Puentes cordiales

 

II


La polémica acerca del catastrofismo se convirtió en una de las cuestiones esenciales de los siglos xvii y xviii por sus implicaciones teológicas y filosóficas. Una revisión de la bibliografía especializada nos informa que el fenómeno ha sido abordado por estudios históricos, sismológicos, climatológicos, filológicos, entre otros.
Hubo en Iberoamérica varios terremotos que afectaron a diversas urbes y que dejaron una profunda huella en el pensamiento e incluso han sido reflejados en obras literarias. Por sólo citar algunos, vale la pena mencionar al de Santiago de Chile en 1647, el Cuzco y Santiago de los Caballeros de Guatemala en 1650, Lima de 1682 y 1746, el legendario de Esteco en Argentina de 1692 y, por último, el de Lisboa en 1755. Si en el chileno el Obispo Gaspar de Villarroel interpretó el cataclismo no en clave de “castigo” sino como una prueba para los fieles, en el de la capital portuguesa la reacción fue muy distinta.24 Coincidió el temblor con la celebración de la Misa de Todos los Santos y las velas encendidas en las iglesias y las casas particulares extendieron el fuego por toda la urbe. Los católicos culparon a los judíos y los anglicanos a las faltas morales de los católicos alegando que el único templo que había quedado en pie era protestante. Si para la teología católica de entonces el mal físico era un resultado del moral, los habitantes de la ciudad eran los causantes de esa “ira divina”.25
La discusión no solo fue teológica, los filósofos también se hicieron eco de ella. En Cándido de Voltaire, su pérfido protagonista, tras escapar de Lisboa después del terremoto, se pregunta irónicamente y “atónito, desatentado, confuso, ensangrentado y palpitante”: “¿Si este es el mejor de los mundos posibles, cómo serán los otros?”.26 Literatura y catastrofismo van de la mano en esta obra representativa de lo dieciochesco. Detrás de este comentario, se percibe una crítica a Leibniz quien en 1710 había afirmado:


El Ser perfecto, en virtud de su perfección misma, debe crear el mejor de los mundos posibles, por lo cual se entiende aquel mundo que contiene el máximo de realidad, el máximo de esencia. Porque todos los posibles mundos son composibles, es decir compatibles entre sí. Hay una infinidad de mundos posibles, es decir colección de compatibles y, entre tantos, necesariamente uno debe contener una materia más rica y mejor organizada.27

Este alto nivel de discusión filosófica y teológica se hizo eco en la Península Ibérica durante el siglo XVIII, e incluso antes, y sobresale la figura de Fray Benito Jerónimo Feijoo quien dio a la imprenta su Nuevo systhema sobre la causa physica de los terremotos (1756). También hallamos, por sólo citar algunos, los textos Dissertacion physica: origen, y formacion del terremoto (1755) por Francisco Martínez Moles, Lecciones entretenidas, y curiosas, physico-astrologico-metheorologicas sobre la generacion, causas y señales de los terremotos (1755) por Diego de Torres Villarroel, Carta philosophica, sobre el terremoto que se sintio (1755), Relacion de las noticias .. de los estragos causados en Valencia desde el dia 23 de marzo, que empezaron los primeros Uracanes y Terremotos (1748), Copia de una carta escrita por un professor salmantino .. en el que defcubre la verdadera causa phifica, y natual del terremoto (1755), Copia de la carta en que se manifiesta que la electricidad ya natural, y ya maquinaria no puede fervir de fundamento para explicar la divergencia de los terremotos (1755) de Fray Miguel Cabrera, Relacion del admirable hvracan y espantoso terremoto de agua y viento (que por fecretos juyzios de Dios nueftro Señor) vino fobre la Ciudad de Granada (1629), Relacion verdadera de los terremotos padecidos en el Reino de Valencia (1748), Reflexiones critico-theologicas sobre la respuesta a la carta .. sobre la verdadera causa del terremoto fundado en las escrituras (1756) y, por último, Nueva relacion y cvrioso romance, en que declara los terremotos de Roma (1713) escrita en verso y aparecida probablemente en Sevilla. En la página 5 del poema de Serrano, aparece una alusión a alguna de estas fuentes que se debatían en la naturaleza y definición de las catástrofes: “Corfini de motibus terre Phif. Tract. T. d. 4. c. 13.”


De todos los opúsculos anteriores, un buen grupo de ellos son posteriores, como indica su fecha, al sismo de Lisboa y están inmersos en la polémica acerca de si las “causas” son “morales” o “físicas”. Probar que semejante desastre natural tuvo una “causas física” implica salvar la responsabilidad moral de los pobladores de la Península Ibérica y, por consiguiente, la de la sede del Imperio mismo. Aceptar ser una “Nación pecadora” tenía profundas implicaciones en el discurso político pues eso no suponía al Estado como capaz de llevar adelante su misión “redentora” en el Nuevo Mundo. Por todo ello, la mayor parte de los autores de la época sostienen que las causas son exclusivamente físicas. El discurso teológico se puso al servicio del político.
El texto literario más temprano sobre un sismo que conocemos en Iberoamérica es un informe de 16 folios sobre el terremoto de Lima de 1609 que Pedro de Oña dirigió en verso a Juan de Mendoza y Lima, Marqués de Montesclaros y Virrey del Perú:


Zimbra toda pared, cruxen los techos
agudo pulsa, y late el suelo aprieta,
faltan los hombres, en pavor deshechos,
y el alarido mugeril no cessa,
dan vozes, tuercen manos, hieren pechos,
y aun la curada crin alguna messa,
rezclando quiza sus cabellos,
que es el presente mal y castigo dellos
[..]
Creciendo va el terrible terremoto
açorasse el cavallo, el perro aulla,
y sin saver a donde, el vulgo ignoto
corre mezclado en confussion y trulla
la turbación, espanto, y alboroto
no dexan sangre, que en las venas bulla,
miedo la cuaxa, y el cabello eriza,
y embuelve los semblantes en ceniza.28

Unos años más tarde el poeta limeño Don Pedro de Peralta Barnuevo a los dieciocho años escribe un romance frente a la imagen de Cristo crucificado mientras ocurría el temblor del 20 de octubre de 168729. En el año 1713, la ciudad de Roma, centro de toda la cristiandad, sufrió un fuerte terremoto que no podía ser interpretado como un suceso exclusivamente profano. Sobre él, se escribió el siguiente poema:

A los catorce de Enero,
en efte prefente ano
de fetecientos y treze,
en que el Hijo de Dios Santo
naciò para redimir
al hombre prevaricado
por el primer compromifmo
de Adan, por aver faltado
al soberano precepto
[..]
Nueftro muy Santo Padre,
el roftro en tierra fixado,
pidiò à Dios mifericordia
por todo el Pueblo Christiano,
diziendo: Señor, Dios mio,
no caftigue el fuerte braço
de vueftra jufticia el Pueblo,
yo tan folo foy el malo:
[..]
O Gran Dios! Mifericordia;
no mireis nueftros pecados:
mirad, Señor, à Jesus,
por nofotros enclavado:
Mira fu Divina Cara,
y miralo Coronado
de los barbaros Cambrones.

El poema anterior desarrolla la idea de la catástrofe natural vinculada al pecado original, el de Adán, y al del hombre contemporáneo a los sucesos. Vemos un hablante lírico que invoca la misericordia divina constantemente. Incluso el mismo Papa asume frente a los hechos una actitud expiatoria al exclamar: “yo tan folo foy el malo”.30


Quizás de todos los estudios monográficos consagrados a la temática, el más completo de los consultados es la tesis para obtener el grado de Licenciatura en Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile, de Mauricio Onetto Pavez titulada De un Desastre a una Legitimidad: Los terremotos coloniales como espacio de inteligibilidad histórica. Siglos xviii-xix.


No debe extrañarnos entonces que once años después de los sucesos de Lisboa el Obispo Morell en una carta pastoral viera al terremoto de Santiago de Cuba el 11 de junio de 1766 como una consecuencia del “mal moral” de sus habitantes. De este documento, José Antonio Saco ha dicho:

De las fervorosas declamaciones del venerable Prelado contra los pecados reinantes en aquellos tiempos, puede barruntarse el estado de las costumbres, y el espíritu de la sociedad que alcanzaron nuestros abuelos; pero en grave error incurriríamos, si tomásemos a la letra las exageraciones de la Pastoral, arrancadas sin duda por el terror que aquella catástrofe había infundido en todas las almas. 31

Aparece la “causa moral” como justificación de un fenómeno natural que es enviado por Dios a los cubanos para castigarlos por sus pecados. Luego la interpretación teológica de la catástrofe purificadora de las faltas humanas procede del discurso eclesiológico. Según Saco, el mismo Morell vio en la toma de La Habana una prefiguración de las “plagas divinas” con las cuales debían ser azotados los cubanos:
La funesta irrupción de los ingleses que padecimos en el año de 62, con ser así que se ven todavía las manchas de la sangre derramada, y se mantienen abiertas las llagas hechas en el corazón de este público; con todo no se encuentran en él señales algunas de su reforma.32

Sobre el autor del primer poema, el Padre José Miguel Serrano de la Compañía de Jesús, sabemos por Trelles que fue profesor de gramática y vicerector del Seminario de San Basilio en Santiago de Cuba donde nació. Se dice que fue “traductor de letras apostólicas” y notario del Santo Oficio. Publicó, además, según Trelles: Relación de los méritos, y exercicios literarios (1757) y Actos de fe, esperanza y caridad que hacen los padres predicadores (1826).33


Los estudios sismológicos acerca del terremoto de Santiago de Cuba de 1766 se han llevado a cabo por Miguel Cotilla del Departamento de Geofísica y Meteorología de la Universidad Complutense de Madrid34 quien no menciona para nada la obra del Padre Miguel Joseph Serrano. El hecho de que la publicación del poema fuera en el Colegio de San Idelfonso en la Ciudad de México, se vincula estrechamente al estatus jesuítico de su autor pues esta institución educativa también pertenecía a esa misma congregación. Por otra parte, las relaciones de Santiago de Cuba con el continente al parecer son mayores que las que se tenían con La Habana. Téngase en cuenta que el suministro de harina y otros insumos que recibió la ciudad después del terremoto procedieron de Veracruz.35 Otra ayuda llegó desde Bayamo en la cual se animó “a los vecinos de esta villa concurran voluntariamente con las carnes, y ganado que les fueren posible”.36 Respecto a la magnitud del mismo dicen los bayameses: “se sintió en esta villa el expresado terremoto con tal violencia como lo confirman los notables nunca vistos los efectos que ha causado”.37


Estructuralmente, el poema puede dividirse en seis partes bien diferenciadas. La primera es una introducción en la cual se subraya el dolor por la catástrofe (I-V), continúa una descripción de los destrozos causados durante el desastre natural (VI-XXIII), sigue después una pormenorizada descripción de los sucesos inmediatamente posteriores al fin del temblor principal y las réplicas posteriores (XXIV-XXXV), la recuperación al día siguiente del terremoto (XXXVI-XLIX), la utilidad del suceso para el crecimiento espiritual del pueblo santiaguero (L-LX) y una coda final referida a la recuperación de la ciudad (LXI- LXVI) que incluye un soneto final.
Si bien aparecen tímidas referencias a la cultura greco-latina, concretamente sólo hallamos una expresa: se trata de una referencia inicial a la Eneida de Virgilio; la formación eclesiástica de su autor hace prevalecer el conjunto de referencias bíblicas, lo cual inclina el texto, como ya se ha apuntado, hacia un barroquismo impuro arrastrado por las modas y los temas propios del neoclasicismo. En este punto, coincide con el otro gran poema catastrofista dieciochesco cubano de los conocidos hasta el momento.


Desde el punto de vista ideológico, la quinta parte es una de las más interesantes en cuanto responde a otra tendencia muy distinta del poema de Juan Álvarez de Miranda. Si este último vio causas morales en el desastre natural ocurrido, al igual que el Obispo Morell y cierto sector crítico de la sociedad peninsular dieciochesca, en el caso del Padre Serrano el desastre fue una oportunidad y un regalo al hombre para su crecimiento espiritual en la fe. Se trata de dos maneras distintas de abordar el problema y que responden a la polémica que se siguió en Europa a raíz del terremoto de Lisboa. Respecto al tema de la capacidad de conversión que suscitó el terremoto nos dice:

El pecador mas terco, y obftinado
De la amenaza el exito temiendo,
Con odio, que es virtud, y no pecado,
Lo mas amado vive aborreciendo:
Ya en el divino amor todo abrazado,
Y en efta fiebre el corazon ardiendo,
Si de el dolor el Tartaro tomaba
De la culpa el veneno vomitaba.

El jesuita recuerda, más bien en tono de reclamo, la ausencia del Obispo Morell quien escribió a propósito de los sucesos una de sus cartas pastorales más conocidas:
Ay Pedro Paftor mio! Dolorida
Parece dice Cuba al verlo aufente,
No fuera mi tormento de por vida
Si lograra tenerte à ti prefente:
Quan menos mas confolada, y refiftente
Eftarìa en fracafo tan cruel
Si conmigo morara mi Morell.

Si bien la autoridad eclesiástica de Morell fue exaltada por la lírica de la toma de La Habana a raíz de su actitud de oposición a los ingleses, en esta última obra parece ser criticado. Quizás sea este un reflejo de la contradicción existente entre el clero secular y regular propio de la época. Esa no fue la situación de las autoridades civiles pues el Marqués de Cajigal quedó muy bien parado:


El Marqués de Caxigal
Mas alli baxo ruinas fe divifa
A el Marquès Caxigal, que no ha querido
Salir, fin hacer veer renuncia eñ fuero
De excepcion de la pena, à lo que infiero.

No olvidemos que el poema se imprimió y tenía al menos la pretensión de circular por tierras lejanas, como lo confiesa en sus palabras iniciales su autor: “para que fi como peregrina tranfmigrare por retirados clymas, tenga entre los que la trataren el credito, y eftimacion, à que afpira”. Usa, a diferencia de Juan Álvarez de Miranda, la palabra “patria” para referirse a su terruño natal.

 

III

Hace ya unos años en Sevilla, la historiadora Mercedes García encontró entre la papelería enviada desde La Habana, dando cuenta de los desastres provocados por el huracán “Santa Teresa”, un poema sobre el meteoro fechado el 15 de octubre de 1768.38 El texto se debe a la pluma del Teniente de Infantería Juan Álvarez de Miranda, quien dedicó sus sesenta y cuatro décimas al Capitán General de la Isla de Cuba, Antonio María Bucareli y Ursúa. A su gentileza, debo hoy el placer de presentar esta obra. El investigador Carlos Venegas sabía de mi interés desde hace varios años por la poesía de dieciochesca cubana y, por ello, me puso el contacto con la autora del hallazgo. Poètica Relazion Christiana, y Moral es el poema más extenso encontrado en la literatura cubana desde 1608 en que se escribe el Espejo de paciencia por Silvestre de Balboa, hasta 1796 en que el italiano Francisco María Colimbini comienza a escribir Las glorias de la Havana.


La Poètica Relazion Christiana, y Moral, a pesar de ser manuscrita, debió tener una enorme circulación.39 Pasó por las manos del mismísimo Capitán General de la Isla a quien estaba dirigido el poema, los empleados de la Corona en Cuba, los superiores militares del poeta y por los funcionarios del Consejo de Indias. Hasta donde sabemos, nadie protestó por las “causas morales” de castigo que le puso Dios a La Habana al enviarle un huracán.


Durante todo el siglo XVIII, la poesía acompañaba todo acto significativo de la vida pública. Era recitada y colgada en las paredes. Reseñaba juicios, se quejaba de los funcionarios de la Corona o los agasajaba, elogiaba sermones o carrozas, se exaltaba con los triunfos de la vecindad, recordaba virtudes de difuntos, despedía o recibía a los Capitanes Generales, animaba la celebración de algún suceso de la Corona, entre otros. La poesía tenía un marcado carácter utilitario y práctico. Por esa razón, se ha conservado hasta hoy la Poètica Relazion Christiana, y Moral. Recuérdese que pretendía ilustrar un informe cuyas consecuencias redundarían en alguna ventaja de tipo fiscal para los residentes en la urbe.


Poètica Relazion Christiana, y Moral ha sido escrita en décimas por ello es imprescindible hacer algunas consideraciones acerca de las mismas. Virgilio López Lemus hace una comparación del diferente uso de esta composición poética entre España y América durante el siglo XVIII. Entre los rasgos más característicos de nuestra región geográfica, destacan los siguientes: la variedad temática y no el predominio de asuntos jocosos, adaptada de manera peculiar a las necesidades expresivas regionales, ganó terreno en los sectores populares y se erigió en elemento de identidad. Concretamente acerca de las escritas en Cuba, ha dicho:


(...) esas décimas cubanas no eran precisamente jocosas, sino que indicaban un grado de madurez política y una protesta social, expresados mediante una estrofa que se había convertido de hecho en una tradición (...) comenzaba a conformar uno de los matices formales definidos de las nacientes literaturas nacionales americanas (...)40

La décima dieciochesca cubana nos podría seducir con algunos maniqueísmos propios de la mentalidad actual. Estamos acaso en presencia de un poema culto o popular. Téngase en cuenta que la autora de la Dolorosa Métrica,41 por sólo citar un ejemplo, es una mujer perteneciente a la alta aristocracia habanera y debió recibir, como es lógico suponer, una esmerada educación. Luego, la décima escrita, como es en los últimos dos casos, no es sinónimo precisamente de “culta” en oposición a la décima oral. Una situación análoga se puede apreciar entre la décima manuscrita y la impresa pues no debe tomarse esta última como estrictamente “literaria” o “culta”.


López Lemus se ha quejado en el pasado de la carencia de pruebas acerca de la existencia de una décima oral en el siglo XVIII. Hoy ese vacío bibliográfico ha sido llenado por el matancero Urbano Martínez Carmenate42 quien ofrece unas décimas anónimas de 1778 “alcanzadas por tradición” las cuales son “populares” y manifiestan “las voces del pueblo contemporáneo al procedimiento”.43 Esta es la primera prueba conocida de un repentismo oral que se transmitió hasta 1854 en que fueron recogidas de forma escrita.


En cambio, un Teniente de Infantería del Castillo de los Tres Reyes del Morro, como es el caso de Juan Álvarez de Miranda, no debió conocer más que unas pocas letras y algo de historia sagrada y militar. De él no sabemos mucho hasta ahora. Sobre su instrucción y capacidad intelectual nos dice: “la historia / Que escribo con tosca pluma (..) Espero ser Perdonado,/ De qualquiera disonanzia,/ En que mi siega ignoranzia,/ Puede aqui haver cooperado (..) Se ampara mi insuficienzia/ Para poder con seguir/ Lo que tiene que desir/ Captada, buestra Licenzia. (..) A mi pensar Limitado (..) De aquesta Obra, el Autor,/ Le Perdone, Gran Señor,/ Sus Yerros, Buestra Prudenzia:/ Pues Su Tosca Ynteligenzia (..)”. Si a todo lo anterior le sumamos la pobreza léxica, la rima fácil, la caligrafía poco elegante y la métrica a veces imperfecta; es evidente que se trata de un poeta de pocas luces.


Por el uso del término “jurisdicción” para referirse a la Isla, en lugar “patria” como ocurre en otros poemas precedentes escritos por naturales; podemos suponer que no nació en Cuba. Tengamos en cuenta que “lo patriótico” sólo se refiere al “terruño natal” pues su uso está quizás todavía despojado de todo nacionalismo. Vale la pena aclarar que no es Álvarez de Miranda un viajero de paso sino de alguien residió en la Isla el tiempo suficiente para calar las dificultades más acuciantes de la sociedad que después reseña en su lista de “causas morales” de la llegada del huracán.


Es mucha coincidencia que sólo aparezca una referencia neotestamentaria en el poema. Ella pertenece a uno de los dos únicos pasajes bíblicos en los cuales Jesús perdió su mansedumbre: aquel en que manda a la higuera a secarse como castigo por no tener frutos para los apóstoles y en el que expulsa a los mercaderes del templo. Es justamente este último al que se alude. La mansedumbre es una de las características esenciales del cristiano. Por tanto resaltar su posible carencia en el mismísimo Jesús, es un rasgo poco católico en sentido estricto. Los últimos argumentos textuales a favor de la “inclinación ladina” del autor son el marcado énfasis en la esclavitud de los hebreos, ya sea bajo el poder de los babilonios o de los egipcios, y la referencia al “judío circunciso” lo cual se tenía entonces por vergüenza moral al ser interpretada como una mutilación impúdica del cuerpo humano. El autor no la evita, más bien la exhibe dignificándola al estatus de signo de identidad. Para comprender el verdadero significado para un cristiano de este acto, basta recordar la castración del muy citado teólogo Orígenes que ha impedido su salto a los altares.


Salta a la vista el predominio de las referencias bíblicas del Antiguo Testamento frente a las neotestamentarias, lo cual nos ha llevado a pensar en Álvarez de Miranda como un posible converso. Por otro lado, frente al predominio de la cultura greco-latina en la poesía dieciochesca neoclásica, de la cual la cubana no fue una excepción, la ausencia de este paradigma escritural resulta en extremo notable.


Carecemos también de estudios de la onomástica cubana del siglo XVIII y no existía entonces una legislación al respecto. Las costumbres sobre este asunto eran muy variadas en dependencia de la extracción social y económica del individuo o de la región geográfica de la que procedía. El apellido topónimo “de Miranda” puede aportarnos algunas pistas acerca de su tono judeizante. Dos de las tres localidades de igual nombre en la Península Ibérica, tuvieron en el pasado y actualmente mantienen una profunda huella hebraica. En el actual territorio español, sólo hay una localidad, Miranda del Ebro, la cual posee en la actualidad una de las bibliotecas privadas en temas judíos más importantes del mundo. Los privilegios ciudadanos, judiciales y jurídicos del Fuero de Miranda favorecieron el asentamiento de familias sefardíes en la demarcación durante la Edad Media. El sentido de “indicación geográfica” de este apellido no viene dado sólo por la preposición que lo introduce. Cabe incluso la posibilidad de que no se sea de procedencia materna como suele ocurrir en lengua española. Al tener un nombre y un apellido tan comunes -“Juan” y el patronímico “Álvarez”- es lógico suponer que tuviera o haya tenido nuestro teniente algún otro compañero de igual nombre. La solución razonable sería llamarlo por su origen geográfico-familiar. Esto era una práctica común durante el siglo XVIII sobre todo en los sectores populares donde los apellidos no respondían a un linaje aristocrático que defender.


No obstante, en el año 1768 aparece como “Maestro” en la Real y Pontificia Universidad de La Habana un Juan de Miranda. ¿Será acaso nuestro mismo Teniente de Infantería del Morro?44 Es preciso apuntar que el apellido Miranda está presente desde la segunda mitad del siglo XVI y tiene una amplísima genealogía en los tomos II y III de la Historia de las familias cubanas del Conde de Jaruco. Todo lo anterior no nos lleva a descartar casi completamente que sea un criollo cubano por nacimiento.


En el Archivo Nacional de Cuba, hemos hallado alrededor de sesenta documentos relacionados con el teniente de Infantería Juan Álvarez de Miranda. La mitad de ellos pertenecen a la actividad desarrollada por este durante 1762 pues la ocupación inglesa de La Habana hizo que Lorenzo de Madariaga, a la sazón Capitán General de la Isla con sede en Santiago de Cuba, se preocupara por mantenerse informado de las actividades de los invasores en el resto del territorio cubano. Los documentos se extienden entre 1750 y 1778 sin que hayamos logrado establecer el lugar y fecha de nacimiento o de muerte hasta el momento.

Por una carta de Francisco Cagigal de la Vega dirigida a Alonso de Arcos y Moreno, sabemos que el entonces subteniente para Juan Álvarez de Miranda estaba en febrero de 1750 en la Florida bajo las órdenes del coronel Miguel de Rivas y Rocafull. Estaba enfermo, no se especifica de qué, y le dieron permiso para curar su salud, por ello no pudo participar en la contienda bélica que hubo entre españoles e ingleses en la Florida45. Tres meses después, tomó posesión de un empleo en Santiago de Cuba en sustitución del subteniente Juan de Velasco.46


Hasta octubre 1752 no volvemos a tener noticia documental de su vida, sólo entonces Juan Álvarez de Miranda aceptó el reemplazo concedido por las autoridades coloniales de Cuba. Suponemos que durante ese tiempo transcurrido entre el nombramiento, el reemplazo y la aceptación, se estuvo recuperando de sus dolencias.47 Unos días después fue remitido a Baracoa por algún un período aún no definido.48


En octubre de 1755, realiza una relación de los presos existentes en el Castillo de San Francisco de Santiago de Cuba desaparecido en el siglo XIX y da cuenta de los pertrechos existentes en el sistema de fortificaciones periféricas al Castillo San Pedro de la Roca o Morro esta última ciudad.49 Al año siguiente, aparece mencionado por primera vez como teniente, lo cual supone que entre 1752 y 1756 fue ascendido, y es traslado a Jagua, probablemente se trate del Castillo de Nuestra Señora de los Ángeles de Cienfuegos.50 A finales del mismo 1756 es trasferido a El Caney, a 5 km por lo cual regresa a la zona de Santiago de Cuba.51 Unos días después, a principios de 1757, visita a esta urbe y aprovecha para dirigir una misiva de extrema cortesía y elogio a Lorenzo de Madariaga, gobernador de la misma,52 el propósito de ella era el siguiente: “debo entraHar en lo mas intimo del corazon el buen Ynforme que me han dicho ha echo en mi fabor a la corte V. S.”.53

La preocupación de Juan Álvarez de Miranda por ganar el apoyo del Gobernador buscaba, según sus propias palabras: “ber enbrebe anclada enelfelissisimo Puerto, para donde acen nabegasion y anpuesto el rumbo [..] para alibio y consuelo demi pobre familia”.54 Pretendía ser ubicado en el puerto santiaguero y ya en esa fecha estaba casado y probablemente tuviera hijos. Más adelante añade un dato de enorme significado, tenía veinte años de servicio en 1757.55


En marzo de 1757, continuaba destinado en El Caney en los alrededores de Santiago de Cuba y le da cuenta al gobernador de esta última de que trasladará tres de los cinco militares bajo su mando según las órdenes recibidas, de lo cual podemos deducir que se trataba de una guarnición pequeña y, según nos dice, estaba destinada a contener cualquier impulso de “conspiradores y fugitivos”.56 Hacia junio del mismo año solicita a Lorenzo de Madariaga su traslado de El Caney a Bayamo.57 Cuatro meses después se enferma y Miguel de Muesas le comunica a Lorenzo de Madariaga la solicitud de “muda” al Morro de Santiago de Cuba.58 Entre octubre de 1758 y enero de 1761 hay un vacío en la correspondencia por lo que suponemos que la enfermedad del teniente lo alejó por este período del servicio militar activo.


La nueva noticia que tenemos de Juan Álvarez de Miranda se refiere al informe que envía dando cuenta de la prisión de los soldados desertores Manuel Hidalgo y Juan Domínguez.59 En agosto de 1761, se comienza a sentir en la correspondencia la tensión entre Inglaterra y España. La próxima invasión y toma de La Habana por los ingleses se avizora en el temor por las cinco balandras “que dicen ser inglesas” y “observando que algunas lanchas al parecer iban a tierra” el teniente determinó no perderlas de vista “por si se trataba de desembarco de efectos prohibidos”.60 En octubre de ese mismo año, informa de la muerte de uno de sus soldados en un incidente con unos comerciantes ilegales procedentes de Jamaica y del pago a su destacamento.61 Dos meses más tarde, se queja de la ausencia de una persona que ejerza la justicia pues los procesos legales de la localidad se hayan detenidos y los presos esperan que se resuelvan antes de las fiestas por navidad y año nuevo.62 La víspera de nochebuena le insiste a Lorenzo de Madariaga en ser situado definitivamente en Bayamo alegando que “sus aires le asientan” para su enfermedad a donde fue trasladado de manera transitoria.63 Unos días más tarde se queja de las precarias condiciones de vida que tiene allí la tropa destacada en la Villa pues “no goza de casa, luz, leña y agua”.64 Aunque en otra carta fechada en 1762 sin más indicación de mes y día, solicita su traslado de Bayamo a Holguín por consejo médico.65


Inicia el año siguiente con un accidente que, según parece, lo retuvo incapacitado para ejercer sus funciones al frente del destacamento y contestar la correspondencia él dirigida.66 Unos días más tarde se dirige a Lorenzo de Madariaga esta vez para que dirima sobre cuestiones referidas a la cadena de mando de Manzanillo.67
Unos meses después recuerda la precaria situación material del puesto militar que tiene a su mando: “Para el com.te de este Puesto ni ôficiales, no ai aloxamto mas que una choza sinbentana alguna, y elpiso arenisco que cubre los zapatos ni tampoco ai silla, mesa, banco, ni cama y enfin cosa alguna”.68 Informe solicitado seguramente a causa de la invasión y toma de La Habana por los ingleses llevada a cabo el mes anterior. Lorenzo de Madariaga se ocupó de garantizar la integridad española en el resto de la Isla de Cuba. Diez días más tarde ya da cuenta de la construcción de trincheras con el fin de fortificarse para rebatir una eventual invasión inglesa.69


La preparación militar no se redujo a este aspecto, se instruyó a la tropa en el manejo de las armas y en el tiro al blanco para mejorar su puntería.70 Da cuenta de la artillería, los relevos y los barcos que se acercan a su destacamento.71 Visita el puerto de Manzanillo para verificar la situación de un barco inglés que se hallaba anclado allí pero que se dio a la fuga cuando supo de la llegada de Juan Álvarez de Miranda y su tropa. Respecto a este último viaje nos cuenta su protagonistas: “fueron muchos los trabajos por mi tropa padecidos en ese viaje y con solo decirle que varios pasos de arroyo hubo que pasarlos a pelo de caballo, le comunico que esos mismos caminos solo son buenos para los que van a montear ganado”.72 Un par de días más tarde tenía calenturas y se encontraba en Cabañas, un puesto militar en las cercanías de Santiago de Cuba pero, a pesar de ello, se encarga de montar cuatro cañones y de los ejercicios de fuego y blanco.73 Recorrió todos los puertos de la costa por donde pudiera haber algún desembarco y no encontró indicios de contrabando ni “cosa anormal”. Firma como Comandante del desta-camento de la Villa de Bayamo.74 Más adelante, le informa a Lorenzo de Madariaga como a la vista de la guarnición de Manzanillo en la boca del río Yara estaban ancladas cinco balandras inglesas mientras que los militares españoles de ese puesto no hacían nada.75 Recibe al mes siguiente un oficial en canoa que después enviaría a ver al Gobernador de Santiago de Cuba.76 Ese mismo día reconoció el horizonte y divisó una fragata, un paquibote y dos goletillas con bandera francesa que se dirigían a Santiago de Cuba.77 Al día siguiente, restituyó os soldados destinados a un puesto sardinero cercano al suyo por orden de Lorenzo de Madariaga.78 Al otro día, tuvo que tomar las armas contra los “nuestros enemigos Anglicanos” a pesar de sus calenturas y de haberle el médico “aconsejado que evite los vientos de agua y del sereno”. Lo hizo en el Fuerte de Aguadores en los alrededores de Santiago de Cuba y salió rápidamente para allá por mandato del mismísimo Gobernador de la Ciudad y con tiempo para llevar solo la ropa que traía puesta. Por eso, le ruega a Lorenzo de Madariaga que le diga si se queda destacado allí o no para enviar por sus pertenencias.79 Una semana más tarde solicita desde el mismo Fuerte de Aguadores que se le remita “el socorro y el pago” para la tropa destacada bajo su mando.80 Al mes siguiente, regresa en la noche a las costas de Cabañas recibió la información de que cerca de Peñas Altas había comerciantes dedicados al contrabando por del francés Ligori, marido de la hija Gregori Migueleti.81 Ese mismo día toma decisiones acerca de la fortificación a la que ha llegado, se ocupa de los suministros de pólvora, de la necesidad de almacenar agua, entre otros asuntos de esta índole.82 Ese mismo día le escribe Lorenzo de Madariaga para decirle que ha tomado las provisiones para que se le faciliten los recursos necesarios para que continúe las obras de su predecesor en ese puesto militar.83 Tres días más tarde, una fragata inglesa estuvo haciéndole fuego a la batería del sardinero cercano al puesto de Juan Álvarez de Miranda y las tropas allí destacadas no vinieron por agua. Desde el sardinero, le ha hecho fuego a otra embarcación también de bandera inglesa lo cual no pudo distinguir a causa de la ausencia de un catalejo adecuado.84 Dos días después da cuenta de que la goleta o balandra que no quiso poner la bandera días anteriores era francesa y se supo porque se le tiró un cañonazo. Dice que probablemente se trate de contrabandistas, también habla de que se ha descubierto un barco de cruz frente al sardinero que se ha ocultado.

El intenso movimiento naval anterior en las costas santiagueras se registra con tanto cuidado a causa de la ocupación inglesa de La Habana y como parte de las medidas para que los invasores no se extendieran por toda la Isla.85 Dos días más tarde y a causa de esa inusitada actividad naval de barcos extranjeros recibe como refuerzo a ocho artilleros y un sargento, le es enviado también el catalejo que necesitaba. Continúa la reparación del puesto militar86 para lo cual ya consiguió los carpinteros pero le faltan seis pedreros y le falta casabe, alimento básico en la dieta de los militares.87 Al día siguiente ya se le había enviado lo que requería.88 Casi tres meses después aparece la última carta de Juan Álvarez de Miranda relativa al período de la ocupación inglesa y en ella solicita su relevo por enfermedad: “me cayó una flaxión tan fuerte que no me deja descansar de dia ni de noche, ni tampoco comer nada sino es caldo, por tener la cara y la garganta inchada y calenturaque me han dado de esta inflamación (..) Asta oi el dolor tan behemente que me tiene como un perro de rabia, por lo que necesito alguna curación”.89 A partir de este suceso, los datos que se tiene de él son más esporádicos.


A un año y unos meses de esta última fecha volvemos a tener noticia de Juan Álvarez de Miranda y se trata de una carta firmada por él en la que se da noticia de asuntos de abastecimiento militar en la ciudad de Baracoa.90 Seis meses más tarde Alejandro de O’Reilly le concede una licencia junto a otros militares.91 Dos años y medio después volvemos a saber de él, solicita entonces mudar su residencia a la villa de Bayamo.92 A la semana siguiente solicita: “que se traslade [...] de destino con su familia (que tal vez se opondrá a esta resolución) se le permita; pues no es justo quiera hacerlo solo abandonando su muxer e hijos a quienes en poco podrá socorrer por la cortedad de su sueldo”.93 Unos meses más tarde se vuelve a mencionar en la correspondencia oficial de los Capitanes Generales el tema de su licencia junto a otros asuntos94 y es este el documento más cercano a la escritura en La Habana de su poema Poètica Relazion Christiana, y Moral. La última noticia que tenemos de él data de 1778, a diez años de haber compuesto sus olvidadas décimas. Cuenta allí al Gobernador de Santiago de Cuba como persiguió a un desertor del ejército en la noche incluso dentro del Convento de Santo Domingo en Bayamo. Allí buscó detrás de los altares y en las celdas de los religiosos.


A pesar de que el autor no es probablemente “nacido en Cuba”, se puede considerar “cubana” a la obra. ¿Dónde reside entonces la “cubanidad” del poema? Fue escrita “sobre”, “en”, “para” y “por” Cuba. Toca sus problemas y describe su realidad. Téngase en cuenta que La Habana del siglo XVIII era una ciudad en la cual la “población flotante” predominaba durante unos seis meses al año. Se podría decir que era la capital de los movimientos migratorios del Mundo Novohispano. Esa movilidad hizo de La Habana una urbe cosmopolita.
Estructuralmente, el poema puede dividirse en cuatro partes bien diferenciadas. Está la introducción en la cual hace un elogio del Capitán General, se solicita su permiso y se describe al autor. Continúa con una descripción del estado de La Habana después del paso del huracán. Sigue la parte más extensa, con las “causas morales” y cierra con una breve coda.


Por todo ello, no debe resultar insólito que Álvarez de Miranda, al igual que el Obispo Morell y el Padre Serrano, en menor medida este último, busque “causas del cataclismo. Es posible hallar entre Morell y Álvarez de Miranda un paralelismo. El primero señala como manifestación antecedente del terreno al castigo de la toma de La Habana por los ingleses y el segundo también lo hace cuando dice: “Tevistes ayer, sitiada/Y si fuistes dominada/Ayer, de Imglesa Nasion, El Dominio del Yngles,/Su sitiò, Bombeò, y Muèrtes”. Más tarde menciona el terremoto de 1766: “Si ã Cuba, con Terremoto/Dios, le adado grato aviso”. Tal parece que la Carta Pastoral dejó una profunda huella en el autor de la Poètica Relazion Christiana, y Moral.
Desde los pobladores originarios hasta la mentalidad actual de muchos pobladores caribeños, el huracán está marcado por un profundo contenido mágico como ha sido demostrado por Fernando Ortiz en El huracán, su mitología y sus símbolos (1947). Incluso en la Relación acerca de las antigüedades de los indios de Fray Ramón Pané, “la Ilíada del Caribe insular”, podemos hallar una construcción mítica del huracán como fundamento de una cosmología. La pertinencia de los huracanes para la historia nacional en términos económicos, políticos y sociológicos ha sido ampliamente estudiada por Louis A. Pérez en Winds of change. Hurricanes and the transformation of nineteenth-century Cuba (2001). La presencia en el discurso literario del huracán ha merecido ser compilada95 aunque habría que añadir a la aludida obra, si tuviera esta la voluntad de ser exhaustiva, otros muchos autores cubanos como: Luis Adrián Betancourt, Alfonso Hernández Catá, Armando Leyva, Jorge Velázquez Ramayo, Miguel de Marcos, Ofelia García Acosta, Isa Caraballo, Francisco Orgaz, Néstor Cepeda, José María Pérez, Manuel Orgallez, Gustavo Cardelle, Francisco Pobeda, Jorge Sánchez-Bandy, Helio Orovio, Cintio Vitier, Renael González Batista, Edith Llerena, Coralina Sánchez de Cabrera, Felipe Pichardo Moya, Eliseo Diego, Julio Marzán, Rubén Martínez Villena, Roberto Fernández Retamar, Esperanza Rubido, Nena Díaz Ramos, Arístides Fernández y Hortensia de Varela de los ubicados hasta ahora. De lo anterior, se deduce la pertinencia del huracán para los arquetipos discursivos del imaginario insular cubano.
Aportan estas décimas, al mismo tiempo, una valiosa información de carácter histórico acerca de las medidas tomadas en el siglo XVIII frente a estos fenómenos naturales. Frente al peligro de derrumbe posterior al paso del meteoro, se evacuaban los edificios: “Maltratados su simiento/ Quedò, la Carzel Reàl,/ Donde el Reo, y el Criminal,/ Se mantenia recluzo,/ Por lo que ã todos traspuso,/ A Otra Caza, el General”. La Iglesia Católica preparaba a los fieles en el sacramento de la confesión. Se evitaba la subida de los precios de los alimentos: “Tambièn mandò, èl Alimento/ Su Precio no se ãlterara,/ Para que el Pobre en contrara/ El Alibio, en su Tormento:/ Ô Gloriòso Mandamiento”. Por último, se reunía el Cabildo de la ciudad para tomar otras medidas que creyeran oportunas. Respecto a los datos precisos de las consecuencias materiales del huracán de Santa Teresa, llamado así por entrar en La Habana el día 15 de octubre que se festejaba a la Monja de Ávila, no podemos fiarnos mucho a causa de la hipérbole evidente de algunos pasajes. Ahí en esa exageración está el “uso social” del poema que buscaba subrayar las nefastas consecuencias económicas del mismo: “Mas de Quatro, õ seis millones,/ A robado esta Tormenta,/Simponer en Esta Quenta/ El Balor, de Embarcasiones”.
No obstante, para sopesar correctamente la ponderación que hace Álvarez de Miranda sería muy útil contrastar esa descripción poética con las que hacen los historiadores de cercanos al fenómeno. José Ignacio Urrutia apunta:

(…) padeció La Habana y su partido un temporal de los más recios que ha sufrido. Duró éste como hora y media, pero cambiándose el viento del sur al oeste en su duración. De la multitud de embarcaciones de guerra y mercantes que había en la bahía sólo quedó una anclada y las demás aconchadas en tierra, perdiéndose barcos menores con gentes. Algunas casas fueron lastimadas, volando sus puertas y ventanas. Cuando cargó al noroeste se temió la introducción del agua en la ciudad, por una goleta que entró por el boquete aún abierto hasta topar con la casa de la esquina contradictoria. Quiso el Altísimo mitigar su ira, pero quedó La Habana muy falta de alimentos con su consecuencia. En su virtud el Gobierno tuvo a bien libertar de derecho a los víveres y comestibles que se traigan de Campeche y el Rey lo aprobó por real orden de 14 de junio de 1769.96

La versión de Antonio José Valdés no dista mucho de la anterior:
(…) el día 15 de octubre del año de 68 ratificó la idea que se tenía de su sensibilidad, cuando se le vio a caballo por las calles, remediando pronta y generosamente la miseria de muchos infelices, que habían padecido en la terrible tormenta, que vulgarmente se dice de Santa Teresa, cuya violencia fue tal que arrancaba los árboles más robustos.97

Otras fuentes para aquilatar la furia real del meteoro la podemos hallar en el Archivo Nacional de Cuba Antonio María Bucareli. Octubre 20, 1768. Fondo de Correspondencia de los Capitanes Generales, Leg. 19, Exp. 76.

Desde el punto de vista temático, ofrece una novedad en las letras cubanas, es el primer poema que aborda la cuestión de la esclavitud desde la culpa. Con anterioridad, las octavas reales del Espejo de paciencia (1608), que igualmente tocan el asunto, han sido consideradas apócrifas y Enrique Saínz las atribuye a la pluma de José Antonio Echeverría en Silvestre de Balboa y la literatura cubana (1982). De ser cierta esta apreciación, el poema pasaría a ser el primero que sin duda habla de esta temática y el único que lo hace en el siglo XVIII, lo que subraya la enorme pertinencia historiográfica de Poètica Relazion Christiana, y Moral de Juan Álvarez de Miranda para la literatura cubana. No sólo toca el tema de una manera descriptiva, lo presenta además cargado de “conciencia de culpa”. Muestra que, al menos cierto sector de la sociedad cubana de la época, tuvo escrúpulos religiosos hacia esa lacra social. No viene esta reflexión de un hombre de pueblo, sino de un militar de la Corona lo cual lo hace del hecho un suceso más notable. Deja ver una “objeción de conciencia” que procede del fundamento “bíblico” contrario a la esclavitud; estigmatiza esa práctica degradante de lo humano al considerarla “pecado”.
Se aprecia un clamor parecido al lascasiano que percibió la esclavitud de otros hombres como la propia. Ese “imaginario de resistencia” ha estado presente a lo largo de nuestra historia cultural y su desarrollo puede apreciarse en la compilación El Padre Las Casas y los cubanos (2007) de Ana Cairo y el autor de estas páginas.
Respecto al uso de la Sagrada Escritura, como estrategia que articula un discurso antiesclavista, no hay más que ver el célebre discurso de Fray Antonio de Montesinos en La Española. Aprovechó la lectura del domingo de Pentecostés en la Misa Tridentina donde dice “derrama sangre quien priva de su sueldo al jornalero” –del Eclesiástico 34: 22– y que tuvo por consecuencia la conversión de Fray Bartolomé de las Casas. Allí ocurrió un suceso de enorme relevancia para el destino del hombre americano, y que no es otro que la introducción de los textos sagrados como evidencia contra la esclavitud. El mismo Padre Las Casas en su polémica con Ginés de Sepúlveda, en la Historia de las Indias o en la Apologética Historia utiliza referencias a la Biblia para estructurar su discurso contrario a la esclavitud del indio. No debe extrañarnos entonces que si la esclavitud de los hebreos antes se usó a favor del poblador originario de América, en el siglo xviii sirva para denunciar la injusticia con el negro. En una carta al Rey, Fray Pedro de Córdoba usa el mismo pasaje que reaparece en Álvarez de Miranda: “Ni el faraón ni el pueblo egipcio maltrató tan cruelmente a los hijos de Israel”.98
No se olvide que la efectividad de argumentativa de la obra lascasiana retrazó su primera publicación de la Historia de las Indias hasta bien entrado el siglo XIX e incluso sabemos que a Domingo del Monte se le negó el acceso al manuscrito de este último en varias ocasiones. Luego la Sagrada Escritura tuvo un carácter subversivo tan inobjetable que se prefirió silenciar a Las Casas que alentar la discusión. El duelo entre el “Protector de los indios” y Sepúlveda, demostró la ineficacia del diálogo para refutar los argumentos bíblicos que articuló este discurso hasta el siglo xix; véase al respecto el epígrafe sobre la esclavitud en Egipto y Babilonia en el tomo 1 de la Historia de la esclavitud desde los tiempos más remotos hasta nuestros días (1875) de José Antonio Saco. Frente a la contradicción planteada entre la antropología bíblica y la práctica de la esclavitud, lo mejor parece haber sido el silencio. También es cierto que las cuatro décimas –38 a la 41– que tocan la cuestión, lo hacen de una manera Como parte de esta área temática, hay que leer las décimas en las cuales se ve a la esclavitud como una de las “causas morales”. Hay, al menos, dos referencias a la esclavitud del pueblo hebreo según lo cuenta la Biblia. La primera referida a la que sufrieron en Babilonia. Allí Nabucodonosor II, rey asirio, sometió a los judíos los cuales fueron librados por Dios – véase Jeremías, I y II Reyes, I y II Crónicas y Daniel: “De Nuestro Dios, libertò,/ [..] Fue, por aberle rogado/ Con silisiòs, y abstinensias,/ Ayunos, y Penitencias,/ Les librase del Furor/ De Nabuco, Donosor”.
La segunda mención se detiene en la esclavitud de los hijos de Israel a manos de los egipcios: “Gipto, en su Banidad/ Obrando contra Razon,/ Existia cuando Aron/ Le Yncrepo sugran Maldad:/ Y con sacra Autoridad/ Departe de Dios Bendito,/ Con Balor mui Ymfinito/ Le dixo el Profeta Santo,/ Que no le Oprimièra tanto/ A el Ebreo, en su conflicto”.
Llama la atención que en el fragmento destinado a las “causas morales” se refiera a la esclavitud. El autor cita el pecado que provocó el castigo divino a los habaneros, como antes lo hizo a los egipcios y babilonios. Las alusiones anteriores a otras “causas morales” siguen el mismo esquema textual. Se menciona el pecado y se pone un ejemplo de cómo el hombre ha sido castigado por Dios en la Biblia.
Aaron, el faraón que tenía esclavos a los judíos en Egipto, recibió un mensaje de Dios a través de Moisés, el “Profeta Santo”, que desconoció. La consecuencia es bien harto conocida: “Fueron de plagas cargados/ Los Gipcios, improvisos,/ Y los pobres, sircunsisiòs,/ De su Yugo, Libertados”. Los egipcios son los esclavistas y los judíos o circuncisos, los esclavizados. Dios mandó plagas a los egipcios y a los habaneros, huracanes. En este no expreso literalmente pero de fácil deducción, radica la denuncia antiesclavista del poema.
Merece la pena detenernos en la frase “obrando contra razón” referida a un pasaje veterotestamentario. Durante buena parte del siglo xviii cubano, las bases ideológicas de la sociedad habanera estaban asentadas en la Real y Pontificia Universidad de la Havana y el Colegio de San José. Para acercarse más a las congregaciones religiosas que las dirigían, pueden verse La Orden Dominica en La Habana. Convento y Sociedad. (2007) Edelberto Leiva Lajara y Misticismo y capitales. La Compañía de Jesús en la economía de Cuba en el siglo XVIII (2000) de Mercedes García Rodríguez. En octubre de 1768, hacía menos de un año que estos últimos religiosos habían sido expulsados de Cuba por la Corona. Sólo quedaban los dominicos enseñando una escolástica en la cual están las raíces más genuinas del pensamiento renovador del siglo xix iniciado en lo fundamental con la figura de Félix Varela. Insisto en este punto por el estigma que pesa sobre esta filosofía a causa del atraso con el cual se educaba. Quizás el paso más sólido que se ha dado para su rehabilitación fue la presentación de la primera traducción al español de la Metafísica (1812) de Varela99, realizada por el latinista Amaury Carbón y el que esto escribe. Ese fue el primer nudo que se ató y que nos permitirá ver en el futuro que la “nacionalización” no fue un proceso de generación espontánea en el terreno filosófico. Hasta ahora siempre la historiografía de las ideas crucifica lo aristotélico-tomista y ya es hora de que se reconozca que, para muchos de nuestros patrióticos apóstoles, ella fue su revelación mesiánica.
El pilar esencial de la escolástica es la doctrina de Santo Tomás de Aquino para quien la reflexión acerca de las relaciones entre la verdad teológica y la que procede de la razón natural del hombre era uno de los problemas centrales. Cuando nuestro poeta dice que se “obraba contra razón” y lo argumenta teológicamente, señala la falta de coincidencia entre la verdad revelada y la conocida por la razón. Indica la incoherencia de la esclavitud, como postura moral, frente al discurso filosófico hegemónico del momento. Esta evidente sutileza silogística nos lleva a pensar que, si bien no se trataba de un hombre culto, no era ajeno al debate de su época en torno a la esclavitud. Esta alusión habla de ideas que se discuten en los claustros universitarios y que trascienden los límites mismos de ellos.

Notas:
1 Mercedes García: Entre haciendas y plantaciones. Orígenes de la manufactura azucarera en la Habana. Ed. Ciencias Sociales, La Habana, 2008. y La Aventura de fundar Ingenios. La refacción azucarera en la Habana del siglo xviii. Ed. Ciencias Sociales, La Habana, 2004.
2 Julio Le Riverend Brusone. “Ensayo intro-ductorio. Arrate, la mirada inteligente al pasado”. Arrate, José Martín Félix de. Primeros historiadores del siglo xviii. Biblioteca de Clásicos Cubanos. Imagen Contemporánea, La Habana, 2005. p. IX.
3 José Severino Boloña: “Excmo. Sr.”. Colección de poesías. Arregladas por un aficionado a las musas. Imprenta de J. S. Boloña, Habana, 1833. p. 2.
4 Carlos Manuel Trelles. “Los poetas cubanos de los siglos xvii y xviii agrupados por regiones”, en Revista Cubana. Vol. 2, Nos. 4-6, abr.-jun., 1935. pp. 173-180.
5 Emilio Cueto: Illustrating CUBA’s Flora and Fauna. The Historical Museum of Southern Florida, Miami, 2002. p. 98.
6 Nicolás Fernández de Moratín:. Égloga a Velazco y González, famosos españoles con motivo de haverse hecho fus efigies… Imprenta de Miguel Efcrivano, Madrid, 1763 [aproximadamente]. pp.

7 Juan de Iriarte:. Obras sueltas. Madrid. 1774. pp. 89-92.
8 Vicente García de la Huerta: Poesías. Editora Regional de Andalucía, Mérida, 1997. p. 169-184.
9 José Martín Félix de Arrate: Primeros historiadores del siglo xviii. Biblioteca de Clásicos Cubanos No. 37. Imagen Contemporánea, La Habana, 2005. p. 206.
10 Zúñiga y Ontivero, don Mariano de. Las Glorias de La Habana/Poema/ por Don Francisco Columbini y Camayori, conde de Columbini, capitán de regimiento de infantería de Nueva España, socia de la Real Academia Florentina, académico de Corregio, Moderna y Volterra, y pastor arcade de Roma, denominado Aufidio Pilero. En México. Calle del Espíritu Santo, 1798. p.2
11 Idem. p. 27.
12 Idem. p. 29.
13 Enrique Saínz:. La literatura cubana de 1700 a 1790. Ed. Letras Cubanas. La Habana, 1983.
14 Amauri Gutiérrez Coto: “Novedades poéticas en los 60 del siglo xviii”. La Jiribilla. Año vi, La Habana, 3 al 9 de mayo, 2008. [Edición Digital].
15 Véase, por ejemplo, a Carlos Venegas,. “La Habana entre 1762 y 1768. Un siglo de crecimiento urbano continuo”. [Inédito]
16 José Martín Félix de Arrate: Op. Cit. pp. 79-80.
17 Pedro Agustín Morell de Santa Cruz:. Primeros historiadores del siglo xviii. Biblioteca de Clásicos Cubanos No. 36. Imagen Contemporánea y Ciencias Sociales, La Habana, 2005. p. 80.
18 Antonio Bachiller y Morales: Cuba: monografía histórica… Editor Miguel de Villa, Habana, 1883.
19 Celia María Parcero Torre: La pérdida de La Habana y las reformas borbónicas en Cuba. Ed. Junta de Castilla y Aragón, Madrid, 1998. pp. 196-197.
20 Juliet Barclay: Havana: potrait of a city. Photographs by Martin Charles, foreword by Eusebio Leal Spengler and introduction by Francisco de Borbón. Cassell, London, 1993. p. 122.
1 Amauri Gutiérrez Coto: “Poesía cubana del siglo xviii, noticias de un hallazgo”. La Siempreviva, No. 4, julio, 2008. pp. 68-81.
22 Carlos Venegas: “La bella Habana”, en Revolución y Cultura. Nos. 135-136, 1983. pp. 61-65.
23 Horacio Jorge Becco: “Prólogo”. Poesía colonial hispanomericana. Ed. Biblioteca Ayacucho, Caracas, 1990. p. xxix.
24 Juan Carlos Jurado: “Terremotos, pestes y calamidades. Del castigo a la misericordia de Dios en la Nueva Granada. Siglos xviii y xix”. Religiosidad y costumbres populares en Iberoamérica. Universidad de Huelva, 2000. Actas del I Encuentro Internacional Celebrado en Almonte- El Rocío (España) del 19 al 21 de febrero de 1999, pp. 257-264.
25 Mary del Priores O mal sobre a terra. Uma história do terremoto de Lisboa. Topbooks Editora, Rio de Janeiro, 2003.
26 Voltaire. Cándido o el optimismo. Capítulo vi.
27 Leibniz. Ensayos de Teodicea, Parte I, 8-11.
28 Margarita y Esteban Fernández Gascón:. Terremotos y sismos en la evolución urbana de Hispanoamérica. Ejemplos coloniales y estudio de caso. INCIHUSA- Centro Regional de Investicaciones. CRICYT. Mendoza (Argentina), julio de 2001. Tomado de http://habitat.aq.upm.es/boletin/n16/aefer.html
29 Horacio Jorge Becco: Idem. p. 319.
30 Nueva relacion, y curioso Roman-Ice en que declara los Terremotos de Roma; las laftimas que huvo, fin poderfe favorecer vnos a otros: y afsi fe efcribe efto, para que todo Chriftianotome exemplo, y temamos à la ira de Dios; fucediò efte prefente año de 1713. Pliego suelto poético. 4 hojas.
31 José Antonio Saco:. Colección de papeles científicos, históricos, políticos y otros sobre la Isla de Cuba. T. II. Imprenta de D’Aubusson y Kugelmann, París, 1859. p. 399.
32 Ibidem.
33 Carlos Manuel Trilles: Bibliografía Cubana de los Siglos xvii y xviii. 2 ed. La Habana, Imp. del Ejército, 1927. p. 52
34 M. O Cotilla Rodríguez: “The Santiago de Cuba earthquake of 11 June 1766: Some new insights”, en Geofísica Internacional, Vol. 42, No. 4, 2003. pp. 589-602. M. and A. Udías Cotilla: “El terremoto del 11 de junio de 1766 en Santiago de Cuba”, en Revista de Geofísica, 2000. pp. 52-53, 5-26.
35 ANC, CCG, Leg. 22, Exp. 1. 14 de julio de 1766.
36 ANC, CCG, Leg. 15, Exp. 64. 28 de junio de 1766.
37 ANC, CCG, Leg. 15, Exp. 64. 16 de junio de 1766.
38 Archivo General de Indias, Sevilla, Signatura Cuba 1097.
39 Bouza, Fernando. Corre manuscrito. Una historia cultural del siglo de Oro. Ed. Marcial Pons, Madrid, 2001. pp. 27-73.
40 Virgilio López Lemus: “Evolución de la décima en el siglo xviii”, en Décima e identidad. Siglos xviii y xix. Ed. Academia, La Habana, 1997. p. 9.
41 Aleida Plasencia: “La dominación inglesa vista por el pueblo de la Habana”, en Revista de la Biblioteca Nacional, Año 1, Nos. 1-4, ene.-dic., 1960. pp. 29-43.
42 Urbano Martínez Carmenate: Los puentes abiertos. Ed. Matanzas, Matanzas, 2007. pp. 26-30.
43 Pedro Antonio Alfonso: Memorias de un matancero. Apuntes para la historia de la Isla de Cuba. Imprenta Marsal y Ca., adjunto a la de la Aurora, Matanzas, 1854. pp. 171-172.
44 Leví Marrero: Cuba: economía y sociedad. Tomo 13. Editorial Playor, Madrid, 1974. p. 96
45 ANC, CCG, Leg. 5, Exp. 110. 25 de febrero de 1750.
46 ANC, CCG, Leg. 5, Exp. 101. 29 de marzo de 1750.
47 ANC, CCG, Leg. 6, Exp. 59. 25 de octubre de 1752.
48 ANC, CCG, Leg. 6, Exp. 129. 6 de diciembre de 1752.
49 ANC, CCG, Leg. 8, Exp. 39. 15 de octubre y 20 noviembre de 1755.
50 ANC, CCG, Leg. 8, Exp. 106. 30 de enero de 1756.
51 ANC, CCG, Leg. 8, Exp. 106. 30 de enero de 1756.
52 ANC, CCG, Leg. 7, Exp. 38. 27 de febrero de 1757.
54 ANC, CCG, Leg. 7, Exp. 42. 30 de diciembre de 1757.
55 ANC, CCG, Leg. 7, Exp. 42. 30 de diciembre de 1757.
56 ANC, CCG, Leg. 7, Exp. 41. 27 de marzo de 1758.
57 ANC, CCG, Leg. 7, Exp. 40. 6 de junio de 1758.
58 ANC, CCG, Leg. 9, Exp. 157. 18 de octubre de 1758.
59 ANC, CCG, Leg. 10-A, Exp. 490. 12 de enero de 1761.
60 ANC, CCG, Leg. 10-A, Exp. 609. 26 de agosto de 1761.
61 ANC, CCG, Leg. 10-A, Exp. 491. 28 de octubre de 1761.
62 ANC, CCG, Leg. 10-A, Exp. 495. 15 de diciembre de 1761.
63 ANC, CCG, Leg. 10-A, Exp. 493. 24 de diciembre de 1761.
64 ANC, CCG, Leg. 10-A, Exp. 492. 29 de diciembre de 1761.
65 ANC, CCG, Leg. 13, Exp. 52. 1762.
66 ANC, CCG, Leg. 13, Exp. 247. 11 de enero de 1762.
67 ANC, CCG, Leg. 13, Exp. 248. 16 de enero de 1762.
68 ANC, CCG, Leg. 13, Exp. 255. 18 de julio de 1762.
69 ANC, CCG, Leg. 13, Exp. 183. 28 de julio de 1762.
70 ANC, CCG, Leg. 11, Exp. 223. 30 de julio de 1762.
71 ANC, CCG, Leg. 13, Exp. 231. 6 de agosto de 1762.
72 ANC, CCG, Leg. 13, Exp. 314. 16 de agosto de 1762.
73 ANC, CCG, Leg. 13, Exp. 57. 19 de agosto de 1762.
74 ANC, CCG, Leg. 10-A, Exp. 498. 23 de agosto de 1762.
75 ANC, CCG, Leg. 10-A, Exp. 497. 28 de agosto de 1762.
76 ANC, CCG, Leg. 13, Exp. 53. 11 de septiembre de 1762.
77 ANC, CCG, Leg. 13, Exp. 56. 11 de septiembre de 1762.
78 ANC, CCG, Leg. 13, Exp. 55. 12 de septiembre de 1762.
79 ANC, CCG, Leg. 13, Exp. 54. 13 de septiembre de 1762.
80 ANC, CCG, Leg. 10-A, Exp. 496. 19 de septiembre de 1762.
81 ANC, CCG, Leg. 11, Exp. 366. 22 de octubre de 1762.
82 ANC, CCG, Leg. 11, Exp. 367. 22 de octubre de 1762.
83 ANC, CCG, Leg. 13, Exp. 131. 22 de octubre de 1762.
84 ANC, CCG, Leg. 11, Exp. 364. 25 de octubre de 1762.
85 ANC, CCG, Leg. 11, Exp. 362. 27 de octubre de 1762.
86 ANC, CCG, Leg. 11, Exp. 363. 29 de octubre de 1762.
87 ANC, CCG, Leg. 11, Exp. 353. 29 de octubre de 1762.
88 ANC, CCG, Leg. 13, Exp. 138. 30 de octubre de 1762.
89 ANC, CCG, Leg. 12, Exp. 75. 21 de enero de 1763.
90 ANC, CCG, Leg. 16, Exp. 14. 3 de mayo de 1764.
91 ANC, CCG, Leg. 20, Exp. 83. 27 de noviembre de 1764.
92 ANC, CCG, Leg. 19, Exp. 55. 8 de abril de 1767.
93 ANC, CCG, Leg. 22, Exp. 34. 16 de abril de 1767.
94 ANC, CCG, Leg. 24, Exp. 45. 27 de octubre de 1767.
95 Autores varios: La danza del huracán. Cuadernos la Jiribilla No. 2. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2002. 42 pp.
96 José Ignacio de Urrutia y Montoya: Primeros historiadores del Siglo XVIII. T.2. Imagen Contemporánea. La Habana, 2005. pp. 200-201.
97 Antonio José Valdés: Primeros historiadores del Siglo xix. Imagen Contemporánea. La Habana, 2005. p. 110.
98 Colección de documentos inéditos relativos al descubrimiento. T. xi, Madrid, 1864-1884. p. 218.
99 Amauri Gutiérrez: “La búsqueda de la verdad es una exigencia antropológica (Palabras en al presentación de la Metafísica de Félix Varela)”, en Vitral. Año xii, No. 72, 2006. pp. 10-11.

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