"En este vivero pasaron el invierno de los siglos oscuros
los saberes antiguos, esperando mejores tiempos."
Casiodoro

Edición 1024 X 768

 

CONFABULACIÓN

Revelación del mito

Claro que la naturaleza es emoción, y también es el instinto
de los proverbios no nacidos: imagen ancestral de algo
que se descubre de repente entre coordenadas de flechas y
nebulosas. La tarde es la noche y el día, es el éter mismo
en su nueva forma. Crepúsculo azul que provoca la impaciencia
de ser hacia el Ser, como sucede en los laberintos de Borges
o en los espejos de Carrol. La muerte aún es el gozne de una
imagen, donde se cruzan las manos de Lezama o de Rimbaud. Ese
viejo ardid del poeta, de mirarse en los ojos del otro. El
ímpetu girando en el círculo griego y los blasones de la
intolerancia buscando el Grial, redondeando la mesa de armaduras
quejumbrosas… Reconozco entonces que el mito fue de una
naturaleza intensa. Sin embargo, el sucedáneo crepúsculo, el de ahora,
está enriquecido. El mito paralizante, el desmedido,
la vieja cara de las imágenes vencidas, que nos provoca y nos
desdobla, ya no alumbra, ya no duerme, ya no clava nuestros
cuerpos contra el espejismo. Ahora creo, ahora existo, ahora
soy el otro verdadero, que me desborda con cierto anuncio de
que estoy en ti y paso por todas las historias aún sin escribirse.


Poema del agonista

Es el fuego que se levanta con su condenado.
Rimbaud

I

Como una llama de brillo esmeralda, la hoguera es un poema
cercano de atrapar el instante que se bifurca, sin eternidad
sino en el ubicuo presentimiento de su huida. El fuego crepita
y se desborda, se expande en puntos intermedios… Oh, Dios
espero el salto. Ando tras de ti desde hace siglos, y quiero
ser más que la emoción, más que el instinto de tu propio sueño
… Por ti estoy aquí, como el fuego sin resignación… ¡Aquí!
Sí, inepto pero latente, dispuesto a transformarme, temeroso y
deprimido, en fin, un continuador de tu pasión bajo nuevas
circunstancias.

II

Es la incandescencia que resurge. Fue sólo un segundo, quizás
menos… Y ahí quedé yo, para siempre, como un soplo de recuerdo
más allá del tiempo.

III

Voy ardiendo, hueso a hueso. Sólo por dentro, pero todos lo
saben. Tremolan los muros invisibles y los ladrillos y los
sillares, transparentes, se derriten. Vuelco y mudo lanzo mi
interior al cielo, y me convenzo de mi estado de conciencia
… Estoy más allá de mí —me digo, y creo en los mundos
increados… Oh, Dios, tú de mí… Soy, de pronto, el reverso
del miedo… el fuego mismo sobre la ciudad.

Y del horror que permanece entre nosotros
¿cómo salir en el instante preciso?

 

Los insectos sin nieve

Los insectos sin ojos que ruedan por la nieve
José Lezama Lima

Somos los insectos sin nieve
los insectos ya no ciegos que alzan los ojos
debajo del crujir de la maleza.
La bota es la noche
estrellada de clavos
el susto lento de una vida…
La moribunda oscuridad
que cae sobre la tierra.

La raiz de omega

A Teilhard de Chardin

El impulso
está al final
indetenible y eterno
nos encuentra en el origen.


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Directora
Ivette Fuentes de la Paz
Asesor
Monseñor Rodolfo Loiz
Edición
Ángeles Ulloa
Ilustraciones
Portada/Fotos : Mauricio Hernández
Interiores/Fotos: Chinolope
y Archivo Familiar José Lezama Lima (Cortesía Ernesto Bustillo
)

 

Publicación del Centro de Estudios de la Arquidiócesis de la Habana

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Mecacopista
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Composición y realización
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