La Vida por delante
Sin esperar a darnos cuenta
ANTOLOGÍA POEÉTICA

Doribal Enríquez


 

 

Los ángeles no son sino demonios (2006)

 

Édith Piaf flirtea


édith piaf asume que me conoce, allí en su sena,
como quien da de comer a las palomas
mientras busca el modo de ayudar a los huérfanos.
su cuerpo flota en ese río,
y siente el agua tragando la mano extendida.
los ojos descubren la boca y la migaja
donde se suicidan las palomas,
la canción en la voz de la piaf.

malecón de la habana, o islas canarias,
el mendigo se acuesta con la víctima:
las manos ofrecen la gramínea hasta que la moneda cae,
y caen los cuerpos al sena.

édith mira, cree conocerme desde hace mucho,
le pido que cante, desnuda, desinhibida,


para oír su erre gástrica
cuando oprime la flor en la solapa.
el cuerpo serio y frío de ella misma emerge de la alcantarilla
donde el manifestante equivocado,
se hace de una bandera que no le pertenece.

isla en otras islas;
y cabe édith con la vida en rosa, y más allá la esfinge en un rescate reciente.
sobrevivir entre bosques inhumados:
plata, mucha plata para comprarlo todo,
menos tu cuerpo flotando entre los huérfanos.

 

Desde un recuerdo


al flaco carlos de padura

se lanza desde la botella de ron
junto al motín que resulta su silla de ruedas.

mirada en cuclillas de su madre
a la misma altura de su cara.

da lo mismo lanzarse desde un puente
que desde un recuerdo.
en cambio, desde un sillón con ruedas
se empina la botella de ron
(lo más es orinarse pantalones,
recordar a la mujer amada
cuyas cartas se fueron extraviando
en el espacio inverosímil de los mapas).

desde esta altura, la tierra y las personas
se mezclan.
todos celebran lo gordo que te pones,
y alcohólico, y triste,
recordando.

el pasado para todos no fue igual,
sino prestidigitación,
discos a escondidas.

los domingos muestras que la vida es linda,
lujuriosa,
y aquella muchacha parada en esa esquina,
no viene a verte
porque no hay nada más contagioso que la complicidad.

 

Sin conocerse apenas

el sueño de la razón
produce monstruos
(grabado de Goya)

 


guillermo tell apunta,
con desatino se fija en la manzana
-made in usa-
y se asombra de sí mismo.

dispara su ballesta,
y la flecha va a parar al centro.
murmullo ahhhh ahhhhh…
su hijo cae
en cámara lenta,
como samurai.

ora guillermo afila el taco,
ora invita al niño a disputar la partida

que se deben hace un montón
sobre el tapete verde.

enclaustrado en su silla,
un pincel recoge la apoteosis y apunta
en un papel –made in china-
y termina de tomarse su heineken.
chica que no lo reconoce, y pregunta
«usted, de dónde es» -en español, como se debe.
y escapa con sus lienzos,
esbozos, sed y ganas,
no sin antes dejarle un adiós en el escote.

 

Los mortales


velázquez, las meninas,
el hombrecito del fondo
(contra borges)

domingo tras domingo vienen los míos,
y una larga fila espera nos dediquen su tiempo.

espejo de muchacha, portátil, deletrea
-acto arrepentido cuando un joven muere
sin permiso-;
velázquez mismo copia la escena.

hombre al fondo que no sabe si irse
-así y todo las niñas sádicas disfrutan.
siempre habrá chance

vamos hacia la puerta donde el personaje duda,
olvida esta sala,
el agujero negro…
sigues pintando para todos
sin indagar por nuestra identidad.
la muchacha a mi lado se arregla, se resigna.
el hombrecito incrédulo se queda
como esperando a ver qué hacemos.
velázquez con su no jodan más,
quédense tranquilos.
(una de las meninas repara en el sayón)
aunque, claro,
esto no se verá nunca).

 

Hiroshima sans amour

no tienes la culpa que ya no tenga manos
para anunciarte vísperas,
muros derribados, líneas divisorias;
ni mi puerta se cierre al menos para extraños.
no tienes la culpa que yo mire a tus ojos
y pregunte por tus reminiscencias y noticias
-vieja forma de tomar una foto y descubrir ángeles.

ni que quiten ganchos, aparezcan portones,
evitar alquimias, dioses plasticados.
y los vecinos comenten el parte del tiempo
para poder empinar las llaves escondidas.

te disculpo, aún si lloras
y no hacemos nada por evitarlo
-escondido en tu pecho tatuado.

voces llaman
desde un ataúd, una crucifixión, una cita inconclusa,
voces olvidadas por la necesidad, la total esperanza.
y es muy tarde,
viene el mar a ocupar su destino.

no hay foto que acorrale esa huella,
si alguien quiere amar
y le decimos cursi, inútil hasta matarse.

crecen rejas con carteles difusos:
«cuidado, hay nadie para nadie»
y la gente pasa, mira, se persigna.

candados, alarmas contra sentimientos subversivos,
en lugar del ganchito, sin retorno...

tú no tienes la culpa:
espérame
antes que venga la oscuridad a doblegarnos.

 

¿Barcos?


la inercia abre el picaporte

el caos nos defiende del orden
-lo que mejor puede ocurrirnos.

ante ti las puertas se retuercen.
soledad, cuarto,
escondernos.

suena el teléfono desde un fondo infernal,
y tu voz llega

 

Isla sin goznes


sube tu corazón a los labios
Julián del Casal

corazón y labios siguen siendo amuletos
-revolcarse en lodos exquisitos.
la tierra nos convierte en juerga
donde no caben nieve, ni antílopes, ni joyas.

este oficio ofrece ventajas y carnicería.
héroe y anacoreta se lo juegan todo:
el cadete apunta. el bardo llora.
el primero toma el gatillo y el poeta, el éxodo.
los padrinos lanzan entonces una moneda al aire.
subes a tus labios,
y el viento triste convierte a la tarde en corazón.

la moneda cae cuando todos -o casi todos-

ríen por tu lengua,
tu nada prometida.

ojalá
tu isla sin goznes se apiade de nosotros.

nadie se da cuenta:
los bosques, el poeta, la moneda,
quieren huir y no pueden,
el frío intenso del cuchillo ha marcado las citas
de donde no se regresa,
y lo sabes…
... en una tierra
que termina por ahogarse de risa.

 

Vendrá a buscarte el bosque

macbeth,
los herederos navegan, como cenizas, por tus brazos.
la tierra retuerce los designios,
se vuelven contra el viento glacial,
como islas y peces sepultados.

sientes el miedo inicial, la huida a egipto,
opción del abandono.

no terminarán hasta verte vencido;
morir significa secuencia repetida,
bosques para la herencia, la memoria…

...memoria, macbeth, que te traiciona,

víctima de un cielo que nada quiere saber
de ti y de los tuyos.

mas una salvación gravita, anuncia:
“puedes escapar, amado hijo del infierno;
conviértete en bosque… y serás libre”.


Entonces...


(...) Entraba en esa duración sin aire, sin luz, sin estaciones y sin fin
(Memorias de Adriano , Marguerite Yourcenar)

siento con escrúpulo
que vienen a preguntar y me piden mucho en esta tarde.

venganza impresa en una cinta, en un lugar del mundo que ignoramos,
mientras las canciones anuncian esperanzas a prueba de nostalgia,
y culmino en las despedidas que el tiempo no borró de los discos.

patios donde cruzamos con una bala en lugar de una flor.
bienvenida al recién llegado
-¿esperar si la unanimidad está en su boca?
se abalanza al sosiego y a las trampas,
desde antes de nacer y cerciorarse.

que no espere por mí,
ni por las estaciones.

 

Los viejos zorros siguen haciendo trucos

entonces vino el golpe de los nudillos
en el frenesí del juego.
perdimos en el mismo umbral de la esperanza:
recriminas una mala pisada, echándonos las culpas mutuamente
mientras el contrario se ríe de nosotros.

el golpe de los nudillos aborta una contrariedad,
magia tortuosa.
cómo regreso y digo que perdí hasta el alma.
el doblenueve como una vieja zorra.

cierran la caja, las palabras, el candelabro.
en la oscuridad los perdedores,
siempre solos en noche promiscua.
el negocio apenas recomienza.
ya vendrán otros a dejar su porfía, a apostar de nuevo
sus inconfundibles tronos y fieles servidumbres.

 

Rueca innombrable


nosotros reunimos nuestras soledades desautorizadamente
Gastón Baquero

a las puertas de constantinopla el hechicero aguarda;
como un labio o una tumba
dejan pasar la benevolencia, la trampa, la oquedad.
yo he dejado -dice- mi reino y mi nostalgia
en busca del hechizo mayor.
he dejado –reitera- a la mujer, el hastío, los sueños,
para ver la autenticidad de los regresos.

constantinopla no pierde un momento en tales desvaríos.
está segura de sus propias dádivas,
y no le hacen falta sino vientres maternos.

el hechicero vuelve para dejar constancia:
una piedra, una víspera, en hornos ajenos.
la ciudad que respeta, se persigna, cataloga,
ya no puede aguardar la suerte consabida.

constantinopla, no rescata memorias;
ella sólo tiende los brazos a razones eternas.

dedica plegarias para que lo dejen pasar,
como a un invocado, un brujo, una rueca innombrable.

 

Los de entonces siempre fuimos los mismos


a tallet

henos alrededor del ritual:
platos menos secretos, las frutas,
el tintineo de los vasos...
bracear los panecitos, la mantequilla.
como el primer momento de la colonización;
la esquina de tejas,
la quincalla barata, el limpiabotas.
a lo largo de portales convergen desmesuradamente
el tirador de la bolita, el loco legendario.

domingo, mi padre encargaría el pollo asado.
religioso fin de semana; ceremonia del tenedor, las cucharas,

en tamboreo we want food.
vienen los cuchillos, y el hábito descomunal
de los gestos
termina en el arroz con leche o la natilla,
el café
-¿y el resto?

infanta y monte unían su constelación
con carteles de elecciones y billetes de lotería:
cine valentino cedió bajo el peso de altos edificios
que esperaron veinte años.
champola, coca-cola,
se dejan caer junto a la sequía de los tiempos.
el tenedor entonces se levanta, bucea,
busca un atlas o la alfombra mágica.
vierto mi fe, mi soledad a otra gente que no serán nosotros;

alguien encarga una tarde, le llega puntual,
como el plato que nos sirven desde la nada.
sonreímos cuando la cuchara topa con el fondo,
con el fondo del hueso que se nos va quebrando.


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