paradiso, sino también en sus otras obras. Sus momentos trágicos y felices de su niñez, dan una detallada suerte de los eventos que transcurrían. Sin ellos, sus prosas no tuvieran la misma definición. Su padre fue su ídolo. Un hombre de principios españoles y militares. Fue un hombre que moría por su familia y por su patria…y así pasó. Tristemente, la familia no madura y no pasó a entender esto hasta mucho después. Su muerte fue un dolor que no podían captar en aquel momento, después se fueron marcando hechos porque su fantasma los perseguía guiándolos hasta su fin. Al estar solos, la familia se recluyó en la casa de abuela Celia, una puertorriqueña, de padres españoles, que va superando el dolor de su hija como un canguro con su bolso de cría. Celia le dio todo lo inmaterial. Eran tiempos difíciles. El gobierno estaba corrupto. La economía difícil. La familia pertenecía a un status social acomodado. Se querían mantener ahí. No fue fácil. Estas eran realidades que ondeaban sobre la familia como una marea inquieta. La familia dependía financieramente sólo en lo que le daba la herencia del coronel. No era mucho y la milicia en ese entonces no proveía un dinero que permitiera vivir. Lo esencial de esta época, es que ya JLL iba colocando memorias en su mente, que algún día, muy pronto, la iba a poner a prueba. Celia y Rosa, su abuela y su madre, fueron como las riendas de un carruaje con caballos mal entrenados. Poco a poco, lo lograban. Pasado un tiempo, ya JLL comenzó su Colegio de leyes, y se mudan al fin a la casa de Trocadero, donde empieza a recapitular y a organizar los eventos familiares. Se encuentra con que tiene que desahogarse de todo lo que ha visto hasta este punto. Al principio escribe lo más explicable, ya afilando su tesoro para un futuro. Todavía no era tiempo de destaparse por completo. Como si quisiera apuntar su arma sin disparar. Durante estos tiempos, él va conociendo a varios autores y se va metiendo como un metiche para oír a los grandes autores de su día. Esto también influye mucho en como iba a enrumbar Paradiso y sus otras obras. No tengo duda que cuando llegó el momento de escribir sobre su familia, tomó todo lo que tenía por dentro y comenzó a escribir sin cesar como unas cataratas, incluyendo también relatos de los grandes escritores de su época. Sabemos (o sospechamos) las razones que él aportó, porque sus personajes fueron tal como fueran. Lo que sí entendemos como familia, es su percepción de la forma de estos actores familiares y el punto en que pasaron a estar ahí. Les cambió el nombre a muchos por ciertas razones. No era por proteger su identidad, ya él sabía que iba ser un libro de familia y que todo el mundo lo iba a saber; pero más bien era por las circunstancias que ellos representaban. Su percepción y su reconocimiento fueron enormemente hechizados. Sus tíos, tías, abuelos, y abuelas, con sus propios problemas sugestionaron sus figuras en su novela. Los nombres eran representativos del momento en que los captó más afectuosamente, para ponerlos en Paradiso. Si no fuera así, Paradiso y otras de sus prosas nunca hubieran podido ser un logro. No menciono su estilo de escritura porque no fue esta su intención inicial. Lo del estilo barroco y la mitología, fue a propósito de una casualidad que sucede después. Pero, si nos damos cuenta, al relatar sobre su familia, usa más metáforas familiares que mitológicas o simbólicas. Pienso yo que si lo hubiera hecho de otra forma, se hubiera perdido su interpretación y quizás hubiera sido una falta de respeto hacia la familia. Cuando toca los puntos y eventos familiares, hasta en obras que no son Paradiso, nunca parece penalizarlos. En ningún momento les falta el respeto ni los pone en un grado menor de lo merecido. Siempre buscó la forma de ejecutarlo para que fuera aceptada, tal como un alfarero con un pedazo de barro transformándolo en una pieza de arte, para que fuera agradable a la mirada de los ojos. Me supongo que tomó su tiempo hacerlo tal como él lo deseaba. Mi abuela siempre pensó que él vio la familia de una forma muy íntima. Al ser el hombre de la casa, sólo habitaba lo femenino cuando tenía que ser caballero. Su orgullo de tener a sus hermanas y su madre muy dentro de sí mismo. Como un retrato de familia les dice a mi abuela y a Eloísa retratadas con su madre: “Estarás siempre con nosotros”. Frase que él quería apresar en su tumba. (Recordatorio por JLL de un retrato de Eloísa, Rosa Lima, Rosita, mayo de 1966). Así también se produce este entendimiento y respeto familiar. Lo más importante de este punto, que me arriesgo a contar, es que JLL fue partícipe de estos mismos acontecimientos familiares, que se resuelven sólo cuando los pone en el papel. Para mí, su prosa era su guía sicológica familiar y personal. Era en ella donde él se podía descargar, pero siempre ocupando su lugar sano y seguro para su familia. Las tribulaciones de un pasado las captó con cautela y las demás hermanas fueron “recogidas” en esa cáscara de huevo para no romper su confianza. Su mente talentosa llegó a valorizar y elevar a su familia de una forma muy particular y especial. Hoy día todos nosotros tenemos un libro, que guste o no, transformó a nuestros antepasados en un legado para que nuestros hijos lo admiren. Por casualidad o no, lo hizo así. De ahí entonces partimos nosotros para enseñar a nuevas generaciones que hubo un tío lejano, muy nuestro, que fue capaz de habitar en una historia familiar que nadie hasta este punto ha intentado.

Los gobiernos que JLL vio pasar por su vida, fueron la argamasa que moldeó su existencia. Es un tema que tomo yo con mucha precaución. No escribo sobre esto por ser político, ni por querer culpar a gobiernos, o sus gobernantes, sus prácticas y sus creencias, sino que es sólo para interpretar cómo anidaron en JLL y en nosotros como familia. Todo ser humano entiende o debe entender que el gobierno, cualquier gobierno, que le rodea, le va afectar. La familia de JLL no fue ninguna excepción, lo mismo en tiempos de Machado que en la revolución de la Isla. JLL nunca fue ciego a esto y tuvo mucho cuidado en poner en igual categoría lo agradable y lo desagradable.

A veces fue partícipe del silencio del gobierno y a veces fue parte del gobierno. Nunca siendo un político, tampoco jugando con el “subibaja” de estos hombres. Nunca dijo si estaban en lo correcto o no, ni si eran tiranos, dictadores, o justos. Lo que si siempre extrapoló de ellos fue el deber que él tenía con su país y su amor a su patria, tal como le enseñó su padre. Tenía su propia opinión, como todo ser humano y sólo en los momentos adecuados lo puso a prueba. Sus prosas contenían muchos retos para toda la historia cubana que fue proyectando para lanzar una idea aunque no fuese necesariamente participe de ella. Su análisis de cómo tenía que utilizar lo escrito contra lo íntimamente deseado, lo destacó fútilmente. Pensemos que en cualquier momento de su vida pudo haberse conducido erróneamente. El no eligió este paso. Al contrario, vio que si decía ciertas verdades de cierta manera, no había posibilidad que otra verdad, inventada o no, lo fuera a proteger. Fue responsable de lo que escribía y si lo juzgaban equivocadamente, que así fuera. Como escritor y autor, todo pincel toma responsabilidad por sus palabras. Él se condujo en esa vía a pesar de las justicias e injusticias que él padeció.

 


Lezama con varios de sus amigos,
entre ellos Fayad Jamís.

Logró adornar sus palabras para nunca ofender. Hasta cuando querían provocarlo, no pudieron porque, creo, se daban cuenta de la eminencia que ya prevalecía en él. Su rango fue de otro mundo. Mi punto de vista es que hoy, el pueblo cubano le honra a pesar de lo que él fue humillado en todos los momentos pasados de su vida. Y que todos sepamos que esto fue parte de su historia, pero que su familia lo analizaba de una forma no tan genial y comprensiva como él. Nuestra familia fue más ( ) práctica que genial. Éramos capaces de entender esta diferencia, pero lo inexplicable siempre pesó más. En cualquier momento de su historia, la familia creó su propia opinión y entendimiento. No seleccionó o destacó sin destacar gobierno alguno, ni tampoco lo hacemos como familia. Que JLL fue atolondrado no es un secreto y la familia toma esto como un ataque absurdo y persecutor. Esta persecución fue tan personal que siempre se exaltó por toda la familia. No dejo recalcar esto, pero sí me complazco, hasta cierto punto, que hoy en día su pueblo, el cubano, ya lo reconoce por lo que era y es. Como parte de esta gran familia lezamiana, siento los momentos más difíciles por los que él pudo haber pasado. Pero para perdonar, está un ser más grande que lo ve todo. Y es a ese ser que acudo yo, tanto como mi familia. Un ser que nos da a todos la capacidad de saltar estos hechos y nos dice que busquemos el perdón para llegar a un extremo espiritual diferente. Las heridas de las generaciones pasadas van a ser más profundas que las nuestras (nuevas generaciones). Nosotros no vivimos aquellos tiempos, ni tenemos el mismo sentimiento para vivir estos malestares. Pero sí pertenezco a esta familia heredera de todo, lo bueno, lo malo y los momentos que todos pasaron. Comprendemos que la injusticia infligida a mi JLL fue real, pero también transitoria y relegada a un pasado que se queda en sus prosas y obras. Cuando leamos sus palabras, debemos hacerlo con la certeza que él decía lo necesario. Sean abiertos de mentes y que nadie les nuble sus propias interpretaciones. Él no quiso provocar suposiciones, ni quiso proteger lo escrito, sino que, destacó lo más intenso de las palabras para que un pueblo literato penetrara sus páginas con pureza. Me imagino que aquí es cuando puedo decirle a los lectores: la verdad nos hará libre.

El próximo tema fue la homosexualidad. Tema que en mi familia nunca fue tomado como cierto y más bien relatado como una mistificación de él como autor. Este tema vivió dentro de su mente, como una proyección de lo más tierno de un hombre y más capaz de perdurar como un hombre de mujer. Pienso que él entendía más su mundo cuando se identificaba con ese plano. No porque fuera realmente homosexual, sino por la posibilidad de (autosumergirse) en ese plano, más fácil de liberarse en él. Si fuera homosexual, pensamos que él perteneció a un mundo que hubiera sido más auténtico por tal realidad, no por el hecho mismo. El continuó su rumbo de escribir y no silenciar lo que él quería decir y editar en (tal tema). De todos modos, lo importante no es si lo fue o no. No creo que haya nadie en la familia, que le importara de cualquier modo. Lo que no queríamos o queremos que se pierda es la idolatría que todos le profesábamos. El logró que sus temas de homosexualidad tan precavidos por el mundo que lo rodeaba, fuera un intento de palabras metafóricas. Tampoco podemos excluir las verdades que le traían el vivir con tantas mujeres y su devoción a ellas, especialmente a su madre. Me inclino a dejar que este tema sea para que la sociedad lo interprete como quiera. Su mente reconocía que él tenía que estar en todos los niveles de la sexualidad para fabricar y aceptar no sólo su sexualidad real, sino la de los demás. Si esta manipulación fuera algo distante para nuestra familia, que así sea. La realidad es que para nosotros los familiares fue tan sólo Joseíto, tío abuelo nuestro, y que este punto se procesó y se vio totalmente diferente y nunca se mencionó como algo veraz. Fue sólo después al explotar su crítica, que este asunto fue más elocuentemente comentado en la familia. De cualquier modo, vivió, no podía, de haber sido un hombre de otros hombres, compartir tal vivencia porque la sociedad, la percepción de nuevas leyes y el convenio de ese momento, lo exilaron en su misma casa. Ya muerto, se aprovecharon de este tema más y más. Y fue enjaulado una vez, quizás más por sus decisiones. Lo que les pido a los críticos es que entiendan que esas sus decisiones no deben exiliarlo más, allá en su cielo. Critiquemos su mundo genial y su mente. Es ahí que vivió esta sexualidad, ya sea muy por dentro de él o hasta veces con sus compañeros. No nos concentremos en el acto que fue siempre una calumnia de los tiranos, sino concentremos en el legado que ha dejado, por todo lo que tenía muy dentro. Hoy en día, qué importa cómo se aporta este tema. Lo que como familia preferiríamos es que sea respetado su nivel clásico y su vida erótica tal como él la quiso crear y no como los persecutores aludieron sobre él. Es en ese plano que JLL vive y es como él quería expresarse. Me atrevo a pensar que fue a un nivel muy personal y que nadie supo cómo sus giros mentales compartimentaban estos pensamientos. Nosotros, por no enfrentarnos a un tema que en verdad no es de importancia, entendimos que moriría con él. Esta muerte perenne es la que nos lleva a protegerlo. Hasta cuando no entendemos sus motivos, su familia está unida en su defensa. Entendemos que estamos (la familia) todos abiertos a este tema. No nos cautivamos en sus caprichos, yo por lo menos al definirme con JLL, entiendo que su familia lo hubiera tratado igual que siempre me trataron a mí, con dignidad y respeto. Estoy seguro que, a pesar de ciertas parodias misionarias, su imagen, fuera homosexual o no, -aunque no hubiera sido fácil en aquel tiempo, para su familia-, siempre fue la de fiel hijo, hermano, y tío. Por ser esta clase superior de hombre, tuvo una sensibilidad que ni yo podría alcanzar. En fin, la familia lezamiana aconseja lo posible de esta sexualidad y la sigue canalizando en su candidez.

Apuntando sobre su estilo barroco en literatura, es para mí como estudiar el idioma más complejo. No pretendo hacer una crítica a su prosa, ni tampoco compararlo con otros. Sino presentarlo a nuestro mundo, más familiar, que utiliza lo barroco en un plano doméstico. Muchos han señalado que JLL es el más barroco de nuestros escritores, otros que sus obras fluctúan entre el neo-barroco, el barroco, la mitología, y hasta veces, la oscuridad. Igual que el Renacimiento en su momento, él también captaba un porvenir que abarcaba para considerarse diferente, a la vez que auténtico consigo mismo. Me quiero concentrar en el significado de la palabra barroco. “Joya falsa” es como me gusta relacionarla. Es como querer decir una cosa y describir e implicar otra. Mientras que pasaba el tiempo, él se iba uniendo más a este concepto irreal y misterioso. Nos parece a nosotros, los familiares, que todavía se nos hace ver este misterio en las conversaciones. Para nosotros fueron respuestas fáciles y contestaciones prevalecidas. Las conversaciones no llegaban a su mundo barroco. Sus palabras eran simples, casi de un tono realista. Un tiempo realista, estético, cristiano, moderno, filosófico, y quizás, místico. La falso y barroco de su platicar reinaba en su mente y no en la familia. Toda encuesta de familia que parte de la memoria y de esos representantes que todavía viven, dicen que salen de lo artístico para concebir su espacio en la familia. Elaboro este punto para explicar que quizás es en esta belleza realista donde podía existir lo barroco. Fue ahí que su “joya falsa” existía y fue ahí que esta perla llegó a ser prenda. Al discutir estos puntos con familiares, especialmente con Eloísa, pretendo de no adentrarme en lo que no viví. Pero, sí especulo que habían muchos otros a su alrededor que apreciaban lo que describo. Este arte barroco de mi tío abuelo, fue “arte de contraconquista”. Estas palabras resonarían para todo un pueblo lector en lo que él ya palpaba como su realidad.

 


Expongo la posibilidad que esta contraconquista fue lo que siempre puso a JLL en un planeta no comprendido. Esta contraconquista fue, creo yo, el temor de muchos. No sabían lo que iba a escribir y qué iba a expresar. Plenamente, escribía palabras y si se les aplicaban, amén. La oportunidad de perjudicarse más no fue lo que él temía, sino el no poderse expresar en su estilo barroco. Lanzó pocos deseos de su “casa cárcel”. Pero, lo que importaba es que siguiera su camino sin cesar. Él sabía que este estilo sería más advertido póstumo que de vivo. Y en eso no claudicó. Nombró su obra “La curiosidad barroca” para que hubiera una curiosidad. Sin la curiosidad del ser humano, dejamos de existir. Él puso en palabras lo que pertenecía a su mundo creativo. A la vez, intentó hacerla saber a sus familiares, de que nunca dudaran de sus propias curiosidades. Que sin esto, no llegaríamos a ser más que carne y hueso sin espíritu. Este tema fue muy tratado en la familia como algo delicadamente factual. No creo que en la familia alguien difiera de lo que digo. Fue como otro lema que siempre existió en nuestros hogares: “Es porque dudo que tengo fe”. Quiero pensar que JLL zigzagueaba entre los dos lemas: curiosidad y duda, lemas que hoy le pertenecen a mi familia. Es este mi concepto de lo barroco familiar. Una joya falsa que le pertenece a mi familia. Que sin duda ni curiosidad en la vida, llegará a ser prenda.

Su teología y la “religión Lezama” (como expresa Eloísa) son asuntos que le pertenecieron (a JLL) por su cercanía a Dios y a su amistad con Ángel Gaztelu. Rosa y Eloísa, sus hermanas, entendían que su vida espiritual era no sólo propia sino casi de un altar santificado. Añado yo, por otra parte, que era casi ilegal. No ilegal por ir contra su propia religión, sino más bien porque cuestionaba todo lo que se le presentaba. La religión a que él quiso llegar fue un juego metafórico. Fue ahí en donde él se podía sobrepasar de lo que era su religión actual o la mitología ortodoxa. No pienso que él rechazaba los dogmas y las doctrinas, pero los analizaba de una forma apasionante que causaba casi duda en sus creencias. Una gran discusión que tuvo con Gaztelu en su época fue si existía “un carajo”. Su conclusión fue que si existía el “carajo”, estaba vacío. Con esto subrayo que él no lo captaba por buscar atención. Era más bien porque él alababa su propia verdad, a pesar de que cabía la posibilidad de que la otra enseñanza más aceptada. Él se pone a una altura propia, y nunca a la altura de un Dios creador, e intenta restablecer la religión manteniendo un respeto supremo por la religión católica. Guste o no, así fue. Él no pensó que era lo correcto, pero sí estaba convencido de ello. De este punto en particular estuviera escribiendo por horas. Su religión establecida deriva de la católica. Su catolicismo fue base de esa generación. Fue su fe, lo invisible, lo increíble y lo imposible que hace nacer esta procreación. Entendemos que no fue contra su religión católica, pero siempre fue muy amigo de sus propias afirmaciones. Lo que lo hacía diferente eran sus declaraciones hacia lo imposible, sea porque el se extendía en las vías de lo secular, insular, y/o tradicional, no lo sé. Mas podemos ver en toda su expresión religiosa que iba concertando dogmas de todas las conocidas sin caer en una retórica de ninguna en particular. Pienso que prefirió escribir sobre todo lo que prefería que permaneciera en sus obras, por lo simple o lo más complejo que tuviera que ser analizado. Él fue su propio crítico en muchos puntos, pero en el de la religión fue aún más, por lo muy personal que llevaba su religión. Aunó todas estas doctrinas para mezclarlas y producir una receta nueva al hambriento de fe. Fue un punto de vista que profundizó exageradamente con un resultado paliadle. No suavizaba su contenido, sino que lo describía como un nuevo catecismo en una clase de teología. Desarrollo todo esto un poco más de lo que quiero, pero tengo que poner ciertas afirmaciones de la “religión Lezama” porque sin esto, su familia tampoco entendiera sus creencias ni su “catecumenado”. Sin esta expresión de lo que pertenece a un credo católico no se llegaría al evangelio de Lezama. Como familia, muchos tenemos nuestras opiniones de este tema. Muchos ni le prestan mucha atención a su filosofía. Yo, por lo menos, enfatizo que todas sus convicciones venían de una sabiduría bastante metódica. Un método que se aplicaba a lo conocido y se separaba de la ciencia y la política de la religión en sí. Fue a lo básico y ahí fundó sus mandamientos. Fui y he sido solo visitante de la “religión Lezama” como quien oye el sermón sin poderse bautizar. Como sobrino nieto, y parte de una familia que entendía su religión de lejos, no pude (o no me dejaron) entrar mucho en ese templo. Un poco porque nadie sabía cómo explicármelo tal y como fue, y también porque la única que se acerco de esta forma fue Eloísa. La familia no se adentró en esto como lo hizo Eloísa. Las tentaciones del mundo los cautivaban más que tomar parte de esta comunidad en la “religión Lezama”. Creo que es por esta indecisión familiar que se produjo en mí una inseguridad de lo que él vacilaba en realizar. Presento entonces esta indecisión y esta duda para que sigan preguntando. Tal y como supongo que él quiso que hiciéramos en nuestras propias religiones, igual les presento a ustedes que no paren de preguntar y curiosear sus intenciones y sus más intensas ideologías. Que esta “religión Lezama” les nazca a todos cotidianamente. Que sea una posibilidad de lo que todos podemos practicar con sacrificio a un ser más grande. Por último, que sea una declaración al mundo que Lezama hizo surgir una religión muy propia. Una religión que pudo compartirla con el mundo, tanto con su familia como con la familia de sus adeptos literatos y sus participantes. Y que a todos ellos les fuera permitidos entrar en el templo Lezama.

Por último, quiero dar mi perspectiva personal del hombre que fue mi tío abuelo, el hombre José Lezama Lima. Fue JLL un hombre de grandeza y de proyección histórica. Historia de un pasado e historia de un futuro. “Su” pasado y “su” futuro. El presentía que su historia sería utilizada de muchas formas, explotado, tal vez, con aplausos críticos y por una comunidad de corrupciones que giraba a su derredor. A pesar de esto, él no consideraba que estos hechos lo paralizaran. Es más, dejó que la historia marcara su itinerario por sí misma. Él tenía que saber o por lo menos sospechar que su persona seria homenajeada y exaltada en un momento dado. JLL desarrolló su impronta en todo lo que le rodeaba: la naturaleza, la religión, la poesía, el arte, lo estético, lo tangible y lo intangible. Esto es lo que lo hace ser mi ídolo y mi héroe. Este hombre fue quien, por mi admiración, me hacía buscar su mirada y su voz, sin nunca haberlo visto o oído. Ya después, de adulto, oí su voz en grabaciones publicadas. Lo que nunca podré en la vida es verle los ojos. Creo y espero que cuando vea sus retratos y ahí encuentre sus ojos, de alguna rara forma él me mire desde un cielo y apruebe mi percepción, conocimiento, y prudencia sobre todo lo que testimonio sobre él y la familia. Al irme un poco del tema, considero que sus raíces de todo lo que se pudo actualizar, lo publicó con la esperanza que su persona fuera a nacer y renacer en semillas sin aguaceros. Que con su propio alimento y su propia fuerza forje la tierra y crezca hasta ser árbol. Es en estas ramas de un gran árbol de contracorriente que empieza a aceptar lloviznas, chubascos, y aguaceros. Si no fuera así, su esperanza de lo que el fue como hombre, hubiera fracasado. Al contrario, su fortaleza y su voluntad para continuar, a pesar de los vientos que soplaban hacia él, fueron admirados por su familia. Es “mi” esperanza que la crítica vea lo mismo que vemos nosotros. Tengo y no puedo dejar dicho, (y la redundancia no sobra) que él fue un gran escritor, crítico, y literato. Un amigo de sus colegas y sus prosas. Sus obras le hicieron un hombre de naturaleza solar, caliente y ferviente para poder conquistar sus intenciones. Todas sus obras fueron y todavía son afirmación de lo que su calor dejó como llama a los demás. Su familia también se desluce a comprender, descifrar y traducir sus más simples de propensión hasta llegar cumplir su papel en nuestra familia. No obstante, ya se nos hace vivo en nuestra reflexión. Al especular sobre sus deseos íntimos, considero que como hombre de familia, hombre de la casa, y hombre de su madre, brotó “su” amor a su casa y sus profecías de sus familiares, de su presente, de su pasado, y de su futuro. Es su imaginación y su potencia por adquirir lo más útil de nuestra familia que guarda el vicio de vincularse a lo más sensato. Mantuvo estos tan preciosos pensamientos organizados de tal forma que sabía como usarlos con su familia y con los demás. Para concluir con este tema, que también pudiera llevarme a redactar casi una Biblia de su semejanza, digo con firmeza que sin estas semillas que él cosechó muy temprano en su carrera nada de lo que se cuenta en la historia familiar y mundial sería posible. Estamos todos en este “mundo lezamiano” porque él existió. Estamos en este fórum lezamiano porque él creó una incertidumbre digna de seguirse. Y por último, estamos viviendo una realidad que sólo produjo la mente profética de un genio que fue JLL, el hombre, mi paradigma.

Espero que estos seis aspectos, sobre las enseñanzas de JLL, puntos claves en mi familia sean entendidos. Yo y, tal vez, algunos miembros de mi familia, consideramos que estos temas fueron apuntándose a través de la historia. Como familia sabemos que hay muchos más elementos que se pueden elaborar y hasta de ellos hacer ensayos; yo escogí los seis más cruciales, los que siempre venían a la mente y confrontaba en una definición lezamiana en la familia. También espero que al concebir estos puntos tal y como los presento, comprendan que la veracidad de JLL fue más importante por aquello que decía y dictaba, que lo que grandes críticos (incluido él mismo), pudieran transmitirle al mundo. La crítica siempre lo tendrá como hombre de muchas palabras mitológicas, metafóricas, espirituales, religiosas, y barrocas. Para nosotros (su familia), este mundo marcado por la crítica, copió la vida que nosotros habitábamos, una vida muy correspondiente a sus deseos. No cabe duda que pudiera ser que alguien de su familia o cualquier escritor, hasta uno de los más grandes, pudiera dejar de poner a mi tío abuelo en un lugar emblemático. Si nos abstuviéramos de hacerlo, su familia dejaría de entenderlo y asimilarlo, y el escritor dejaría de ser digno de su crítica y de su palabra. Abogo porque todos continuemos siendo dignos herederos de lo que JLL dejó en la historia y que prolonguemos su vida por una eternidad. Este es el reto, no solo de familia, sino también de los educadores, escritores, y literatos también. Únanse a este reto.¡No se arrepentirán!

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Directora
Ivette Fuentes de la Paz
Asesor
Monseñor Rodolfo Loiz
Edición
Ángeles Ulloa
Ilustraciones
Portada/Fotos : Mauricio Hernández
Interiores/Fotos: Chinolope
y Archivo Familiar José Lezama Lima (Cortesía Ernesto Bustillo
)

 

Publicación del Centro de Estudios de la Arquidiócesis de la Habana

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