Puentes cordiales


 

Cuanto sabe, Carabias.

 

El haiku, sus puentes
hacia la literatura cubana


Milagros Ginebra Aguilar

     E l silencio que a un tiempo, enlaza y  desempalma a los poemas, que aproxima y dispersa a los seres humanos. El silencio del árbol y la estrella.” Esto decía el pintor Jorge Braulio Rodríguez, devenido traductor, en una de las Ferias de la Habana,1mientras presentaba el libro Haiku. Este otro mundo, que cuenta con una selección de 810 haikus, del escritor Richard Wright. A pesar de que este género literario no ha contado con la suficiente difusión en Cuba, muchos fueron los asistentes a la presentación del texto, debido no sólo a la excelente traducción de las composiciones de Wright, sino al interés que despierta en el público lector de la isla la belleza de estas poesías.

“Como la poesía china -de la cual se nutrió-, la poesía japonesa es, ante todo, casi un enigma: sobria, con muy pocas alusiones, llena de contención; pero cuando se atraviesa esa corteza externa -que nos produce la impresión de algo extraño- entonces nos damos cuenta de que ofrece una envidiable proximidad a la naturaleza”.2

Los antecedentes del haiku, se encuentran dispersos entre la literatura china, pero sobre todo a partir de la poesía japonesa. Fiel predecesor del haiku fueron largos poemas eslabonados, llamados rengas; el renga era una forma colectiva en la que cada poeta adicionaba fragmentos de diecisiete silabas, llamados tankas. Con el tiempo estos poemas, que al principio pertenecían a la nobleza cortesana y que tenían un carácter totalmente académico, se fueron popularizando; la sátira de los rengas entonces se hicieron llamar  haikai renga, forma poética que se convirtió en un estilo más relajado de creación.

Posteriormente, los pequeños fragmentos de tres versos que componían esta poesía, se fueron emancipando y surgió el término de haiku o haikai. Los versos por los cuales estaba compuesto este haiku, contaban, en el primer caso, de cinco silabas, siete el que sigue y otras cinco el último. El haiku, como género, se fue afianzando en la literatura en el siglo xvii, donde se destacó la figura de Matsuo Basho (1644-1694). Basho afirmaba que “Aprender quiere decir unirse a las cosas y sentir la íntima naturaleza de esas cosas”,3 este es precisamente el sentido y el tema del haiku, percibir lo que nos muestra la naturaleza, describirla desde la naturaleza propia.

    El poeta se siente uno con el entorno. El haiku utiliza imágenes; a modo de fotografía pretende plasmar el momento al que afectivamente se encuentra  ligado y  podría definirse como el sentimiento humano que se describe tomando, hechos naturales, como vinculo espontáneo. La poesía japonesa es generalmente corta, el haiku es posiblemente de las más cortas del mundo; mientras que el resto de la poesía es dependiente de la metáfora estos versos son la metáfora en sí. Su novedad es ser metáfora absoluta. Dentro de los valores estéticos  que se destacan en los  haikus está su simplicidad y el misterio de lo particular, en su relación con lo macrocósmico.

La inmortalidad del haiku, no obstante a lo inmediato de su enunciado, es definitiva. Los temas que trata son constantes universales y se repiten eternamente, ¿acaso no es cíclica la huella que dejan la babosas al pasar, el espanto de los Espantapájaros, las flores del ciruelo, el recorrido de la hormiga o la labor de la abeja? La brevedad de estos hechos, que si alguna vez dejaran de serlo, dejarían de serlo para toda la vida, representan lo intenso del paso del tiempo. La simplicidad de lo efímero, y la totalidad de lo absoluto, hacen de los haikus puentes entre los pueblos. El reflejo de lo instantáneo recogido por la agudeza de la visión, de la contemplación, propio de cada cultura, se manifiesta según leyes cósmicas y nos convierte en un Todo en el universo.

El mundo hispano-hablante se ha vinculado estrechamente al estudio de los haikus, los escritores han caído rendidos ante su exótico hechizo. De esta forma, escritores españoles, mexicanos, salvadoreños, guatemaltecos, argentinos, ecuatorianos, han dado su aporte a la expansión del haiku en el idioma español, a través de traducciones y nuevas composiciones. Dentro de los que más se destacan, vale nombrar a consagrados escritores del ámbito hispánico como son Jorge Luis Borges, Octavio Paz, Mario Benedetti, Juan Ramón Jiménez, Juan José Tablada y otros dignos representantes del género.

Algunos de los escritores de haiku hispanos se han visto influenciados por los epigramas españoles, comenzando a redactar microgramas, que son poemas cortos muy semejantes  a los haikus. Los microgramas difieren de los epigramas de España, en la eliminación de la subjetividad y en la forma en que en ellos se afianza el carácter gráfico.

El poeta ecuatoriano Jorge Carrera Andrade, fue uno de los que comenzó por escribir sus poesías cortas al estilo de  los microgramas y posteriormente se convierte en otra de las voces fuerte del haiku latino americano.

Los poetas y escritores hispanos en general, han logrado fabulosas composiciones, comparables con las redactadas por  los propios haijin (escritores de haikus) japoneses. Sin embargo, el investigador español Vicente Hayaexpresó: “Si realmente deseamos que el haiku prenda en nuestro idioma como género propio, hay que enseñar el lector hispano a sentir el haiku según lo que provoca en la sensibilidad japonesa”.4 El haiku no puede perder su esencia de  género en el que se escribe lo que se ve y lo que los sentidos nos dictan, existen ciertas claves internas, las cuales, amén de ciertas libertades que se tomen cuando se vaya a escribir o traducir estas piezas,  no deben ser violadas; no podemos olvidar que, según nos recuerda Octavio Paz, -citado por Basho- “El haiku se convierte en la anotación rápida, verdadera recreación, de un momento; exclamación poética, caligrafía, pintura y escuela de meditación, todo junto”.5

 Esta puede convertirse en una premisa a la hora de escribir haikus, y aunque la  literatura occidental esté demasiado arraigada en el mundo post moderno, no olvidemos que el haiku es simplemente lo que está sucediendo en este momento, en este lugar y que el simbolismo generalmente resulta fatuo y la adjetivización innecesaria cuando de estos versos se trata. En el haiku se debe trasmitir la quietud de las cosas, del modo más preciso y natural.

  Uno de los poetas de habla hispana más conocido resulta indudablemente Pablo Neruda. Aunque el gran poeta chileno no incursionó directamente en la literatura oriental, muchas de sus composiciones son mencionadas por los escritores y estudiosos del haiku, como verdaderos textos de este género, a pesar de que la mayoría no cumple con la métrica establecida, el contenido  de los temas que trata y la simpleza con los que los desarrolla, hacen que algunos de ellos puedan considerarse como verdaderos haikus, ejemplos de lo cual resultan estas composiciones de dos líneas:

¿Qué pájaros dictan el orden
de la bandada cuando vuela?
¿Por qué se entristece la tierra
cuando aparecen las violetas?
 (El libro de las preguntas)

En  castellano se han manejado con mucha libertad la escritura de los haikus, no siempre se ha logrado respetar la forma de presentar sus imágenes, variando la métrica y hasta la cantidad de versos de las composiciones orientales.
Dos haikus que ilustran la calidad de este género en América, del joven escritor Elías Nandino, son:
Caligrafía,
camino de la mosca
sobre la tinta.

Y de Gabriel Rábago Palafox. 
La caña de azúcar,
con sólo mirarla
¡ya endulza!6

 Estos dos autores mexicanos han conseguido captar la sobriedad de las composiciones japonesas y apartando las diferencias culturales, geográficas y religiosas que nos separan del mundo oriental, han hecho de estas miniaturas poéticas una imagen sosegada y tranquila de dos acontecimientos que atraparon su atención y nos trasmiten sus sensaciones respetando la esencia y las tradiciones del haiku, en su sentido más antiguo.

Dentro de los escritores hispanos que más han desarrollado este género se encuentra Jorge Luis Borges.


La vasta noche
no es ahora otra cosa
que una fragancia.

Este es uno de los haikus más hermosos de Borges: la métrica respeta la original establecida por esta breve composición japonesa, se mantiene la condición de los tres versos que la componen y se aborda la noche, uno de los  temas más enigmáticos del mundo y, por tanto, tratado con mayor frecuencia en esta literatura. Borges, además, se ha manifestado siempre como un admirador de la cultura oriental, particularmente la budista, aspecto que se constata en la redacción y publicación de múltiples ensayos  y artículos sobre este tema.


Uno de los elementos de originalidad de los haikus, es definitivamente su simpleza. El poder que tienen para trasmitir grandes emociones no está determinado por la erudición, ni la riqueza del lenguaje de quien lo escriba, sino por el sentido que tengamos de asombrarnos de las cosas más ordinarias y comunes que a nuestro alrededor suceden constantemente. Un haiku de un niño de seis años, sin ningún artificio literario, puede convertirse en uno de los más famosos del mundo. Haya citó en uno de sus estudios7 sobre el haiku la siguiente composición de un niño de esta edad:


Las hormigas
suben por una hoja de hierba
y en seguida bajan.

Posiblemente con anterioridad nadie haya reparado en este hecho tan simple, sin embargo, ­no pasó desapercibido para este niño que siente este monótono acto de las filas de Si los temas de los haikus redundan sobre la vegetación y la fauna, los cambios en el clima, las diferencias estacionales, las fases de la luna, la luz del sol; la naturaleza toda y la influencia emotiva que tiene sobre el hombre que la percibe y la describe, me pregunto entonces, ¿cuán prolífero ha sido el arraigo de este género en Cuba, una isla de tan fecundos escritores y de tan exuberante entorno?


Sencillo es todo cuando leemos de Martí: “Vuela el polen…se aparejan las ramas; Busca el sol las hojas”.8 Uno de los primeros en vincular a Martí con el haiku fue Eduardo Benet y Castellón, estudioso y escritor del género en Cuba. La obra martiana, tanto en prosa como en verso, está plagada de fragmentos como estos que reflejan a la naturaleza y a los hechos naturales como protagonistas, por lo que aunque no podamos decir que su intensión fuera crear un haiku, la influencia de este tipo de expresión  oriental estuvo presente en su vasta obra.


Desde siempre, nuestros escritores se han recreado en la observación de la naturaleza. Los motivos del movimiento de los animales, la explosión de verde, la claridad del cielo, el ímpetu de nuestras flores, -si no las más bellas, de las más exóticas,- han sido inspiración literaria en estos cuatro siglos. ¿Sabían acaso que era haiku lo que hacían? A decir de Samuel Feijóo hace más de veinticinco años, en su ensayo Asuntos del haiku: “Mucho haiku anda disperso en las páginas de los poetas cubanos (…) sin conocer la forma japonesa, cierto es también, además, que son haikus no desdeñables al compararles con sus cultivadores orientales.”Justicia le hizo entonces, Feijóo, a escritores que van desde José Martí, que fue un ferviente amante del entorno cubano y lo describió con el apego que caracteriza a quien ama la tierra donde nació, hasta figuras como Dulce María Loynaz,  Pablo Armando Fernández, Fayad Jamís, Miguel Barnet, Carilda Oliver Labra y tantos otros en cuya literatura reiteradamente se encuentran versos que parecen estar hechos para los más osados haikus.


Composiciones como las de Eliseo Diego “¿A quién saluda el gallo cuando en el alba canta, lejano?”,son exquisitos exponentes de haiku cubano, ¿cuán criollo resulta este texto?, sin embargo con qué simpleza lingüística estrecha los puentes entre la literatura oriental y la cubana. ¿Acaso esta composición criolla, no es tan hija de los haikai renga, como los haikus? ¿No son entonces los tankas -hechos por más de un poeta de forma alterna- primos hermanos de nuestras cubanísimas controversias?


El haiku en Cuba está en el sentimiento, ­en la sinceridad y en la austeridad de sus escritores. Algunos de los más dignos representantes del haiku en la Isla han desarrollado una excelente obra, expresando libre de la retórica que tanto encontramos en esta época post moderna, el momento haiku, con especial belleza. La postura de figuras de la literatura cubana como Nicolás Guillén, ha sido la de negar las sentencias y los razonamientos, que hagan que el haiku se confunda con otras tendencias de la poesía occidental.


La Yagruma
de nieve y esmeralda
bajo la luna.

En este haiku de Guillén, se encuentra el espíritu de los haikus cubanos. En estos versos se aprecia una profunda contemplación nocturna, es una composición casual, de particular belleza.
Jesús Orta Ruiz, que representa otras de las figuras que han incursionado en el mundo- haiku cubano. Una vez escribió:

Los gallos cantan.
Miden de pico a pico
la madrugada.

En esta composición reaparecen los gallos que menciona Eliseo Diego, sin embargo en este caso aunque se gire sobre el mismo tema de fascinación guajira, se destacan la métrica exacta de los haikai japoneses: cinco, siete y cinco silabas. En este haiku se emplean imágenes y contenido afectivo para el autor, el sustantivo prevalece, donde la adjetivización es nula. Como en las antiguas composiciones de haikais, ésta cuenta con un elevado sentido altruista, donde el pronombre yo queda fuera del mismo, el protagonista no es sino el hecho que observa el escritor y no la idea que se hace de él, ni lo que en él provoca. Dice el filósofo del lenguaje Ludwig Wittgenstein que: “los aspectos de aquellas cosas que son más importantes para nosotros están ocultos debido a su simplicidad y familiaridad”,9 hecho este que no deja escapar El Indio Naborí en este haiku que aunque haya sido cotidiano en su vida, fue merecedor, por su belleza y naturalidad, de estos versos.


¿Qué parte de la naturaleza y vida cubana no ha sido descrita por José Lezama Lima? ¿Que  ha escapado a su sagacidad? Este escritor cubano también es conocedor de la antigua cultura del haiku y juega con ella en su poema “Haikai en gerundio”:


El toro de Guisando
no pregunta cómo ni cuándo,
va creciendo y temblando.

Esta primera estrofa del poema resulta un simpático haiku, como toda la composición. En estos versos podemos imaginar la voluptuosidad que alcanzará este toro y nos muestra, con el empleo de gerundios, la sucesión del tiempo y de los acontecimientos. Lezama es sin dudas un conocedor, también, de este tema en nuestro país.


No son estos los únicos ejemplos de escritores de haiku en el archipiélago cubano, también existe un fuerte movimiento en la juventud, de redactores y estudiosos de estas composiciones. En los últimos tiempos se viene desarrollando un taller, que promueve el estudio de este género entre los interesados en el tema. “Taller en clave de haiku”, es el nombre que recibe por el docente que lo imparte, el pintor y estudioso del tema, Jorge Braulio Rodríguez, quien diría del mismo, “(…) está diseñado como una actividad complementaria de la formación de los interesados por el arte en sus distintas manifestaciones  y que resulta muy afín con aquellos que construyen el trasfondo poético de la plástica, el teatro, la música, la danza y el audiovisual”.10 Este tipo de iniciativas, que promueve la producción de textos creativos con las características estructurales, temáticas y conceptuales del haiku, resulta muy alentador en nuestro país, donde la literatura oriental no cuenta con abundante conocimiento y por tanto aceptación entre los jóvenes creadores. Por otra parte, el sentido de la observación lineal, la contemplación, a que incita, es de gran valor para los artistas que serán los encargados de trasmitirla a las diferentes manifestaciones del arte.


En los haikus antiguos, desde sus antecesores los tankas, gozaban de prestigio aquellos autores que hacían referencia a  la estación del año -kigo, en japonés- en la actualidad es tan importante esta alusión, que en muchos casos, su presencia determina si estamos o no ante un haiku. En la cultura cubana es esta una de las tradiciones que se respeta, y escritores como Samuel Feijóo, titulan algunos de sus haikus con frases que contienen alguna de las épocas del año:


Truenos enormes.
Camino frío.
Granizo con un tambor.
      Tarde de Otoño

En este caso, Feijóo, al titular de tal forma esta composición, antecede el tema que tratará en el haiku, contextualiza el poema y los elementos que en él aparecen. En otros haikus, sin embargo, no aparece la alusión directa en el título, sino en alguno de los versos que lo componen:


Aire de otoño,
cuando quedan los árboles
en pura forma.

 En el caso del escritor Eugenio Florit, autor de este haiku, que también describe una escena otoñal, la alusión se hace en el primer verso y queda determinada la estación como agente causal del fenómeno. Existen muchos otros casos dentro -la mayoría- de los haikais cubanos, en los cuales no se menciona explícitamente el nombre de la estación a la que se está haciendo referencia, sin embargo, siempre queda implícito, a través de diferentes recursos de sus escritores, el momento del año donde se desarrolla la figura que compone al haiku.


Aunque en nuestra Isla, a diferencia de los países orientales, las estaciones del año no son muy marcadas, nuestros escritores, con mucha pericia, han logrado plasmar en sus composiciones la idea del momento del año en el que se desarrolla y los estados de ánimo y sensaciones que se corresponden con ella. Algunas de las imágenes más usadas por los autores cubanos para definir la primavera, se basan en la apertura y olor de las flores, la explosión de las mariposas, la labor de las abejas, la efervescencia y acontecimientos que ocurren en los jardines, la aparición y el libar de los zunzunes, todos signos de la presencia de esta etapa en el trópico. El verano se asocia, por lo general, a la madurez, voluptuosidad y cambio de color de los frutos, la aparición y movimiento de las moscas, la sed y el calor de los animales, la llegada de las lluvias, las secas de ríos y tierras, la intensa luz del sol, la cantidad de insectos y su algarabía cotidiana. La amarillez y caída de las hojas, los árboles desnudos, el aumento de las lluvias y los vientos, la frescura del tiempo, el sonido de las hojas sobre el césped, son los más usados para describir los momentos del otoño. El invierno queda determinado, por los cortos y grises días, la poca lluvia, la ausencia de pájaros, el aire frío, algunos mencionan la nieve, el hielo y las heladas.


Algunos puntos de encuentro muy tratados en los haikus cubanos son también; el agua, la luz, la luna, la noche, las estrellas, el mar y el viento. Todos estos misterios que han subyugado la imaginación del hombre y hoy se muestran tal y como ocurren, sin afán explicativo, sino como una dádiva que nos ofrece el cosmos, agradecidos de su existencia y de las emociones que nos trasmiten.


En la mar dormida
un tamiz de agua
los luceros criba.

Eduardo Benet y Castellón, en esta pieza relaciona tres de estos elementos; de todo habla este haiku: del mar, el agua, las estrellas; nos sugiere la presencia de la noche el hecho de la tranquilidad que nos trasmite la mar dormida y la vista de los luceros. Es indescriptible la paz que nos deja esta imagen, asombrosa la facultad que tiene este autor de hacernos ver el sentimiento que quedó en él cuando estuvo ante la escena narrada. Este escritor, desconocido por las generaciones más jóvenes, fue destacado como escritor de haikus por Samuel Feijóo, quien se ha erigido como una figura que reivindica al haiku y sus escritores en la Isla.


También las escritoras en Cuba han estado haciendo haiku, algunas aún desconociendo el género como tal y otras estudiosas del mismo. Ana Rosa Núñez, es una de las que se ha destacado como haijin. Entre sus composiciones se encuentra:


Inútil ocultarlo.
El gato deshace la noche
de un salto

En este haiku, Ana Rosa logra un movimiento magnífico, al ilustrar uno  de los misterios de la noche. Aunque su métrica no es exacta con el cinco -siete- cinco silábico, establecida por la tradición japonesa, en este haiku donde se describe la fugacidad del instante -que perdura ya en el resto de la noche-, se percibe la clara intensión de redactar un haiku. Ella es, sin dudas, una de las proliferas escritoras cubanas de haiku, que cuenta con una amplia obra y goza de una voz segura en este tema.
Muchas otras grandes escritoras cubanas destacan en su obra pasajes que muy bien podríamos incluir en el mundo haiku. Entre ellas vale destacar a, Dulce María Loynaz, Fina García Marruz, Rafaela Chacón Nardi, Carilda Oliver Labra, Caridad Atencio, así como Nancy Morejón, que escribiera:


Cactus resplandecientes
con una flor en cada espina.

Estos versos, no escritos para ser un haiku, muestran una impresión de la naturaleza que no viola en ningún aspecto la esencia del género; con un lirismo tremendo la escritora usa la imagen como una metáfora total y logra la profunda idea de este cactus, que para ella y sus lectores puede representar cualquier hecho maravillosamente punzante.


En toda Cuba se ha escrito haiku, incluso, mucho buen haiku no está recogido en página alguna y corre el riesgo de que el tiempo lo olvide. Muchos escritores y escritoras cubanas tienen obras llenas de estas maravillosas composiciones y lo desconocen como género literario. Otros, se sienten apasionados con estos versos y son sus fieles seguidores, sin embargo, no encuentran espacios donde mostrar sus obras.


Vicente Haya en La tradición viva del haiku,11 expresaba: “(…) cuando comencé a leer haikus, llegó a incomodarme seriamente ver cómo una y otra vez se traducían los mismos poemas (…) siempre Bashô, siempre Issa, siempre Shiki...”Ya es la hora de que salgan a la luz los nuevos haikus, de que los escritores de todo el mundo traduzcan y compongan nuevos versos. Cuba, una isla de tan profundas tradiciones literarias, no debe decepcionar a sus lectores, que con avidez empiezan a buscar los haikus en español. Que sean ahora, entonces, los haikus criollos y campesinos los que conozca el mundo, esos que se nutrieron de las traducciones que latinoamericanos y españoles, hispano hablantes todos, hicieron de los antiguos.


Afortunadamente para nuestro país, para los que hablamos español y para el mundo entero, esta forma poética una vez que nos atrapa, la vemos en todas partes, en las grandes obras de artistas consagrados y en la cotidianidad de los campesinos y sus décimas. Los puentes que se ha labrado el haiku, ya atraviesan los océanos, haciendo sus escalas, enriqueciéndose, llegando a nuestra Isla; la fuerza con que lo hagan depende de nosotros. ¡Busquemos los haikus! No solo los nuevos que se esconden en el jardín, las montañas, el cielo y el mar, también los que ya se han escrito en tantos siglos de literatura cubana.

 

Notas:
1 Se refiere a la XVII Feria Internacional del Libro de La Habana, celebrada en La Cabaña en febrero de 2008 (n. del e.).
2 Naturaleza y brevedad en la poesía hispanoamericana”, Disponible en http://www.alu.us.es/l/luicornas/colabo-raciones/ensayos.htm. Ponencia pronunciada por Alfonso Cisneros Cox en un Coloquio sobre literatura celebrado en Cochabamba(Bolivia) en noviembre de 2000.
3 Citado en Ana Pérez Cañamones: “Una pura actualidad del siempre haiku”, en  El haiku japonés. Madrid, editorial Hiperión, 1972.
4 Vicente Haya. El espacio interior del haiku. Barcelona, Shinden Ediciones, 2004, p. 16.
5 Octavio Paz: “Tres momentos de la literatura japonesa”, en Las peras del Olmo, México, Universidad Universal autónoma de México (UNAM), 1957.
6 Sobre estos y otros autores, véase Alfonso Cisneros Cox.
7 Vicente Haya: La tradición viva del haiku, 2001.
8 José Martí: “Walt Withman” en Obras completas. La Habana, Editorial Ciencias Sociales, 1975.
9 Citado por Bruce Ross: “La esencia del haiku” (The Essence of Haiku). Disponible en http://www.modernhaiku.org/essays/RossEssenceHaiku.html.
10 Jorge Braulio Rodríguez: “En clave de Haiku”. Taller de Lectura y Producción de textos, 2008.
11 Vicente Haya: Op. cit.

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